
Bueno, ya ven que he decidio complacerles y aquí les dejo la segunda entrega, además tempranito ;-)
... Cuando la angustia crecía, y a veces lo hacía hasta límites insoportables, Tantos, pensaba que se debía a que le faltaba otro traje. En esos momentos, corría velozmente a su baúl y se ponía con rapidez el traje que, según él, le faltaba. Total: ¡un verdadero desastre!, pues, así anulaba por completo todos los esfuerzos del tesoro y la angustia aumentaba. ¡Nada, que no había forma ni manera de que al menos un minúsculo rayito de amor se abriera paso a través de tan poderosa unión! Me refiero, naturalmente, a la unión que formaban ese ciego cabezota y sus trajes. ¡Estaba, el desdichado, tan alineado en la egolatría y en la idolatría que formaba con sus trajes que, el pobre, ignoraba que lo que él llamaba “vivir”, era más un morir que otra cosa… Y entre tanto la vida, la de verdad, se escapaba a raudales del corazón del iluso e ignorante pobre Tantos, que se creía a sí mismo libre y poderoso, cuando no era más que un siervo, un esclavo de todos esos trajes a los que elevaba a la calidad de “esencia”; al rango de su verdadera identidad. ¡Qué grande era el error de “Tantos” al pensar que los trajes eran los únicos que le daban fortaleza, protección, valor, dignidad y grandeza!… La sola idea de perder uno de sus trajes le producía vértigo. Sudores fríos le entraban, al pobre, cada vez que cruzaba por su mente la posibilidad de perder alguno de sus trajes, sumiéndolo en un pánico incontrolable. Y es que creía firmemente que, si eso ocurría, él mismo se perdería. En fin, que “Tantos” ya no podía diferenciarse, en absoluto, de sus trajes. Los trajes y él tenían un idéntico significado: simbióticamente, constituían todos, sin distinción, una unidad indivisible.
El verdadero tesoro de amor de “Tantos” llegó a tener una necesidad tan acuciante de que su propietario lo reconociera y lo aceptara que, casi no sabía ya qué hacer para despertarle. Sabía que si “Tantos” seguía ignorándolo, ello implicaría su muerte; ya que la ausencia de amor es incompatible con la vida; pero por más que lo intentaba, nada lograba. Y fue tan importante para el amor lograr asomarse a la consciencia de “Tantos”, que buscó un punto débil en la impermeabilidad de los trajes, y haciendo acopio de todas sus fuerzas, consiguió concentrarse allí, creando un bulto que hizo aparecer en la piel de “Tantos”, abriéndose camino entre la acorazada piel de los trajes. Aunque el tesoro conseguía que aquel engrosamiento creciera de día en día, Tantos, “lelo” y confundido como estaba, ni por un fugaz momento reconoció a su tesoro en esa protuberancia, sino que se repetía: “¡Vaya tortura de grano que me ha salido!” Sintiéndose progresivamente, más molesto e irritado. A veces, durante breves instantes, Tantos, intuía, que ese grano era más importante de lo que parecía… Intuía, en esos atisbos de lucidez, que ese grano era como la emergencia de algo muy valioso… Pero ya se encargaban los trajes, raudos y eficientes, de alejar tales pensamientos de la mente del pobre necio. No olvidemos que la existencia de los trajes dependía de que su dueño la mantuviera vigente en su mente; y de que, éste, recobrara la consciencia de su tesoro; pero ello significaría para los trajes la pérdida de sus privilegios de identidad, y, en consecuencia la muerte. ¡Vaya embrollo!. Claro, los trajes desconocían que las ilusiones e imágenes carecen de existencia real y en consecuencia de vida. Así que, los ignorantes trajes, desconocían también que no podían morir. ¡Qué brutos eran estos trajes! ¿Cómo podría morir lo que no existe? ¡Pero qué sabían ellos si no podían pensar por sí mismos! El caso es que los pobres trajes estaban asustados porque sabían que si Tantos les barría del lugar donde los había situado, y les hacia regresar al suyo (esto es al mundo de lo irreal de las imágenes, mundo en él que siempre debieron permanecer), perderían todos los honores y, lo que es peor, creían que morirían.
Los trajes temblaban sólo de pensar que el amor pudiera abrirse paso, y que su amo, reconociendo su error, restableciera la situación. Algo así impulsaría a Tantos, a recuperar el timón de su vida y a prescindir de ellos. Si Tantos, lograba hacerse de nuevo con el volante y ser el conductor de su vida (diferenciándose así de sus trajes), sería el fin tanto para ellos como para el falso poder que habían adquirido y ostentado durante tanto tiempo. ¡Pero no había peligro!. Ni “Tantos”, ni sus trajes querían saber nada de todo eso. Parecía muy feliz con todas esas identidades falaces que extraía de sus trajes, adorándolos y sirviéndolos como si de él mismo se tratara. Los trajes, por su parte, aullaban de terror cada vez que el tesoro empujaba con fuerza intentando salir a la superficie, y todas las ideas de muerte y desaparición volvían a pasar por sus frías y robóticas mentes. Sabían con certeza que en el mismo instante en que el tesoro recobrara su lugar y aflorara a la superficie, ellos perderían a su “fiel servidor y esclavo Tantos”. ¡Pero como el dueño estaba en la inopia!...
La verdad es que ese lío impresionante daba una gran tristeza, porque por más que se esforzaba el tesoro por restablecer la situación, Tantos, había perdido todo vestigio consciente de su verdadera esencia, y únicamente eran verdad en él los tan traídos y llevados trajes.
A pesar del terror, Tantos vislumbraba a veces que algo iba mal. Entonces, lívido de pánico, se aproximaba a la comprensión de que la muerte se parecía más a ese lío de falsas identidades en el que él y sus trajes se perdían, que a la amenaza real que podía constituir “el grano”. Huidizamente, alcanzaba a comprender, que la vida y el calor parecían fluir de ese “grano” formado por el tesoro de amor que pugnaba, desde su corazón, por ni apagarse… Que la muerte vendría, si continuaba ensordecido a la necesidad de abrirse y permitir que el amor reinara en su vida… Cuando analizaba estas fugaces intuiciones, sentía un extraño cosquilleo. Notaba como una “gran ansiedad” que le resultaba muy incomoda. Entonces, para calmarla, borraba rápidamente esas intuiciones y se refugiaba en otro de esos trajes. El tesoro de amor aprovechaba esos momentos para esforzarse con más bríos en hacerse consciente, haciendo que el bulto creciera y creciera, hasta ver sí esa coraza llegaba a debilitarse, y a romperse por algún lado…
(Continuará...)
¡Qué tengan un buen martes!
CarmenMoreno Martín
Alias Hannah
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