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DE LA HIPIPÓCRITA MORAL O DEL ARTE DE RECORTAR DERECHOS![]() Lamento profundamente que la comisión mixta de los derechos de la mujer del Congreso de los diputados, en el tema de legalizar y regularizar la prostitución, se haya dejado llevar por profundos criterios prejuiciosos machistas de moral hipócrita, burguesa y judeo-cristiana, en lugar de por criterios de libertad. ¿Hasta cuando dejaremos que la moral religiosa, la espiritualidad de sacristía, la hipocresía burguesa y don papá estado patriarcal, sean quienes decidan lo que es bueno o malo para la ciudadanía? ¿Hasta cuando tendremos que aguantar que se decida por nosotros lo que nos está permitido o no? ¿Acaso no se nos va a permitir nunca alcanzar la mayoría de edad? ¿Por qué tenemos que condenar por decreto a la más absoluta castidad a personas que, ya porque estén solas o simplemente porque les de la gana, quieren echarse una cana al aire, o simplemente gozar de sexo sin implicaciones ni vínculos? ¿Por qué esa manía judeo-cristiana de demonizar los placeres de la carne? Cierto que hay que acabar con el tráfico de menores, con la prostitución infantojuvenil y con todo vestigio de prostitución forzada y de explotación, pero la única manera de hacerlo es legalizando y normativizando el sector. El oficio existe casi desde que el mundo es mundo con múltiples modalidades. Prostituere, por si no lo sabían, es un término del latín que significa “exhibir para la venta” sin más; sin ninguna connotación moral. Y prostitutas y prostitutos, eso es lo que hacen: exhibirse para la venta dónde adultos clientes contratan sus servicios previo pago y de manera consentida. Si hay hombres y mujeres adultos que quieren proporcionarse sexo, y hay hombres y mujeres dispuestos a venderlo, me parece que ambos están en su derecho de hacerlo, y dadas las implicaciones que ese intercambio masivo puede tener para la salud, tanto de vendedores como de compradores, el libre comercio debe realizarse con las máximas garantías higiénicosanitarias y respetando todos los derechos laborales, como en cualquier otro sector, cosa que sólo es posible si el sector se legaliza y regula. En mi opinión, una legalización y regularización de las trabajadoras y los trabajadores del sexo, sería una óptima vía para luchar contra la prostitución forzada y la explotación y esclavización infantojuvenil en el sector, incluida la pederastia. He visto, anteayer noche, en el programa televisivo “59 segundos”, a una integrante de una asociación de mujeres que, en aras de la igualdad y la democracia, quiere abolir la prostitución. Pues en mi opinión, es justamente lo contrario: prohibir la prostitución adulta y consentida, atenta contra los valores democráticos y contra la igualdad. Hablar de que el ejercicio de la prostitución atenta contra la igualdad y que es inviable en una sociedad democrática es desconocer tanto lo que la igualdad significa como lo que quiere decir democracia y atenerse a reglas religiosas y burguesas absolutamente patriarcales y machistas. Pienso que lo que atenta contra la igualdad y es una violación de los derechos es precisamente la negativa a regular ese trabajo. La negativa a ofrecer a estos trabajadores del sexo (prostitutas y prostitutos), las mismas garantías que cualquier otro trabajador tiene, como seguridad laboral, prestaciones de seguridad social, salud y asistencia sanitaria pública, normativas laborales, etcétera, y la negativa a la legalización es lo que contribuye a la desigualdad, a la existencia de redes mafiosas de explotación, a la existencia de proxenetas y al tráfico de menores, y no la regularización. Es más, estoy convencida de que una regularización del sector no sólo daría seguridad a esos trabajadores y a sus clientes, si no que reduciría el tráfico de menores y el “intrusismo” forzado en el sector. Además, si hacienda somos todos, ¿por qué vamos a permitir que prostitutas y prostitutos –y sus respectivos clientes- queden al margen de todo tipo de cotizaciones e impuestos? ¿Quién es el Estado o el gobierno para decidir que profesiones son o no aptas? ¿Quién es nadie para prohibirle a otra mujer –o a un hombre- que trabaje en el tema de dar placer sexual con su cuerpo o con lo que quiera? La respuesta es fácil: ni el Estado, ni el Gobierno, ni nadie, tienen potestad alguna para imponer e implantar criterios de moral religiosa y burguesa hipócrita. Los estados y los gobierno, lo que deben hacer es facilitar la igualdad de derechos a todos los trabajadores, no restringirlos; sentar las vías legales del libre ejercicio e impedir la explotación, el intrusismo y la vejación. La explotación no puede tolerarse ni en el sector del sexo, ni en el sector de los componentes informáticos; que lo mismo me da; de manera que abolir la explotación en el sector que sea, sí; por supuesto; y luchar por ampliar derechos y libertades, también. Pero restringir la libre y legítima voluntad de los adultos a comerciar con sus cuerpos de un modo contractual consentido, nunca. De modo que adhiero en su totalidad y me sumo al manifiesto de Hetaira, -lo expongo a continuación- e invito a cuanto blogero o blogera me lea a hacerlo también. Y sin más, he aquí el manifiesto aludido: “Madrid, 20 de febrero de 2007 Carmen Moreno Martín Imagen: Comentarios » Ir a formulario
Yo también me sumo ya que comparto y adhiero todo lo que dice el manifiesto y lo que dices tu.
Fecha: 05/05/2007 11:25. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: hoy, Baruch de Spinoza: "Comprender es el principio de aprobar." "Si no quieres repetir el pasado, estúdialo." " La experiencia nos ha demostrado que a la persona no le resulta nada más difícil de dominar que su lengua." Aviso: las imágenes que ilustran las entradas de este Blog se toman de la red con sus créditos. Si los autores desean que sean retiradas, que lo hagan saber, y así se hará. Gracias Temas
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