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SILENCIO: SE APRENDE![]() Si algo es característico en todos los seres vivos, es su capacidad de aprender. Se aprende, sí; lo vivo aprende y cuanto más inteligente es una forma de vida, más capacidad de aprender posee. Pero otra cosa muy diferente es qué se aprende y para qué. Normalmente, la investigación científica nos muestra que se aprende para sobrevivir y que para ello el aprendizaje cada vez es más especializado y conveniente. Y no sólo se aprende para sobrevivir, también nos muestra la investigación que se aprende para que la supervivencia sea cada vez más segura, más cómoda y más fácil; de manera que nos vamos legando aprendizajes exitosos que vamos apuntalando a lo largo de nuestra vida y que trasladamos a las siguientes generaciones. De esta guisa, nuestros genes se van llenando de legados útiles para la especie y para el individuo. Pero en esta cadena de aprendizaje, decididamente, falla algo. La causa del fallo realmente la desconozco, pero algo tiene que fallar por fuerza para que, de generación en generación, desde las cavernas, los legados que más se aprenden son los del odio y del horror, los del crimen y los de los genocidios, los legados del racismo y de la esclavitud… Bueno, aquí me quedo. Les dejo con este interesante artículo y luego sigo: “Los reiterados tributos oficiales a las víctimas de los campos de concentración europeos, creados durante la Segunda Guerra Mundial, pareciera que iban a poner un fin a su lógica del genocidio. A comienzos del siglo XXI es difícil creer que sea éste el caso. Las guerras de los Balcanes, las atrocidades que se sucedieron en África y en las guerras de Irak y Afganistán señalan más bien una espantosa regresión histórica. Las masacres y genocidios, los desplazamientos de millones de humanos, el confinamiento masivo en campos de concentración o de refugiados y, no en último lugar, los movimientos migratorios provocados por la pobreza y la destrucción ecológica no han cesado de multiplicarse. Según los datos facilitados por el Committee for Refugees and Immigrants de Estados Unidos, en el año 2006 existían en el mundo 33 millones de personas involuntariamente desplazadas de sus hábitats originales. De ellos, 21 millones los constituyen las llamadas “personas internamente desplazadas,” es decir, relocalizadas dentro de sus propias fronteras nacionales. Los 12 millones restantes son refugiados que han huido a segundos países en busca de seguridad política y económica. Sudán y Colombia se mencionan como ejemplos de desplazamientos internos promovidos por la violencia militar, con cifras que alcanzan hasta los 5 y 3 millones de refugiados, respectivamente. La crisis humanitaria más reciente la brinda Irak con un millón 700 mil desplazados internos y más 2 millones que han abandonado el país. Oficialmente estas movilizaciones son temporales. Pero en países como Colombia, el regreso a sus hogares de los desplazados, que son indígenas y mestizos en su mayoría, es imposible, puesto que sus tierras oficialmente “abandonadas” son apropiadas legalmente por corporaciones y organizaciones militares. Existen más de 2 millones de afganos en campos y refugios provisionales desde hace más de 20 años. La cifra récord la configuran los palestinos: 3 millones de desplazados hace medio siglo. El número de estos llamados “refugiados perpetuos” en el mundo asciende a un total de 8 millones. Y estas cifras no hacen sino multiplicarse de año en año al amparo de lucrativas guerras y tráfico de personas. En las declaraciones oficiales, los campos de concentración del nacionalsocialismo del siglo pasado se condenan y consagran como un evento único en la historia de la humanidad, cuyos motivos, métodos y objetivos escapan a la luz de la razón. Implícita o explícitamente se atribuye su responsabilidad a voluntades perversas y patologías racistas. Sin embargo, los genocidios industriales del siglo XX no constituyen un hecho aislado. Las minas y las mitas coloniales de la América española constituyen un paradigma histórico de racionalización militar de un sistema etnocida de producción. Las cifras del genocidio colonial americano son imprecisas. Pero los cálculos más conservadores las sitúan en torno a las decenas de millones. El tráfico internacional de esclavos africanos constituye un prefacio sórdido a los genocidios europeos del siglo XX, con cifras asimismo escalofriantes. El propio nombre de campos de concentración fue acuñado por el colonialismo británico en África del Sur antes de que lo esgrimiera el imperialismo alemán. Tras estos crímenes contra la humanidad existen, sin lugar a dudas, voluntades enfermas. Pero sus procesos genocidas están atravesados por la limpia racionalidad que define la acumulación de capital, la expansión de mercados y la concentración de poder y riqueza. Aproximadamente la mitad de las víctimas de los campos de concentración nazis eran campesinos eslavos, gitanos y comunistas que la máquina militar devoraba a lo largo de su expansión hacia el este. Su exterminio estaba ligado a un principio económico: racionalizar la producción agraria, liberándola de sus trabas precapitalistas. Una de las razones que justificaban la eliminación de los guetos judíos de Europa central eran sus formas de vida tradicional, resistente a la economía de mercado y a las exigencias de la industrialización agraria. Estos genocidios esgrimieron asimismo un principio de seguridad: sus víctimas eran potenciales insurgentes contra el sistema que las desalojaba de sus ciudades y sus tierras. Aunque jurídica y mediáticamente se contemple como una realidad aparte, el flujo migratorio masivo de nuestros días obedece a los mismos principios: la expansión territorial de poderes corporativos, crecientes desigualdades económicas y sociales entre las naciones ricas y las regiones neocoloniales, la degradación ambiental y la violencia. Sus cifras son asimismo turbadoras. En Europa existen 83 millones de inmigrantes legales y un número indeterminado, entre 4 y 7 millones, de denominados “sin papeles”. En Estados Unidos la cifra oficial de estos inmigrantes no legalizados asciende a 12 millones. En lugar de confrontar las causas de este desorden global, los intereses económicos y militares que lo sostienen, los líderes mundiales han optado por la criminalización de sus víctimas y la militarización de sus conflictos. El propio concepto de “inmigrante ilegal” es una construcción tan arbitraria. El término fue acuñado por el colonialismo británico para combatir una indeseada inmigración de judíos a Palestina en los años de su persecución nazista en Alemania. Las frases sobre la amenaza que estos inmigrantes representan para el mercado laboral, su viciosa asociación con el crimen organizado y las retóricas de su no integración nacional encubren el efectivo desmantelamiento de los derechos humanos a escala global. Los campos de detención y concentración, y la militarización de los movimientos migratorios generados por las guerras, la miseria y el expolio no son precisamente una solución a estos dilemas. Son parte del problema. Sólo la confrontación transparente de la creciente extorsión económica de las regiones más ricas del planeta por poderes corporativos multinacionales, de las causas reales del deterioro ambiental, y de los tráficos de armas y humanos, y sólo la implementación de auténticos programas de desarrollo sustentable podría poner un punto final a esta lógica del genocidio: el legado de Auschwitz. Pero la condición primera para poder encontrar una solución a estos dilemas es su debate público. (Este artículo ha sido censurado por El País, de Madrid, en el momento en que los líderes europeos administran la expulsión de millones de inmigrantes ilegalizados.)” Bien, pues sigo con mi comentario al respecto: El legado del nacionalsocialismo alemán de los nazis con sus planes de purificación de razas y extermino de todas aquéllas que no fueran arias sin mácula, y muy especialmente los judíos y semitas en general, con sus campos de exterminio y muerte, debería haber inmunizado a la humanidad contra tales atrocidades perversas. Parece que la repetición del horror, de lo monstruoso, de lo siniestro nos atrae sobremanera y sin remedio. De modo que vamos trasladando los objetos en los que depositamos nuestros odios, y vamos pasando de moros, judíos y gitanos a negros, amarillos, musulmanes, inmigrantes legales o ilegales de cualquier lugar y condición y a un largo etcétera sin ver que se trata de personas cómo nosotros mismos, con las mismas necesidades de nosotros, con los mismos apetitos y hambres tanto de nutrientes físicos cómo de justicia, de solidaridad y de cariño… pero estamos ciegos o nos lo hacemos que es aún peor. Y seguimos ahí, repitiendo y repitiendo lo que nos va más que un cacahuete a un mono: exterminar al semejante porque es algo diferente o, simplemente porque sí, de las mil y una manera que tan bien hemos parendido y sabemos –que en eso somos expertos- ya sea con montañas de trámites burocráticos o sedados en un avión de vuelta a sus míseros orígenes, alegando mil pretextos pero, en realidad, simplemente porque son diferentes o, simplemente porque sí. A los “legales” los “retornamos” cuando ya no nos convienen cómo si fueran artículos de usar y tirar. Y a los “ilegales”, patada en el culo sin reparos; eso sí, tras haberlos tenido en régimen carcelario un largo tiempo –hasta 18 meses si nos da la gana, porque la directiva legal lo permite- para que aprendan, se disuadan de todo reintento y no se les ocurra volver, que si lo hacen ya saben lo que les aguarda. Carmen Moreno Martín Imagen: http://www.periodicocnt.org/272oct2001/imagenes/notienenombre.jpg |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: Para el verano: Francisco de Quevedo y Villegas: "El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar." "Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres." "El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos." "Donde hay poca justicia es un peligro tener razón." "Bien acierta quien sospecha que siempre yerra." AVISO IMPORTANTE: Generalmente y citando créditos, tomo las imágenes de la red. Si algún autor desea que las retire, que me lo haga saber. Gracias Temas
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