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EL PASTOR QUE LLEGÓ A SER REY, 4ª ENTREGA![]() … Manuel procedía de un lejano reino en el que desempeñaba su oficio, que como él mismo había hecho saber, era el de pastor de ovejas y corderos. De condición muy humilde y con un corazón sencillo y limpio, nada sabía ni del edicto de aquel rey, ni de la historia de los caballeros. Un día, el amo del ganado de Manuel, decidió vender todos sus bienes a un magnate de otro reino, y como quiera que el nuevo propietario del ganado ya tenía un pastor, Manuel se quedó sin trabajo. Como era un joven muy dispuesto y animoso, no se dejó arrastrar por ideas autocompasivas y decidió trasladarse a otros reinos, con la esperanza de encontrar algún trabajo que le permitiera ahorrar y, más tarde, llegar a pastorear a su propio rebaño.
Durante el viaje, Manuel vio que un papel revoloteaba en el aire; lo alcanzó y al leerlo comprobó que era el edicto de un desconocido reino cuyo lugar ignoraba. El papel estaba bastante deteriorado y Manuel pensó que, tal vez, la convocatoria que en ese edicto se promulgaba ya había caducado. Siguió, pues, el pastor su camino, pero intrigado por aquella convocatoria, y avivada su curiosidad, fue preguntando a los caminantes que encontraba si sabían algo de todo aquello. Las gentes fueron relatando a Manuel lo que se contaba sobre aquella historia, no sin los añadidos fantasiosos y las exageraciones propias de los rumores. Así fue como Manuel fue engrosando su conocimiento sobre qué reino era ese y dónde se hallaba, cómo era la prueba por la que los aspirantes debían pasar y cuáles eran las características de aquel oscuro y amenazante laberinto. Igual que les había pasado a todos, a Manuel, junto al deseo de presentarse como aspirante le sobrevino el deseo de olvidarse de ello y salir corriendo. Un pánico sobrecogedor y paralizante frenaba al joven pastor. No obstante, Manuel no se dejaba llevar fácilmente por pánicos ni se dejaba arrastrar sin más por lo que dijera la gente. El chico estaba acostumbrado a superar y a vencer grandes peligros y dificultades a lo largo de su oficio de pastor, sobre todo, cuando conducía a las ovejas y a los corderillos por montes, bosques y quebradas en busca de buenos pastos. Se preguntaba si ese laberinto y sus tenebrosos peligros podían ser peores que los ataques de las innumerables manadas de lobos y peor que los no pocos osos a los que había tenido que enfrentarse para conservar sin daño y en vida, tanto a todos los animales de su ganado como a sí mismo. “¡Eso sí que eran peligros reales y no eso que cuentan del laberinto... Que habrá que ver hasta donde es verdad!” Se decía Manuel mientras caminaba hacia aquel reino. Manuel también se había forjado una disciplina y una voluntad de hierro ¿Cómo si no soportar las crudas condiciones de hambre y de frío que, en sus largas y penosas andaduras como pastor, había tenido que soportar? Si, Manuel se decía que ese laberinto, por muy terrible que fuera, no podía serlo más que todo eso, unido a los largos días y largas noches de soledad por los que había discurrido su vida de pastor.
Esas condiciones habían azotado y zaherido a Manuel sin quebrantar la limpieza de su corazón, ni disminuir su bondad, ni ensombrecer su nobleza; más bien al contrario, todo ello había hecho de Manuel un hombre de discernimiento claro y sereno; un hombre firme, valiente, decidido y generoso; forjando su inteligencia y su voluntad sin arrebatarle ni una pizca de ternura.
También llegó a oídos de Manuel la tristeza que se había apoderado del aquel reino con todos aquellos penosos acontecimientos y de como la belleza y la lozanía de la juventud iban desapareciendo del rostro y del corazón de aquella princesa. Manuel sintió como su corazón y su alma se conmovían por tanta desgracia y en un acto de generosidad, de entrega y de compasión, decidió acudir al llamado de aquel rey. Pero con la misma rapidez que decidió hacerlo, se dijo también “¡Pero yo quería tener un rebaño propio y ser pastor!”... No obstante, algo dentro de él le hizo ver que ser pastor y ser rey, eran en realidad algo muy similar... ¡Y no porque los súbditos fueran todos unos borregos! El muchacho no llegaba a explicarse aquella analogía, pero dejándose guiar de su intuición, permaneció fiel a la decisión que había tomado y se encaminó, sin más, al “Reino de la Luz”
Cuando el rey, la princesa y el anciano sabio presidente de la asamblea tuvieron ante sus ojos a Manuel, pensaron que el pobre contaba con muy escasas probabilidades de éxito: no conocía ninguna arte marcial, no sabía montar a caballo, ninguna experiencia tenía en acciones de caballería y tampoco era erudito ni experto en el ejercicio de ninguno de los nobles oficios, artes y profesiones del reino; sólo vieron en él a un joven y voluntarioso pastor que apenas sabía leer y escribir. Compasivos y justos como eran tanto el rey y la princesa, como el presidente de la asamblea se apiadaron de tan bondadoso joven y pensaron que era mejor disuadirle y procurarle el mejor medio de regreso a sus tierras; hasta le ofrecieron una sustanciosa suma de monedas para que pudiera comprarse su propio ganado y vivir sin penurias el resto de sus días… Pensaban que la acción del joven exigía una recompensa así, pero por más que insistieron e insistieron, Manuel persistió, sin dudas ni vacilaciones y de un modo inamovible, en su propósito. Después de convencerse de que nada ni nadie podría hacer cambiar la decisión del chico, El presidente de la asamblea, el rey y la princesa accedieron a prepararlo según marcaba la tradición, al igual que lo habían hecho con aquellos doce caballeros; y cuando todas las etapas se cumplieron, el presidente condujo al pastor hasta el umbral de la entrada del laberinto y lo introdujo en él.
Manuel emprendió el recorrido del primer trazo con paso decidido y vigoroso. Durante un tiempo, que le pareció eterno, Manuel, sin detenerse ni descansar, caminó por aquel trazo silencioso y en tinieblas, sin hallar posibilidad alguna de salir de él ni lograr hacerse idea alguna de su longitud. No pudo Manuel, en esa absoluta oscuridad y silencio, saber, ni hacia dónde iba, ni si, tal y como le dijera el presidente de la asamblea, se estaba encaminando hacia el Este. Acostumbrado a marchar en la soledad y en la noche, calculaba que, por lo menos, ya habrían transcurrido tres días. Durante la marcha se había sentido perturbado por multitud de ideas que creaban en él dudas y temores de una intensidad como nunca hasta ahora había sentido. Continuamente se veía enfrentado a visiones esperpénticas y monstruosas que parecían estar producidas por aquel lugar. Manuel tenía que habérselas con extrañas fuerzas, repulsivos seres y ensordecedores estruendos que lo extenuaban. De repente salían también como látigos vivientes que laceraban las carnes del muchacho con sus afilados golpes, lanzando a Manuel contra los muros, entorpeciendo, una vez tras otra, su avanc
Cuando Manuel entraba en esos estados de claro discernimiento, recobraba nuevos ánimos. Entonces comprendía que no dependía del laberinto el vencer todos aquellos horrores, y que la lucha era contra sí mismo… comprendía que, el laberinto, sólo atrapaba y destruía, a quienes ya estaban atrapados en sus propias redes y andaban inmersos en un proceso de autodestrucción. Pero esos instantes de luz eran tan ínfimamente breves que Manuel volvía a caer enredado creyendo que las redes se las tendía el laberinto. De este modo seguía fustigándose y aumentando más y más su tortura. El pastor sentía que el hambre y el frío lo estaban debilitando y se notaba febril y agotado. Con un gran esfuerzo, el pastor logró reunir las pocas fuerzas que le quedaban, buscando el contacto con alguna pared. Cuando la halló, se recostó deslizando su espalda por ella hasta encontrar el suelo, dejándose caer desfallecido… ===Fin cuarta entrega===
Carmen Moreno Martín Jueves, 08 de Noviembre de 2007 17:44 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: Para el verano: Francisco de Quevedo y Villegas: "El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar." "Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres." "El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos." "Donde hay poca justicia es un peligro tener razón." "Bien acierta quien sospecha que siempre yerra." AVISO IMPORTANTE: Generalmente y citando créditos, tomo las imágenes de la red. Si algún autor desea que las retire, que me lo haga saber. Gracias Temas
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