
Seguimos con la segunda:
Hoy les dejo con un poema que Giordano Bruno, dedicó a sus verdugos, esto es, al tribunal de la Sacrosanta Católica y Romana Inquisición, antes de ser quemado en la hoguera, un 17 de febrero de 1600. A Giordano Bruno, le condenaron –según dijeron- por hereje. ¿Pero era realmente “por herejía” la causa por la que quemaban a personas cómo Giordano Bruno, Miguel Servet, etc…? Permitidme que lo ponga en duda. ¡Muy en duda!
(Pueden clicar aquí para ver una breve biografía suya).
GIORDANO BRUNO A SUS VERDUGOS:
Decid, ¿cuál fue mi crimen? ¿Lo sospecháis siquiera?
Y me acusáis… ¡Sabiendo que nunca delinquí!
Quemadme, que mañana donde encendéis la hoguera
Levantará la historia una estatua para mí.
Yo sé que me condena vuestra demencia suma,
¿Por qué? Porque las luces busqué de la verdad,
No es vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma
Con dogmas y con mitos robados a otra edad,
Sino en el libro eterno del universo mundo
Que encierra entre sus folios de inmensa duración;
Los gérmenes benditos de un porvenir fecundo
Basado en la justicia, fundado en la razón,
Y bien; sabéis que el hombre, si busca en su conciencia
La causa de las causas, el último por qué
Ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia;
Los templos por la escuela, la razón por la fe,
Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo
Lo grande, y quisierais poderme desmentir,
Más aún vuestras conciencias hundidas en el lodo
De un servilismo que hace de lástima gemir…
Aún ellas, en el fondo, bien saben que la idea
Es intangible, Eterna, divina, inmaterial,
Que no es ella el Dios y la religión vuestra,
Sino la que forma, con sus cambios, la historia universal,
Que es ella la que saca la vida del osario;
La que convierte al hombre de polvo en creador,
La que escribió con sangre la escena del Calvario,
Después de haber escrito; con luz la del Tabor.
Mas sois siempre los mismo, los viejos fariseos,
Los que oran y se postran donde los pueden ver,
Fingiendo fe, sois falsos, llamando a Dios, ateos;
¡Chacales que un cadáver buscáis para roer!...
¿Que es vuestra doctrina? Tejido de patrañas.
Vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un Rey,
Leyenda vuestra historia, fantástica y extraña,
Vuestra razón la fuerza; y el oro vuestra ley,
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles,
Tenéis las bacanales, su pérfida maldad;
Con ellos sois farsantes, hipócritas y viles
Queréis, como quisieron, matar a la verdad;
Más… ¡Vano vuestro empeño!... Si en esto vence alguno;
Soy yo, porque la historia dirá en lo porvenir;
“Respeto a los que mueren como muriera Bruno”
Y en cambio vuestros nombres, ¿quién los podrá decir?
¡Ah!, prefiero mil veces mi suerte a vuestra suerte;
Morir como yo muero, no es muerte, no;
Morir así, es la vida; vuestro vivir, la muerte.
Por eso, habrá quien triunfe, y no es Roma. ¡Triunfo yo!.
Decid a vuestro papa, vuestro señor y dueño,
Cual mueren los que marchan del porvenir en pos,
Decidle que a la muerte me entrego como a un sueño,
Porque es la muerte un sueño que nos conduce a Dios;
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones
Que al hombre da la vida y al par su maldición,
Sino a ese Dios-idea, que en mil evoluciones
Da a la materia forma y vida a la creación,
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
Al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,
Al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
Al Dios de las bondades, no al Dios de iras sin fin,
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
Con hambre… no pudieron mi voluntad quebrar
Que niegue Pedro al Maestro Jesús. Que a mi ante el martirio
De la verdad que sepa, no me haréis apostatar,
Más basta… ¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra.
¡Cobardes!. ¿Qué os detiene? … ¿Teméis al porvenir?...
¡Ah!... Tembláis… Es porque os falta la fe que a mi me sobra.
¡Miradme, yo no tiemblo…! ¡Y soy quien va a morir!
Y dijo Giordano: “…Quemadme, que mañana donde encendéis la hoguera levantará la historia una estatua para mí.” Y no erró, ni en eso, ni en otras muchas cosas, pues en el siglo XIX se erigió una estatua suya en su recuerdo y en honor a la libertad de pensamiento, en ese mismo lugar en él que fue quemado: en el Campo de Fiori, en Roma, y ahí sigue hasta hoy. Hoy, a los defensores del pensamiento y de la libertad, ya no se les quema en hogueras; pero los incendiarios de Roma y de otros locus, siguen por aquí con sus condenas y juicios... Enarbolando por bandera, la oscuridad.
... Y si clican aquí, verán la referencia de un libro -cuyo título me ha servido para intitular el artículo de hoy- que leí hace seis años y que les recomiendo efusivamente.
Imagen: www.azureva.com/italie/images/images-mags/rome/campo/Statue-Giordano-Bruno.jpg
¡Qué pasen un buen día!
Carmen Moreno Martín
alias Hannah