LA MALDAD DE CAÍN: URBANISMO Y CONSTRUCCIÓN | Ser Rizomático

LA MALDAD DE CAÍN: URBANISMO Y CONSTRUCCIÓN

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La Biblia, nos dice en el Antiguo Testamento, concretamente en su libro del Génesis, que cuando Caín fue desterrado a alejarse y vagar fuera de la morada de sus padres, se hizo constructor de ciudades, cosa harto curiosa, sabiendo como sabemos que en el mundo, según ese mismo sacrosanto libro, después de que fuera asesinado Abel por su hermano, sólo existían tres seres humanos: Adán, Eva y el mismo Caín.

Adán y Eva, habían sido expulsados del Paraíso antes de tener descendencia, como todos bien sabemos, y habían sido condenados a pasarse los restos en el mundo externo, así que ¿para quién serían las ciudades que iba a construir Caín? Esperaría el bueno -digo malo-, de Caín, a que la Tierra se poblará para construír sus ciudades, o empezaría ya a construirlas a su antojo? Aunque, también puede ser que Jeovah, que era algo caprichoso, hubiera creado a más seres vivientes humanos y no lo hubiera revelado, por lo que ese mundo externo al paraíso, estuviera ya plagado de personas; pero bueno, Caín, el pobre, recién salido de la casa de sus padres él, y anhelando a toda consta construir y construir ciudades, las construyó, claro, faltaría más, pero como a él le vino en gana; decidiendo el solito cómo debían ser, por dónde iban a pasar las gentes, que servicios iban a utilizar, etc. El pobre debió darse un hartazgo de construir y construir, pero de algún modo tenía que divertirse el hombre, tan solo él…


Más tarde, le nació a la primera pareja Set… Bueno, pues digo yo que tuvo que existir entre todos ellos un incesto de tres pares, porque empezaron a nacer, y a nacer, y a poblar la tierra, que ya os digo… ¡Si se descuidan, se salen!, que a lo mejor era por eso que Dios les envió el diluvio, no porque hubieran sido malos, sino para hacer sitio…

Bueno, a todo esto, a Caín le cambió la vida con eso del aumento demográfico, ya que podía dedicarse a lo suyo –construir ciudades- con alegría y a toda leche, que es lo que le gustaba al hombre; eso sí: sin consultar ni con Dios ni con el Diablo –que con ambos andaba a la greña después de lo de Abel-, y sin consultar tampoco con los moradores de las ciudades, que a juzgar por la marca que le había puesto Dios en la frente para que no lo mataran, tampoco le debían querer muy bien; así que se guió exclusivamente de sus propios criterios, que al fin y al cabo, era lo que le gustaba. Y eso debe ser también lo que les gusta a los mil y un especuladores del suelo -desde alcaldes, concejales, cargos públicos de diferentes administraciones, mafiosos y ciudadanos comunes, que se han embolsado sin rechistar los pecunios de la especulación y que habiendo sido los culpables tanto de la burbuja como de su pinchazo, han seguido votando y siguen respaldando a quienes tan bien supieron llenar sus bolsillos y los propios, sin importarles ni un guano el alubión de parados que tenemos hoy...

Y digo yo si ese proceder inicial de Caín en su afán de construir ciudades, no será la raíz del mal que aqueja a nuestras ciudades actuales. ¡Miren que si después de considerar corruptos urbanísticos a los angelitos del PP, del PSOE -y de los diferentes partidos que han chupado del bote-, la culpa fuera sólo de Caín! ¿Podría ser? ¡No sé! Pero se me ha ocurrido al leer el artículo que a continuación les ofrezco, que algo de eso puede haber:

Título del artículo: “Autoconstrucción”

Autor: José Ángel Verruga

Publicado en “el periódico de Aragón” el 26.02.07

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=47358

“Se dice que el problema de la vivienda viene del excesivo protagonismo que se le ha permitido tener en tal asunto al mercado. Yo más bien creo que los responsables son la legión de expertos que intervienen organizando y gestionando las ciudades. Esos especialistas no sólo se ocupan de la distribución del asfalto, las zonas verdes y los bloques de hormigón, sino de por dónde deben ir o venir las gentes y que cualidades simbólicas ha de tener su ciudad.

El interés por construir y ordenar buenas ciudades nace tras la Revolución Industrial, cuando las grandes urbes europeas comenzaron a crecer en términos casi exponenciales. A principios del siglo XX, después de bastante experiencia experta acumulada, aparecen hasta "escuelas" que entienden la planificación de modos muy diferentes. Así, por ejemplo, mientras Le Corbusier apuesta por las grandes concentraciones, Lloyd Wright prefiere la dispersión. Hoy, los estilos de planificación a los que se abandonan nuestros gobernantes son más variados. Muchos de ellos, por ejemplo, más que por el cuerpo o forma de la ciudad se interesan por su alma.

En efecto, a la par que las construcciones se expanden y los centros se degradan, ciertos intelectuales de lo urbano suelen sentir nostalgia por lo que dicho centro fue, se sienten embargados por un irrefrenable deseo de regresar a los orígenes, se empeñan en preservar cuanto de interesante crean que queda y proceden a protegerlo y rehabilitarlo expulsando a sus pobladores. Este es sólo uno de los modos que utilizan los expertos para producir el aura de la ciudad. A menudo suele convivir con otros, más prosaicos, en los que las marcas, mensajes y logotipos de grandes corporaciones se convierten en sus más importantes símbolos. Aunque también puede ocurrir que la producción de cualidades espirituales tenga que ver con encargos de edificios, puentes, etc. a conocidos arquitectos o ingenieros. Afortunadamente, esta lógica oficial o institucional no da cuenta de toda la subjetividad de la ciudad.

Hay que tener en cuenta que las urbes surgidas entre los siglos XII y XIV en Europa no se construyeron con ningún objetivo. Simplemente ocurrieron. Esta capacidad de autoorganización todavía está presente. Está impulsada por la gente. Con su ir y venir por las aceras crean auténticas comunicaciones de banda ancha por las que fluye la información que más útil resulta a sus paseantes. También este nivel cotidiano o molecular es el responsable de la improvisación de espacios de encuentro, cotilleo y juego. Los grafitis, las firmas, las pintadas y distintas clases de mensajes escritos en las paredes son modos de estetizar ese habitar. Todo ello da a la ciudad una clase de alma que nada tiene que ver con la que fabrican los expertos.

La gente no sólo es creativa a la hora de dar cualidad y afecto a la ciudad. También lo es para afrontar el problema de la vivienda. Villa El Salvador, por ejemplo, es un suburbio de Lima que se creó en 1971 de un modo rápido y desordenado, pero que hoy, gracias al esfuerzo de autogestión de sus pobladores ha logrado satisfacer sus necesidades más básicas y ofrecer un buen nivel de vida. Esta autoconstrucción no sólo se ha practicado fuera de Europa. En Tessin (Suiza), el arquitecto Walter Segal la ha fomentado diseñando estructuras y proponiendo materiales fáciles de obtener. También se ha preocupado de que cada familia construya según su ritmo o capacidad y de que los niños y mayores puedan ayudar en lo que desean. Aunque pueda parecer que este urbanismo sea una extravagancia, en realidad tiene una larga y dilatada historia.

En los años 20 y 30 del siglo XX, mientras las clases populares inglesas construían sus propias casas utilizando material de derribo, el arquitecto italiano De Carlo reflexionaba sobre ello incubando lo que luego se llamaría "arquitectura comunitaria". Más tarde, en los años 50, un admirador suyo, el británico Turner, comprobó que en las favelas brasileñas, las colonias mexicanas y los ranchos venezolanos sucedía lo mismo. El arquitecto inglés propuso que la Administración facilitara esa autoorganización ayudando a obtener materiales y servicios especializados, proporcionando infraestructuras, legalizando los asentamientos, etc. En los años 80, este tipo de arquitectura recibió el inesperado respaldo del Thatcherismo.

En Liverpool, por ejemplo, su ayuntamiento no sólo sugirió que los inquilinos participaran en los proyectos sino que se les dio el control absoluto. Los arquitectos que colaboraron con esas experiencias formaron el Grupo de Arquitectura Comunitaria del Real Instituto de Arquitectos Británicos. Una experiencia similar es la que viene impulsando desde hace un tiempo el incombustible Sánchez Gordillo en Marinaleda. Primero ha expropiado y municipalizado miles de metros en los alrededores del municipio. Luego lo ha cedido gratuitamente, junto con los materiales que se logra obtener por convenio con la Junta de Andalucía, al autoconstructor. También le proporcionan varios albañiles para que dirijan las obras. Hasta el proyecto técnico de las viviendas (en el que colaboran activamente los propios interesados) es financiado por el ayuntamiento.

Finalmente, el autoconstructor, reunido en asamblea, decide colectivamente el precio de lo que va a pagar por toda esa ayuda al mes. Por este método se han construido más de 350 viviendas en un pueblo que no tiene más de 3.000 habitantes. Cada casa dispone de 3 habitaciones, cuarto de baño y un patio de 100 metros cuadrados adaptado para futuras ampliaciones. Para las últimas viviendas se ha fijado una cuota de 15 euros al mes. Marinaleda, Liverpool, Turner, Villa El Salvador, etc., demuestran que los expertos podrían ponerse al servicio de la capacidad de autoorganización de los pobladores de las ciudades. El problema es que prefieren otra clase de compañías. Da igual. Para la ciudad, considerada globalmente, no son tan importantes. La gente, en cambio, sí que es imprescindible”

¿Sí será Caín el culpable? En fin, piénsenlo y luego me lo cuentan. Aunque si Cain es el culpable, ¿Quién habrá sido el autor del pìnchazo de esa rentable y cainista burbuja inmobiliaria que nos ha hundido en la más paupérrima de las miserias? Les prometo que lo pensaré, aunque ya se sabe que la culpa es muy negra y nadie la quiere, y menos cuando la culpa  ha ido y va acompañada del amasamiento de un buen capital. ¡Qué disfruten de la jornada!

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

... y un saludito de Nieves, secretaria en funciones del Blog de Hannah.

Imagen: http://img143.imageshack.us/img143/3720/romeu9420060yh.jpg

Martes, 19 de Mayo de 2009 10:35 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Consciencia revolucionaria..

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