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EN EL PRINCIPIO FUE EL VERBO Y POR ÉL TODO FUE HECHO![]() Los seres humanos nos caracterizamos y diferenciamos de otros seres vivos animales -como nosotros que también somos animales-, porque somos seres de palabras. Las palabras son los instrumentos gracias a los cuales podemos pensar, organizar lo que pensamos, comunicarnos y estructurar la realidad. Pero las palabras no sólo estructuran la realidad, sino que en nuestro caso, van más lejos, porque también la crean, de modo que según las palabras que emitamos y los discursos que construyamos veremos la realidad y la viviremos de un modo o de otro. Voy a traer un par de ejemplos que servirán para ilustrar lo que he dicho. Tomemos por caso a los Estados Unidos de Norte America y a sus ciudadanos, los estadounidenses. Cuando estos ciudadanos hablan de su país, dicen por lo común “América”, y si hablan de sí mismos y de su lugar de procedencia, dicen ser “americanos”. Es más, hasta su himno nacional lo expresa así: “América, América…” cantan, en lugar de cantar “Estados Unidos, Estados Unidos...” Y esto es tan así que hasta nosotros europeos les llamamos “americanos” en lugar de estadounidense, y hablamos también de “América” en lugar de hablar de Estados Unidos. Y ahí lo tienen: un imperio forjado y bien forjado, como el imperio romano, pero en nuestros días. Sin embargo, América va desde Alaska hasta Tierra de fuego. Va de Ártico a Antártico, y se compone de muchos y muy ricos países de Canadá a Argentina, pasando por México, Guatemala, Cuba, Brasil, Ecuador, Argentina etcétera, etcétera, todos y cada uno de ellos americanos, y todos sus ciudadanos americanos también. Cuando estos ciudadanos, excepción hecha de los estadounidenses, hablan de sí mismos, dicen que son canadienses, brasileños, peruanos, etcétera… no dicen “soy americano” aunque de hecho lo son todos. Y muchos de ellos, sin darse cuenta de lo que hacen al decirlo, también reservan la expresión “americano” para los estadounidenses. Y la “realidad imperial” con todas sus consecuencias y avasallamientos, se asienta y consolida también a través de las palabras. Otro ejemplo fácil lo tenemos cuando hablamos de “los buenos y los malos”. Los pederastas, los pedófilos, los abusadores de niños en todas sus variedades, los maltratadores, los prevaricadores y defraudadores, y los delincuentes en general son “los malos”, y nosotros, los que no hacemos nada de eso, somos “los buenos”, “los limpios e inmaculados”. Nos situamos al otro lado de la maldad y nos creemos “a salvo” de ella y sin ninguna responsabilidad en el asunto. “Somos los buenos” de manera que nos lavamos las manos como Pilatos y nos sentamos a mirar a ver que pasa… A ver quien resuelve la “maldad” del mundo. A ver quien nos salva de ella, porque nosotros estamos al margen. Ya está. Hemos estructurado la realidad de una manera maniquea y dicotomizada, escotomizada y perversa. ¿Perversa? Sí, muy perversa y peligrosa en tanto y cuanto nuestra realidad de supuesta bondad nos convierte en seres ausentes de corresponsabilidad, de pensamiento, de compromiso. Nos convierte en seres dependientes de salvadores, en seres pasivos, insensibles, anodinos… y en definitiva en culos con orejas que comen, trabajan –cuando pueden, o cuando quieren- duermen, beben, follan, se reproducen, etcétera, como células indiferenciadas y letárgicas cada vez más adormecidas. El otro día escuché que en ciertos colegios tienen un modo peculiar de castigar a sus educandos. Los retiran a un rincón a pensar….Así, como lo leen, convirtiendo el pensar en un refuerzo negativo, algo así cómo “pensar es malo” ya que se utiliza como castigo. Y la realidad se va estructurando en torno a ello a la vez que el pensamiento se convierte en algo peligroso, rechazable, evitable y la tribu de “culos con orejas” crece y crece… Miren, ya saben de mi agnosticismo, pero hay algo en La Biblia que viene a cuento con todo esto y son los relatos de la creación. En ellos se cuenta que Dios creó el mundo. ¿Y cómo se dice que Dios creó el mundo? Pues nada más y nada menos que con la palabra. Porque Dios no se puso a “obrar” cosas, sino a “decirlas”. Fue el “Verbo” el principio de todo y través de él todo fue hecho, según el libro sagrado del Génesis –y también según algún presocrático que otro con lo del “Logos” y eso-. Cada uno de los tiempos de la creación viene determinado por un “Dicho” de Dios: “Y dijo Dios”… A mí no me importa si Dios existe o no, tampoco me importa si una descomunal inteligencia personal o impersonal creó el mismísimo Big Bang o no. Lo que me importa es que la sabiduría humana antigua ya sabía muy bien la importancia de la palabra y del pensamiento en la acción y en la estructuración de la realidad. Y que desde muy antiguo se sabe de ese poder y de la necesidad que tienen los dominantes y poderosos de reprimirlo si desean seguir con sus poderes. Lo triste y lo patético es que nosotros nos prestemos y les ayudemos tanto. Podría extenderme con múltiples ejemplos más, pero prefiero que cada lector se sumerja en esa actividad malignizada –la de pensar y la de hacerlo con palabras y discursos de compromiso y corresponsabilidad, de acción y creatividad para una vida en libertad, justicia, belleza, armonia y equidad, y vaya extrayendo sus propias conclusiones y pautas de conducta, a ver si a “ese culo con orejas” en el que se ha convertido nuestro cerebro le va creciendo poco a poco algo de cerebro y vamos utilizando otras palabras que nos permitan ir estructurando la realidad de otra forma, de otro modo más solidario, más humano y más sano. Porque si no sanamos, si no saneamos la “Tribu global” que es la humanidad, mal futuro tenemos. Cada uno de nosotros no sólo somos un miembro de esa “Tribu Global”, sino que somos la “Tribu Global” misma, al igual que una gota de agua del mar no es todo el mar pero si contiene en sí misma toda la esencia del mar. Y cada uno de nosotros, con sus palabras y con sus discursos es un constructor de la realidad, de la propia y de la global. De manera que cada uno de nosotros debemos aplicarnos el cuento. Carmen Moreno Martín Imagen: ilustración tomada de la revista Fusión, de fuente: Jueves, 04 de Diciembre de 2008 11:00 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Consciencia revolucionaria.. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: hoy, miscelánea: "¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?" Albert Einstein "La amistad conoce el tiempo exacto de las palabras y de los silencios." Fernández Lafuente "A los que corren en un labedrinto, su misma velocidad los confunde." Séneca "Cada quien sabe lo que trae en su morral." Juvenal Aviso: las imágenes que ilustran las entradas de este Blog se toman de la red con sus créditos. Si los autores desean que sean retiradas, que lo hagan saber, y así se hará. Gracias Temas
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