
“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”
Tito Livio.
Ciertamente así es, el miedo, junto a la negatividad son los frenos más potentes de la acción humana.
No hablo ni del temor normal inherente al instinto de supervivencia, ni de los miedos patológicos conocidos cómo fobias -por ejemplo, miedo a los espacios cerrados o claustrofobia, etc- ni de los ataques de pánico típicos de la neurosis de angustia; no, no voy a referirme a eso, sino que hablo de esos miedos imperceptibles pero no por ello menos paralizantes tales cómo el miedo al que dirán, el miedo a no cumplir las expectativas que "nosotros creemos que tienen de nosotros", ese miedo a “no dar la talla”, el miedo al fracaso, el miedo al éxito –que también lo hay-, miedos, en suma, que se asientan en creencias convertidas en certezas, sobre las probables respuestas que, pensamos nosotros, nos darán los demás, cómo si fuéramos clarividentes y supiéramos de antemano, no ya lo que se piensa, espera, etc. de nosotros, sino lo que se pensará, esperará, dirá, etc.
Miedos que surgen de anticipaciones y aprioris que tenemos en nuestro inconsciente –o consciente- y que rigen nuestro desenvolvimiento en la mayoría de las situaciones, dando un tinte de negatividad a nuestros logros, a nuestro devenir, y a nuestra vida.
¿Quién no ha visto a niños jugando, decir: no salto que me caeré, no podré, me haré daño –en saltos inocuos que la mayoría de los niños realizan con éxito y sin pensarlo? Pues en nuestra vida adulta ocurre lo mismo: Tengo miedo a… porque se burlarán de mí, no me aceptarán, no aprobaré, me rechazarán, fracasaré, etc. etc.
Otra frase que utilizamos constantemente ante un cambio que nos produce uno de esos miedos y su consiguiente parálisis, es: “Es muy difícil” que, generalmente quiere decir: “tengo miedo a hacerlo, a arriesgarme, a cambiar, a intentarlo” etc. etc.
Y así vamos de “mar en mar”, tapando nuestras desnudeces, ocultando nuestros cabellos de oro fino, ante la excusa de los supuestos defectos de los demás y de sus críticas, perdiéndonos en ese viaje de búsqueda de ojos comprensivos y aceptadores lo más importante: el vivir.
Y digo yo: ¿Quién podrá regalarnos esa mirada sensible y amante, si nosotros mismos huimos de vernos realmente tal cómo somos, de aceptarnos con todo lo que somos, de amarnos y aprobarnos con nuestras imperfecciones, debilidades, vulnerabilidades, fortalezas, genialidades? ¿Quién podrá arroparnos en seguridad, si malvivimos entregados voluntariamente y a perpetuidad, a las garras depredadoras de la anticipación negativa, del miedo y de la mendicidad de cariño del otro?
Pues la respuesta es: ¡así nadie!. Nadie puede obviar nuestra propia mirada. Nadie puede reemplazar nuestra propia seguridad. Nadie puede sustituir nuestro propio compromiso. O somos adultos, suficientes, autónomos y ejercemos cómo tales despojándonos de miedos y de anticipaciones ridículos, o sucumbiremos cómo seres siempre dependientes, siempre temerosos, aferrados a creencias absurdas y pueriles, que sólo denotan una desmesurada omnipotencia ególatra y egocéntrica.
El estar constantemente volcado sobre lo que pasará, el miedo a vivir, el miedo a la libertad, sólo puede conducir a una cosa: al aislamiento, al alejamiento del arte de amar y a la muerte.
Amigos míos, el futuro es incierto y siempre lo será; pero ¿vamos a perdernos también el hoy por ello?
Y, para terminar estas consideraciones breves y superficiales sobre algunas de las cadenas que nos atenazan y que nos ponemos nosotros solitos, una poesía cortita, la de la Gestalt:
“Yo soy yo
y tú eres tú.
Yo no estoy en el mundo
para cumplir tus expectativas,
y tú no estás en el mundo,
para cumplir mis expectativas.
Yo voy por mi camino.
Tú vas por tu camino.
Si nos encontramos,
Será maravilloso…
Si no, no habrá nada qué hacer.
"(No me acuerdo del autor, pero es conocida cómo oración de la Gestalt.
La Gestalt es una psicoterapia).
En cuanto al terrorismo de Estado a través de la herramienta del miedo que constantemente nos refuerzan y mantienen nuestras neuronas atadas y bien atadas, les hablo otro día.
Carmen Moreno Martín
alias Hannah
(Imagen: http://anakin.blogia.com/upload/el%20miedo%20contagioso.gif)