CUENTOS PARA LA LIBERTAD: PARTE II (continuación de "El Pupas") | Ser Rizomático

CUENTOS PARA LA LIBERTAD: PARTE II (continuación de "El Pupas")

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El mismo “Pupas” pensaba que, con lo poco que había frecuentado aquel colegio, no era raro que no llegara a dilucidar el misterio de la dichosa frase. Tal vez si hubiera estudiado hasta el final… “El Pupas” siguió pensando que la caja podía ser un exquisito y primoroso paraíso lleno de placeres y gozos a disposición de todas las piezas o una basura peor que la del mismo tablero. Se decía que la caja podía ser tanto la nada, como el todo… O, lo que era todavía más sádico, - según él - un tablero sin “caballo” que inyectarse… “¡A saber!”, acababa diciéndose harto de tanto pensar. Lo cierto era que nadie le había podido decir con seguridad qué era la maldita caja, ni tampoco nadie le había ayudado a encontrar la clave del enigma… Y, a decir verdad, él mismo tampoco se había esforzado demasiado por dilucidarlo.

Otra cosa que le ponía muy irascible, era el pensar en la existencia de los que movían las fichas sobre los tableros: “¡Debían ser muy poderosos!” –continuaba diciéndose al hilo de sus especulaciones. El pobre veía a esos jugadores, poseedores de un poder tan inmenso como su impiedad y malevolencia. Para el muchacho, todo aquello era muy, pero que muy “jodido”; pensaba que disponer con toda arbitrariedad de las “piezas” simplemente para su distracción, era algo muy perverso, casi diabólico… Y menos dispuesto estaba a tragarse que hubiera alguien todopoderoso que creara a los jugadores y decidiera por su cuenta, tanto las reglas de aquel estúpido juego, como la forma del dichoso tablero y lo que la caja simbolizaba. Todo aquello le pareció siempre un monumental sin sentido, y desde luego, no era justamente en ese momento, cuando se iba a dedicar a ver si lograba discernir algo coherente en lo que él calificaba de descomunal galimatías.

Y mientras los ojos de “El Pupas” seguían fijos en ese doble suyo que boqueaba y luchaba por aferrarse a la vida con inusitadas fuerzas, algo pasó por su mente que le obligó a plantearse la posibilidad de que, después de todo y pese a su incredulidad, la cosa aquella del ajedrez - porque eso sí lo sabía: era un juego de ajedrez -, podía tener algo de cierto… Ante sus ojos empezaron a desfilar una por una, todas las imágenes de lo que había sido su existencia y pudo constatar que su vida había sido un profundo y maloliente pozo de desgracias y sin sabores del que nunca logró escapar… Por primera vez pensó que sí se hubiera dedicado a luchar para transformarse en alguien válido a sus propios ojos, con la misma fuerza y el mismo empeño que había puesto en escapar tanto del pozo como de sí mismo, quizás no estuviera ahora desdoblado, con una parte en la cama de un hospital debatiéndose entre la muerte y la vida, y con otra parte en aquel extraño lugar suspendido en el espacio y en el tiempo.

“Quizás, si en lugar de huir hubiera empleado mis fuerzas en crecer, en formarme, en trabajar, en ayudar a mi madre y a mis hermanos, en amar, en entregarme, en servir, en buscar ser útil a los demás y a mí mismo…” Y mientras pensaba en todo ello, la imagen de su madre se iluminó en su mente, y el chico sintió un profundo y amargo dolor. “El Pupas” se dijo que las condiciones que rodearon su venida al mundo fueron verdaderamente asquerosas y miserables, pero que lo que él mismo hizo con todo ello, cosa por cosa, fue más negro y horrible aun. Comprendió de pronto que “la experiencia no es lo que nos toca vivir, sino lo que con todo ello hacemos”. Una luz se había prendido inesperadamente en lo más hondo del ser del desgraciado joven, que le hizo ver y comprender la magnitud de las cadenas que él mismo había creado y la fuerza con la que él mismo, también, se había aprisionado con ellas… Siguió mirando a su doble tendido en aquella cama y una ola de ternura le invadió “¡Lucha, por favor, lucha! … ¡Tiene que haber otra oportunidad para ti, chico... Sí, para ti… Para mí!. ¡Algo debo tener de válido! ¡No puedo terminar así, vacío y envuelto en mí propio lodo!” Y mientras todo esto salía de su angustiado corazón, el muchacho lloraba amargamente... Se sentía profundamente arrepentido de todas y cada una de sus desesperanzas; de sus evasiones, de sus quejas y rebeldías; de sus odios, resentimientos y pataleos; de su huída sin sentido y de su falta de compromiso con su propia vida; de la inercia con la que siempre había culpado a todos de todo… Lentamente, se fue sosegando y una ola de reconciliación consigo y con el mundo le invadió. Todo él se llenó de una paz como jamás había sentido y la lucecita que se prendiera en su interior creció y creció hasta tornarse en una fuente de luz blanca y potente que irradiaba por todo su cuerpo. Por primera vez en su vida, se sentía libre y con el suficiente conocimiento, y la suficiente comprensión para elegir que hacer de su vida. Libre para posicionarse ante sus deseos y para luchar por lograrlos. En él se abría paso una imperiosa necesidad de asumir sus elecciones y las responsabilidades que de ellas se derivaran, y ello fue creciendo dentro de él. De igual manera, dejó de importarle si aquella caja y aquel tablero tenían un significado univoco o no; fue abriéndose paso a su consciencia, con una claridad diáfana, que él y sólo él era el uno de los jugadores del gran juego de la vida; que era la propia vida lo que importaba, más allá de lo que pasara tras la muerte (que eso y no otra cosa era la caja) y que estaba en su mano también, la asunción de ser peón y rey; alfil y torre. Parecía que la mente del joven adquiría por momentos un entendimiento y discernimiento de su vida, tan profundo y luminoso, que el joven podía precisar y definir, sin ningún tipo de laguna, lo de las piezas y lo de los jugadores. Aquel oculto y embrollado asunto, que tanto le había mareado, le pareció de una sencillez y nitidez inimaginable, encontrándose frente a frente con el pleno y real sentido que tanto había buscado. “¡Era tan fácil…!. ¡Si sólo hubiera mirado en mi interior… Si me hubiera mirado menos el ombligo y fijado más en los demás”, y al pensar esto, se sintió desbordado por la tristeza y por la vacuidad de lo que había sido su pasar por este mundo.
(Fin de la segunda parte; CONTINUARÁ…)

Carmen Moreno Martín
alias Hannah

Imagen: www.epvasconia.com/WEBQUEST/ninos%20de%20la%2...

Jueves, 29 de Marzo de 2007 11:56 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma.

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