
Aunque soy poco dada a “vender” recetas, después de reflexionar hondamente sobre lo que comporta una verdadera amistad, explicito “brevemente” mis conclusiones:
Antes que nada, decir que hace falta “creer” sí, creer, o sea tener fe, en que estos ingredientes o valores que voy a exponer a continuación existen; que no son una mojigatería, sino una tabla ética –laica o religiosa, según se quiera-, demostrable, tangible, creíble, posible y aplicable; ya que si somos dados a pensar que no somos capaces de vivir a través del ejercicio de esos valores, ni de asumirlos y practicarlos, ya sea desde sí mismo y para sí –principios éticos-, ni de desplegarlos con los demás, podemos ahorrarnos el seguir leyendo.
También quiero decir que la aplicación de esos valores no supone para nada la renuncia a la esencia de cada uno. En este sentido la imagen que ilustra este post lo representa, ya que ¿hay algo más diferente que un cánido y un felino? Ellos, sin renunciar a ser ellos mismos en ningún momento, ni renunciar a la propia identidad y libertad, se eligen y aman como amigos. ¿Por qué tiene que ser tan complicado para individuos de una misma especie –la humana- especie que, además, se autodenomina “racional”, el lograrlo?
Bien, prosigo: los ingredientes básicos para el “guiso” de una verdadera amistad, en mi opinión, son:
Lealtad y fidelidad: según la RAE, las definiciones para la lealtad y la fidelidad están íntimamente vinculadas, presentándolas, en ocasiones, como definiciones sinónimas:
Definiciones de lealtad:
1.- f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor:
2.- Sentimiento de fidelidad o gratitud que muestran al hombre algunos animales:
Otras reflexiones que me parecen aclaratorias y válidas acerca de lo que significa la lealtad, pueden obtenerla clicando aquí y aquí.
Definiciones de fidelidad:
1.- f. Lealtad: la fidelidad del perro.
2.- Exactitud, veracidad: relató los hechos con gran fidelidad.
3.- alta fidelidad Reproducción muy fiel del sonido, sin distorsiones ni ruidos:
equipo de alta fidelidad.
Para no extenderme demasiado, lo resumiría diciendo que la lealtad en la amistad se caracteriza por la capacidad de permanecer fiel a la constancia de un valor: el valor de la amistad. Esto es muy subjetivo, ya sé, puesto que habrá que ver el valor que cada persona le da a la amistad y para complicarlo más, entraría en juego el papel y la función que desempeñaría, en esa constancia del valor, el tema de lo ideal, de la idealización del otro… Pero sin meterme en profundidades y ajustándome a la RAE, el ejemplo de la lealtad y fidelidad canina en su vinculación con el hombre es bastante ilustrativo. Lamentablemente, los seres humanos estamos lejos aún de alcanzar y practicar algunos de los valores éticos que tienen los cánidos –y ahora lapídenme-. Lealtad y fidelidad –valores inseparables-, implican también en el terreno de la amistad, el valor de la libertad, de permanecer cada par libre de ser sí mismo y de permanecer leal y fiel a sí mismo y a los principios propios –constancia del valor- a la vez que se es leal y fiel al otro y a su libertad. ¿Difícil, no? ¡Pero no imposible!.
Gratitud: veamos primero que nos dice la RAE:
1.- agradecimiento, reconocimiento, correspondencia, obligación, devolución, ofrenda.
Antónimos: deslealtad.
Una fábula de Esopo, convertida en sátira por Bernard Shaw, y llevada al cine en 1952 por Chester Erskine, nos ilustra y nos adentra en lo que es y representa la gratitud, que para nada es una devolución ni un pago meramente dichos, sino un valor ético fundamental. Pueden obtener más información y leer la fábula clicando aquí y aquí,
Honestidad, Sinceridad, autenticidad y coherencia: en lo que se refiere a la definición de la RAE de la palabra honestidad, nos remite a honesto, y honesto, nos remite a: recatado, pudoroso, recto, razonable, justo, probo y honrado, lo cual está sujeto a subjetividades de criterio moral tan amplias como amplias son las creencias morales que podemos encontrar en cada persona, pero pienso que si nos ceñimos a la ética, podemos tener una idea precisa de lo que se quiere significar, y que podría resumirse como ser uno mismo, sin dobleces ni falacias, mostrarse tal y como uno es y piensa sin ánimo de engaño ni auto-engañándose, teniendo la capacidad de reconocer los propios errores y la voluntad de rectificarlos.
La palabra sinceridad, nos dice la RAE que es el expresarse con sencillez, veracidad, libremente y sin fingimiento.
De la autenticidad, la RAE nos remite a la cualidad de auténtico, y, auténtico, nos remite a honrado, al que es fiel a sus orígenes y convicciones.
Sobre coherencia, la RAE nos habla de la actitud lógica y consecuente con una posición.
En mi opinión, estas cuatro palabras, en sus cualidades y calidades, están también íntimamente relacionadas, en tanto que la honestidad puede definirse como la integridad y la coherencia con las que la boca, el corazón y la mente expresan lo mismo armónicamente. Es decir: que hay coherencia entre lo que pensamos, sentimos y decimos, sin falacias ni discordancias. Qué no pensamos una cosa, mientras que sentimos algo diferente sobre la misma cosa, a la vez que decimos algo distinto y hacemos lo contrario. ¿Embrollado? Pues eso se ve con mucha frecuencia, y no sólo en el ámbito de la amistad, sino en la conducta que manifestamos en cosas que nos atañen sólo a nosotros. En la amistad, la sabiduría popular lo expresa con aquello de “mucho te quiero perrito, pero pan poquito”.
Generosidad: entiendo por generosidad la capacidad de dar sin recibir nada a cambio, lo cual presupone una nobleza o grandeza de carácter. Puede entenderse la generosidad como la capacidad de entrega, ya sea de la propia persona, de su tiempo o de sus pertenencias, en favor de los demás y desinteresadamente -incluso con alegría, diría yo- con el fin de satisfacer sus necesidades, y sin que primen sesgos como “el que quien recibe no sea molesto ni antipático. Dar, pues, sin contraprestaciones a priori ni a posteriori. Pero también implica, en mi opinión, la capacidad de recibir; no permitir a los demás dádivas hacia nosotros en nuestras necesidades, puede ser también una falta de generosidad. Entiendo también la generosidad como la capacidad para anteponer el bien y el interés común, al interés y al bienestar propio. En tiendo la generosidad como algo recíproco del dar y del recibir referido a uno mismo –no el hecho de dar a los demás esperando que los demás nos den, sino dar desinteresadamente y aceptar nuestras necesidades y carencias con humildad. Obvio aquí las definiciones de la RAE para la palabra generosidad, pero sí pueden hallar un interesante artículo sobre ella y sus orígenes griegos, clicando aquí.
Bondad: la definición de este término no ayuda mucho porque, en mi opinión, adolece de una gran subjetividad, verbigracia “cualidad de bueno”, “acción buena”, “blandura y apacibilidad de genio”, “amabilidad y cortesía para con otra persona”, “capacidad de hacer el bien”, de dónde la esencia de “bueno y bien” se presentan como esenciales y me llevarían muy lejos dada su relatividad moral: ¿qué es bueno y qué es el bien? Para mí, y echándole un poco de humor al asunto, que esto de lo bueno y del bien no lo tenía claro ni Dios, quien según el Génesis, vió su creación, y viendo que "todo era bueno" -que viendo al mundo cómo es, se necesita voluntad de ver-, descansó; y francamente, vernos buenos a nosotros los humanos, que somos más malos que arrancados, ya son ganas... Además, el relativismo de qué lo bueno para uno no tiene que ser necesariamente lo bueno para otro –recuerden el dicho de Confucio: “piensa el pájaro, que es bueno para el pez, darle una vueltecita por el aire”, complica enormemente el tema. Paso, pues, de definiciones y ofrezco mi parecer al respecto, centrándome en el ámbito que nos ocupa, a saber, el de la amistad: para mi la bondad vendría determinada por el ejercicio de la solidaridad, es decir, la capacidad que tenemos de compartir con los demás lo que somos y poseemos en función de las carencias y necesidades que el otro expresa –no las que nosotros decidamos que tiene-, y la capacidad que tengamos para sentirnos cercanos al dolor y al sufrimiento del otro, prestándonos a su alivio y consuelo desinteresadamente. También, para mí, la bondad tiene que ver con la asunción, el respeto y la aceptación de la libertad del otro y de su ejercicio, estando prestos a favorecer que esa libertad del otro se realice sin contrapartidas ni cortapisas, aunque ello implique un menoscabo de nuestros propios intereses. En fin, ¿complejo? Sin duda lo es, pero díganme: ¿hay algo exento de complejidad en el ámbito de la interrelación personal? Pues eso. El que sea complejo no lo hace inviable. Cuestión de voluntad de crecer y de aceptar que los demás crezcan también.
En fin, si desean seguir ahondando en lo del bien y la bondad, les recomiendo la lectura detenida de Sócrates, quien decía que “obrar bien es el principio de la felicidad”. Ahí es nada. “bien y felicidad”, pero ciertamente, la lectura de los textos de Platón –discípulo suyo- ayuda mucho en esto.
Y cómo llevo ya cuatro páginas y corro el riesgo de que lo de “brevemente” sea un timo, voy a enumerar el resto de los ingredientes, dejando para otro post –o dos más- el tema como tal, con el compromiso de que ese post o varios post, les serán dados.
Comunicación fluida, coherencia interna y externa, confianza mutua plena en sí mismo y en la otra persona, flexibilidad, respeto, tolerancia, seguridad en sí mismo y en la otra persona, capacidad de entrega, de acogida y de servicio, libertad, responsabilidad, ternura, discernimiento, sentido común, sentido de la equidad y de la justicia, fraternidad… Y, como colofón –y resumen-: Amor incondicional.
Bien, por hoy lo dejo aquí, con el compromiso adquirido de continuar en próximos “capítulos”.
¡Qué tengan un buen día!
Carmen Moreno Martín
alias Hannah
Imagen: http://www.webdehogar.com/mascotas/05051003.jpg