
Aunque cueste creerlo aún no hay una definición de “inteligencia”. En psicología se dice que “inteligencia es lo qué miden los test de inteligencia” y, a lo sumo, se llega al acuerdo de que inteligencia es lo que permite adaptarse al medio, cambiarlo y superarlo.
Con la parte de “superarlo”, si por ello se entiende no morirse de espanto ante los acontecimientos, acrecentar la dosis de indiferencia e insensibilidad y seguir sobreviviendo como si tal cosa, es decir, “adaptarse al medio” es obvio que hay una gran masa de población qué es muy inteligente.
Con lo de “cambiarlo”, si por ello se deduce exprimirlo en el propio beneficio sin importar a quién se pisa, a quien se mata, quién se muere de hambre y de enfermedad y a quién se explota y se expolia, es obvio que algunos congéneres –no muchos- lo han logrado con creces. Y digo no muchos, porque en nuestro primer mundo sólo 200 personas poseen el 45% de la riqueza, mientras que en el tercer mundo, el 5% de las personas poseen el 95 % de la riqueza, así que “un puñado de inteligentes” de entre los más de seis mil millones y medio de pobladores del planeta. De modo que ello es una clara muestra de esta capacidad de “cambiarlo”.
Y para aclararnos, ahora viene aquello de la “inteligencia emocional” (cliquen sobre el entrecomillado para saber más) cuya definición puede conducirnos a un más de lo mismo, ya que, para empezar, se descubrió en el área empresarial al pensar que el C.I. (Cociente intelectual) no era determinante para tener éxito en la vida.
Goleman establece los componentes de la inteligencia emocional:
1.- Autoconocimiento emocional (saber más de uno mismo)
2.- Autocontrol o autorregulación emocional (no dejarse llevar por los sentimientos del momento)
3.- Reconocimiento de emociones ajenas o empatía
4.-relaciones interpersonales (habilidades sociales)
5.- Automotivación (dirigir las emociones hacia un objetivo) De manera que los “inteligentes del planeta” ahora disponen de la inteligencia emocional para llevar mejor a cabo sus planes, a saber, eso de “superarlo” y de “cambiarlo” a tenor de lo que entienden por “tener éxito en la vida”.
Veamos: 1.- Saben que se morderían el culo de rabia porque esos desarrapados de África, de Asia, etc. no terminan de desaparecer ni con el sida, ni con el hambre, ni con la malaria, ni con las guerras preventivas, ni con la gripe aviar, ni con nada (reconocer la rabia es un claro ejemplo de autoconocimiento emocional que les permite idear nuevos planes para vencer los obstáculos). Pero cómo les sobra optimismo e iniciativa, pues hala, manos a la obra que se ponen y a encargar viñetas provocativas a ver si se monta una buena que justifique un buen exterminio selectivo y dirigido.
Y 2, 3, 4 y 5.- Porque cómo son tan inteligentes ni siquiera les hace falta ir punto por punto y teniendo claras, como de hecho las tienen, cuáles son sus metas, nos mantienen aborregados y desensibilizados a los “tontos” del planeta, a fuerza del más puro y duro condicionamiento conductista, cómo por ejemplo, asociar un estímulo positivo cómo es el comer, a las noticias. O ¿Para que se creían ustedes que nos pasan los telediarios durante las comidas y las cenas? Lo cual prueba el conocimiento en habilidades sociales, automotivación, etc. que tienen los inteligentes del planeta. ¿Y nos mantenemos aborregados los tontos del planeta, según sus inteligentes planes? ¿Nos mantenemos aborregados los supuestamente, fracasados además de tontos?...
Todos, no.
Yo, no.
¿Y ustedes?
Hannah.
(Imagen: viñeta de Máximo en www.elpais.es de 13.02.2006)