Los católicos repiten año tras año
la representación de eso que llaman “sus misterios”
representados en imágenes, ritos, símbolos
y demás ingredientes del mito al que idolatran,
dejándose, año tras año, en el olvido
el meollo del mensaje de ese al que veneran como Dios: Cristo,
y de aquella que idolatran como virgen: su madre.
Porque si bien puede ser cierto que hubo tales personajes
Sus mensajes fueron de amor y de piedad.
De comprensión, tolerancia y libertad;
no de odio, ni de esclavitud, ni de egoísmo e intransigencia,
ni de odios ni de violencias, ni de negocios ni de turismos, ni de borracheras
que es lo que parecen pregonar.
A golpe de caperuzas, cirios, látigos, túnicas ensangrentadas y cadenas
Que, si existió, dicen que dijo: “Misericordia quiero que no sacrificio”
Que la emprendió a palos con los mercaderes del templo.
Y, según recogen las escrituras,
se cansó de decir que el único templo es el ser humano
Que para hablar con su padre no hacía falta intermediarios…
Y así, repiten de Navidad a Semana Santa,
y de Semana Santa a Navidad,
toda la folclórica mitología egipcio-babilónica,
sumerio-caldea, judeo-greco-romana… Y de otras tierras;
con todos los elementos simbólicos: tierra, agua, aire y fuego;
y los corolarios de muerte, renacimiento, vida, eternidad,
con la reactualización y readaptación de todos los misterios, mayores y menores,
de amor y de odio, sin apenas enterarse de los mitos y de los ritos
convirtiéndolo todo en un simple negocio
en el que el egocentrismo particular de las soluciones y promesas de cada cual
se entremezcla con el macro negocio turístico de las fotos y las ventas de reliquias, estampitas y recordatorios
para bien de la Iglesia y de la hostelería, ciegos de dineros e imposturas...
La mayoría de creyentes, ignorantes de los mitos, los ritos y los corolarios,
Se emocionan, que digo emocionan, enardecen llenos de fervor, de culpa y redención,
para luego de pasada la celebración, volver a sus rutinas de insolidaridad y tedio.
Las jerarquías, más preocupadas por mantener el negocio en auge
que de las necesidades reales de las almas y cuerpos de los fieles,
vigilan concienzudamente y actúan con diligencia
contra cualquier sedición y cualquiera ingerencia
que ponga en peligro la estabilidad de sus arcaicas y rancias estanterías,
de ese casi perfecto supermercado de supercherías
con nombres de fe y de perdón de los pecados,
de vidas eternas e infiernos infinitos, de santos, de bondades y de caridades…
Y ante el peligro de quiebra de la macrotienda
actúan, vaya sí lo hacen, que lo mismo les da cerrar parroquias
que silenciar curas… Todo con tal de que el “misterio”,
siga siendo eso: “un negocio misterioso” en exclusiva,
para mayor gloria y beneficio de sus vicios y barrigas.
Carmen Moreno Martín
Alias Hannah
Imagen: Viñeta de Máximo, tomada de:
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