CUENTOS PARA LA LIBERTAD: NODED Y ALAYAN: PARTE III | Ser Rizomático

CUENTOS PARA LA LIBERTAD: NODED Y ALAYAN: PARTE III

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Alayan había trabajado abnegadamente toda su vida, hasta tal punto, que ninguna arista de imperfección afeaba ya ni su corazón ni su mente. Todo en él era bello y reflejaba pureza. Ni la más pálida sombra de ambición de poder, de envidia, avaricia y codicia, ni de rencor, ni de resentimiento, y ni mucho menos de odio, oscurecían su vida. Nada de todo eso que envilece el humano acontecer, podía descubrirse en él; aunque él seguía alerta a cualquier indicio que pudiera advertir de esas “malas hierbas” en sus pensamientos; pues sabía de la fragilidad humana y de la suya propia. De su pecho, de su garganta y de su boca, brotaba una potente voz, vibrante, bien templada, clara y afinada, como el sonido que el mejor de los violinistas sabe arrancar de un Stradivarius. Ni un tono de soberbia, de arrogancia y de orgullo resonaba a través de ella. Era una voz nítida y transparente que asemejaba un manantial de agua cristalina y fresca, siempre presto a mitigar la necesidad del sediento... Una voz que permitía apreciar la gran humildad que caracteriza a todo aquel que ha alcanzado la sabiduría.

Alayan no lo había tenido fácil en su peregrinar. Iniciado éste en su juventud, mil veces se había perdido y caído por el camino, sintiéndose extenuado y dolorido, hambriento y derrotado. Pero sin dejarse engañar por ello, había aprendido a transformar el sufrimiento y los errores en aciertos y en renovadas fuerzas. Tras cada caída, se levantaba con más vigor y más firmeza para proseguir su marcha. Nunca había echado mano de falsos paraísos ni de falsas promesas afincadas en un dudoso más allá. Tampoco se había dejado seducir por falsos códigos de moral confeccionado por otros –fueran quienes gustasen ser esos otros- que empañan la libertad, la inteligencia y tiranizan el acontecer humano.

Cuando inició su andadura, todo en él estaba confuso. Conocía lo que buscaba aunque, más que algo tangible y definido, era como un pálido y tenue reflejo de lo buscado. Era, al principio, un conocimiento muy velado el que animaba a Alayan a proseguir; y lo mismo que le ocurría en lo relativo al objeto de su búsqueda, le pasaba respecto de dónde debía dirigirse para encontrar aquello que intuía. Todo ello: el objeto que debía buscar, el punto del que tenía que partir, la dirección que debía tomar y la meta que debía alcanzar, constituía como una vaga y queda melodía escondida en sus entrañas, que Alayan, muy débilmente y sólo en fugaces momentos, apenas podía alcanzar a oír, sin que pudiera, en ningún caso, llegar a reproducirla… como si ese "son" siéndole al mismo tiempo, misteriosamente familiar y desconocido, escapara a sus oídos cada vez que intentaba fijarlo..., entonarlo, asirlo.

Y así fue cómo, Alayan, emprendió el viaje al encuentro de ese misterioso son…, de esa huidiza melodía. Tras cada uno de sus vacilantes pasos, y tras cada duda ante las mil y una encrucijadas del camino, su esperanza, su voluntad, su fe, su confianza y su constancia, le iban haciendo reconocer y precisar algunas notas, acercándole, paso a paso, al conocimiento de la partitura entera. Hasta que, cierto día, aquel tenue y vago son, aquella huidiza tonada, fue dejando escuchar una bella canción que, Alayan, pudo reproducir e interpretar con exacto dominio y conocimiento de todas las notas.

Lentamente al principio, tropezón tras tropezón, y con algún que otro desafinado sonido, Alayan fue adquiriendo destreza y pericia en la reproducción. Hasta que un día, alborozado y henchido de felicidad, pudo convertirse en el más perfecto y delicado de los trovadores. Alayan, descubrió, al fin, que ese canto no era otro que el canto de sí mismo, y que el lugar dónde debía buscarlo era dentro de su ser. Alayan, supo mucho más, supo que para cantar esa melodía de un modo afinado y hermoso, debía hacer oídos sordos a todo el ruido externo que se empeñaban en meterle en la cabeza credos, clérigos y doctrinas, con normas, valores y morales que envilecían lo único bello de verdad: la creación y sus criaturas. Además, Alayan, descubrió que sólo en el servicio, en el logro de que sus semejantes pudieran escuchar dentro de ellos mismos ese canto, en la entrega y en la lucha por una humanidad liberada y fraterna, ese canto hallaría todo su sentido. (Fin parte III: continuará).

Cuento perteneciente a mi libro “Cuentos para la libertad”.

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://www.eumed.net/cursecon/2/goya-viejos.jpg

Lunes, 04 de Junio de 2007 11:17 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma.

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