
”Historia De Las Sillas”
Silvio Rodríguez
“En el borde del camino hay una silla
la rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo esta tendida
el amigo no se sienta a descansar.
Sus zapatos de gastados son espejos
que le queman la garganta con el sol
y a través de su cansancio pasa un viejo
que le seca con la sombra el sudor.
En la punta del amor viaja el amigo
en la punta más aguda que hay que ver.
Esa punta que lo mismo cava en tierra
que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante
es por eso que es madera y es metal
es por eso que lo mismo siembra rosas
que razones de bandera y arsenal. El que tenga una canción tendrá tormenta
el que tenga compañía, soledad.
El que siga un buen camino tendrá sillas
peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta
y la compañía vale soledad
siempre vale la agonía de la prisa
aunque se llene de sillas la verdad.”
¿Recuerdan esta canción? Es de Silvio Rodríguez, y siempre me ha impactado por la verdad que encierra. Veamos:“…El que siga un buen camino tendrá sillas peligrosas que lo inviten a parar.”
Da igual el camino que se haya elegido seguir, siempre y cuando sea un camino de crecimiento, de solidaridad, al poco de que lo hayamos iniciado, pareciera que el “sistema” (interno o externo) se resistiera y… ¡Zas! Nos llueven las sillas.
Para ilustrar lo que digo, tomemos por ejemplo algo fácil y cotidiano cómo una dieta para adelgazar. Se mentaliza uno, la empieza, todo marcha sobre ruedas, y a los pocos días, ¡zas!, nos hallamos acudiendo a invitaciones ineludibles para almorzar, cenar, etc. en suma, para romper la dieta… Las sillas paralizadoras se encargan de que uno no siga por ese camino.
¿Ven? Piensen sobre ello. Lo mismo da la índole o tipología de la elección de camino. Uno puede haber elegido adelgazar, seguir unos estudios, cambiar una actitud –cómo esos buenos propósitos que uno se hace cuando vuelve de vacaciones- o romper el aislamiento en el que uno se encierra a veces, o cambiar el mundo… Da igual: ¡Las sillas le caen a uno en la cabeza sin tardanza, y tal parece, entonces, que los pasos que nos proponemos dar, tuvieran arrancadas de caballo y paradas de burro.
Hannah (imagen: “Sillas apiladas”
http://www.maavilam.com/CUADROS/ABRIRnew/sillas.jpg)