Mayo 2006 | Ser Rizomático

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Resumen

01/05/2006

RÁFAGA 30

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Ráfagas 30

La muerte, nos hizo abrir los ojos
Y, la vida, pudo, al fin, afincarse
En nuestro desgarrado corazón.
Con los ojos abiertos
Al amor y a la esperanza
Descubrimos alborozados
Nuestra identidad esencial
Y pudimos aceptarnos
En el reconocimiento
De la eterna verdad:
Toda la humanidad soy yo
Y todos somos uno y lo mismo
El negro, el amarillo y el colorado
El santo, el asesino y el jorobado
El ciego, el vidente y el pervertido
El malvado, el bondadoso y el condenado.

Nos dimos la mano unidos por el alma de la vida
Y descubrimos una nueva separatividad:
La diferencia entre los animales y la humanidad.
Nos descubrimos como lo que somos:
Un atajo de ilusos que se empeñan
En aferrarse a ilusas soluciones:
las soluciones de las supremas verdades.
Y, una vez más, creímos habernos quitado la venda de la ignorancia
Y haber comprendido la nueva esencia de la unidad:
La humanidad y los animales son también uno y lo mismo.

Alborozados,como un solo corazón, echamos a caminar
Y sentimos un nuevo dolor de separación
Las plantas también participan de nuestra esencia
Nuestra vida y la de ellas, son una y la misma.
Plantas, animales y humanidad, nos abrazamos
Y aceptamos la nueva dimensión
De un todo unificado.
Otra vez, desecho el error, volvimos al camino
Con nuevos cánticos de alabanza
En pos de la unidad...
Pero, de nuevo, la sombra nos envolvió
Sin dejarnos ver que el agua, las rocas, la tierra, el cielo, el aire y el fuego
Lo mismo y uno que plantas, animales y humanidad son.
¡Ah! ¡Qué decepción!
otra vez la verdad que creíamos haber encontrado
se nos mostraba cómo falsedad...
Pero algún día, creceremos.
Y al crecer, tal vez al fin comprenderemos
Que las diferencias y las fronteras sólo existen
en nuestras confusas mentes.
Todo es Uno y Uno es Todo.
Nada es diferente.

¿Será por fin, esa la Verdad?

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://www.icicom.up.pt/blog/e-zoo/arquivos/gorila.jpg


 

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:37 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los versos de mi pluma Hay 10 comentarios.

LA VIVIENDA EN ESPAÑA

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Recuerdo con ternura y agrado un pasaje del Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, en el que un rey de un extraño planeta le decía al principito “¿Qué rey sería yo, si diera órdenes que no se pudieran cumplir?” –entonces, al principito que quería hablar, le decía: “Te ordeno que hables” –y así-. Sabio rey el de este librito que me lleva a pensar en nuestras leyes, por ejemplo en nuestra Carta Magna, la de 1978; esa que tanto invocan nuestros políticos y que tan poco se esfuerzan en cumplir. ¿Qué no? ¡Veamos!:

Se puede leer lo siguiente en el artículo 47 del texto legal citado:

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

¿Se dan ustedes cuenta, queridos lectores de que tal y como está redactado no hay dios que lo cumpla? ¡Vergonzoso! Y lo más grave no es que no se cumpla, sino que jamás se cumplirá; créanlo. Lo que debería decir este artículo, para que se ajustara a lo que en realidad se cumple desde siempre, que en eso siempre ha dado igual quien ha gobernado en este reino, sería:

Propuesta alternativa al artículo 47: “Todos los españoles tienen que fastidiarse con la situación de precariedad que les toque en lo relativo a la vivienda, si es que pueden adquirirla alguna vez a lo largo de sus vidas; si sólo pueden optar por una de treinta metros cuadrados, así sean cuatro de familia, pues ajos, agua y resina (que quiere decir, a joderse, a aguantarse y a resignarse). ¿Qué sólo pueden acceder a esa mini-vivienda a través de una hipoteca que pagarán sus bisnietos –si los tienen-, con cuyo pago habrán quintuplicado lo que costaba la vivienda inicialmente? Pues de nuevo ajos, agua y resina; que ya saben lo que significa. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este fastidio, haciendo la vista gorda a todo cohecho, prevaricación, recalificaciones de suelo ilegales y abusivas de acuerdo con el interés de politiquillos, empresarios, constructores y ricachos, de acuerdo con el interés particular y ambicioso de cada uno, para impedir el derecho del pueblo a una vivienda digna y potenciar cuanta más especulación mejor. La comunidad de capitalistas y expoliadores, celebrará no sin regocijo, el dolor y crujir de dientes para llegar a fin de mes de los cada vez más empobrecidos ciudadanos –viejos, adultos y jóvenes-, junto al empobrecimiento y la desolación general de los ciudadanos obreros, trabajadores y en paro, mientras observa satisfecha como sus pecunios aumentan superlativamente a través de las gruesas plusvalías que generará la acción urbanística irrefrenable de la corrupción de sus dirigentes locales y no tan locales.”

¿Qué les parece? Bueno, ha salido un poco más largo; pero si el texto fuera este, nadie podría decir que el artículo 47 de la constitución de 1978 no se cumple al milímetro y con absoluta fidelidad a su letra y a su espíritu. Las leyes tienen eso: parece que dicen una cosa pero es para que se cumpla otra, sobre todo eso se da cuando aparece eso de "todos los españoles tienen derecho" ¡Malo! ¡Muy malo! ¡Malísimo es cuando aparece eso en el texto de una ley! ¿Por qué lo digo? Porque invariablemente lo que se cumple es lo otro; aquello de "los derechos de los españoles están para ser pisoteados, ultrajados y vilipendiados; ¡hala! se joroben, coño y ajo, agua y resina"... Y sino, observen la realidad y luego me cuentan.

Y es que dar órdenes, y promulgar leyes que sean de fácil cumplimiento, es una gran cosa; oigan. Al menos no se generan malos rollos y expectativas imposibles en la población... Que luego tendemos a reivindicar aquello a lo que -se nos dice- tenemos derecho protestando en la puta calle y vienen los "marrones" o los verdes, o el color que toque -antes eran los grises- y te dan de bofetadas hasta en el carnet de identidad; bofetadas si tienes suerte, que sino te acalambran con la porra eléctrica esa; que de color se habrán cambiado pero siguen siendo los mismos brutos de siempre.

En fin, otro día les propongo más cambios de estos. (Que al revés se lo digo para que se entienda, claro).

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: www.tinet.org/~cicc/ humor/flanagan/216.html


 

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:41 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Ciudadanía solidaria Hay 12 comentarios.

RÁFAGAS 31

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Todo nos lo dice y nada,
cuando no se escucha.
Nos lo dice el cantar
monótono y melancólico
del afilador
que busca entre cuchillos
la vida.
Nos lo dice el jugar feliz y confiado
de un niño,
que busca entre flores
su juguete azul.
Nos lo dice la voz trémula y fresca
del manantial,
y el canto sencillo del ave…
Nos lo dice el leño que, chispeante,
arde y se consume despacio
en la chimenea.
Pero, ese decir,
¿por quién será entendido?
...
si nadie quiere oír.

Carmen Moreno Martín
alias Hannah

Imagen: http://stonek.com/timote/timote8541.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:43 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los versos de mi pluma Hay 10 comentarios.

UN PASITO MÁS EN ESA BÚSQUEDA DE LAS MANOS DEL ALMA

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Buscar las manos del alma es esa tarea de la cotidianeidad que nos saca de la rutina y significa nuestros actos de plenitud.

No importa si esa búsqueda pertenece al campo de la metáfora y de la retórica o a la más absoluta realidad. Lo que importa es que impregna nuestra existencia de sentido.

En ese buscar esas manos, las del alma, se me han escapado retazos de vida y de fantasía que han quedado sujetos en estas líneas, líneas que algunos, tal vez, intenten encasillar en el marco de lo que es una biografía, y aunque sí es cierto que aparecen datos biográficos míos en ellas, nada está más lejos de una biografía o de una autobiografía que las palabras y los hechos que van construyendo estas líneas. Los ojos que sobre ellas se posen "verán" la verdad o la mentira de lo que en ellas se va contando y juzgarán si vale la pena o no caminar conmigo un trecho para ver sí por fin encuentro o no esas manos que como el humo se escapan una y otra vez de entre los dedos. Si me acompañan, tal vez, aunque yo no llegue aún a encontrar las manos de mi alma, los ojos que me leen y me siguen, puedan encontrar las manos de la suya.

Nuestra existencia transcurre en un cotidiano pasar donde el morir y el renacer es un continuo de la vida que día a día atraviesa nuestro ser, llevándolo a cruzar umbrales que lo transportan a nuevas realidades. Las manos del alma son el asidero al que el ser se agarra en su viaje, las manos que guardan las llaves de cada umbral; y los umbrales son los de las puertas de esa inmensa casa que es el discurrir de nuestra existencia.

Esta existencia nuestra es como una gran mansión con innumerables cámaras y recamaras, salones, corredores, pasillos, pasadizos, cuartos de baño, cocinas y despensas por los que una y otra vez pasamos, parándonos de manera fugaz a mirar muebles y utensilios sin conseguir ver nada; hasta que a fuerza de repetir una y otra vez el paso por puertas y umbrales sentimos en nosotros el tacto de esas manos del alma y empezamos a vislumbrar, a ver. Entonces desaceleramos la marcha. Nos desprendemos de la ilusión del tiempo y de las ilusiones de nuestros complejos de percepciones mediatizadas y mentirosas, y, viendo, conocemos; conociendo, amamos; y amando dejamos de ser oscuros siervos de la casa, para convertirnos en sus verdaderos anfitriones, recobrando nuestra verdadera esencia y reencontrando, al fin, la libertad. Siempre acariciados y asidos por las manos del alma.

Extracto de mi libro “¿Dónde están las manos de mi alma?”
Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://www.amapar.org/manos.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:50 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Rendijas de mi ser Hay 10 comentarios.

SIGO SIN TIEMPO, PERO...

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... nuevamente con ustedes, queridos lectores, para en primer lugar, darles las gracias a todos por su fidelidad y por los comentarios. Y, seguidamente, dejarles nuevas entregas. catorce esta vez  ;-)

Por los comentarios y los emails que recibo, parece que hay forofos de todo: de las ráfagas, de los decálogos, de los cuentos, de la prosa... De modo que para que se sientan todos complacidos, les dejo unas de ráfagas, un nuevo decálogo,  algo de prosa variada y al final, un cuento en tres partes. En total, como decía, catorce nuevas entradas. Así tendrán material para unos días, ya que sigo con la escasez de tiempo, aunque no durará mucho más o ¡eso espero!

¡Que disfruten y hasta la próxima!

Carmen Moreno Martín

Alias Hannah

Imagen: http://www.peruecologico.com.pe/images/cetaceos_afiche.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:57 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: In Itinere Hay 34 comentarios.

LA CIUDAD DELOS TONTOS: CUENTO EN TRES PARTES. TERCERA PARTE

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TERCERA Y ÚLTIMA PARTE

Cuando todo hubo concluido, trasladaron a los tontos a su nuevo emplazamiento y pusieron en marcha los mecanismos que convertirían su misión en el acontecimiento más importante de todos los siglos. Satisfechos y felices, los listos se dijeron: “¡Ahora si que vamos a gozar de una paz duradera y fructífera que nos permitirá alcanzar el máximo desarrollo y progreso sin el entorpecimiento de las necedades de los tontos!”. Y dando por terminada su misión, hallaron que todo era bueno y se recrearon en ese gran momento de éxito que marcaría el devenir de la historia para siempre.

En cuanto los tontos se encontraron en el lugar que les había sido destinado, se dedicaron todos ellos a construir una ciudad cuyas normas y características fueran un fiel y unívoco reflejo de lo que eran sus habitantes; ciudad en la que podrían realizar cuanta tontería les viniera en gana para gozo y disfrute de todos sus ciudadanos. Olvidándose de las fatigas pasadas en el mundo de los listos y de las penurias derivadas del traslado, se pusieron manos a la obra y en poco tiempo vieron cómo su trabajo daba el fruto deseado, En ese lugar se alzó una magnífica villa cuyas leyes no eran otra cosa que lo que sus ciudadanos decidieron otorgarse, de acuerdo con sus necesidades y con sus idiosincrasias. En esa ciudad se vivía una absoluta ausencia de ambición de poder y una imposibilidad de acumular bienes materiales más allá de las necesidades de cada uno. No existían desconfianzas, envidias, avaricias, codicias u otras cosas así. Se gozaba de fe en la vida y en las criaturas, además de una respetuosa admiración y conservación de la naturaleza y un amor incondicional tanto a sí mismos como a los demás. En fin, que los tontos aplicaron a su sociedad todas esas cosas que los listos calificaban de tonterías, y que, por no aburrir, omitiré.

A veces, aparecían entre ellos nuevos tontos que habían sido expulsados del mundo de los listos. Al principio esto causaba un poco de confusión y de perplejidad. Los pobres nuevos ciudadanos iban como descarriados, sin saber ni por dónde andaban, ni qué les sucedía, como perdidos y desorientados; pero como nadie les increpaba, ni torturaba, por las tonterías que hacían (ya que esas tonterías se ajustaban a las normas, usos y costumbres de la ciudad como un guante a una mano), velozmente eran reconocidos como ciudadanos de pleno derecho. Era como si siempre hubieran estado allí.

Desde entonces hasta nuestros días, tanto la nueva ciudad como sus pobladores disfrutan de una bella armonía y gozan de paz y felicidad. ¡Qué lástima que el nombre de la ciudad y su ubicación hayan desaparecido de la memoria de la humanidad!. ¡Con lo agradable que hubiera sido el darse algún paseo por allí, para admirar el modo de vida que los supuestos tontos alcanzaron y, por qué no, copiar algunas cuantas de sus normas y leyes… Pero tal y como se ha explicado ya no es posible el hacerlo.

Y, a todo esto, cabría preguntarse qué fue de los listos y de su mundo; pues bien, lo cierto es que los resultados de la brillante misión que acometieron no fueron todo lo maravilloso que ellos esperaban y sus expectativas fracasaron estrepitosamente.

Como ya advirtiera alguno de los muy listos, a pesar de la perfección de sus investigaciones y planes, algo se les escapó de las manos. Ya se sabe, cuando uno intenta controlarlo todo a la perfección, de un modo raudo y haciendo muchas cosas a la vez, por muy listo que sea, se mete en arenas movedizas, y las arenas que a ellos se les movieron, provocando el derrumbe de su mundo, fueron que se quedaron sin tontos a los que tiranizar.

La verdad, las dificultades empezaron a crecer, al igual que crecen los hongos con las primeras lluvias del otoño: engaños, felonías, odios, luchas intestinas de todos contra todos, apetitos desatados e incontrolables, contiendas inacabables, desnaturalizaciones varias… En fin, un global y absoluto desastre. ¡Vaya, que lo de Sodoma y Gomorra creció como la espuma en todos los pueblos y campos del mundo de los listos, sin que hubiera dios que acabara con eso! ¡Ya se lo puede uno imaginar! Dados sus rasgos de personalidad, los listos que resultaban dominados por otros listos (sin que por ello les creciera ni un pelo de tonto, lo cual tal vez hubiera aliviado la situación) rápidamente ideaban y ejecutaban feroces venganzas, de manera que pudieran vencer y dominar a su vez a todos cuantos les sometían… Y así, sucesivamente iban destruyéndose los unos a los otros sin remisión, unido todo esto a que, cuando nuevos listos aparecían en ese mundo, la cosa se agravaba sobremanera, ya que los nuevos listos llegaban con todas sus características en ebullición, pujantes de fuerza y vigor. Algunos atribuyen la caída de ese mundo a que, como alguien dijera, “La cabeza no puede ocupar el lugar del corazón eternamente”.

Eso es lo que obtuvieron los listos y el mundo que ellos mismos construyeron a su imagen y semejanza. Ahí siguen, todavía hoy, yendo de mal en peor, esclavos de esa alocada carrera de destrucción y oscuridad. Y esta ha sido la historia de la ciudad de los tontos; tontos que, al final, parecieron no serlo tanto.

Cuento extraído de mi libro “Cuentos para la libertad”
Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://www.volny.cz/vady22/photo/enchant-7.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:17 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma Hay 6 comentarios.

LA CIUDAD DE LOS TONTOS: CUENTO EN TRES PARTES. SEGUNDA PARTE

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SEGUNDA PARTE

Pero los listos no acababan de dar por buena la escala de medida que iba a servir para determinar que alguien era redomadamente tonto… Tras mucho cavilar, uno de ellos exclamó: “¡Ya tengo lo que hace que esta escala no sea un buen instrumento de medida para lo que queremos!” -Y explicó que lo “inconmensurablemente” tontos que son los tontos, se había transformado en una variable extraña de difícil control.- “¿Cómo podremos medir lo que no puede ser medido, debido a la ausencia de límites cuantitativos y cualitativos objetivables?” -Preguntó el descubridor del obstáculo-. Todos los listos se sintieron muy angustiados por la magnitud de la contradicción que habían encontrado, cayendo en una especie de desaliento depresivo y desbastador.

Sería demasiado largo y aburrido relatar ahora el cómo los listos salvaron tamaña dificultad, pero poniendo toda sus “luces” en el asador y (otra cosa no tendrían, pero luces tenían y muchas), como estaban a no fracasar en ninguno de los objetivos que se habían marcado - cayera quien cayera -, superaron también esa dificultad. Tras un trabajo monumental, terminaron la revisión de la escala de los tontos y decidieron que era perfecta; además, concluyeron que los rasgos que habían aislado, suponían un claro peligro para el bien y el progreso de la sociedad y de la civilización; por lo que su decisión de excluir de sus vidas a los tontos y agruparlos en un lejano lugar, se tornó firme, unánime y sin resquicio alguno de que pudiera sembrar dudas o ser cuestionada. “¡Excelente trabajo!” -se felicitaron los listos mientras examinaban maravillados los resultados de sus esfuerzos-.

La tarea de elaborar la escala de medida de tontos había terminado y, ahora, les quedaba lo más complejo y delicado: el definir la escala de medida de listos. “¡Eso si que va a costarnos sudar sangre!” -se decían los listos unos a otros-. “¡Ahí si que nos van a rechinar las neuronas y cortocircuitar todas las sinapsis de nuestros cerebros!... ¡Eso sí que es un trabajo cuya relevancia es inmensa!” -continuaban manifestándose con gran preocupación, mientras reflexionaban con severidad y rigor acerca del método mejor para iniciar la tarea-

Después de no mucho tiempo – y es que eran listísimos -, pudieron aislar una variable que les caracterizaba con una exactitud óptima. Consistía este parámetro en el grado de éxito obtenido, por cada listo, en la sociedad en la que vivían. Ese rasgo quedó precisado, aislado y reflejado inmediatamente en la escala de medida de listos, objetivándolo con los siguientes términos: cantidad y calidad de bienes materiales que habían logrado acumular, independientemente de que les fueran o no necesarios. Cantidad de sujetos sobre los que ejercían un poder normativo e impositivo incuestionable y un sometimiento absoluto; pero con la particularidad de que los sujetos sobre los que ejercieran los listos ese poder no debían advertirlo así, sino que los tontos debían creer que los listos desempeñaban un servicio en bien de la comunidad. Esta variable quedaba perfecta y exactamente redondeada si estos dos aspectos aparecían interactuando y se conseguía que los tontos estuvieran absolutamente convencidos de que “sus benefactores y protectores” ejercían el poder, no por puro placer, sino con gran renuncia y sacrificio, únicamente, para ayudarles, aconsejarles y protegerle… Los que ejercían el poder abusivamente y con sometimiento, tenían que lograr que los sometidos creyeran que los sometedores eran sus benefactores... Vamos, que si lograban inculcar en los sometidos que identificaran a los que “mandaban” con la figura del “padre bueno y abnegado”, este ítem se convertía ya en inmejorable en cuanto a su precisión y medición. Otra variable que los listos lograron aislar y definir en su escala fue la de una elevada desconfianza, acompañada de un alto grado de menosprecio, por todos y cada uno de aquellos que, “necesitándoles para sobrevivir”, “disfrutaban de sus cuidados y servicios”. No obstante, para que esta variable se expresara de manera óptima, tenía que ser también inconsciente para los listos; éstos debían cubrir este aspecto de la variable con un absoluto paternalismo y con una sobreprotección total hacía aquellos sobre los que la ejercían. Es más, los listos tenían que verse a sí mismos como los ejecutores de una fundamental obra humanitaria; y eso, aun cuando sintieran desprecio por los depositarios de sus supuestos favores.


Todo esto demandaba de los listos un gasto de energía mental indescriptible, a la vez que les exigía la constante superación de enormes contradicciones que parecían, al menos a primera vista, insalvables... “¿Cómo podremos abordar algo que, incluso para nosotros, se supone inconsciente…?” Pero no se dejaron amedrentar. Con asombrosa rapidez y pulcritud, y tan “concienzudamente” como únicamente los listos podían hacerlo, no tardaron éstos en descubrir y aislar de uno en uno, todos y cada uno de los ítems de su propia escala de medida, por lo que los correspondientes cuestionarios pudieron al fin ser editados, probados y aplicados. El objetivo de separar al grupo de los tontos del grupo de los listos se iba alcanzando según se llevaba a cabo el diseño que los listos, tan cuidadosa y meticulosamente, habían trazado. Su culminación estaba ya muy cercana. “¡Al fin podremos, y de una vez por todas, vivir y progresar en paz!” -se decían los listos con brillo en los ojos-. Y es que una cosa, particularmente curiosa, tenían también los tontos, que era una singular y perversa capacidad para crear en los listos cierta insatisfactoria e inexplicable inquietud. Sí, aunque los listos no sabían cómo, sentían que los tontos lograban exasperarlos e incluso provocar que se sintieran angustiados... En ocasiones, sucedía que los tontos conseguían que los listos perdieran “los papeles”. Ocurría esto, debido a una serenidad y alegría constante que mostraban los tontos, y que los listos interpretaban, al parecer, como sí los tontos utilizaran esa calma y ese gozo, a modo de arma, para fastidiarlos. ¡Y vaya si los fastidiaban!. Todo ello colocaba a los listos en una situación harto molesta y de difícil valoración, por cuanto representaba, sin poder negarlo, una solemne contradicción en el trabajo que habían efectuado respecto de la medición de su inteligencia y sabiduría; ya que tanto la escala como los rasgos que habían definido y aislado tan brillantemente, aparecían como falsos. Los listos echaban chispas de furia, mientras se quemaban las neuronas analizando cómo podían lograr los tontos, con sus necedades, sacarles de quicio a ellos, tan listo. Abrumados le daban vueltas y más vueltas al hecho, cuestionándose: “¿Cómo unos individuos carentes de conocimiento, ignorantes y necios, que ni siquiera saben establecer sus propias necesidades, y mucho menos satisfacerlas, logran alterarnos de esa manera?... ¿Cómo unos seres que vivían gracias nuestros continuos desvelos y a nuestras dádivas… a nuestros conocimientos y a nuestros sacrificios pueden burlarse de nosotros así? ¿Cómo esos seres despreciables consiguen crearnos tanta inquietud?”

Esas cosas se decían unos a otros, los listos, mientras veían despavoridos que los objetivos que se habían marcado, y el plan que, con tanto esmero y tanta rigurosidad, habían diseñado se esfumaban de entre sus manos a causa de tal obstáculo... Los pobres no daban crédito a lo que les ocurría… Aquello no podía ser cierto. No podía pasarles algo así, ¡a ellos! Sin embargo, por más que buscaron y buscaron una solución, no encontraron salida a tan grueso problema... Y como estaban ya más que hartos de todo, sobre todo de soportar a los tontos, decidieron olvidarse de tan feo asunto y pasar a la acción. Enterraron la contrariedad, como si no existiera, y se dijeron que todo estaba perfecto, felicitándose por los espléndidos resultados obtenidos. Luego, se tranquilizaron unos a otros con congratulaciones y halagos, resaltando su eficacia y su rigor; y sin más vacilaciones ni monsergas, se pusieron manos a la obra.

La misión que debían realizar era demasiado relevante y complicada para que unas tonterías la hicieran peligrar. Se corría el riesgo de que todo el asunto se les escapara de las manos y, lo que era aun peor, quedar en la más ridícula evidencia ante los ojos de aquellos necios. Y eso no podían permitírselo bajo ningún concepto. Afirmando con firmeza y decisión que todos los rasgos que habían aislado en las dos escalas eran perfectamente válidos, fiables y sin el mínimo margen de error, dieron carpetazo a sus cavilaciones y se dispusieron, sin más dilación, a llevar a cabo las aplicaciones correspondientes de los cuestionarios de medida que ya habían editado. Ambos cuestionarios fueron aplicados a todo y cada uno de los sujetos de ambos grupos para obtener la máxima seguridad de que ningún tonto se quedaba entre ellos y de que ningún listo era separado de ellos. La verdad es que, todo sea dicho, se llevaron más de una sorpresa, pero finalmente los individuos pudieron separarse en dos grupos. A partir de ahí, los listos procedieron, consecuentemente, a la agrupación de los tontos en un recinto especialmente preparado para tal fin, de manera que una vez todos reunidos allí, pudieran ser enviados al lugar que les tenían reservado.

El momento crucial llegó. Por fin, tuvieron a todos los tontos congregados, encerrados y prestos a ser trasladados. Pero los tontos, aprovechando que estaban todos juntos, se reunieron en asamblea para debatir lo que estaba ocurriendo, llegando al acuerdo, por unanimidad, de que nadie movería un solo pie de allí, sin obtener la seguridad de que los listos aceptaran cumplir el requisito, necesario e imprescindible, que iban a exponer. Este requisito demandaba de los listos el cumplimiento de tres condiciones. En primer lugar, los listos debían idear un mecanismo que borrara de sus memorias, y sin posibilidad de recuperación, tanto la existencia como la ubicación del lugar al que iban a ser trasladados los tontos. El mismo mecanismo debía borrar también de las memorias de los tontos la existencia y la ubicación del mundo de los listos. En segundo lugar, los listos tenían que crear otro mecanismo que, de un modo inmediato y sin que fuera percibido por nadie, lograra trasladar al mundo de los listos a cualquier listo que apareciera en medio de los tontos; y del mismo modo, trasladar al mundo de los tontos, a cada tonto que apareciera en el mundo de los listos. Por último, era necesario articular la manera de que, los que construyeran esos mecanismos, hicieran que funcionaran automáticamente sin ayuda de nadie y borrara de las memorias de quienes los construyeran, tanto su existencia y su funcionamiento como su utilidad y ubicación. Los listos no podían creer lo que escuchaban. Esas insólitas propuestas eran, tan necias y tontas que, a la vez que confirmaban la validez y la fiabilidad de sus cuestionarios, evidenciaban lo infinitamente necios que eran esos individuos. Si les quedaba algún resquicio de duda a cerca de lo perfecto del trabajo que habían realizado, bastaba oír lo que estaban pidiendo esos ignorantes para convencerse. ¡Los listos se relamían de placer y gusto con lo que escuchaban! Pero eso sí, con disimulo, no fueran a darse cuenta los tontos y se arrepintieran para fastidiarlos. Por ese mismo motivo, decidieron poner pegas a las propuestas, argumentando que ellos no lograrían nunca crear y articular tales mecanismos. Pero para mayor goce y disfrute de los listos, los tontos se deshicieron en elogios, resaltando la inteligencia y sabiduría de los listos para tratar, así, de convencerlos de sus capacidades y de que tendrían éxito en idear y poner en marcha tales mecanismos; animándolos efusivamente a trabajar en ello. ¡Ah!, y no debían olvidar que todo debía funcionar a perpetuidad, de generación en generación y por los siglos de los siglos. Henchidos de satisfacción y mirándose con complicidad, pero simulando mucha preocupación, los listos se entregaron en cuerpo y alma a la tarea. La cosa tenía miga y no era nada fácil ni siquiera para ellos. Tras varios intentos fallidos y casi al borde de la desesperación, consiguieron por fin ejecutar la petición de los tontos, hasta el último detalle, con pulcra y rigurosa exactitud. Los listos también lograron, afortunadamente, en esa ocasión que los tontos los tomaran como a sus benefactores. Así que todo iba “miel sobre hojuelas”.

Segunda parte del cuento "La ciudad de los tontos" de mi libro "Cuentos para la libertad"

Carmen Moreno Martín
alias Hannah

Imagen:http://www.ciudadseva.com/grafs/cuento1.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:18 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma Hay 4 comentarios.

CUENTOS PARA LA LIBERTAD: LA CIUDAD DE LOS TONTOS. CUENTO EN TRES PARTES, PRIMERA PARTE

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PRIMERA PARTE:

En un lugar del mundo, cuyo nombre ha sido borrado de la memoria de los hombres, existe una ciudad en la que viven felices todos los tontos de la Tierra. Esto es así gracias a los listos del planeta, quienes, en un momento decisivo e histórico para la humanidad, decidieron desembarazarse de todos aquellos que, probada e irremisiblemente, demostraran ser tontos.

Una vez que los listos consiguieron aislar y agrupar a los tontos, éstos fueron teletransportados automáticamente a esa ciudad. Desde entonces, el mecanismo se repite sin el mínimo error cada vez que aparece algún tonto entre los listos, de manera que, antes de que alguna necedad frene o entorpezca el desarrollo y el progreso de los humanos dirigido por los listos, los tontos son prontamente segregados y remitidos a su ciudad; y esto a una velocidad tal que nadie logra darse cuenta del proceso. Así los listos pueden seguir aplicando su sabiduría libremente y sin obstáculos. Por otro lado, lo mismo sucede si en la ciudad de los tontos aparece de repente algún listo; éste es rápidamente, y por el mismo mecanismo, trasladado al mundo de los listos.

Este acontecimiento marcó un significativo hito en la evolución de los seres humanos. Gracias a eso, los listos que eran todos calvos porque no tenían ni un pelo de tontos, se echaron en brazos del progreso sin preocupaciones ni angustias que dificultaran sus caminos; y, sobre todo, sin tener que sufrir el vigilar constantemente a los tontos para supervisar y enmendar sus torpezas. Por otro lado, los tontos – que eran extremadamente peludos porque ya no les cabía ni “un pelo de tontos” -, pudieron, desde entonces, entregarse a sus tonterías sin tener que soportar los constantes y desagradables sermones de los listos.

No faltaron los que dudaron, de que los listos fueran precisamente los sabios y los tontos los necios. Hubo mucha gente que difundió el rumor de que, justamente, la cosa era más bien al revés… Sin embargo, y como quiera que la historia fuese, los que se tomaron a sí mismos por muy inteligentes y sabios, se denominaron a sí mismos listos; y éstos quisieron separarse y alejarse para siempre jamás de aquellos a los que consideraron tontos.

Naturalmente, llegar a todo esto supuso un arduo y costosísimo trabajo que, obviamente, tuvieron que asumir los listos -¿quién si no iba a hacerlo?-, que se vieron en la acuciante necesidad de dar la talla, haciendo brillar toda su “listeza” en la elaboración de semejante hazaña. Lo primero que tuvieron que establecer fue una escala precisa y fiable que les permitiera medir, sin lugar a dudas ni a errores, la variable “tonto” y la variable “listo” a fin de definir unívocamente, con la mayor eficacia y una pulcra eficiencia, quién era tonto y susceptible de ser desterrado; y quién era listo; para que todos ellos pudieran entregarse sin trabas a su importantísima misión en el curso evolutivo humano. A toda costa, dada la gravedad del caso, debían ser evitados errores y malos entendidos. Nada podía dejarse al azar, en todo momento tenían que dominar la situación y mantener un control exhaustivo. Los listos debían evitar, por encima de todo, que el asunto se les escapara de las manos, ya fuera porque los tontos lo echaran a perder con sus necedades –lo más probable-, o porque algún listo “borderline” metiera la pata; cosa también a controlar y tener en cuenta. La tarea era de una importancia y dificultad pasmosa y abordarla daba escalofríos al más pintado de los listos. Sin embargo, como nadie les ganaba a listos, y lo eran enormemente, pusieron sus neuronas a trabajar de inmediato. Enseguida pudieron aislar pautas y mecanismos de pensamiento, rasgos, conductas, actitudes, aptitudes, capacidades y expresiones emocionales que se revelaron como instrumentos de medida excepcionales para determinar, de una manera exacta, brillante, y sin rastro de duda ni de error, todas las escalas de medidas que necesitaban para tamaña proeza. Cuando lo obtuvieron, pudiendo definir todas las variables, y todos los parámetros requeridos, se felicitaron unos a otros por lo excepcionales y trabajadores que eran. Los listos estaban tan satisfechos que no cabían en sí de gozo. Sin embargo, como hasta en ellos mismos había grados, los más escrupulosos sintieron cierta inseguridad frente a los instrumentos que habían conseguido; arguyendo que la fiabilidad y la validez de esos instrumentos eran discutibles y que únicamente cuando alcanzaran el cien por cien, con un margen de error de cero, podrían dar por finalizada la labor, ya que una tarea de tal envergadura debía de ser perfecta. El resto de los listos se sintió aplastado por el peso de semejantes argumentos y dejándose contagiar por los “muy, muy listos” se sintieron todos muy inquietos e inseguros respecto del trabajo que habían realizado. Así que, ni cortos ni perezosos, volvieron a revisar rigurosa y minuciosamente todas las variables, por si se les hubiera escapado algún gazapo o por si alguna variable extraña hubiera escapado al control que todas ellas sin excepción, según creían los listos, habían sido sometidas.

La cosa era demasiado grave y seria para que un “quíteme allá esa paja” mandara “a paseo” todo el descomunal esfuerzo y la dedicación que los listos habían puesto en ese empeño. No podían permitir que todo se viniera abajo por un detalle sin importancia… De modo que, sin más preámbulo ni dilación, reanudaron nuevamente la labor. Empezaron de nuevo por la escala de los tontos. Tomaron “ítem” tras “ítem” y lo estudiaron con todo detalle, revisando tanto la muestra como las condiciones de aplicación; y, en definitiva, cualquier cosa –por insignificante que fuera- que pudiera estar interviniendo, influyendo, o las dos cosas a la vez, en la definición y aplicación de la escala.

La escala para “definir tontos” era, más bien, corta. Los tontos eran tan simples que con unos cuantos “ítems” podían abarcar toda su idiosincrasia estructural, tanto la cognitiva, volitiva y emotiva como la motivacional y conductual; y, en suma, toda la completa personalidad de los tontos. No vayan a pensar por ello que esto quiere decir que la elaboración de esa escala fue “pan comido” ¡No vayamos a equivocarnos! La escala tenía su índice de dificultad; esto es, el índice de dificultad necesario para que su elaboración fuera una tarea verdaderamente digna de los listos; pues ellos no se dedicaban a cosas vanas y sin importancia o presumiblemente fáciles. Todo lo que hacían los listos era “de peso” de manera que esa escala, la de los tontos, no iba a ser menos. Por ejemplo, uno de los primeros rasgos que se pusieron a estudiar y que era de los más preciso, definitorio y sólido, en cuanto a la identidad de los tontos, fue el de la confianza que éstos depositaban incondicionalmente en sus semejantes y en ellos mismos. Otro rasgo determinante y altamente definitorio de la personalidad de los tontos que los listos añadieron a esa escala, después de analizarlo exhaustivamente, fue el de la bondad; de ahí la frase “De bueno que es, parece tonto”. También pudieron constatar que todos los individuos del grupo estudiado (el de tontos, claro), presentaban ese rasgo sin excepción, tanto, que pudo ser identificado y medido en algún grado, incluso en el grupo “límite” de listos. Los listos observaron, además, que la calidad de la bondad apreciada en los tontos difería de aquella bondad normal y consecuente que todo listo expresaba a quien le hacía algún favor, o mostraba hacia todo aquel del que podía obtener algún beneficio. No, la bondad de los tontos ni era así, ni tenía lógica, ni respondía a una relación “causa efecto” como sucedía en su caso, en el caso de los listos, claro. La bondad que pudieron observar en los tontos se manifestaba de modo incondicional, como si éstos estuvieran movidos por una programación inconsciente que les empujara a buscar el bien en todo y en todos. Algo así como buscar y hacer el bien siempre... Los listos concluyeron que, tal diferencia, sólo podía ser explicada como una aberración de la bondad provocada por lo enormemente necios que eran los tontos; y, era obvio, que el único tipo de bondad natural, es decir, no adulterada, era el que se apreciaba en los listos, que, evidentemente, era el producto de su inteligencia y sabiduría. Tras un laborioso análisis, los listos dejaron bien sentado que la confianza y la bondad que presentaban todos los tontos - así, tan incondicional, y tan a priori -, no podían ser naturales ni normales, sino una adulteración patológica de esos individuos; y si encima los dos rasgos se vinculaban entre sí, entonces esa interacción formaba un parámetro de medida, inequívoco, para determinar que, sin lugar a dudas, quienes lo presentaban, eran tontos. Otra variable que, gracias a la definición de la interacción de esos dos rasgos citados, pudieron los listos aislar en los tontos se expresaba con términos de fe, tales como, fe en la vida, en la humanidad y en toda la creación; y todo ello unido a una voluntad inquebrantable que mostraban los tontos en suprimirse algunas cosas que calificaban de defectos, como algo que llamaban envidia y ambición. Lo cierto es que a los listos no se les ocultaba lo difícil que era objetivar todo esto, de modo que les costaba un arduo esfuerzo y una constante dedicación. Pero ¡los listos eran tan inteligentes! que, a pesar de las dificultades, iban progresando gradualmente y con eficacia. Cuando ya estaba casi finalizada la escala, los listos descubrieron otro rasgo que les pareció de lo más relevante para definir a los tontos: los tontos mostraban un afán constante por alejarse de toda conducta que significara violencia, humillación, dominio, imposición y abuso de poder hacia otro ser vivo. Los listos se decían unos a otros: “estos tipos raros carecen de todo deseo y aspiración de poder, de autoridad y de respeto... No conocen ni saben lo que todo esto quiere decir... No les importa el ser avasallados, no responden, no tienen criterio alguno, no saben imponerse, no se respetan a sí mismos, ni tienen dignidad, ni nada de nada... No hay asomo alguno en ninguno de los tontos que tenga que ver con el hacer prevalecer sus juicios y sus valores; y tampoco se observa en ellos nada que tenga que ver con el manifestar sus voluntades y convertirlas en normas de un modo tajante y sin negligencias tal y como siempre hacemos nosotros para el bien de la comunidad... Estos individuos no pueden ni saben llegar a ninguna conclusión útil por sí mismos; siempre andan buscando, preguntando, sopesando lo que piensan los demás...” En fin, que los listos se reafirmaron en lo que pensaban: “los tontos, pobrecitos, lo son y mucho. Sus necedades son dañinas para la comunidad y sólo pueden ser entendidas como resultado de lo inconmensurablemente tontos que son”.

Este cuento forma parte de mi libro "Cuentos para la libertad"

Carmen Moreno Martín
alias Hannah

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:19 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma Hay 3 comentarios.

RÁFAGAS 29

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Ráfagas 29

El día radiante, amaneció

Lleno de luz y de colores

Y el ser humano corrió

Desesperado

A comprarse más gafas de sol.

La sonrisa de un niño

Iluminó el día

Y como sacos de oscuridad
andantes

Le dimos la espalda.

Cerrados, desechamos

el color, la luz, y las sonrisas

Y corremos a buscar la verdad
ávidos de no sé qué
deslumbrante iluminación.

Carmen Moreno Martín

alias Hannah

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:21 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Los versos de mi pluma Hay 6 comentarios.

DECÁLOGO DE LA ESCUCHA

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Después de tanto tiempo en sequía de decálogos, aquí les dejo este recién horneado:

1º.- Escuchar es recibir al otro cuando te busca; no es elaborar entre dos una competición de quejas y males.

2º.- Escuchar es decodificar más allá de las palabras que el otro emite, lo que realmente le inquieta; no es abrumar al otro con nuestros parámetros de medida sobre lo que expresa.

3º.- Escuchar es acoger en tu silencio el cansancio ruidoso de otro; no es acompañar a bombo y platillos un solo instrumental.

4º.- Escuchar es abrirte de orejas, de ojos, de mente y de corazón a la soledad de otro; no es intentar llenar tu soledad con sus palabras.

5º.- Escuchar es ofrecer un espacio tranquilo dentro de ti a la excitación de otro; no es abrir dentro de ti un pasadizo rápido de entrada y salida a las palabras y frases que el otro te diga.

6º.- Escuchar es aceptar que lo que otro dice puede hacerte aprender y crecer; no es una confrontación de estilos dónde lo importante es que venza el tuyo.

7º.- Escuchar es atender sin aprioris ni prejuicios lo que otro tiene que decir; no es un intercambio petulante de rencillas y rencores.

8º.- Escuchar es descubrir en las palabras del otro parte de la verdad que siempre habíamos buscado; no es la búsqueda en el otro de todos los errores que le suponíamos.

9º.- Escuchar es un acto de libertad y de solidaridad humana con un semejante; nunca una limosna o una caridad.

10º.- Escuchar es infinitamente más que oír; es ser con el otro un remanso de serenidad y amor, aún cuando se esté librando una batalla. Por todo ello, si alguien demanda tu escucha y no estás dispuesto -o no te sientes preparado- para asumir este decálogo, es mucho mejor negarte a brindarla que aparentar una falsa escucha.

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://novaescola.abril.uol.com.br/index.htm?ed/170_mar04/html/aquele

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:22 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Decálogos de mi pluma Hay 6 comentarios.

CHERNOBIL O EL CURSO DE LA MUERTE

20060426135610-27cherno1.jpgHace unos días, o semanas, que con este trajín que llevo ya ni sé, escuché decir por TV al presidente del Foro Nuclear –no me hagan mucho caso, creo que fue a este señor, pero no lo juraría, el caso que uno de ellos lo dijo, y con ellos me refiero a los “altos dignatarios de la energía nuclear”- toda una loa a las bondades de la energía nuclear frente a todas las demás energías alternativas, y para dar más fuerza a sus argumentos, añadió que no sólo era la más barata y de menores costes, sino que el miedo era un poco un mito de los detractores ya que nunca en Europa había habido un accidente… Me quedé muy descolocada y pensé: “¿vaya, dónde está Ucrania sino en Europa?” ¿Ningún accidente en Europa? Concretamente el 26 de abril, hizo veinte años de la catástrofe nuclear de Chernobil en Ucrania. Pueden clicar aquí para ahondar en la información.

Cuando ocurrió, cuando el reactor nuclear nº 4 explotó, eran la 01,20 de la madrugada del día 26 de abril de 1986. La población no se enteró y siguió durmiendo como si nada.Parece que todo ocurrió por querer hacer un experimento. Pues vaya si lo hicieron: lograron un experimento patéticamente mortal cuyos resultados y efectos no sólo continúan aún hoy, sino que seguirán produciéndose durante más de 500 años…

No se dio ningún aviso a la población. No se tomaron ningún tipo de medidas para evacuar a nadie. La única idea fija era silenciarlo y cómo apagar el reactor o al menos, cómo aislarlo, sin que nadie se enterara… La cosa se convirtió en el último genocidio cometido por la extinta Unión Soviética, pero un genocidio que sigue teniendo efectos aún hoy. Pasaron cuatro días sin que se tomara medida alguna para proteger a la población de la zona y a la propia Europa.Por la mañana, los granjeros y urbanitas de Chernobil y sus alrededores, se levantaron como otro día más, los niños fueron al colegio y los adultos a sus actividades diarias como si tal cosa; hicieron sus compras cotidianas, recogieron las hortalizas de sus huertos y ordeñaron a sus vacas; tal vez sacrificaran a alguno de sus pollos y, en fin, tomaron todos esos alimentos, los cocinaron y se los comieron.

Los niños jugaron en los recreos de los colegios y, luego siguieron haciéndolo en la calle. Las madres y los padres, fueron a sus respectivos trabajos a pie, en bicicleta o en autobús, como siempre; luego regresaron del mismo modo y, probablemente, en sus espacios de ocio dieran un paseo por la ciudad o por el campo.

Todos siguieron respirando el aire, bebiendo el agua y comiendo los alimentos de la zona; la vida siguió su curso aparentemente normal, sin que nadie les dijera nada; sin que nadie recibiera yodo para esas tiroides que absorbían radiación como esponjas e iban envenenado todo el cuerpo… La apariencia de normalidad era casi absoluta a no ser por ese fuego que se divisaba al fondo, y porque bomberos y obreros caían como moscas… Y ahí seguía el bullicio de la ciudad y el puro aire del campo; pero esta vez, el bullicio lo era de muerte; el aire estaba puro de radioactividad; una pureza de radioactividad insospechadamente elevada; y el curso aparentemente normal de las vidas de los habitantes de Chernobil y de las aldeas en 30 km a la redonda (y más), se transformó en un curso absolutamente normal pero de muerte. Una muerte que hoy aún sigue y que del 26 al 30 de abril cabalgó en silencio, con un galope desbocado y a sus anchas, con el beneplácito de los dirigentes soviéticos del momento.Una nube similar a la que según cuenta la Biblia, guiaba al pueblo de Israel por el desierto hacia la tierra prometida, fue barriendo y sembrando muerte por Ucrania, Bielorrusia, Bulgaria, Rumanía, Italia, Austria, guiando a los pueblos hacia la contaminación y la muerte… Toda Europa menos Finlandia, España y Portugal, que, caprichos de las corrientes de aire, no resultaron muy afectadas… Parece que, después de todo hubo suerte y no llovió hasta el 20 de Mayo, con lo que se pudo evitar que las aguas del río Pripiat contaminaran al resto de las aguas… Se tardó más de seis días en iniciar la evacuación de la población en un radio de 30 km. Y una vez decidido, la evacuación duró más de tres días: así que toda la población de la zona, población agrícola y urbana; incluida una ciudad de 40.000 habitantes, acumularon durante más de diez días muerte para ellos y sus descendientes.La cifra de muertos nunca se sabrá con exactitud, fuentes no oficiales la estiman en más de 200.000 mientras las fuentes oficiales se empeñan en decir que sólo murieron 59 personas por el accidente; claro que eso no se lo creen ni los niños lactantes; pero hoy –y ya hace 20 años- los nacimientos son de unos 140 frente a 780 decesos en un intervalo de tiempo de nueve meses, según gentes del lugar. La radioactividad sigue produciendo graves enfermedades y mutaciones, sigue matando. Realmente, tendrán que pasar más de 100.000 años para que esas tierras dejen de emitir radioactividad a niveles tolerables para la vida. Y esos 149 nacimientos que se producen vienen con la condena de enfermedades y con mutaciones incompatibles con la salud; el crecimiento de los niños es tremendamente anómalo: muy por debajo de lo que debiera ser; mientras que un notable y significativo incremento de diferentes cánceres galopan a sus anchas y sin freno, diezmando a la población ucraniana. Pero las autoridades, erre que erre no dan su brazo a torcer: todo ello no se debe al accidente, digo yo que la causa debe ser que a Ucrania la miró un tuerto… ¡No te fastidias!. Hoy, unas 500 personas siguen viviendo en la zona "cero" porque, dicen, prefieren la contaminación a mal vivir alejadas de sus casas y de sus tierras.Quién crea que aquello pertenece al pasado, se equivoca. El sarcófago con el que aislaron al reactor tiene tantas grietas que en cualquier momento la tragedia puede repetirse y, aún cuando la tragedia no se cebara de nuevo en Chernobil, cada central nuclear es una bomba de relojería que en cualquier momento puede estallar. En España hay actualmente siete centrales en funcionamiento con nueve reactores; en Francia hay 58, y eso sólo para citar las propias y las del país vecino… El precio del barril de petróleo parece haberse disparado, y, aunque ello no fuera así, parece que las reservas de petróleo no dan para más de cincuenta años a lo sumo; de manera que se vuelve a hablar de la obtención de energía y de la construcción de más centrales, que dicen que son baratas, aunque maldito lo baratas que son; porque, no nos engañemos: las energías renovables -que esas si son baratas e inocuas- son, cómo diría, demasiado baratas; ya que tienen el costo de la instalación y un mantenimiento mínimo. Nadie se enriquece con ellas; me refiero a nadie de las multinacionales, claro; así que no son aptas ni “golosas” para que ninguna multinacional se interese por ellas. Así es la cosa por si alguien no se había enterado.

¿Y dónde queda nuestra responsabilidad en todo esto? En mi opinión nuestra responsabilidad estriba en el hecho de que somos consumidores de energía; de para qué la consumimos y en qué; y en el hecho del costo real que pagamos. Pasar el verano sin enterarnos del calor al “abrigo” de un buen aire condicionado es muy agradable, sin duda, pero ¿vale una vida?

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/efemerides/abril/interna/27cherno1.gif

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:24 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Humanidad: denuncias. Hay 6 comentarios.

SER MENOR EN LA REPÚBLICA ¿DEMOCRÁTICA? DEL CONGO

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Es altamente peligroso ser niño y más si se vive en la República democrática del Congo.

Más de 30.000 niños fueron reclutados como soldados a la fuerza durante la guerra; para reclutarlos no se les exigió documentación, se hizo por la fuerza y eso bastó; ahora, tras el conflicto, muchos de ellos esperan en la cárcel, los unos para ser juzgados por crímenes de guerra, y como la caótica situación que vive el país impide que acrediten su edad, otros muchos de ellos que ya han sido juzgados, aguardan el cumplimiento de la sentencia: serán llevados al cadalso y ejecutados, aunque bien mirado, ya han muerto cómo personas, cómo niños, hace tiempo; pues la cárcel que les retiene es en sí misma una muerte continua.

Las cárceles de la República democrática del Congo son agujeros insalubres, nauseabundos y dantescos en los que sobre jergones de paja, sin luz, sin agua, sin ninguna medida de higiene –todos defecan y orinan en un único recipiente por sala en la que se hacinan un término medio de 100 personas- aguardan la muerte si es que no se mueren antes de malnutrición, diarreas y de otras enfermedades. Comida regular, médicos y medicamentos brillan por su ausencia así cómo cualquier otra medida que pueda devolver un mínimo de dignidad personal a los presos. En la actualidad, una decena de presos son niños menores de 15 años que si logran escapar de la muerte por insalubridad, no lo harán de la ejecución a la que ya han sido condenados. La pena capital no se aplica a menores en la República democrática del Congo, pero cuando no se puede demostrar la edad con un documento, se acogen a la edad que expresan los cuerpos y los ojos; ¡y estos niños son ya tan viejos!

Para mayor información, cliquen aquí y lean el artículo de Anjam Sundaram publicado el 28.04.2006 en www.rebelion.org

En fin, que lo pillen a uno y den con sus huesos en la cárcel es algo tremendamente nocivo para un ciudadano de la República democrática del Congo, es más, es muy nocivo, vaya que es casi mortal.

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Ilustración: http://blogs.ya.com/corresponsalesguerra/files/ninos_soldados3.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:25 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Humanidad: denuncias. Hay 6 comentarios.

CARTA A UN NIÑO NEGRO

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Querido niño negro: apenas contabas ocho años cuando te obligaron a jugar al macabro juego de la guerra convirtiéndote en soldado. No te pidieron tus señas de identidad ni ningún documento que acreditara tu edad, si acaso te pidieron el nombre y poco más. A cambio de un jergón y de un mendrugo diario, te enseñaron el funcionamiento de fusiles, machetes y pistolas; te enseñaron a tirar granadas, a hacer explotar bombas y a sembrar la muerte por los campos en los que antes sembrabas mijo, arroz y patatas. No importaba que fueran tus hermanos, tus amigos de otros juegos, tus padres, tus tios o tus abuelos: sólo importaba que supieras discriminar entre matar y no matar para que mataras con seguridad.

Creciste empuñando las armas y recogiendo cosechas de aniquilación fraticida, sirviendo a los ambiciosos de ambos bandos; y, mientras crecías en edad y cuerpo, disminuías en humanidad y vida. ¡Eras tan niño! Y, aunque únicamente han pasado unos años, ¡eres ya tan viejo!.

Ahora te pudres en una cárcel inmunda, probablemente huérfano de padre y madre, sin familia, sin más amigos que aquellas armas que te quitaron antes de encerrarte, porque te han encerrado, mi pobre niño negro, y has sido juzgado por crímenes de guerra. Ahora sí que te han pedido los papeles para ver si eras menor y te evitabas el ser ejecutado, papeles que nunca has tenido, que no tienes y que no has podido mostrar; y, aunque no tengas aún ni quince años, has sido condenado a muerte: serás ejecutado, sino te mueres antes de una diarrea, de inanición o de una fiebre… ¡Ya ves, pobre niño negro, lo que son las cosas: lo que empezó para ti siendo un juego que te obligaron a aprender y a dominar, se convirtió en un genocidio del que eres culpable según la ley, según esa arbitraria ley del hombre vencedor; según la ley que, tal vez, promulgó el mismo hombre que te reclutó; y ahora, por esas cosas de burla macabra de la “ley”, eres un criminal. Sigues siendo un pobre niño negro, pero ¡es tan vieja tu mirada!...

Puede ser que algún organismo internacional, que algún periodista comprometido, que alguna alma sensible eleven sus voces por ti… Aunque, ya te lo digo, ¡pobre niño negro!, lo más probable es que no sirva de nada. De modo que, casi con toda probabilidad serás ejecutado. Después de todo, ¿a quién le importas? ¡Matan y mueren tantos pobres niños, tantos viejos niños, cada día en África! Si tienes suerte, acabará contigo el primer disparo y te irás sin dolor por el impacto, llevándote contigo todo el dolor de tu infancia perdida y de la muerte creada por ti y en torno a ti... Verterán tu cuerpo, probablemente, en una fosa junto a otros muchos cuerpos sin identidad ni historia sabida, sin edad declarada… Y en esa fosa anónima, la tierra te dará, al morir, la paz que nunca tuviste en vida.

Y nadie llorará por ti, ni te mandará flores.

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://www.uce.es/DEVERDAD/ARCHIVO_2005/23_05/images/ruanda.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:26 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Humanidad: denuncias. Hay 11 comentarios.

CUANDO LAS PALABRAS NOS ENVUELVEN COMO UNA RED

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En ocasiones nos conducimos con las palabras como si tuviéramos tres años y no hubiéramos alcanzado aún la función simbólica o fuéramos psicóticos y no pudiéramos entenderlas más allá de una literalidad semiológica primaria. Así, hoy se alzan voces que, refiriéndose a la esperanza de un proceso de paz abierto tras el alto el fuego de ETA, se sienten molestos con la palabra “paz” y piden una y otra vez que no se denomine así a este proceso, arguyendo que, como no estamos en guerra, no procede. Dicen que como no estamos en guerra, ya tenemos la paz… ¿Habrase visto necedad más grande? Pero ya se sabe que hay necios muy “ilustrados”.

Ciertamente, no estamos en guerra; lo estuvimos contra Irak porque nos metieron de cabeza y en contra de nuestra voluntad, los delirios megalomaníacos de un pseudodemócrata llamado Aznar y su gobierno, que justamente son los que más palos en la rueda están poniendo a esta esperanza que se nos ha abierto con el alto el fuego de ETA; pero, afortunadamente, un gobierno demócrata nos sacó del lío y nuestras tropas regresaron. De manera que nos salimos del conflicto y no estamos en guerra. Pero ¿Estamos en paz? ¿Podemos decir que simplemente con no estar en guerra, ya se goza de paz? ¿Qué es la paz? ¿Acaso la paz puede definirse simplemente como la ausencia de guerra?

Veamos lo que nos dice el diccionario de la RAE de la palabra “Paz”:

1.- Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
2.- Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia.
3.- Tratado o convenio que se concuerda entre gobernantes para poner fin a una guerra.
4.- Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.
5.- Reconciliación, vuelta a la amistad, a la concordia.
6.- Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y a las pasiones.
7.- Genio pacífico, sosegado y apacible.
…etcétera.
Rescato una expresión: “Hacer las paces”: reconciliarse, volver a las amistades.

Según esto, sólo dos acepciones definen la palabra paz en contraposición explícita a guerra, la 1 y la 3; ya que la 2 introduce “o turbulencia” y una turbulencia no tiene porque ser propiamente una guerra.

Así que –fuera de situaciones de guerras declaradas y siempre según la RAE- la paz sería un proceso de reconciliación, de volver a la amistad, a la concordia.

Pero veamos que más cosas significa la palabra “Paz” según ha sido entendida por mentes brillantes y nada sospechosas a lo largo de la historia:

Paulo VI: “El desarrollo es un nuevo nombre de la paz.” Según esto, las situaciones de subdesarrollo y de miseria, con todo lo que ello implica, son un obstáculo para la paz, por más que no haya ninguna guerra.

Juan Pablo II: “El amor será fermento de paz cuando la gente sienta las necesidades de los demás como propias y comparta con ellos lo que posee, empezando por los valores del espíritu.” No parece que en esta frase se establezca ninguna condición necesaria de guerra previa para alcanzar la paz, y si parece que la paz se presenta como el camino por el que el amor se realiza.

Pablo VI: “La paz exige cuatro condiciones esenciales: verdad, justicia, amor y libertad.” Pues no aparece que una condición esencial sea la de estar “en guerra”.

Juan Pablo II: “Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad.” Bueno, aquí, Juan Pablo II dice explícitamente que la paz no es simplemente la ausencia de guerra, es más, puede que no haya “guerra” y sin embargo tampoco estemos en paz.

Y, finalmente, extraído de la encíclica de Juan XXIII “Pacem in terris”: “…la verdad será fundamento de la paz cuando cada individuo tome conciencia rectamente, más que de los propios derechos, también de los propios deberes con los otros. La justicia edificará la paz cuando cada uno respete concretamente los derechos ajenos y se esfuerce por cumplir plenamente los mismos deberes con los demás. El amor será fermento de paz, cuando la gente sienta las necesidades de los otros como propias y comparta con ellos lo que posee, empezando por los valores del espíritu. Finalmente, la libertad alimentará la paz y la hará fructificar cuando, en la elección de los medios para alcanzarla, los individuos se guíen por la razón y asuman con valentía la responsabilidad de las propias acciones…”

Bien, no es que me haya “convertido” o me haya vuelto “pía” de golpe; no, no es eso; podría citar una multitud de citas de otras fuentes librepensadoras y laicas que han aportado su pensamiento a desentrañar las condiciones de la paz. Pero prefiero citar estas porque creo que con estas citas de Papas –personas cuyos pensamientos deben tener toda credibilidad para la derecha española- será suficiente para demostrar y aseverar –desde sus creencias- que la paz es mucho más que la ausencia de guerras y conflictos; que la paz es el camino de la conciliación, del perdón, de la justicia, de la libertad, de la equidad, y en suma de la reconciliación. Y francamente, no creo que sea necesario que el estado español, ETA o ambos recíproca y mutuamente se declaren la guerra para que se abra un esperanzador proceso de paz. Y si pienso que habría que medir mejor lo que se dice y acoger este alto el fuego con mayor seriedad y rigor ya que nos abre la puerta de la esperanza y de la paz para todos los españoles y, fundamentalmente, para los españoles del país vasco, que son quienes más sufren la ausencia de paz.

Entiendo que a esa ultraderecha le sea muy difícil aceptar que una de las partes que hay que revisar en ese proceso sean los crímenes cometidos por el franquismo y las torturas que se siguieron -y aún hoy se siguen- dando durante la transición hacia la democracia. Un proceso democrático que aún no está terminado de construir pues siguen faltando muchas cosas, entre ellas, una condena abierta y clara del dictador Franco y los suyos, así como de su dictadura, junto a un reconocimiento de estas víctimas; las víctimas producidas por el genocidio los “vencedores golpistas” llevado a cabo durante más de cuarenta años. Evidentemente que a la derecha nacional-católica, burguesa y fascista actual, a la que pertenecen Aznar y los suyos, esto le tiene que sentar a cuerno quemado y se defienden de ello como gatos panza arriba… Pero la paz tiene esas cosas: no se alcanza sin memoria y sin reconocimiento.

A mí, que quieren que les diga, eso de poner palos en la rueda de este proceso de paz –sí, de paz- se me antoja como de muy mala baba; claro que a esa mala baba que se le pone a la ultraderecha cuando las cosas se le tuercen y sus argumentos se resquebrajan, ya estamos acostumbrados; no obstante, sería deseable –ya que nos va en ello una convivencia pacífica, democrática y en libertad para todos- que los señores Aznar, Buesa, Acebes, Zaplana y cia. Se lo pensaran cuatro veces o más antes de abrir la boca y que Rajoy supiera tener a su personal calladito hasta ver que pasa realmente con todo esto. Y que, por favor, cuando hablen, dejen de hacerlo como portavoces de “todos los españoles” porque en justicia y en verdad, sólo pueden hablar como portavoces de casi diez millones de españoles; y seguimos siendo más de quince millones –hasta que las urnas no demuestren lo contrario- los que no nos sentimos nada identificados con ellos y para nada les hemos entregado ni nuestra voz ni nuestro voto, ni en este proceso de paz abierto ni en ninguna otra cosa. Y, miren: crezcan un poco, sobre todo en humanidad, que ya es tiempo; y dejen de hacerse líos con las palabras cómo si éstas fueran una enmarañada red. Accedan a la función simbólica, que ya son mayorcitos y tienen edad para haber alcanzado el pensamiento abstracto, y abran sus corazones a la paz y a todo lo que ella conlleva. Por una vez, traten de ser democráticos y sobre todo humanos. Sus casi diez millones de votantes se lo agradecerán, y en esto, estoy segura de que si puedo decir que “todos los españoles” que deseamos, ansiamos la paz y unificamos esfuerzos para lograrla, también se lo agradeceremos.

Carmen Moreno Martín
Alias Hannah

Imagen: http://euskalherria.indymedia.org/images/2004/03/13171.jpg

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Lunes, 01 de Mayo de 2006 10:30 Autor: Hannah. enlace permanente. Tema: Ciudadanía solidaria Hay 10 comentarios.

08/05/2006

CUARTA PARTE (FINAL) DE UNA ALDEA LLAMADA MORALINA

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Paco y Justo se habían encontrado al llegar, a un hombre junto a los padres de Paco. Se extrañaron de hallar ahí a un desconocido y más a ése, que parecía una representación del miedo y de la perplejidad, esculpidos en granito... Pero la gravedad de los acontecimientos les había impedido ocuparse del extraño y petrificado desconocido, volcándose los dos en socorrer cuanto antes a los taberneros... El tratante que, desconocedor del montaje del que había sido objeto, había llegado para llevarse, según lo convenido, la parte del ganado acordada, se quedó helado y boquiabierto al encontrarse a Petra muerta y a Severo enloquecido. Tan impactado se sintió el pobre hombre que no lograba moverse ni articular sonido alguno. Con los ojos desencajados, todos los músculos del cuerpo rígidos y la boca abierta, no era en absoluto necesario preguntar lo que le pasaba; se podía leer perfectamente en todo su cuerpo. ¿Miedo? ¡No, que va, terror! Sí, terror era lo que pasaba por los adentros del tratante, unido a una profunda perplejidad bien impregnada de asombro, sorpresa e incredulidad. Paralizado, como si le hubieran congelado la imagen al igual que se hace con las imágenes de una película, buscaba, sin lograrlo, encontrar alguna explicación a todo aquello. Por lo que escuchaba a esos dos hombres que, tan atropelladamente, acababan de llegar, no parecía que las víctimas fueran los verdaderos dueños del ganado; por el contrario, el de más edad de ellos sí parecía ser el dueño, mientras que el joven (que, por lo visto, era el hijo de los desgraciados, según lo entendía él), era un asalariado de aquél. Desde el vientre hasta la garganta del tratante empezó a crecer una sensación de angustia, pánico y desolación que le ahogaban... “¿Y si esos impostores me han engañado e implicado en un grave delito? ¿Y si nadie cree que no sabía nada? ¡Esto puede costarme el pasar el resto de mis días en prisión!” -se repetía una y otra vez el infeliz tratante. De pronto, el pobre tratante empezó a soltar una verborrea justificativa tan alucinante, y a gesticular en una forma tan alterada que, tanto Justo como Paco, creyeron que el desconocido se había vuelto loco también. Así que, tras depositar el cadáver de Petra en la parte trasera del camión, ataron como pudieron -sobre todo para evitar que se hirieran a sí mismos-, a Severo y al desconocido; subiéndolos también al camión. Ya en el pueblo, calmado el tratante, y haciendo, tanto Justo como Paco, un terrible esfuerzo para sobreponerse al dolor que sentían, pudieron darse mutuamente cuantas explicaciones requirieron –y fueron muchas-, aquellos trágicos sucesos. Justo y Paco pudieron deducir, a través de los datos que el tratante aportó, el maquiavélico plan de los taberneros Aclarados los hechos, aun tuvieron que volver todos junto al ganado, para que el tratante hiciera bajar a las reses que ya había subido a su camión, tras lo cual, pudo mostrar el tratante, a los dos hombres, la falsa documentación que le habían entregado los taberneros, acreditándolos como propietarios del ganado. Cuando todo ello hubo finalizado, el tratante volvió consternado, por todo aquel sucio y disparatado asunto, a su ciudad, y los dos hombres, Justo y Paco, rompieron a llorar, sumidos en el más profundo y desgarrado dolor.

Después de los funerales de Petra, Severo (que nunca más volvió a recuperar la cordura, quizás porque nunca la tuvo), fue ingresado de por vida en un psiquiátrico de una ciudad cercana a la aldea.

Paco, abatido por la enorme tristeza, con el corazón roto de dolor y la cabeza aturdida por la imposibilidad de comprender tanta sin razón; se sentía impotente y abatido. Luchaba desesperadamente por sosegar y serenar tanto sus sentimientos, como sus pensamientos. La visión de la maldad de aquellos seres que habían sido sus padres le producía un infinito sufrimiento, pero ni siquiera eso podía lograr que el muchacho los dejara de amar y dejara de sentir el dolor de la pérdida. Deseando recuperar algo de sus progenitores que hubiera sido bueno y bello, el pastor se encerró en la casa paterna; pero nada le fue posible hallar, al desconsolado muchacho. Pasado un largo tiempo, tras vivir el duelo, cuando, Paco, pudo encontrar, al fin, algo de paz, abandonó la casa paterna y la taberna. Nunca más quiso volver a oír hablar ni de sus padres ni de esos lugares que tan impregnados de maldad y de odio estaban.

Cuando las aguas volvieron a sus cauces - y no lo duden, el paso inexorable del tiempo siempre se encarga de ello -, el sosiego, el perdón y la paz pudieron, poco a poco, anidar de nuevo en el corazón de Paco y de “los hacendados”. El pastor se fue a vivir con ellos, para más tarde desposar a Azucena. La chica, no sólo fue un certero y dulce bálsamo para las penas del pastor, si no que se convirtió en la más abnegada, fiel y amorosa esposa que haya existido jamás. Ambos disfrutaron, finalmente, del amor que se tenían el uno al otro y alcanzaron la felicidad que tanto se merecían.
Justo y Pura, viendo la felicidad de sus hijos, ya que ellos se sentían orgullosos y satisfechos de haber ganado en Paco a un hijo, fueron felices también. Se entregaron a su trabajo como siempre lo habían hecho y pudieron disfrutar, ya en la vejez, del gozo de sus numerosos y hermosos nietos.

En cuanto a Moralina y sus habitantes, nada cambió. En sus acostumbradas tertulias se siguió cotilleando, durante mucho tiempo, sobre los taberneros; de lo que habían hecho; de que se tenían bien merecido lo que les sucedió por ladrones y calzonazos; y de más cosas por el estilo… Cosas, como por ejemplo, que Paco, tenía también “merecida la recompensa” por sus depravaciones y por su imbecilidad…Que la muerte de la arpía de la madre y la locura del calzonazos del padre eran un digno castigo a su estulticia, y que el pasar a formar parte de la familia de “los hacendados” era el mejor de todos los castigos con los que hubieran podido azotar al chico por sus vicios, ya que seguiría –según lo veían ellos -, siendo un miserable y un mojigato pastor toda su vida.

Por otra parte, “los hacendados” tampoco escapaban a las incisivas y viperinas maquinaciones de los tertulianos, quienes se lo pasaban a rabiar, diciendo de ellos que, por fin, habían recibido el justo castigo que merecían, al cargar para los restos con el hijo de los taberneros, para deshonra de ellos mismos y del pueblo entero.

Y todos juntos, los morbosos y sádicos tertulianos, se entregaron a sus hábitos de difamación y suciedad, que acostumbrados como lo estaban a semejantes temas, sus calenturientas y malévolas mentes tenían para largo y tendido... Tanto, que podían incluso continuar disfrutando de ello en el infierno, por toda la eternidad.