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CUARTA PARTE (FINAL) DE UNA ALDEA LLAMADA MORALINA![]() Paco y Justo se habían encontrado al llegar, a un hombre junto a los padres de Paco. Se extrañaron de hallar ahí a un desconocido y más a ése, que parecía una representación del miedo y de la perplejidad, esculpidos en granito... Pero la gravedad de los acontecimientos les había impedido ocuparse del extraño y petrificado desconocido, volcándose los dos en socorrer cuanto antes a los taberneros... El tratante que, desconocedor del montaje del que había sido objeto, había llegado para llevarse, según lo convenido, la parte del ganado acordada, se quedó helado y boquiabierto al encontrarse a Petra muerta y a Severo enloquecido. Tan impactado se sintió el pobre hombre que no lograba moverse ni articular sonido alguno. Con los ojos desencajados, todos los músculos del cuerpo rígidos y la boca abierta, no era en absoluto necesario preguntar lo que le pasaba; se podía leer perfectamente en todo su cuerpo. ¿Miedo? ¡No, que va, terror! Sí, terror era lo que pasaba por los adentros del tratante, unido a una profunda perplejidad bien impregnada de asombro, sorpresa e incredulidad. Paralizado, como si le hubieran congelado la imagen al igual que se hace con las imágenes de una película, buscaba, sin lograrlo, encontrar alguna explicación a todo aquello. Por lo que escuchaba a esos dos hombres que, tan atropelladamente, acababan de llegar, no parecía que las víctimas fueran los verdaderos dueños del ganado; por el contrario, el de más edad de ellos sí parecía ser el dueño, mientras que el joven (que, por lo visto, era el hijo de los desgraciados, según lo entendía él), era un asalariado de aquél. Desde el vientre hasta la garganta del tratante empezó a crecer una sensación de angustia, pánico y desolación que le ahogaban... “¿Y si esos impostores me han engañado e implicado en un grave delito? ¿Y si nadie cree que no sabía nada? ¡Esto puede costarme el pasar el resto de mis días en prisión!” -se repetía una y otra vez el infeliz tratante. De pronto, el pobre tratante empezó a soltar una verborrea justificativa tan alucinante, y a gesticular en una forma tan alterada que, tanto Justo como Paco, creyeron que el desconocido se había vuelto loco también. Así que, tras depositar el cadáver de Petra en la parte trasera del camión, ataron como pudieron -sobre todo para evitar que se hirieran a sí mismos-, a Severo y al desconocido; subiéndolos también al camión. Ya en el pueblo, calmado el tratante, y haciendo, tanto Justo como Paco, un terrible esfuerzo para sobreponerse al dolor que sentían, pudieron darse mutuamente cuantas explicaciones requirieron –y fueron muchas-, aquellos trágicos sucesos. Justo y Paco pudieron deducir, a través de los datos que el tratante aportó, el maquiavélico plan de los taberneros Aclarados los hechos, aun tuvieron que volver todos junto al ganado, para que el tratante hiciera bajar a las reses que ya había subido a su camión, tras lo cual, pudo mostrar el tratante, a los dos hombres, la falsa documentación que le habían entregado los taberneros, acreditándolos como propietarios del ganado. Cuando todo ello hubo finalizado, el tratante volvió consternado, por todo aquel sucio y disparatado asunto, a su ciudad, y los dos hombres, Justo y Paco, rompieron a llorar, sumidos en el más profundo y desgarrado dolor. Después de los funerales de Petra, Severo (que nunca más volvió a recuperar la cordura, quizás porque nunca la tuvo), fue ingresado de por vida en un psiquiátrico de una ciudad cercana a la aldea. Paco, abatido por la enorme tristeza, con el corazón roto de dolor y la cabeza aturdida por la imposibilidad de comprender tanta sin razón; se sentía impotente y abatido. Luchaba desesperadamente por sosegar y serenar tanto sus sentimientos, como sus pensamientos. La visión de la maldad de aquellos seres que habían sido sus padres le producía un infinito sufrimiento, pero ni siquiera eso podía lograr que el muchacho los dejara de amar y dejara de sentir el dolor de la pérdida. Deseando recuperar algo de sus progenitores que hubiera sido bueno y bello, el pastor se encerró en la casa paterna; pero nada le fue posible hallar, al desconsolado muchacho. Pasado un largo tiempo, tras vivir el duelo, cuando, Paco, pudo encontrar, al fin, algo de paz, abandonó la casa paterna y la taberna. Nunca más quiso volver a oír hablar ni de sus padres ni de esos lugares que tan impregnados de maldad y de odio estaban. Cuando las aguas volvieron a sus cauces - y no lo duden, el paso inexorable del tiempo siempre se encarga de ello -, el sosiego, el perdón y la paz pudieron, poco a poco, anidar de nuevo en el corazón de Paco y de “los hacendados”. El pastor se fue a vivir con ellos, para más tarde desposar a Azucena. La chica, no sólo fue un certero y dulce bálsamo para las penas del pastor, si no que se convirtió en la más abnegada, fiel y amorosa esposa que haya existido jamás. Ambos disfrutaron, finalmente, del amor que se tenían el uno al otro y alcanzaron la felicidad que tanto se merecían. Justo y Pura, viendo la felicidad de sus hijos, ya que ellos se sentían orgullosos y satisfechos de haber ganado en Paco a un hijo, fueron felices también. Se entregaron a su trabajo como siempre lo habían hecho y pudieron disfrutar, ya en la vejez, del gozo de sus numerosos y hermosos nietos. En cuanto a Moralina y sus habitantes, nada cambió. En sus acostumbradas tertulias se siguió cotilleando, durante mucho tiempo, sobre los taberneros; de lo que habían hecho; de que se tenían bien merecido lo que les sucedió por ladrones y calzonazos; y de más cosas por el estilo… Cosas, como por ejemplo, que Paco, tenía también “merecida la recompensa” por sus depravaciones y por su imbecilidad…Que la muerte de la arpía de la madre y la locura del calzonazos del padre eran un digno castigo a su estulticia, y que el pasar a formar parte de la familia de “los hacendados” era el mejor de todos los castigos con los que hubieran podido azotar al chico por sus vicios, ya que seguiría –según lo veían ellos -, siendo un miserable y un mojigato pastor toda su vida. Por otra parte, “los hacendados” tampoco escapaban a las incisivas y viperinas maquinaciones de los tertulianos, quienes se lo pasaban a rabiar, diciendo de ellos que, por fin, habían recibido el justo castigo que merecían, al cargar para los restos con el hijo de los taberneros, para deshonra de ellos mismos y del pueblo entero. Y todos juntos, los morbosos y sádicos tertulianos, se entregaron a sus hábitos de difamación y suciedad, que acostumbrados como lo estaban a semejantes temas, sus calenturientas y malévolas mentes tenían para largo y tendido... Tanto, que podían incluso continuar disfrutando de ello en el infierno, por toda la eternidad. Para terminar, les contaré, que las gentes de otros pueblos cercanos al lugar insisten en que, excepción hecha de la casa y campos de los “hacendados” y de los pastos por dónde transitaba el ganado, al acercarse a la aldea, una oscura, maloliente y densa niebla rodea a todo el pueblo, de tal manera, que a ningún turista ni visitante se le ha vuelto a ocurrir llegarse hasta allí; ya que si alguno iba, volvía asqueado y horrorizado por el aspecto que tenía esa extraña capa gaseosa y pestilente que cubría al pueblo, encargándose prontamente de esparcir la noticia entre los probables visitantes que pudieran surgir. Con el paso de los años, “los hacendados” pudieron comprar sus propias tierras fuera de aquel inmundo lugar y bien lejos de él. Allí construyeron una verdadera hacienda con una digna y confortable mansión donde pasaron el resto de sus días y los siguen pasando sus descendientes de generación en generación. El resto de los habitantes del pueblo, sin ganado y cargados de vilezas, siguieron morando en la aldea hasta la desaparición de cada uno de ellos. Ninguno dejó descendientes, ya que sus corazones, sus barrigas y sus genitales se secaron para siempre. Lo único que mantuvieron con vida fue a sus viperinas y guarras lenguas, que, como habían depositado en ellas todas sus energías, no les quedó fuerza alguna para otras cosas. A Robustiano, el cura, lo mandó el obispo a una lejana, despoblada y humilde parroquia. ¡A ver si se le pegaba algo! –de humildad, claro-. Por lo que el pueblo se quedó vacío y sin otra cosa más, que aquella densa y tenebrosa niebla; hasta que, lentamente y envuelto en un aterrador silencio quedó derruido. F i n del cuento. Carmen Moreno Martín Alias Hannah Imagen: http://www.solobuenas.com/SB/SB_imagenes/re16.jpg Comentarios » Ir a formulario
Es increíble el daño que la calumnia puede llegar a hacer, no solo se da en Moralina, en muchos pueblos, ciudades, comunidades de vecinos y lugares de trabajo también se da, basta que haya un grupo de chismosos que vivan pendientes de los fallos de los demás para hacer la vida imposible a cualquier persona. La maldad no tiene límite.
Fecha: 08/05/2006 20:40.
Además, la moraleja es clara: la envidia, la ambición desmedida, la doble moral, el puritanismo, las apariencias y todo eso que aparece en los personajes del cuento son las fuentes de esclavitud mayores y los peores enemigos de la propia libertad. Me ha gustado mucho este cuento y cada vez más me gustaría tener ese libro en mis manos, una lata que no esté publicado... Bueno, te he hecho el comentario en cuatro partes porque me he negado a dejar en blanco el espacio de comentarios de las tres primeras partes... ¡Manías mías!
Un beso enorme, Hannah y gracias. Fecha: 08/05/2006 21:59.
...porque nos ha gustadoi mucho a todos y pensamos por unanimidad que hay muchas moralinas y "moralinos" entre nosotros, incluso en las ciudades y comunidades de vecinos...
Un beso, Hannah y estupendo cuento. Fecha: 09/05/2006 21:57.
Perfecto desenlace. Una maravilla de cuento, felicidades. Y sí, me reafirmo en aquello de que cada uno de nosotros puede ser Moralina entera muchas veces, lamentablemente.
Besazo Fecha: 10/05/2006 11:50.
Demomento de ese libro tuyo "Cuentos para la libertad" el cuento que más me llegó fue "La narradora de cuentos" pero eso no quiere dewcir que los demás no me gustaran que vaya si me gustaron y este muchísimo.
Besito Fecha: 10/05/2006 11:57.
¡Me ha mantenido interesado y enganchado hasta el final! ¡Un desarrollo narrativo genial! Y una buena metáfora dela realidad.
Un beso Fecha: 10/05/2006 12:23.
Es buenísimo Hannah. Me ha encantado. Casi he podido percibir el olor de Moralina, a corazones podridos, a ausencia de sentimientos nobles ¡Pufff!..
Un besito. Fecha: 10/05/2006 18:35.
Con este ya son dos los que he leído de ese maravilloso libro tuyo "Cuentos para la libertad" de momento los dos me han fascinado, sigo leyendo...
Un beso Fecha: 11/05/2006 11:44. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: Hoy, Stephen Weinberg, físico estadounidense, premio Nobel de física de 1979: "La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión." "Cuanto más comprensible parece el universo, tanto más desprovisto de sentido parece también." Aviso: las imágenes que ilustran los post, están tomadas de la red con sus créditos. Si algún autor desea que las retire, que me lo haga saber. Gracias Temas
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