IN ITINERE | Ser Rizomático

IN ITINERE

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Nuestro pasar por el mundo puede ser experimentado como una gris y aburrida película en blanco y negro, en la cual nosotros seamos los extras –o como mucho, los actores secundarios-, o cómo una brillante y apasionante película de color, en la que seamos -además del director y el guionista-, los protagonistas.

¿Pero qué es lo que permite el ver y apreciar la vida como un film en “color” o un film en “blanco y negro”? ¿Qué es lo que nos permite vernos como “actores”que representan un papel, escrito, a priori, por alguien y dirigidos por otros…, o vernos como guionistas y directores de nuestros propios papeles? ¿Qué es lo que posibilita que apreciemos la vida de uno u otro modo? ¿Qué es lo que permite que vivamos como constructores de nuestros destinos o como siervos del sistema y de un presunto destino? No es mi intención brindar, al lector, las respuestas a las preguntas formuladas; tarea de cada cual, es el encontrar sus propias respuestas. Tarea de cada cual es ser un librepensador y posicionarse responsablemente de su vida, de sus actos y de las consecuencias de los mismos; que ya esta bien de buscar dioses, benefactores o culpables –dependiendo de la inclinación de cada cual- fuera de si mismo; de buscar padres, madres, y, en definitiva, salvadores y protectores que nos solucionen la papeleta de vivir, eludiendo nuestro propio compromiso y responsabilidad con la vida.

Tampoco tengo ninguna pretensión de ofrecer al lector un catálogo de “recetas” maravillosas, que le permitirán mágicamente construir todo tipo de respuestas. Pero sí hay una cosa que, tal vez, encuentre el lector, en estas páginas, y esa cosa es, la aproximación a los mecanismos que originan que la vida y uno mismo, sean vistos de uno u otro modo. Eso tal vez sí lo encuentre el lector, además del convencimiento de que uno mismo puede encontrar dentro de sí todas las respuestas.

Quisiera, pues, poner en manos de los lectores un instrumento de reflexión que les sirva para llegar al lugar donde todas las respuestas aguardan el momento de ser descubiertas. Un instrumento que pueda serles útil para ese encuentro con lo esencial de uno. Porque es en lo esencial de uno mismo, donde yacen dormidas todas las respuestas. Ese es el lugar al que uno debe acceder. Ese es el lugar que uno debe encontrar si quiere escuchar esas vitales e importantes respuestas. Y esa escucha sólo puede producirse a través de ese encuentro: el encuentro con lo esencial de sí mismo.

Sin ese encuentro, se arriesga mucho. Realmente, se arriesga demasiado. Sí, se arriesga todo. Porque sin ese encuentro, se va extra-vagante, extraviado, enajenado y perdido del ser, y de los otros. Porque sólo ese encuentro, puede evitarnos el errar confundidos entre los mil y un papeles que, a lo largo de la vida, nos toca desempeñar, y que en la mayoría de los casos, se desempeñan desde el tener y desde el hacer; desde el que dirán los otros, desde la asunción de dogmas y pautas que nos dejamos imponer desde el afuera. Porque en ese caminar errante y alienado de nuestra esencia, caemos en la oscuridad y en la confusión. El caer en la oscuridad y en la confusión es cómo habitar el abismo. Y cuando nuestra morada se convierte en eso, en un abismo, únicamente vemos cómo esencia nuestra, a esos guiones y patrones con los que damos respuesta a las innumerables situaciones en las que nos desenvolvemos. Si ese encuentro con lo esencial del ser no se realiza, entonces se siente uno, como vacío de identidad, y perdido entre la maraña de máscaras y corazas que lo envuelven y atenazan; arrojándose en los brazos de todos los desencuentros que lo conducen al dolor y a la oscuridad. Desencuentros que acarrean la privación del incomparable placer de sentirnos vivos, y de sentir que la vida fluye entre los demás y nosotros, con las mismas prerrogativas, necesidades y derechos.

Cuando ese encuentro de la persona con lo esencial de sí misma se realiza, la vida puede apreciarse como un don y como un privilegio. Entonces se puede considerar la vida, cómo una riqueza inconmensurable; cómo una fuente inagotable de experiencias de realización y de crecimiento. Y desde ahí, desde ese encuentro, uno puede verse a sí mismo, en el discurrir de la vida, como un fluir sereno que discurre por instantes de gozo y de felicidad.

Pero la vida y el vivir pueden, también, ser tomados como una carga y como un sin sentido al que nadie logra escapar. Uno puede recibir cada nuevo día cómo un castigo y como una condena absurda e incomprensible cuyo sino es la desgracia. Y puede contemplar su paso por el tiempo como un destino carente de emociones y de sentido, cuyo transcurso sucede a través de la oscuridad, teñido de un desconocimiento vivencial y absoluto de la felicidad. La vida, en esas condiciones, puede ser percibida también, como algo mediocre y sin color, en lo que nos vemos sumergidos en un caos incomprensible por el que nos desplazamos, descarriados y perplejos –parafraseando a Maimónides- hambrientos y desesperanzados, sin entender qué misteriosa mano, dirige el timón de esos desplazamientos. Uno puede sentirse como abandonado a un movimiento arbitrario y caprichoso, cuya finalidad es incomprensible, y a lo que uno termina por llamar suerte, unas veces, y, otras, destino; como si esa suerte o ese destino poseyeran en sí mismos un extraño poder y fueran los creadores del movimiento de flujo y reflujo que nos lleva.

Todo esto sucede cuando no alcanzamos a producir en nosotros el espacio necesario para que ese encuentro con lo esencial, con la propia identidad, en suma, con el ser, se lleve a cabo. Sin embargo, les puedo asegurar que ese feliz encuentro puede tener lugar; que ese espacio de realización y descubrimiento puede crearse. Es más, cada uno de nosotros tiene en sus manos el poder para realizarlo. Y si lo hace, si ese espacio se crea y se vive sin miedos ni reservas; entonces la vida puede verse, al fin, como lo que en realidad es: Un camino construído por uno mismo, con cada uno de los pasos que da. A partir de ahí, la vida aparece en su espléndida realeza y puede ser considerada como ese flujo constante de energía, en el que cada ser portador de consciencia es rector de su destino. Y todo ello con las múltiples variaciones que, en cada caso, el espectro pueda permitir.

(Extracto de mi libro: Viaje al fondo de sí mismo: esa gran aventura de ser).

Carmen Moreno Martín
alias Hannah.

(Imagen: http://goulvench.free.fr/photos/unused/caverna-luz.jpg)

...y un saludo de la secretaria en funciones Nieves.

 

Sábado, 18 de Abril de 2009 12:00 enlace permanente. Tema: In Itinere.

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la potencialidad y la capacidad
de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad
y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad.

CITAS: hoy, Nicolas Boileau-Despréaux; 1636-1711. Poeta y crítico literario francés:

"Un necio encuentra siempre otro necio aún mayor que le admira."

"Lo verdadero puede a veces no ser verosímil."

"Haceos con amigos dispuestos a censuraros."


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