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ALGUNAS REFLEXIONES –UN TANTO DESLAVAZADAS- EN TORNO A LA DEMOCRACIA.![]() No es fácil abordar este tema, el tema de lo que representa y define vivir en democracia, sobre todo porque hay que entrar a ponenerle adjetivos al término democracia –y no sólo adjetivos, sino grados-, y, como alguien que no recuerdo ahora mismo, dijo, cuando hay que subjetivar a un substantivo para hacerlo entender, malo. Pero a pesar de la dificultad voy a intentarlo de un modo coloquial y simple, y a ver que sale. Lo cierto es que algunas veces, casi siempre, el diccionario de la lengua de la Real Academia Española, conocido como “DRAE”, ayuda en esto de comprender un término, pero en este caso, más que una ayuda, lo que dicho diccionario recoge, supone una mayor complicación que se presta a serias y profundas reflexiones. Veámoslo: A lo mejor el DRAE no está tan equivocado, porque una cosa es el origen de las palabras y lo que deberían significar, y otra cosa es lo que en nuestra realidad, las palabras significan. Por ejemplo, en Atenas en el siglo V antes de Cristo, “el pueblo” no eran todos los pobladores de un lugar; quedaban excluidos los esclavos y las mujeres –además de los niños, claros-. A las mujeres, no se las consideró seres humanos -que no libres y ni mucho menos iguales en derechos al varón-, hasta que en el concilio de Macon, siglo IV después de Cristo, se estableció por una reducida mayoría que tenían alma, y en el sentido de considerarlas “integrantes del pueblo y con derechos” aún tardamos más, ya que no tuvo acceso al voto hasta el siglo XX... Así que vemos que ya desde su inicio, lo de que la democracia era el gobierno del pueblo tenía su intríngulis. Para mí, democracia sólo puede significar una cosa: el gobierno directo e inalienable del propio pueblo, entendiendo como “pueblo” a todos los individuos de un determinado lugar, sin discriminación alguna ni de ningún tipo, sin representantes plenipotenciarios con cheques en blanco para la toma de decisiones, tal como indica el significado etimológico y semántico de la palabra, pero sin los sesgos de la época en que se acuñó; sin grados, sin ambigüedades y sin matices. Para no alargarme demasiado, les propongo que visiten la página de Wikipedia al respecto, cuyas explicaciones coinciden bastante con lo que yo podría relatar aquí. . ¿Lo han hecho? ¡Bien!, ahora, toda vez que ya he dicho lo que yo entiendo como democracia, sigo con eso de las clases o formas de democracia, y para ello recojo lo que Wikipedia nos expone: “Clásicamente la democracia ha sido divididas en dos grandes formas: - democracia directa: el pueblo reunido en asamblea, delibera y toma las decisiones, sancionando leyes. - Indirecta o representativa: el pueblo se limita a elegir representantes para estos deliberen y tomen las decisiones. Algunos autores también distinguen una tercera categoría intermedia, la democracia semi-directa, que suele acompañar, atenuándola, a la democracia indirecta. En la democracia semi-directa el pueblo se expresa directamente en ciertas circunstancias particulares, básicamente a través de cuatro mecanismos: - Plebiscito: en el Plebiscito, el pueblo elige «por sí o por no» sobre una propuesta. - En el Referéndum el pueblo concede o no concede la aprobación final de una norma (constitución, ley, tratado). - Iniciativa Popular: por este mecanismo un grupo de ciudadanos puede proponer la sanción o derogación de una ley. - Destitución popular, revocación de mandato o recall. Mediante este procedimiento los ciudadanos pueden destituir a un representante electo antes de finalizado su período. En la práctica, existen muchas variantes del concepto de democracia, algunas de ellas llevadas a la realidad y otras sólo hipotéticas. En la actualidad los mecanismos de democracia más extendidos son los de la democracia representativa, de hecho se trata del sistema de gobierno más utilizado en el mundo.” (Hasta aquí, un fragmento de lo que podemos leer en Wikipedia.) Pero, ¿vivimos en nuestro país una democracia representativa –a falta de pan buenas son tortas- o vivimos un cuento franquista –perdón, quise decir chino- en el que los partidos nos ponen las elecciones delante de la nariz, como les ponen las zanahorias a los burros para que anden, con tal de que les votemos? Sobre el papel –quise decir en la Constitución-, en nuestro país, lo que tenemos y vivimos parece aproximarse más a lo conocido como democracia indirecta, parlamentaria y representativa; y para más regodeo: monárquica. Una democracia flacamente participativa y muy partidocrática, tanto que hasta las listas de los representantes a los que hay que votar, son cerradas y establecidas por los partidos-, una democracia, pues, muy “hipotética”. A una democracia en la que hablar de “plebiscitos y referéndum", parece aterrorizar a los representantes tanto como a una parte importante de los representados; y dónde el que se pueda consultar la posibilidad de independizar una parte del territorio, como sucede en Canadá con Quebec, exacerbe los ánimos hasta niveles intolerables -véase sino el conflicto vasco entre otras cosas-, ¿cómo se la llama? Una democracia en la que la libre expresión es muy relativa, una democracia en la que la norma básica de convivencia con la que mayoritariamente nos hemos dotado, se pone en práctica para unas cosas y para otras no, según convenga a los partidos políticos de turno en el poder, o al miedo que los de la oposición puedan ejercer sobre el que haya resultado electo –véase el follón de la renovación de los miembros del Consejo del Poder Judicial, paralizado por el PP en la oposición, según parece, y por el miedo del PSOE en el gobierno, para abordarlo –como tantas otras cosas-, ¿cómo debe ser calificada? ¿Cómo podemos denominar y comprender a una democracia en la que los ciudadanos están indefensos ante la inoperancia, la ineficacia, las mentiras, la demagogia y la arbitrariedad abusiva de poder de los dirigentes que hayan elegido, sin otra defensa, al parecer, que no votarles la siguiente vez? Y ni siquiera eso, ya que las listas cerradas y la sinvergonzonería de quienes las deciden, propician que por ejemplo, el Sr. Rajoy sea elegido diputado y jefe de la oposición, después de Irak, Prestige, Decretazo de empleo, mentiras y manipulaciones del 11M, y otras… O de igual manera el Sr. Trillo, después de lo del Jakolet, sin ni siquiera haberse disculpado… y paro, que no terminaría... Todo esto me lleva a deducir que esta especie de “democracia a la española” o continuismo franquista transformado hipotéticamente en democracia de transición –incluida la monarquía-, hace agua por todos sus poros en cuanto a lo que una democracia –aunque sea representativa- supone; ofreciendo únicamente un pálido reflejo de lo que una democracia –aunque no más fuera la representativa, y perdonen la redundancia- debería ser. ¿Cómo definimos pues a nuestra democracia de transición? ¿Y hasta cuando durará esta transición que parece no acabar? Parece que en nuestro país existen dos estamentos que están muy contentos con la situación “democrática” que vivimos: de un lado, formando un bloque sin grietas ni rendijas, los ultra conservadores nacional-católicos españolistas, entre quienes están las alas duras del Partido Popular –con más voz y voto ahora que el resto moderado-, y las alas duras de la Iglesia Católica Española. Y por otro lado, tenemos ese otro bloque sostenedor del primero, representado por esa parte de las masas populares –quiero decir del pueblo, exactamente votantes- que prestan sus apoyos en las urnas al primer bloque, sordos a otra cosa que no sea su fanatismo y su ignorancia… Seguramente hay más factores que hacen que se mantenga como parte integrante del pueblo esta variedad ultraconservadora, radical, nacional-católico-española e intolerante de votantes, que hace difícil comprender como después de todo lo llovido en España, durante la última legislatura o "dictocracia" de Aznar, obtenga el Partido Popular casi diez millones de votantes; o que Pinochet y Fuji Mori, sigan teniendo partidarios en Chile y en Perú, respectivamente, o que los neonazis sigan encontrando correligionarios… Es ese un tema que me inquieta e interesa sobremanera, cuya explicación o explicaciones aún no he encontrado y que, a mi entender, posee una multiplicidad de factores determinantes muy cuantiosa; pero sigo reflexionando sobre ello. Tal vez la culpa –la culpa que “artimañosamente y con alevosía” es inculcada en el pueblo desde sus dirigentes y representantes, ya sean eclesiásticos o políticos, y la culpa intrínseca que esa parte de votantes pueda sentir –de un modo consciente o inconsciente, ante la complicidad en determinados hechos-, forme parte de esos factores explicativo, pero ese será otro tema. Entre tanto, pueden ir leyendo -para hacer boca- dos libritos muy pequeños de Wilhem Reich: "Escucha hombrecito" y "Psicología de masas del facismo" en los que analiza la cuestión de un modo excelente. Tampoco la social democracia, representada en este país por el PSOE que por mucho que se denominen socialistas, no lo son, pues ser socialista es algo muy distinto a ser socialdemócrata, parecen muy incómodos con esta situación eterna de “transición monárquica. Claro que a ellos el franquismo se lo puso fácil, ya que su idea –la del franquismo- era el bipartidismo, esto es ellos y los socialdemócratas… Cierto que reparten mejor el pastel, al menos aparentemente, dedicando más partes de los presupuestos del Estado a bienestar social, pero sus medidas económicas son tan neoliberales y están tan inmersas en el capitalismo como las del PP y sus votantes, después de todo, aunque parecen ser más tolerantes, más respetuosos y más “demócratas” que los aludidos anteriormente, tampoco parece que anden muy sobrados de ideología. Lo cierto es que debo reconocer, no sin tristeza, que la ideología imperante hoy en nuestras sociedades del llamado primer mundo, es la del consumo ciego y absurdo. Y de ello, de mantenerla y aumentarla, por si alguien quisiera salirse del redil de esta criminal “ideología” de mercado, se encarga muy eficazmente la publicidad, estableciendo asociaciones perversas a través de las cuales podemos creer que nuestra autorrealización personal máxima depende de consumir un determinado carburante, o conducir un determinado coche, etcétera, para que aumente el número de “culos con orejas” entre la población, y lo de las ideologías y la democracia real, se diluya y desaparezca como si sólo fuera algo "de unos cuantos locuelos utópicos", y todo para mayor gloria del Imperio. En mi opinión, ese rechazo visceral que ha suscitado tanto en las filas del Partido Popular, como en las de las Instituciones eclesiásticas católicas, y otros foros, la asignatura “Educación para la ciudadanía”, tildada de “diabólica” por integrantes de la Conferencia Episcopal Española, y vista como un “mal infernal y satánico” que despierta la necesidad de utilizar la objeción de conciencia, promulgada ésta por varios obispos y dirigentes del PP, es un buen barómetro y un buen instrumento de medida para analizar tanto la democracia que tenemos, como lo demócrata que somos, además de ser un buen fenómeno para investigar y estudiar esos factores explicativos que reseño arriba. Dijo Nelson Mandela, en Ushuaia (Argentina), que: “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento.” Por último, expresar mi convencimiento de que una democracia no puede construirse sin el quehacer democrático vivo, dinámico y participativo de cada uno de los individuos. Una democracia no puede existir sin ese quehacer protagonizado por cada uno de los ciudadanos. Esto nos llevaría a la pregunta sobre lo democrático que somos o no, y a la pregunta sobre cuanto estamos dispuestos a comprometer en la tarea de aprender a serlo, eso verdaderamente democráticos, no ya en nuestras actitudes políticas, sino en nuestra vida en general, en nuestras casas, en nuestros trabajos, con nuestros seres queridos e incluso con nosotros mismos... Carmen Moreno Martín Martes, 25 de Septiembre de 2007 01:10 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Consciencia revolucionaria.. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: Para el verano: Francisco de Quevedo y Villegas: "El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar." "Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres." "El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos." "Donde hay poca justicia es un peligro tener razón." "Bien acierta quien sospecha que siempre yerra." AVISO IMPORTANTE: Generalmente y citando créditos, tomo las imágenes de la red. Si algún autor desea que las retire, que me lo haga saber. Gracias Temas
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