
Un día, allá en los albores de la humanidad, un individuo descubrió que con un mazo podía hacer muchas cosas:
Obtener alimentos matando animales –cómo él o diferentes, que el canibalismo también formó parte de nuestra historia-.
Arrebatar a otros individuos lo que envidiaba de ellos y quería poseer.
Mantener para sí y los suyos bienes más o menos necesarios cómo leña, agua –sin duda necesarios- territorio, mujeres, esclavos, etc. haciendo huir a quienes quisieran birlárselos, o aniquilándolos.
Suprimir a mazazo limpio desigualdades: ¿Qué no piensas cómo yo? ¡Mazazo que te arreo! ¿Qué eres diferente y me siento “disminuido” ante ti? ¡Pues toma mazazo! ¿Qué te tengo miedo? ¡Mazazo!
Claro, que también aprendió en este proceso a ser quien los recibía. Entonces se impuso la adquisición de mazas más gordas, más disuasorias, más…, y más. Hasta que del mazazo, se pasó al bombazo, alas guerras químicas y -mucho más sutil aún: a las guerras preventivas que son algo así cómo: te extermino antes de que se te ocurra que puedes siquiera pensar distinto de lo que yo pienso.
Por aquel entonces primigenio y primario, los individuos no usaban mucho sus neuronas y menos sus sistemas neuronales... (Bueno, en nuestro aquí y ahora, creo que tampoco). Decía, que por aquel entonces, la fuerza de sus diferentes mazos era el idioma entendido por todos –no muy distinto de hoy, reitero-, y de las mazazos por bienes físicos, se pasó a los mazazos por aspectos más psicológicos e intangibles del tipo “si piensas cómo yo, haces lo que quiero, y no se te ocurre sobresalir por encima de mí nunca, te daré una zanahoria” y así se fue desarrollando la humanidad, mazazo tras mazazo –en lenguaje actual: guerra tras guerra- sin que nunca sobre el planeta se diera un momento de armonía, paz, solidaridad, justicia, fraternidad y libertad simultáneamente, para todos los terrestres y sobre toda la faz del planeta al mismo tiempo. No, no hemos conocido nunca ese dichoso tiempo de paz universal que tanto anhelamos, aunque ello no quiere decir que no lo vayamos a conocer, o que no podamos lograrlo. Aunque si he de serles sincera, voy albergando alguna duda, ya que si bien es cierto que estamos a años luz de aquellos trogloditas de los mazos, no es menos cierto que los adelantos se han dado en el ámbito de las ciencias y tecnologías, pero no en lo profundo del alma humana. Tengo que reconocer -no sin cierto disgusto y decepción- que seguimos siendo los mismos brutos cavernícolas, sobre todo, tomados así, de uno en uno. Seguimos siendo igual de ceporros para muchas cosas, e igual de capaces de lo más siblime y de lo más rastrero. Pero si es cierto que anhelamos la paz, tendremos que agudizar el ingenio y empezar a desprendernos de todas las actitudes belicosas que almacenamos, de un modo activo y eficaz. Tendremos que entregarnos a la tarea de desaprender las artes del odio y de las guerras, y comenzar los aprendizajes de las artes de amar, de comprender y de ser equitativos y solidarios, porque de lo contrario, mucho me temo que no sobreviviremos.
Decía Einstein -que era muy sabio- que "si hay una tercera guerra mundial, la cuarta será con palos y piedras". Y digo yo, que si la cuarta llega a ser con palos y piedras, la séptima –si aún existe este sistema solar al que Bush quería ingresar-, volverá a ser nuclear.
Carmen Moreno Martín
alias Hannah
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