EL REINO DE LAS AVESTRUCES | Ser Rizomático

EL REINO DE LAS AVESTRUCES

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Muchos de ustedes, estimados lectores, al leer el título de este artículo, pensarán que me voy a referir a las llanuras africanas, a Australia o a Sudáfrica, pero se equivocarán, y no sólo ya porque esas lejanas tierras no son en la actualidad “reinos”, si no porque del reino del que les voy a hablar es del nuestro: el reino de España.

¿Y desde cuando hay por nuestros lares avestruces? Bueno, haberlos haylos, ya que en la actualidad existen granjas dedicadas a la explotación de la carne de estos animales para el consumo humano, pero no, tampoco me refiero a estas magníficas aves, sino a los ciudadanos del Reino, esto es a los españoles y a su ancestral costumbre de hacer lo que según un falso mito se dice que hacen las avestruces: enterrar la cabeza en tierra cuando se sienten amenazados y en peligro, cuando no se quieren enterar de algo, o cuando no quieren afrontarlo.

Empezaré por el avestruz, de quien se dice que es un ave cobarde y servil que cuando se siente amenazada o en peligro, entierra su cabeza. Lo cierto es que nadie jamás ha visto que las avestruces hagan algo así, ya que en esas condiciones sus estrategias son las de huir, pero no las de quedarse con la cabeza enterrada. Cuando estas aves se ven en peligro, unas veces huyen en línea recta que es la más segura y otras en zigzag, dependiendo de quien sea el depredador que las persigue, pero, si es cierto que cuando están criando y perciben peligro para sus huevos o sus polluelos, no pueden huir así sin más y dejarlo todo a disposición del enemigo, en ese caso usan una estrategia muy peculiar consistente en echar sus cuellos a tierra alargándolos para parecer más bajas y distraer a los enemigos. Puede que sea esa postura la que haya dado pie al falso mito y a la leyenda, pero, insisto, ni esconden su cabeza ante el peligro, ni la entierran. Eso es un mito falso, como decía, una leyenda, pero no es menos cierto también que ese falso mito ha servido para ilustrar una conducta muy generalizada entre algunos seres humanos cuando se sienten amenazados, en peligro, o , simplemente no quieren dar cuenta de la realidad y afrontarla para ver si la pueden cambiar: “no lo veo, lo ignoro, no lo proceso, entonces no existe” llamando a esta conducta “la de esconder la cabeza como los avestruces” y sí, justamente a eso voy ha referirme hoy, porque si bien nadie que haya investigado a las avestruces ha podido presenciar tal cosa, cualquiera que haya vivido en España ha podido presenciar la tal conducta hasta la saciedad. Una conducta muy enraizada en nosotros y de mucha solera: “si no hablamos de ello, si lo negamos, si no lo vemos, o si no lo queremos ver, entonces no existe”.

No sé como los seres humanos hemos llegado a esa conducta que si bien es de defensiva, no defiende de nada. Pero lo cierto es que la tal conducta tiene raíces que se pierden en las noches de los tiempos entre nosotros. Tal vez porque también desde la noche de los tiempos este país nuestro ha sido tiranizado por caciques, terratenientes, reyes, obispos, cardenales, condes y duques, alcaldes, dictadores y gobiernos cuyas características han sido siglo tras siglo las de la represión, las del ultraje de los derechos, las de la imposición de normas que ellos mismos no seguían y las del imperio de la doble vara de medir y las leyes del embudo. Puede que esto sea un factor explicativo.

Veamos unos cuantos ejemplos: durante la dictadura franquista, el aborto estaba absolutamente penalizado con pena de cárcel tanto para la mujer que lo hacía como para quien lse lo practicaba, y esto en todos los supuestos. La Iglesia Católica estaba feliz: España, país católico por excelencia no tenía abortos. Pero las mujeres españolas y las hijas de esas mujeres, si pertenecían a la burguesía acaudalada, abortaban, vaya si lo hacían. Lo hacían en todos los supuestos imaginables. ¿Cómo? Pues se iban a Londres y volvían sin el embarazo no deseado, o untaban conveniente mente a algún profesdional que se prestaba a ello, que haberlos los había.

Las desposeídas de caudales también lo hacían, pero no en Londres, sino en el suelo patrio; clandestinamente, sin ninguna garantía de seguridad y en manos de gentes sin escrúpulos sin formación ni recursos –muy pocas veces profesionales de la medicina- dando por resultado una tasa de muerte de mujeres tremenda. Todo ello silenciado pero en los términos de un secreto a voces que todo el mundo conocía y aceptaba –tanto quienes abortaban como quienes lo prohibían- haciendo cómo lo del falso mito de las avestruces: “lo escondo y así no existe.”

Y al igual como sucedía con el aborto, sucedía con otras cosas como por ejemplo el divorcio. Durante la dictadura franquista “la familia estaba bien salvaguardada” y la Iglesia Católica era feliz: para las “avestruces” en el reino de las avestruces -esto es, en el nuestro-, no había ningún matrimonio roto. ¿Qué el porcentaje de parejas rotas era elevadísimo y las “queridas” y “queridos” estaban a la orden del día? Cómo no existía el divorcio, tampoco existía todo eso. Pero si se llegaba a saber, a las "queridas" se les llamaba adulteras e iban a prisión. Con los hombres, pobres o ricos, se era más indulgente, más benevolente, es decir: más avestruz... Los hombres, cómo no, siempre han tenido Bula Gallega para estas cosas tanto desde la Iglesia como desde el Gobierno.

A los hijos que les nacían a las “queridas” y a los “queridos” se les llamaba “ilegítimos y naturales”, que eso de "naturales" no lo veo yo nada ofensivo; o los demás, los legítimos, ¿qué eran? ¿artificiales?, pues no; pero mientras los naturales y legítimos de los matrimonios -fuera el padre quien fuera- eran ángelitos, los nacidos fuera de un sagrado matrimonio, aunque fueran hijos del amor, eran la escoria: el fruto y la evidencia del pecado, y sólo contaban para ser denigrados. Bueno, denigrados si no tenían caudales sus progenitores, pues de tenerlos -los caudales, digo-, aunque contar no contaran a efectos de pedigrí, que para esto seguían siendo naturales e ilegítimos, sí se les daba buena vida y tenían un buen pasar... Para ellos también se practicaba lo de las avestruces: a enterrar la cabeza y a seguir viviendo. A las madres solteras, muchas de ellas de estatus “queridas” se las lapidaba de pensamiento, palabra y obra, no con piedras –que las avestruces de este reino eran y son muy civilizados- pero sí arrinconándolas, obligándolas a ganarse la vida con las tareas menos remuneradas –si es que el padre no era un buen burgés y bien acaudalado señor- o conduciéndolas a la prostitución y al ostracismo más mísero.

Por su lado, la Iglesia, a las “queridas” pobres y sin rancio abolengo las separaba de su seno por viles pecadoras –no así a aquellas de alta alcurnia o con pecunios, a quienes seguían admitiendo en sus filas haciendo lo de las avestruces- y ya estaba. Y se sentían todos ufanos, tanto los fariseos y las avestruces de la Iglesia, como los de fuera, orgullosos todos de que “en España, no existía el divorcio, ni el adulterio, ni ninguna guarrería inmoral de esas, que España era y es un país católico y la familia estaba y está a salvo” –Debían decirse las jerarquías de la dictadura y de la Iglesia, ambas tan infractoras como los feligreses, y todos felices.

Bueno, esto tenía y tiene una salvedad, ya que para los señores burgueses y las señoras burguesas, para los y las nobles de la nobleza, y los y las de la farándula con caudales, el divorcio si existía, sólo que se llamaba “anulación” y lo concedía la mismísima Iglesia, tal y cómo lo sigue haciendo hasta hoy el alto Tribunal eclesiástico de la Rota.

Con los curas, célibes de obligación, pero “queridos” y “padres” de hecho y con normalidad, sucedía lo mismo. Bueno, aún sucede, ya que el celibato impuesto sigue vigente. A los curas ni les está permitido casarse, ni pueden tampoco tener relaciones sexuales con nadie, ni con mujeres ni con hombres, ni mucho menos, con menores. Pero las tienen, vaya si las tienen; y las tienen con mujeres, con hombres y con menores; y cuando las tienen con menores, algunos enarbolan disculpas arguyendo que son los menores los que los provocan. Pero la Iglesia Católica española -la Romana, esto es el Vaticano- es Santa, y su sacerdocio, inmaculado. Y su conducta la del reino de las avestruces.

De las relaciones con mujeres, viejo es el refrán popular que dice “Nunca digas que de esa agua no vas a beber, ni ese cura no es tu padre” y ya se sabe lo veraces que son esos refranes. De modo que tienen relaciones "matrimoniales" sin haberse casado y con vástagos que son frutos de esas relaciones; vástagos que sufren en sus carnes el empecinamiento de esa Iglesia Santa y avestruz. Pero no nos engañemos; no sólo eran y son avestruces los tiranos, jerarcas religiosos, caciques, señores, etcétera. No, también eran avestruces todos los villanos, entendiendo por villanos "pueblo llano" es decir, en este caso, los curas de a pie, porque en estos sistemas miserables y restrictivos, el ser humano libre no existe; todos son esclavos; todos tienen a alguien por encima y algún enemigo que les hace sentir atemorizados.

Relaciones con hombres también las tienen, les decía yo, pero también lo dicen ellos mismos y es así desde que existe la Iglesia, así que habrá que creerles, y, por descontado que a mí me parece muy bien que las tengan con quienes quieran, hombres y mujeres; lo que denuncio no es el hecho de que los curas disfruten de su sexualidad, sino la conducta hipócrita y avestruz de sus jerarquías y de casi todos ellos mismos.

Por último, relaciones con menores también las tienen... Esto me parece de lo más execrable y abyecto que puede existir, pero más criminal aún me parece la conducta avestruz de la jerarquía eclesiástica que lo esconde negándose incluso a que la justicia actúe. Les recomiendo sobre esto un excelente artículo escrito por Gatopardo, que podrán leer si clican aquí.

Otros ejemplos del reino de las avestruces de nuestro país podríamos ubicarlo en la manera de hacer política de un muy grueso número de políticos; en la forma de resolver los problemas que los españoles tenemos, siempre o casi siempre centrándonos en el “qué dirán” y casi nunca en lo que realmente nos conviene; siempre con la muletilla esa de “que la casa arda por dentro pero que no salga el humo”, puesta en práctica, que en eso somos maestros; pero hablar sobre todo ello aquí haría este artículo interminable.

Aborto, divorcio, celibato de los curas, política ¿Y qué más? ¡Pues todo o casi todo!, que para eso España es el reino de las avestruces con traje, con faldas, con sombreros y con paraguas, que si es con dinero mejor y si es sin “blanca”, tampoco importa demasiado, porque el reino de las avestruces -el nuestro, no lo olvidemos- es muy amplio y muy diverso.

Durante la dictadura franquista y durante las épocas anteriores en las que todo era pecado y todo estaba prohibido, perseguido, castigado, etcétera, el reino de las avestruces brillaba floreciente, ya que de todos es conocido que las prohibiciones tienen una relación directa con la puesta en práctica de las conductas prohibidas; y el que sean admitidas y castigadas siempre ha dependido del vil parné; pero hace treinta años que vivimos en un Estado aconfesional, social y democrático -o eso dice la Constitución-, Un Estado con derechos, sin persecuciones… Bueno, con algunos derechos más y con algunas persecuciones menos... Pero, entonces, cabría preguntarse: ¿por qué sigue tan en auge y tan florido nuestro querido "reino de las avestruces" entre nosotros? Me temo que en la respuesta topamos, principalmente, con dos cosas: por un lado con la Jerarquía de la Iglesia Católica Española y sus inexplicables vínculos de poder, aún hoy, con nuestro Estado, aliada como siempre a la derecha más rancia y ultramontana que puede haber, y, por otro lado, con nuestro deplorable sistema educativo, que hoy, como hace siglos, sigue adoctrinando borregos, avestruces y otras especies peculiares, con perdón de los pobres animalitos.

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://emdieta.blogs.sapo.pt/arquivo/avestruz.jpg

Jueves, 03 de Abril de 2008 21:44 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Consciencia revolucionaria..




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