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PARTE FINAL Y CUENTO FINAL DE CUENTOS PARA LA LIBERTAD, DE CARMEN MORENO MARTÍN![]()
Hoy les ofrezco la parte final y el cuento final de “Cuentos para la libertad”. Con esto no habré terminado de publicar el libro en este Blog, pero sí su mayor parte. El resto, que ya no es mucho, lo iré publicando, como hasta ahora, poco a poco. Y sin más preámbulo, les dejo con el texto: “A MODO DE FINAL” “No importa lo que piensen que eres, sino lo que eres”. Publilio Sirio Hasta aquí la narración de historias de pueblos, reinos, pastores, trajes, listos y tontos, ciudades, hombres y mujeres, cuyas existencias únicamente cobran vida en la imaginación del autor y en el papel que las acoge; pero existencias, que si bien ficticias e irreales, y como tales carentes de identidad en sí mismas, poseen cierta consistencia y cierto rango de realidad en tanto que producen algún eco en el ser que las narra, y en el ser que, al leer el relato, las recibe. La magnitud de la consistencia y de la realidad de los personajes, y de sus situaciones, producirán que cada uno de los lectores concluya “moralejas” y “mensajes” diversos. Para mí, conforme van brotando de mi corazón y de mi mente, orientan la dirección de mis pasos por cada una de las sendas que, desde mi libertad, poca o mucha, elijo en cada momento transitar; sí bien no se me escapa, que esas conclusiones no pueden ir más allá de dónde mi propia experiencia me permite ir. No es, en consecuencia, labor mía ofrecer al lector enseñanzas y descubrimientos que, por un lado, solo me servirían a mí, y por otro, él mismo, desde su vida y su aprendizaje debe encontrar. Por ello, que cada cual se esfuerce en su tarea y que el amor acoja la labor de todos, envolviéndonos en su inagotable fuente de luz y de vida. No obstante, si alguien se sorprende, descubriendo dentro de sí que se ha encendido alguna lamparita –por diminuta que sea -, cuya presencia antes ignoraba, la entrega y el esfuerzo depositados en este libro se verán ampliamente recompensados. …Y si no es así, si estos relatos sólo logran producir confusión y tedio, no habré perdido nada con escribirlos; y mucho habré ganado con ello. Si, digo mucho; aun cuando la ganancia sólo haya sido la realización de un libro de cuentos, y el hallazgo de que cada uno se pierde y se reencuentra en los cuentos que, a lo largo del trayecto por el laberinto, va creando y se va contando. Pero hay que permanecer alerta y distinguir lo que el laberinto es, y lo que los cuentos que uno mismo se cuenta son. El libro, pues, ha llegado a su fin; y como es bien sabido, toda meta constituye un nuevo principio. Porque así es, según yo lo veo. Creo que todo final es un nuevo principio que se abre a la esperanza de otro amanecer lleno de oportunidades; quisiera, por tanto, acabar como empecé: narrando un cuento. Y sin más preámbulo, dejando a cada uno con este cuento y con el propio, me despido del lector: “Érase una vez una humana criatura, que vivía atormentada por sus penas, anhelando hallar la manera de verse liberada de ellas. El hondo penar de ese pobre y desdichado ser consistía en no poder encontrar nunca el modo, por más que en ello se esforzaba, de saber quién era ella en realidad, qué buscaba, y qué deseaba en esta vida. Tan desafortunada persona creía poseer una particularidad, extraña sobremanera, que la hacía distinta al resto de la gente que la rodeaba y vivía junto a ella. Y esto era que, estaba convencida de que alguien le había introducido en la cabeza un chip al que ella denominaba "desastroso". Este chip le permitía escuchar, constantemente, todo lo que los demás pensaban, opinaban, sentían e ideaban acerca de ella, antes incluso de que pudieran apercibirse de sus propias producciones mentales. El chip, que funcionaba de un modo absolutamente independiente a la voluntad de ese ser, y que no podía ser desconectado ni por él ni por nadie, se alimentaba de una desconocida energía que parecía estar, misteriosamente, a su disposición, haciéndolo funcionar correctamente, y sin avería alguna, durante toda la vida de esa criatura. Esta singularidad que convertía al chip en milagroso, hacía que su portador viviera una continua tortura; razón por la cual quién lo llevaba y sufría, había decidido ponerle ese nombre tan peyorativo de “desastroso”. Cada vez que el ser intentaba emprender alguna actividad, o expresaba alguna necesidad, o mostraba algún deseo, inmediatamente escuchaba todo cuanto sus semejantes pensaban acerca de ello, y todos los juicios que formulaban de él. Oía, sin poderlo evitar, todos los pensamientos de aprobación, aceptación y agrado que sus actividades y las muestras de sus deseos, o la expresión de sus necesidades producían en los otros; y, simultáneamente también, escuchaba con igual nitidez todos los pensamientos de reprobación, rechazo y rabia que surgían en los demás como producto de sus actos, de la muestra de sus deseos o de la expresión de sus necesidades. Fatalmente, el peso de los pensamientos de aprobación y reprobación, de aceptación y de rechazo, de agrado y de rabia, que las gentes producían hacia ella, siempre se distribuía por igual entre cada opuesto; de manera que la pobre criatura no sabía nunca que hacer, ya que hiciera lo que hiciera, siempre había un cincuenta por ciento de la gente descontenta con ella. El resultado era que la pobre persona se quedaba bloqueada y aturdida, y su empeño por complacer –lo cual le permitiría, al menos, escuchar desde su chip cosas agradables no recriminatorias- era tal, que ya no le era posible discernir ni separar sus propias necesidades, deseos, aspiraciones y metas, de los deseos, necesidades, aspiraciones y metas de los demás. Todo esto producía en este ser una confusión enorme, la cual, sumía a esta criatura en un estado continuo de desesperación y de sensación de hallarse perdida que era difícil de soportar. De ahí que ya no supiera ni qué buscaba, ni qué deseaba, ni quién era. Los médicos que consultaba con la esperanza de hallar remedio a sus males, es decir, con la esperanza de que alguien pudiera desconectar el chip o, cuanto menos, ensordecer la mente de este ser a las continuas habladurías y transmisiones del chip, no encontraban el modo y manera de hacerlo. Algunos ni siquiera creían en su existencia, diciendo que todo eso eran alucinaciones y diagnosticando psicosis paranoica u otras cosas por el estilo. Pero que el chip existía era un hecho real y ¡vaya si existía! Otros a los que también consultaba tan desventurado ser –como videntes y esas cosas- le decían, los unos, que eran contactos con identidades espirituales del más allá; los otros, que sí eran conexiones con extraterrestres y hasta hubo quien le dijo que podía tratarse de la Virgen o de los ángeles… El caso es que, fuera lo que fuera, su penar aumentaba sin que se atisbara solución alguna a tanto sufrimiento y los días transcurrían lentos y pesados sin pizca de paz ni sosiego. ¡Pero si incluso durmiendo podía escucharlo! Era terrible ver, como este ser arrastraba su existencia miserablemente por la vida, deseando la muerte como único modo de acabar con el continuo e incesante parloteo de su chip. Un día, mientras deambulaba cabizbaja, tropezó con un pequeño y extraño animal, con algo así como un cachorro de gatiperro - o de perrigato, según se vea -, pero lo extraño de ese cachorrillo no era la mezcla de especies que presentaba sino que, a través de su chip, el apenado y confundido ser pudo escuchar lo que el animal pensaba. Los pensamientos que, a través del chip, recibía del cachorrillo, podían concretarse, más o menos, así: “Llévame contigo a tu casa, quiero darte todo mi amor. ¡Me agradas mucho… eres una criatura tan dulce y bella!. ¡No sufras más, me hace tanto daño verte sufrir de ese modo, deseo consolarte y aliviarte de tu dolor!”. El pobre ser se dijo que su chip se había vuelto loco. Mirando al cachorrillo pensó de él: “¡Vaya desecho!. ¿De dónde habrá salido este bicho tan raro? ¡Uf, qué feo es!”… Y con un gesto firme y decidido, alejó con repugnancia al cachorro lejos de sí. El infeliz ser esperó a que su chip le informara de todos los pensamientos de reprobación, de rechazo y de rabia que el cachorrillo, sin duda, iba a generar por la conducta que había tenido con él; pero sorprendentemente, y contradiciendo las expectativas que había albergado dentro de sí, acerca de los pensamientos que generaría el cachorro, la infeliz criatura escuchó que el chip le transmitía: “Sé que tu corazón es noble y bondadoso aunque parezca que quieres herirme… ¡Sufres tanto que no puedes oír lo que tu corazón te habla y lo que tu alma desea!. Pero sólo hay generosidad y pureza dentro de ti… Nada te reprocho por lo que me has hecho –seguía emitiendo el chip, transmitiendo fielmente todos los pensamientos del cachorro -, únicamente siento piedad de ti y deseos de estar contigo… Te amo sin condiciones, hagas lo que hagas y pienses lo que pienses; y sólo quiero darte mi amor y mi calor… Ya sé que tengo un cuerpo raro, feo y contrahecho… ¿Qué le voy a hacer… Qué otra cosa iba a salir de una gata callejera y un chucho miniatura y vagabundo? Me guste o no, así eran mis padres. Me dieron la posibilidad de llegar a este mundo. ¡No puedo cambiarlos por otros y debo aceptarlos como son! Eso me permite conocer la aceptación y… ¡También yo me acepto como soy!… Aunque a decir verdad, ¡mi trabajo me ha costado! Y, además, ¡soy tan pequeñín... Tan poquita cosa!”. Y mientras la mente del cachorro producía todos estos pensamientos, el animalillo miraba con una ternura infinita a ese ser portador del chip desastroso. De pronto, la criatura rompió en un tumultuoso y desgarrador llanto de aspecto infrahumano, y el “pequeñín perrigato”, acercándose a ella, y encaramándose por sus ropas, llegó hasta su cara y la llenó de lametones, limpiando las lágrimas que corrían, abundantemente, por el rostro de aquel ser. Poco a poco, el llanto de la criatura se fue haciendo más sosegado, más humano, más tierno, más esperanzado… La criatura abrazó con ternura y llena de agradecimiento al cachorro que, emitiendo un sonido, le devolvió el abrazo. Aquel sonido, a juzgar por la delicadeza del tono, parecía ser de cariño, y aunque era como una mezcla de ronroneos y ladridos, evocaba un hermoso y apacible canto. De pronto, la criatura se vio sobresaltada por un silencio ensordecedor. Pensó: “O el chip se ha callado, o el cachorrillo ha enmudecido… Ha dejado de pensar… ¿Se habrá muerto en mis brazos…?. Alarmada y llena de angustia, la criatura se dispuso a examinar minuciosamente al animal, pero, en ese mismo instante, el cachorrillo se acurrucó aun más en sus brazos, y el perplejo ser se dijo: “Así que está vivo”, encaminándose a su casa, y llevándose con ella a aquel “gatiperro”que tanto le había conmovido, y tan nobles pensamientos le había dedicado. Mientras caminaba, se cruzó con personas que, mirándola cómo portaba al cachorrillo, se quedaban perplejas por la singularidad del extraño y feo bicho. Algunas de esas gentes le dirigían la palabra expresándole su asombro al ver la particular rareza del cuadrúpedo… Pero el chip seguía mudo. Algo lo había desconectado al fin. Lentamente, la vida de aquella criatura cambió para bien. Aprovechando el gran silencio que se había instaurado en su interior, esa criatura pudo ir encontrándose a sí misma y descubriendo quién era en realidad. Pudo conectar con lo que deseaba y con lo que quería y, de ese modo, experimentar, junto a su identidad, los sentimientos que albergaba. Todo ello a la vez que cuidaba con cariño, esmero y dedicación del cachorrillo que, a su vez, conforme iba creciendo, iba perdiendo fealdad, y ganando un atractivo encanto. Los dos aprendieron la mejor manera de expresarse mutuamente sus necesidades, sus deseos y de darse el uno al otro toda la dedicación y los cuidados que podían. La criatura llamó a “perrigato” Amor; y éste llamó a la criatura Esperanza. Un día, mientras ambos corrían por un prado, aprovechando la cálida caricia de las primeras jornadas de la primavera, algo se escuchó caer sobre la hierba, y al parecer, había caído de la cabeza de Esperanza. Esta y Amor, que ya no era tan cachorro, buscaron entre la hierba para ver que era. ¡Cuál no sería su sorpresa al encontrar un oxidado y deteriorado chip!. Y es que no hay nada, absolutamente nada, que se resista a la fuerza del amor incondicional, y a la esperanza. Y hasta hoy, nada ha vuelto a perturbar el transcurso de la vida de estos seres, de cuyos ojos irradian limpias y serenas miradas, que, con sólo sentirlas posarse sobre nosotros, nos llenan de armonía y de felicidad”. Comentarios » Ir a formulario
¡Cuánto tiempo hacía que no nos dejabas uno de esos cuentos de ese precioso libro! Gracias.
Besitos Fecha: 17/04/2008 11:07.
¿Y todavía no está entero el libro? Pues estoy deseando tenerlo entero para hacerme una especie de "facsimil" con él y tenerlo enterito.
Es muy bonito. Un abrazo Fecha: 17/04/2008 11:07.
Así es cuando el que dirán nos paraliza y nos crea la sensación de "saber" todo cuanto los demás pueden pensar de nosotros... No es cosa fácil ser uno mismo porque implica primero aceptarse uno mismo y somos los primeros que no nos aceptamos. Un cuento precioso y un final excelente.
Una pena que no lo publiques. Besitos Fecha: 17/04/2008 11:07.
Me ha encantado. Eso de "nuestro propio cuento" está muy bien porque son tantos los que nos contamos y nos llegamos a creer!!!
Un abrazo Fecha: 17/04/2008 11:09.
Es verdad que ese dichoso "que dirán" que siempre nos persigue es una de las barreras que nosotros m ismos edificamos y que impiden la libertad.
Precioso. Un abrazo Fecha: 17/04/2008 11:10.
Todos tus cuentos encierran una gran sabiduría. Un excelente final.
Besitos Fecha: 17/04/2008 11:11.
Muy profundo el final y el cuento que dan mucho que pensar sobre los obstáculos que nos ponemos para ser verdaderamente libres.
Un abrazo Fecha: 17/04/2008 11:16.
¡Qué bien! ¡Me encanta ese libro! Y no debe faltarle mucho para estar completada su publicación aquí ¿no?
Beso Fecha: 17/04/2008 11:16.
Me ha gustado mucho por su sencillez y a la vez su profundidad.
Un besito Fecha: 17/04/2008 13:02.
¡Qué sorpresa! lo estaba echando mucho de menos. Me ha encantado.
Un besito Fecha: 17/04/2008 13:03.
Me parece que de ese chip desastroso muchos compartimos bastante. Buen cuento y útil porque hace pensar.
Un abrazo Fecha: 17/04/2008 18:32.
Es curioso ese pretender saber lo que los demás piensan y estar siempre pendientes no tanto de su aprobación sino de lo que nosotros de entrada spretendemos saber que aprobarán o no...
Y es terrible el sufrimiento que nos causa todo ello. Un beso Fecha: 17/04/2008 18:33.
Tu cuento refleja totalmente lo que nos ocurre a muchos y da pistas sobre la solución, por eso me ha gustado mucho.
Un beso Fecha: 17/04/2008 18:34.
Lo que describes en el cuento es mucho más común y cotidiano de lo que parece, lo que no es tan común es que lo veamos así de claro y que lo resolvamos como sucede en tu cuento.
Me ha gustado mucho, mucho. Un beso Fecha: 17/04/2008 18:35.
No solo he aprendido mucho con estos preciosos cuentos, sino que aprendo cosas nuevas cada vez que los voy releyendo, nuevos mensajes, nuevas metas etc. Me enseñan tantas cosas, lo difícil es ponerlas en practica. Enhorabuena por haber sido capaz de escribir e imaginar estos textos.
Fecha: 17/04/2008 18:59.
Sabiendo que era una última entrega, he hecho una lectura en diagonal, pero en cuanto lleguen las vacaciones lo seguiré desde el principio entre los cuentos de tu pluma. Eso sí (y no sé si lo siento mucho, la verdad), lo haré muy frecuentemente en las horas de sobremesa, tras una buena parrillada que será, las menos de las veces, de verdura.
Besos. Fecha: 17/04/2008 19:02.
Yo que tú, primero me iría a un curso de escritura y a otro de ortografía.
Fecha: 17/04/2008 19:59.
Gracias a todos por sus comentarios.
Un abrazo y que tengan un apacible fin de semana. Hannah Fecha: 18/04/2008 10:19.
Precioso e instructivo, querida Hannah. Es tierno y humano. Me gusta.
Un beso. Fecha: 19/04/2008 13:23.
Es bellísimo!!
Por otra parte, ese animal me gusta ;) Abrazos. Fecha: 28/04/2008 18:35. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: hoy, Albert Camus: "No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo." "La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas." "Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo." Aviso: las imágenes que ilustran las entradas de este Blog se toman de la red con sus créditos. Si los autores desean que sean retiradas, que lo hagan saber, y así se hará. Gracias Temas
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