
Y aquí estoy yo, Enrique -que hoy me ha tocado a mí- de secretario en funciones con tres reediciones más. Hannah les hace llegar su cariño y agradecimiento y yo mi saludo:
¿Se puede usar el coche cómo se usa el sofá de casa? Porque tanta comodidad e incluso lo que algunos vendedores usan cómo analogía a la hora de vendernos uno, pareciera incitar a que sí. Veámoslo:
El sofá de casa es un mueble ideado para nuestro descanso. Uno se tiende sobre él y se relaja, o se pone a leer, o a ver la TV, o se pone nervioso sumergiéndose en disquisiciones internas obsesivas y paranóides, o medita sobre las profundidades humanas y divinas, o sobre la inmortalidad de los cangrejos, o sobre las virtudes de los moluscos bradicandios… Uno está tumbado en su sofá, y el sofá es para todo eso y más cosas –sobre todo si uno está acompañado.
El coche es distinto, es un vehículo motorizado que nos sirve para trasladarnos de un lugar a otro, una maquina a nuestro servicio y bajo nuestra responsabilidad, que por nuestra negligencia puede convertirse en un arma mortecina, para nosotros y para los demás. Baste echar una ojeada a las estadísticas de accidentes y decesos de tráfico.
El coche tampoco debiera usarse cómo una proyección de aspectos más o menos represivos de nuestra personalidad, tales cómo la ambición de poder, el deseo de ser único y poderoso, la pasión por suscitar envidia en los demás, o admiración; ni mucho menos, el demostrar a otros, o a sí mismo, la descomunal fuerza y la inapelable razón que tenemos. Lanzarse a 200 por hora y adelantar a todos los coches que vayan por delante nuestro, salvo demostrar una necedad, una imprudencia y una falta de responsabilidad extremas –por no hablar de la falta de respeto a la vida propia y ajena- no demostrará que seamos poderosos, fuertes, invencibles, ni nada parecido… A lo sumo, y añadido a lo ya expresado, puede demostrar que hemos perdido toda capacidad de juicio. Eso, o que somos unos suicidas y asesinos.
El coche, tal como vengo refiriendo, no es un sustituto ni de nuestros valores, ni de nuestros ideales. Da igual que tengamos un Ferrari último modelo: ni creceremos centímetros, ni pesaremos 15 kilos menos, ni seremos más guapos, ni más esbeltos, ni más sabios, ni más listos, ni nos saldrán más novios o novias –según el caso-, ni –si sois hombres- se os alargará el pene, ni…, ni, ni. Y ello por más que se empeñen los anuncios de la TV en asociar esas creencias con el coche. El automóvil es lo que es, y uno sigue también siendo lo que es, con o sin coche; y por supuesto, independientemente del modelo de coche que se tenga –allá cada uno con su “poder” adquisitivo… A la fin y a la postre –y sin negar la comodidad que tenerlo supone- tener un coche no es nada más ni nada menos que tener otra zanahoria de esas que Papa capitalismo nos da para callarnos la boca y que sigamos tirando de su carro.
En fin, esto daría para mucho. Pero hoy lo dejo aquí. Y la respuesta a la pregunta inicial es, evidentemente: NO. Un sofá es un sofá, y un coche ni lo es, ni nunca lo será… ¡Aunque para según que cosas, todos lo hayamos usado así alguna vez! ¿Me equivoco?
Otro aspecto muy serio y grave del uso del coche que se convierte en un abuso para todos, incluido el planeta, es el uso privado, individual e irresponsable que hacemos de él. ¿Se han fijado cuantos automóviles circulan por una ciudad con sólo un ocupante en su interior? ¿Para que está el transporte público? ¿Y las bicicletas? ¿Y las piernas? Pero no, cogemos el coche para cualquier cosa… ¡Halé! ¡Total, un poquito de contaminación más, que importa! ¿Sí? ¿Importa poco? Y la capa de ozono sigue disminuyendo, a la vez que el cambio climático se sigue acentuando para nuestro mal y el del planeta entero… Pero claro, ya se sabe: ¡Ande yo caliente –que en este caso sería: circule yo caliente!
¿Espíritu ciudadano cívico, solidario y responsable…? ¿Qué es eso, oiga…? Las cifras de muertes por accidentes de tráfico siguen siendo espeluznantes...
Carmen Moreno Martíon
alias Hannah.
(Imagen de: http://motor.terra.es/addon/img/motor/d5ce63agresividad_1p.jpg )