
En un día como hoy,
de repente,
me paro,
e inquiero:
¿y el programa?
Porque,
indudablemente,
para llegar hasta aquí,
hasta hoy,
a este preciso momento,
hube de seguir un programa...
¡Si!.
Un programa,
que,
inexplicablemente,
a veces pierdo...
¡O se traspapela!
Entre bagatelas disfrazadas de importante.
Entre necedades, prisas, prosas, sandeces...
¡Y otras hierbas!.
Y,
a una,
en días como hoy,
¡se le hace imprescindible
ese programa!.
¡Lo necesita!.
Necesita hacerlo suyo nuevamente.
Pero,
¿dónde está ese programa?
Una,
en días como hoy,
necesita encontrarlo para seguir,
para dar el siguiente paso hacia el próximo instante,
el próximo día...
la próxima semana.
Y una se agarra
salvajemente
a la niñez.
Esa niñez eterna,
Esa vieja niñez,
dueña de todos los programas.
Carmen Moreno Martín
Alias Hannah.
(Imagen de: www.ubisunt.es/actualidad/imagenes/ copia.jpg)
El texto al pie de la imagen que ilustra este post, habla de dos posibilidades de "vivir la vida", pero yo me niego a que haya sólo dos. Es más: pienso que hay tantas cómo seres vivos. La imagen me encanta y por eso la he escogido, pero el texto...
A mí lo de los "milagros" me sobra. Prefiero pensar en que hay, aún, muchos fenómenos en la vida que escapan a nuestra comprensión, al conocimiento de la realidad que hemos logrado, a la tecnología con la que cuenta la ciencia de hoy para poder abordarlos, pero que no por ello tienen que ser "fenómenos milagrosos" ni "sobrenaturales". Sinceramente, no necesito a dioses ni recurrir a conductas divinas para satisfacer mi necesidad de comprender la realidad que me rodea, y el hecho de que mis posibilidades de comprensión sean limitadas y reducidas, no me lleva a abrazarme a dogmas doctrinarios ni creacionistas, ni de ningún otro tipo. Hoy sabemos que nuestra casa "La Tierra" no es plana, que no es el centro del Universo y que es un planeta pequeñito que gira en derredor del Sol, junto a otros planetas del mismo sistema solar y que una forma de vida basada en el Carbono y el Hidrógeno -de la que nosotros somos una ínfima parte- se ha desarrollado en ella, en la Tierra, en esta casa nuestra que nos empeñamos en liquidar. Pero, ¡es tan insignificante lo que hemos logrado saber y desentrañar del Universo! ¡Es tan inmensa nuestra ignorancia sobre todo! ¡Es tan reducida, estrecha y corta nuestra comprensión y nuestra voluntad de ensancharla de un modo abierto! ¡Si por lo menos pudiéramos mantener la curiosidad de un niño, su disposición a abrirse sin prejuzgar y su inmenso apetito de aprendizaje! ¡Estamos, los adultos, tan repletos de teorías, dogmas, fanatismos, fronteras... y ponemos tanto empeño en transmitírselo todo a nuestros descendientes, taponando sus propias y tiernas posibilidades! En fin, que no necesito ni creer en dioses ni a los milagros para nada, y que tampoco pienso que en todo el universo, la vida cómo la entendemos sea la única posibilidad, y, cómo decía Carl Sagan: "Si estamos sólos en el Universo, que tremendo desperdicio".
Y bien, les dejo estas reflexiones deslavazadas y la reedición de este poema o antipoema mío, que tampoco sé muy bien si es lo uno o lo otro. Me despido de todos ustedes hasta la segunda semana de Septiembre, salvo alguna aparición esporádica. A ver si, entre tanto, doy con el dichoso "programa" o él me encuentra a mí.
A partir de la segunda semana de Septiembre, espero poder estar de nuevo con todos ustedes como siempre o, al menos, todo lo "cómo siempre" que me sea posible. Hasta entonces, que pasen un buen verano y disfruten lo más que puedan de la vida, sea cual fuere la forma en que elijan hacerlo.
Carmen Moreno Martín
alias Hannah