AUTOAFIRMARSE Y AUTONEGARSE: LA BÚSQUEDA DE SER | Ser Rizomático

AUTOAFIRMARSE Y AUTONEGARSE: LA BÚSQUEDA DE SER

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En primer lugar quisiera presentar algunas consideraciones a cerca de lo que significa autoafirmarse y de lo que, a pesar de las apariencias, no sólo no es autoafirmarse, sino todo lo contrario.  

-. Autoafirmarse quiere decir, potenciar la verdadera esencia del ser; significa, actuar con las verdaderas potencialidades del ser humano, expandiendo la consciencia, y dando un sentido real, creativo y constructivo al movimiento de todas las energías que lo habitan, que lo nutren y que le rodean; en una realización vital, positiva y esclarecedora que enriquezca su hacer y su estar en el mundo. 

-. Autoafirmarse es, por tanto, la actuación consciente del obrar humano con las directrices del ser, que otorga a la persona una confirmación del sentido de su vida más allá de las máscaras que la ocultan. Máscaras que desdibujan, oscurecen y empobrecen su cotidiana existencia. 

-. Autoafirmarse es el resultado de un proceso de conocimiento realizado por el ser humano en lo más interno de sí mismo. Proceso que conduce a la persona a desvelar lo más verdadero y esencial del ser que duerme oculto en su interior. Proceso que permite a la persona  descubrir la riqueza del pensamiento creador y de la acción liberadora y fértil  de los impulsos y movimientos que moran en ella y que desconocía.


-.  Autoafirmarse es obtener, en un primer momento, un mayor y mejor conocimiento, tanto  de sí, como de los funcionamientos automáticos y mecánicos que, de una manera constante, inconsciente y repetitiva, han sido los impulsores y motivadores de todos y cada uno de los comportamientos, pensamientos, creencias, ideas, proyectos, necesidades, deseos, ambiciones, sentimientos, emociones y pasiones.    


-. Autoafirmarse es, en un segundo momento, hacerse más conscientes de cómo esos impulsores y motivadores automáticos han construido y dirigido  el desempeño de todos los roles de nuestro cotidiano existir y transitar por este mundo en esta vida, convirtiéndonos en robots despersonalizados y ciudadanos del miedo, y después de reconocerlo, despojarnos de todo ello y lanzarnos a esa gran aventura de ser uno mismo.


-. Autoafirmarse es cada paso que con una resonancia esencial y olvidada, va dando el ser humano hacia su naturaleza vital, al encuentro con lo real de uno mismo,  que yace amordazado por las voces y el tumulto de las máscaras y de los engaños en el seno de lo más profundo e íntimo del  sí mismo.  


-. Autoafirmarse es cada instante de escucha profunda del sonido vivo y cantarín que llora en nosotros; aturdido por todo cuanto nos parloteamos utilizando sólo  la estupidez y la necedad. De todo lo falso en nosotros que riela en el espejo del sin sentido de nuestro espíritu agonizante y de nuestra vida. 

Por último, el proceso de autoafirmación nos posibilitará  llegar, a un verdadero y libre obrar en la responsabilidad fructífera del ser. Nos permitirá alcanzar ese libre obrar  que nos determine a romper las ataduras y asfixias que envuelven y esclavizan  nuestro hacer y tener. Nos permitirá discernir que poseemos otros recursos y salidas distintas al estar siempre movidos e impelidos por la ciega angustia y mortecina oscuridad de esa personalidad ilusoria e infantil. Personalidad que está formada por todos los patrones e imágenes que configuran y definen  nuestro ego. Personalidad que convierte al ego en un loco y aberrado director del total de nuestras energías, y de nuestros impulsos de vida, dirigiendo nuestros actos a la gran falacia del  conformarse con todos y con todo para evitar ser rechazados, para comprar aceptación, agrado y comprar migajas de falso cariño, que más que amor son servilismos y sumisiones que concedemos. 


Todo esto, en síntesis y así, a bocajarro, es autoafirmarse. Veamos ahora lo que no es autoafirmarse, y sí es autonegarse: 


-. No es, ni tiene nada que ver con la autoafirmación, el inflado egoísta y egocéntrico de todas esas supuestas potencialidades del yo (en este caso yo infantil), que se arman y se nutren de los espejismos y máscaras de nuestro inflado y egocéntrico ego.


-. Nada tiene que ver con la autoafirmación la exacerbada búsqueda de gratificación ególatra e idólatra de nuestra pobre personalidad ilusoria; sostenida, únicamente, por la omnipotencia de creernos en posesión del poder de complacer siempre a todos y en todo.   


-. No es autoafirmarse ese desbordante tumulto de creencias tomadas por certezas que conducen nuestros destinos desde la negatividad y el destructivismo hacia la desesperanza de un consumismo prometedor de falsos y quebradizos “bienestares”, donde la realización de la dimensión humana se mide en términos de posesión y acúmulo de bienes materiales, y de logros competitivos de derribo y acoso bestial; donde los medios justifican todos los fines; donde la ética y la estética sólo se determinan con parámetros superficiales de satisfacción personal; y donde la discriminación es el instrumento mayoritariamente al uso, y  al abuso, de la persona con la persona.  

Cuando la mente funciona guiada por los patrones, guiones, “chips” y demás programas, que accionan la energía al margen de nuestra voluntad consciente, se configura esa personalidad ilusoria que es nuestro yo infanti, y que da como resultado un ego inmaduro y enfermo que se confunde con la verdadera identidad y toma por conocimiento real lo que, únicamente, es espejismo. Entonces se genera todo tipo de pensamientos negativos que  aniquilan el espíritu la esencia de la persona. Mecanismos automáticos que, cuando la mente funciona desde ellos, sumen al ser humano en un buceo continuo de aguas negras y tenebrosas, que le transforman en ciudadano del abismo, pelele del consumismo y súbdito de la oscuridad y del pánico.  Porque ¿qué otra cosa es la oscuridad que la ignorancia? ¿Y no es ignorancia tomar lo reflejado como lo que realmente se refleja? 

De modo que, autoafirmarse, no es vivir en la oscuridad de la ignorancia y de la esclavitud, manejados como títeres en tinieblas y sin control; y lo más patético, es que cuando se actúa así se es títere de uno mismo;  son, entonces, nuestras manos privadas de razón y conocimiento, privadas de sanas emociones, quienes mueven los hilos de la perdición, convirtiéndonos en tiranos de nosotros mismos.  Sí, de nosotros mismos, digo bien; y ello, agravado por el hecho de que no sólo no nos conocemos, si no que ni siquiera lo advertimos; puesto que no somos conscientes de ello. Vivir en esa negación y en esa oscuridad de la ignorancia es autonegarse. Y autonegarse es, a su vez, impregnarse de negatividad. 


De manera  que autoafirmación y autoafirmarse es equivalente a positividad, a vida, a libertad, a elegir y a renunciar; a errar y a acertar desde la honestidad de lo auténtico; mientras que negatividad es lo contrario, esto es, autonegarse y destruirse con las mil y una máscara y espejismos que sobre nosotros hemos construído. ¿Qué otra cosa es, sino, el continuo desoír al ser que aflora en crisis de angustia y de pánico, para lograr ser escuchado por algún pedacito de nosotros; que anhela  salir a la luz a través de alguna de las rendijas reales de silencio activo e iluminador que, cada vez más espaciada y tenuemente, casi ya rayando la excepción, logra interrumpir el parloteo continuo y ensordecedor del yo infantil anegado y extenuado por los constantes bombardeos sin sentido de ese chip “desastroso de la autonegación?


Así que, para resumir podemos establecer: 


1º.- No se puede, en consecuencia, ejercer la  Autoafirmación sin consumar el proceso de búsqueda del ser esencial, ese viaje de búsqueda que, si lo es, sólo puede serlo dirigido hacia lo hondo de nosotros mismo, hacia dentro, hacia el receptáculo perdido en nuestras entrañas contenedor de todas las respuestas.


2º.- Esa búsqueda únicamente puede realizarse a través del viaje inciático que parte de las tinieblas que configuran la oscuridad de la ignorancia inconsciente que nos rodea y nos posee por dentro y por fuera, y se dirige a la meta del conocimiento guiado por esa tenue luz, tapada y oculta, cuya llama yace escondida en la sima más baja y profunda de nuestra caverna interna.  Porque si la oscuridad es algo, es absoluta ignorancia, perfecta manipulación y enajenación de uno mismo por uno mismo, atado y casi ahorcado por la cuerda de la esclavitud inconsciente en la que vegetamos ese letárgico sueño de apariencia de vida que nos impregna de muerte. 


3º.- No existe otra búsqueda, y si nos deslumbra la apariencia de una existencia tal, ese fatuo y falso brillo deslumbrante no es la búsqueda, sino la gran pérdida en la que ciegos y dispersos deambulamos todos. No existe receta ni sustituto de esa búsqueda particular e instraferibe. No existe gurú ni iluminado que nos ahorre ese tránsito.

Lo único que alguien adelantado en ese proceso inciático puede hacer por otro que principia el viaje, es hablarle de los obstáculos que probablemente encontrará, de las veces que se convirtió en desertor y emprendió una despavorida huida; de las veces que caminó extenuado y casi yerto, dando vueltas y vueltas en círculos por el árido desierto hasta que reencontró el camino hacia el ser; de todas las negaciones de sí mismo que sostuvo; de todos los espejismos en los que se estrelló y perdió mil veces; de todos los fuegos fatuos que adoró, cegado por sus falaces y seductores brillos; de todas las perdidas y reencuentros que vivió y aun vive. 
Para sostener con humildad, con tolerancia, con respeto y con amor los vacilantes pasos del recién embarcado y, fraternalmente,  prestarle un pañuelo para que enjugue sus lágrimas, y ofrecerle el hombro para acoger la convulsiones de su amargo llanto.  Para tenderle una mano por el foso en el que se hundió y ayudarle a subir de nuevo. Para, incluso, caer alguna vez juntos y, apoyándose el uno en el otro, recuperar el equilibrio perdido…  Eso sí se puede hacer y compartir, en el supuesto caso de que uno haya perseverado algo más de un rato en el camino de la aventura de la búsqueda, y pueda encontrar el auténtico rasgo de verdadera compasión, para compartirlo con el hermano y compañero de viaje… Eso que es tan poco, pero que es muchísimo, únicamente lo posee, quien ha llegado a vislumbrar la presencia alentadora de la llama escondida en lo oculto de su propia gruta interna; por lo demás, en este viaje hacia ser, todos somos peregrinos y como mucho, compañeros en la ruta.


Pero encontrar un compañero de viaje “tan avezado”, “tan experto”, es como hallar de pronto esa “rara avis” con la que uno excepcionalmente tropieza una sola vez en su vida. Y con todo, lo más probable, es que tropiece con ella sin la posibilidad de advertirla, o que, advirtiéndolo, no llegue a creer que sea posible tanta suerte, o que el trabajo que presupone le parezca ingente antes ya de empezar y lo abandone…  

Así que no hay más cáscaras que ponerse manos a la obra y trabajar, trabajar y trabajar; sí, trabajar sin desfallecer y aceptar cuanto de nosotros vamos conociendo aunque no todo sea ni lo angelical que creíamos, ni lo perfecto, ni lo airoso... Lo cierto es que no somos ni tan buenos ni tan malos como creemos, simplemente somos, con todo lo que ello implique, y aceptarnos es el único camino para poder dejar de autonegarnos, corregir lo que haya que corregir, mejorar lo bueno, y autoafirmarnos desde la honestidad y sinceridad de ser. Y la única senda que nos lleva a ello es el trabajo con uno mismo. Que no en vano decían los alquimistas que la piedra filosofal sólo se encuentra después de orar, leer, leer, leer, releer y trabajar; donde lo de leer, no consiste en un ejercicio intelectual guiado por normas y libros.  No, que de ese modo, no sólo no se encuentra nada; si no que uno aumenta en ignorancia, y acrecienta su oscuridad y la de su entorno. Se trata de mirar y de ver con los ojos del corazón; sí, eso tan manido, tan trillado y tan reiterado, pero que tan difícilmente, y con tanto esfuerzo se consigue. Y esos ojos hay primero que conseguir abrirlos y hacerlos –como ahora se dice-, operativos.


Así que ya pueden venir gurús, naguales e iluminados de nueva era. En suma falsos profetas que se venden a sí mismo como expendedores de conocimiento y libertad, cuando lo único que hacen es acompañarnos a “revolver la mierda” y ayudarnos a hundirnos más profundamente en ella. Pues eso es lo que logramos, “revolver nuestra profunda y negra mierda”, cuando los seguimos en un supuesto obediente discipulado. De ellos decía ese gran Iniciado que fue Cristo: “por sus obras los conoceréis”. De modo que no nos queda otra que asumirnos como obreros autónomos, pacientes, constantes, disciplinados, perseverantes y dedicados al esfuerzo de la propia construcción del propio edificio: nosotros mismos.


En nosotros, en nuestro interior aguarda el Tesoro. En nosotros, en nuestro interior espera paciente la luz a ser encontrada por nosotros y a iluminar nuestra vida. ¿Queremos embarcarnos en ello o preferimos permanecer en el barco con timón fijo al puerto tenebroso de la perdición? Cada uno que asuma su respuesta.

(Fragmento del mi libro “Espacios de encuentro consigo mismo). 

(Nota: vuelvo a agradecer a Blogia el rápido restablecimiento del servicio, y a pedir disculpas a "los fieles" de esta página. A todos un abrazo entrañable)


Carmen Moreno Martín

Alias Hannah

Imagen: http://80.34.38.142:8080/fotogaleria/albums/userpics/normal0000604.jpg 

 
Viernes, 18 de Mayo de 2007 16:08 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Rendijas de mi ser.




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