
Con eso de “los días de”, tal pareciera que las mujeres trabajamos un día al año, existimos un día al año, somos visibles un día al año, y los 364 días restantes, desaparecemos entre empresarios que discriminan, acosan y violentan, maridos y parejas que nos maltratan y asesinan, empresarios y empleadores que nos explotan, traficantes y acosadores que comercian con nosotras, casas e hijos que si no los cuidamos, arreglamos, limpiamos, nosotras, no lo hace ni dios…
Y otro tanto se puede decir, de los restantes días "de" que aluden a todos los explotados, hombres y mujeres, de los desheredados, de los parias, de los que mueren de hambre y de sed de alimentos, de agua, de SIDA, de justicia, de libertad y de otras tantas cosas; de los que se pudren en cárceles, tras torturas, sin derechos ni libertades, o desaparecidos sin más, sin que nunca más se sepa de ellos; de todos esos niños desaparecidos para robarles los órganos...
Y de todas esos niños y niñas, mujeres y hombres desaparecidos, secuestrados y llevados a burdeles o al fondo del océano... De todos los que migran buscando un mejor pasar por la vida y terminan tragados por el mar, en el más oscuro anonimato... De todos los que ven segadas sus vidas por el odio fraticida, por la sin razón genocida… O por bombas, ya sea por el terrorismo de estado, o por otros terrorismos -¡hay tantos!...
Y porque todos los días nos empeñamos en vivir y nos matan, o desearíamos morir y seguimos vivos… Por eso y por tantas cosas más; y porque todos los días son nuestros días, he decidido no hacer caso a los días "de" y hacer de todos los días, nuestro "día de" probable. Hoy lo dedico a la mujer, a ese ser que levanta países cuando los hombres se han empeñado en destruirlo y llevar a ellos la muerte. Para ello elijo este poema de una autora argentina, y perdonadme que "barra para casa":
“Que no te nieguen el pan
dorado y fértil de tu trabajo.
El telar y la fábrica.
El barro accesible de los sueños
tomando vida
en tus manos de grácil artesana.
El huerto y el taller,
la universidad y los fogones.
La sabiduría de tu oficio
congregando frutos y poemas
en el árbol irrepetible de la historia.
Pero tampoco las rosas
hondas y fragantes del descanso.
Tu legítima herencia
de bosques y playas.
La complicidad del sol
en tu piel de niña.
El placer del mar
cuando se ha llorado...”
Poema: Pan y rosas
Autoría: Ana Rosa Fernández
Fuente: http://www.me.gov.ar/efeme/diamujer/panyrosas.html
Imagen: http://www.fao.org/DOCREP/006/W0073S/w0073s04.jpg
Carmen Moreno Martín
Alias Hannah