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EL PASTOR QUE LLEGÓ A SER REY, DE CUENTOS PARA LA LIBERTAD, POR CARMEN MORENO MARTÍN, 1ª PARTE![]()
Ofrezco hoy un cuento más de mi libro “Cuentos para la libertad”. Debido a la extensión del cuento, aparecerá en ocho entregas y las iré publicando a lo largo de una o dos semananles. Espero que guste y no defraude. El cuento se intitula “El pastor que llegó a ser rey”, y sin más preámbulo, vamos con la primera entrega:
Era Libertad la doncella más hermosa y virtuosa de un reino que se alzaba majestuoso y feliz en un lejano y recóndito rincón del planeta. La pureza e inocencia del joven corazón de la princesa (porque Libertad era la única hija del rey Adonai) hacían que su rostro resplandeciera con una tan dorada y potente luz, que era sólo comparable a la luz del sol.
Libertad, desde su corazón y a través de sus miradas, irradiaba luz a los corazones de todos los súbditos del reino y éstos, todos sin excepción, reflejaban esa misma luz en sus vidas, en sus pensamientos, en sus obras y en sus sentimientos. Todo el reino resplandecía de esa luz y de la luz del corazón del padre de Libertad.
El rey Adonay veía complacido como su hija crecía en edad, en madurez, en belleza y en dones espirituales.
Tan potente y brillante era el resplandor de luz que reflejaban todos los habitantes de aquel reino que ni en sus calles ni en sus casas necesitaban lámparas, ya que el reino permanecía constantemente iluminado, como si siempre fuera un radiante día de verano. Y tal era la luminosidad, que ésta podía apreciarse desde muy lejos; razón por la cual, todos los reinos vecinos comenzaron a llamarle “ El Reino de la Luz”.
Adonay no sólo se consideraba el rey más dichoso de la Tierra, sino el hombre más feliz del mundo. El rey era puro amor tanto con su hija como con todos y cada uno de los súbditos. Vivía volcado por entero a su misión, que no era otra que la de conseguir la felicidad de todos los integrantes del reino. Y cumplía esa misión con toda satisfacción. Era bondadoso, justo, misericordioso y clemente como ya no podía serlo más, y esas eran apenas unas cuantas de todas las virtudes que le adornaban. Era rey, pero el absolutismo, la tiranía y el autoritarismo no formaban parte de sus rasgos. Jamás tomaba una decisión sin consultar a sus súbditos y sin que estos dieran su aprobación, y su reino bien hubiera podido llamarse Acracia.
Libertad que era una copia exacta de su padre, había heredado todas sus virtudes, además de las que también heredó de su madre la reina; lamentablemente, ya fallecida, pero siempre viva en el corazón de todos y cada uno de los habitantes del reino; incluyendo, por supuesto, y como no podría ser de otro modo, al rey y a la princesa.
Todos los súbditos observaban cómo Libertad se iba transformando en una hermosa jovencita. Y se sentían complacidos porque creían que el futuro bienestar del reino estaba asegurado, pues la princesa, llegada la hora, gobernaría con la misma sabiduría y cualidades con las que gobernaba el rey, su padre; y con las mismas virtudes que adornaron a la reina, su madre. El único recelo –y éste era mínimo – lo producía la incertidumbre sobre las cualidades del futuro esposo de Libertad… Naturalmente, ese momento llegaría también, pero sabían que, de ello, se encargarían, convenientemente, tanto la princesa como su padre el rey, además del consejo del reino. Así que desechaban rápidamente ese recelo de sus corazones y confiaban esperanzados que llegara ese momento.
También el rey contemplaba dichoso como la princesa crecía, día a día, en todas las cualidades y virtudes que de él mismo, y de la reina había heredado. Pensaba que había llegado la hora de buscar un digno esposo que supiera amarla, respetarla y darle toda la felicidad que ella merecía; y como su edad era ya avanzada, y no tenía más herederos que su hija, el futuro esposo de ésta reinaría junto a ella cuando él partiera hacía la eternidad.
De modo que el candidato a desposar a la princesa, no sólo debía amarla, respetarla y darle toda la felicidad que, sin duda, merecía Libertad, sino que debía reunir todas las cualidades y los dones necesarios para ser, junto a Libertad, el digno conductor que todos merecían.
Adonay había conseguido, como lo hicieran sus predecesores, además de ser un padre ejemplar, el dar a su reino una armonía, paz, estabilidad, libertad, justicia y felicidad tales que los reyes de los reinos vecinos y no tan vecinos acudían frecuentemente en busca de consejo.
Así que, los futuros esposos, debían asegurar que el reino gozaría de los dignos regentes que tan armónico y feliz reino merecía.
Cierto día, Adonay pensó que ya no se podía dilatar más en el tiempo la boda de Libertad. Después de conversarlo con su hija y de obtener su aprobación, reunió a los sabios ancianos que configuraban el consejo del reino para exponerles su decisión. El monarca comunicó a la magna asamblea todas sus cuitas y les hizo partícipes de la decisión que tanto él como su hija querían tomar, solicitándoles que, tal y como era preceptivo con todas las decisiones que afectaban al reino, la sometieran a su análisis y a la aprobación del pueblo; con el ruego de que fueran diligentes en su respuesta.
El presidente de la asamblea cerró todos los procesos de estudio de otros asuntos para dar prioridad absoluta a tan importante y delicado tema; y todos los sabios quedaron inmediatamente reunidos, en comisión permanente, para dedicarse por entero al análisis de la cuestión.
Tras dos días de profundas reflexiones, el Consejo del Reino llegó a una conclusión. Inmediatamente llamaron al rey y a la princesa para que escucharan la solución a la que habían llegado; y como las decisiones del consejo del reino eran vinculantes para todos los habitantes del reino - incluidos el rey y su hija -, Adonay y Libertad acudieron raudos a su convocatoria.
Los ancianos se mostraron completamente de acuerdo con la decisión de desposar a Libertad, proponiendo que se llevara a cabo con toda prontitud. Pero se determinó que, como no se trataba de un asunto baladí, ya que afectaba a todo el reino, el caballero que desposara a Libertad, además de tener que ser del completo agrado de ésta y de sentir el uno por el otro un amor incondicional y firme, debía ser el más noble y virtuoso caballero de la Tierra. Así mismo, los ilustres sabios dejaron bien sentado que el tal caballero no sólo debía ser reconocido por los demás y por él mismo como poseedor de esas cualidades, sino que también debía ser probado. Puesto que el aspirante debía convertirse, junto a Libertad, en regente, tenía que superar la prueba que desde tiempos remotos se había dispuesto para todo aquel que aspirara a ser rey de ese bello reino. Únicamente la superación de la prueba posibilitaba la garantía de que, sin lugar a dudas, la elección, fuera la correcta y apropiada, asegurando el continuo crecimiento y bienestar del reino. Adonay y Libertad escucharon con gran atención e interés el dictamen de los ancianos y se mostraron absolutamente conformes. Era obvio que el caballero que lograra salir airoso, sería el mejor esposo que, de entre todos los hombres, pudiera Libertad hallar; de modo que, esa solución, era la más idónea que podían haber encontrado. Consistía la prueba en recorrer un laberinto que, desde el principio de los tiempos, se alzaba oculto, en un lugar secreto del reino cuya ubicación únicamente era conocida por el presidente de la asamblea. Ese conocimiento, según la más estricta tradición, era transmitido, de una forma absolutamente secreta y casi mágica, de un presidente a otro, de generación en generación.
El laberinto disponía de una única entrada, orientada al Norte, y de una única salida, orientada al Este. Sus trazos, recintos y pasadizos poseían extraños y misteriosos poderes, destinados a crear innumerables situaciones y vivencias que no sólo probaban las cualidades y capacidades de cuantos se adentraban en su interior, sino que también forjaban el carácter y la personalidad de los futuros monarcas. Todos los elementos y poderes del laberinto habían sido cuidadosamente diseñados por un gran sabio de la antigüedad, para la rigurosa y precisa probación de los candidatos a gobernar el reino. Gracias a ello, el reino había perdurado hasta la actualidad conservando todo su esplendor, toda su luz, y toda su magnificencia.
Existían, además, otras condiciones que aseguraban la permanencia del secreto del laberinto y su eficacia. En primer lugar, cuando el candidato, tras superar la prueba, llegaba a la salida, nada lograba recordar de lo sucedido en el laberinto ni de su estructura. El aspirante a rey recordaba, únicamente, su pasado, su deseo de superar esa prueba y la misión que debía acometer, esto es, la de reinar con todas las obligaciones y responsabilidades que los reyes precedentes habían asumido; y como ellos, poner todos sus dones y capacidades al servicio de la comunidad sin que ningún interés propio prevaleciera. En segundo lugar, y para evitar fallo alguno, el caballero aspirante era conducido allí acompañado por el presidente de la asamblea, quien, de igual manera, era el único que podía aguardarle a la salida; y era también el presidente en persona quien se encargaba de la preparación del caballero. Durante la preparación le explicaban al joven, con sumo cuidado y sin omitir nada, todos los peligros, riesgos y pormenores de la prueba; y le insistían en el hecho de que aquellos que no la superaran podían morir, o lo que era peor, permanecer para toda la eternidad atrapados en el laberinto, sin que nunca lograran salir de él. Jamás se volvía a tener noticia alguna de ellos y se ignoraba por completo la suerte que habían corrido o que les había acontecido en ese misterioso y terrible lugar. Si después de conocer todo esto el candidato lo seguía aceptando, le exigían jurar que se dedicaría en cuerpo y alma a lograr finalizar con éxito su misión y le obligaban a sellar su juramento con su propia sangre. Finalmente, cumplidas todas esas condiciones previas, se pasaba a la siguiente etapa, esto es, la de preparar al joven… ==fin 1ª Entrega ===
Imagen: http://www.valenciadealcantara.net/inda/gal/pastor.jpg
Carmen Moreno Martín Alias Hannah
Viernes, 19 de Octubre de 2007 00:42 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma. Comentarios » Ir a formulario
Como según has dicho tardarás ocho semanas en ponerlo entero, me lo voy a ir bajando y cuando lo tenga todo lo leo ;-)
Un beso Fecha: 19/10/2007 00:49.
¡Buena idea, Andrés! ...aunque no sé si podré aguardar ocho semanas hasta empezar a leerlo
Un abrazo Fecha: 19/10/2007 00:53.
Ya no te deben quedar muchos más cuentos de ese libro "Cuentos para la libertad" por ofrecernos en el blog, ¿no? Este nuevo cuento me gusta de momento...
Un besito Fecha: 19/10/2007 10:49.
¡Qué bueno, de nuevo un maravilloso cuento de ese gran libro tuyo! ¡Me gustaría tanto que se publicara!
Un besazo Fecha: 19/10/2007 11:18.
Interesante, aguardo las siguientes entregas. De cuentos para la libertad he leído todos los que has ido publicando en el blog y los que más me gustaron fueron "La narradora de cuentos" "Nokel el guía" y "La ciudad de los tontos" Me parecieron soberbios, ah, y también "Historia de tantos" En fin, cada uno en su forma y con su mensaje me gustaron pero los que más lo que he dicho. Veremos éste. ¿Tienen que ser ocho semanas? Me parece un poco largo.
Un beso Fecha: 19/10/2007 15:55.
El principio me gusta, veremos como acaba que contigo nunca se sabe...
Un abrazo Fecha: 19/10/2007 15:57.
Ocho semanas me parecen mucho tiempo ¿no puedes acortarlo?
Un beso Fecha: 19/10/2007 15:58.
Me gustan mucho tus cuentos, hasta ahora no puedo decir uno que no me haya gustado pero por favor, éste complétalo antes del tiempo previsto ¿Sí?
Un abrazo Fecha: 19/10/2007 16:00.
Después de lo que te pasó con la publicación de "Cuentos para la libertad" con aquellos de Acumán ¿No has intentado publicarlo por otro lado? Yo tengo ya ganas de tener ese precioso libro.
Gracias por este nuevo cuento. Un petonet Fecha: 19/10/2007 16:04.
Te digo lo mismo que Quim a ver si un día nos das la sorpresa de que ya está en las librerías
Besazo Fecha: 19/10/2007 19:49.
No me importa si son ocho semanas mientras lo vayas entregando. Gracias Hannah.
Un enorme abrazo Fecha: 19/10/2007 19:50.
Me gustan mucho todos tus cuentos así que no dudo que este me gustará también. De todas formas, dentro de ocho semanas te lo digo ;-)
Besos Fecha: 19/10/2007 19:52. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: hoy, Albert Camus: "No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo." "La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas." "Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo." Aviso: las imágenes que ilustran las entradas de este Blog se toman de la red con sus créditos. Si los autores desean que sean retiradas, que lo hagan saber, y así se hará. Gracias Temas
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