CUENTOS PARA LA LIBERTAD: NOKEL EL GUÍA. (CUENTO) PRIMERA PARTE | Ser Rizomático

CUENTOS PARA LA LIBERTAD: NOKEL EL GUÍA. (CUENTO) PRIMERA PARTE

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Les dejo un cuento que pertenece a mi libro "Cuentos para la libertad". Libro que, a su vez, forma parte de una trilogía: “Cuentos para la libertad”. “Cuentos para la igualdad”. Y, finalmente: “Cuentos para la fraternidad”. De los dos primeros fui publicando en el blog de Blogger bastantes partes. Aquí, éste es el segundo, pero poco a poco los iré publicando todos.

Del tercer libro de la trilogía, aún no he publicado ningún cuento ni en Blogger ni aquí; pero todo se andará.
Cómo es un poquito extenso, -recomiendo que se lo impriman y lean tranquilamente-  lo dejaré en tres partes, esto es, en tres entradas seguidas en portada. Y me comprometo a no publicar ninguna entrada nueva en algunos días.... Bueno, al menos hasta el lunes. 

Nokel, el guía, trata sobre esos gurús que pululan por ahí, vendiendo iluminaciones y nirvanas varios que... ¡Bueno, léanlo y se enterarán... De paso me comentan que les ha parecido! ¿De acuerdo?

Inicio cuento "Nokel el guía, (parte primera)

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconoceréis...”
Mateo, 7:15- 16.

En una gran urbe de nuestro mundo, dinámica, trepidante y superpoblada, cómo todas las de hoy, Nokel, realizaba su obra salvífica entregado, con absoluta abnegación, a la tarea de preparar a los seres humanos con los conocimientos y disposiciones adecuadas para entrar, con la mente y el corazón bien lavados, en los nuevos tiempos del próximo milenio.

Nokel, a quien llamaban el maestro, daba pues “el conocimiento y la iluminación” a todo hombre y mujer de mente hambrienta de sabiduría y corazón dispuesto, que aceptara convertirse en su discípulo. Bueno, dar, lo que se dice dar, así, sin más y sin condición alguna, no era del todo exacto; ya que, a cambio, Nokel exigía del discípulo una total entrega a la obra; entrega que suponía la renuncia al mundo y a sus pompas, siguiendo, sin dudas ni sombras al maestro, igual que un rebaño sigue a su pastor.

A todo aquel que llegaba a los pies de Nokel, éste le recibía con una calurosa bienvenida de brazos abiertos, ya que, según él, sólo los elegidos y llamados desde el principio de los tiempos escuchaban su voz y acudían a participar de la excelsa misión que tenían encomendada.

Nokel decía de sí mismo que era la actual encarnación de un “Gran Avatar” y a juzgar por sus conocimientos y palabras, algo de verdad debía haber en ello.

El rebaño del buen pastor Nokel crecía, tanto en virtud y fe, cómo en número de miembros, y lo hacía a una velocidad asombrosa. Todos ellos seguían, ciega y fielmente, al guía que se habían dado, sin asomo de duda ni vacilación. La obediencia y docilidad del rebaño eran perfectas y, en consecuencia, los deseos, las instrucciones y la voluntad de Nokel se cumplían con la mayor exactitud y rigor. La palabra del maestro era la “Ley” indiscutible del rebaño, puesto que esas palabras sólo podían ser sabias, justas, perfectas y el fiel reflejo de la Divina Voluntad de la Inteligencia Suprema… O por lo menos así las tomaban cada uno de los discípulos de ese maestro, (¡y pobre del que no lo hiciera!) de modo que no cabría ver en ellas ni error, ni necedad, ni mancha alguna.

Las palabras de Nokel, constituían la única “Ley” que era digna y merecedora de ser respetada y cumplida; era el camino, la luz y la enseñanza que conducía a la sabiduría, a la libertad y a la verdad. O al menos eso enseñaba Nokel a sus discípulos y así debían acatarlo ellos: cómo artículo de fe, inamovible, ex-cátedra -cómo el Papa católico-. Si sus seguidores querían llegar a ser iniciados y copartícipes de la obra que Nokel había venido a realizar, no podían rechazar ni una tilde de las palabras del maestro... Tal vez fuera por aquello de “Todo pasará, pero mis palabras no pasarán... Ni una tilde será cambiada… etc.”. ¿O no era así? Ya sabían, pues, los discípulos del estricto Nokel qué tenían que hacer, si querían seguir ostentando el privilegio de “elegidos” y obtener el “conocimiento”. Si a eso aspiraban “los discípulos” no tenían otra que obedecer a su “pastor” a rajatabla.

Y no es que, así, de entrada, se tenga nada contra el maestro Nokel, pero se pensaba que eso de la “Era de Acuario” podía ser algo distinto de los dogmas de siempre... Pero al grano, Nokel, abría los brazos y decía a sus seguidores: …“Vosotros sois los elegidos… Yo soy el buen pastor y vosotros mi rebaño… Venid a mí y os daré mi verdad, sólo ella os hará libres… Yo soy el Divino Guía, el Camino, la Verdad y la Vida… De todos los que acudan a mí, yo elegiré a los mejores y los sentaré a la diestra de mi padre”. Como puede apreciarse, Nokel tenía un poder bárbaro, porque sólo con su decisión y de forma inmediata, implantaba en todo aquel que se decidía a acatar sus enseñanzas (sin ningún esfuerzo por parte del seguidor) el conocimiento, la verdad, la sabiduría y no se cuantas cosas más. Y si el discípulo daba la talla, ¡zas! Lo sentaba a la diestra del todopoderoso… ¡Qué nivel tenía Nokel!

Sus palabras eran muy, pero que muy semejantes a las que pueden leerse en las escrituras; aunque era obvio que algunas diferencias eran bastante llamativas. No obstante, con todo y eso, lo de la venida del Avatar, lo de la reencarnación y demás, podía resultar atractivamente creíble… Pero, o Nokel no tenía mucha memoria, o algo olía a podrido en su avatar. Y sí. Cómo se verá, ciertos aspectos no acababan de encajar en la identidad de Nokel, es decir, en eso que él decía sobre “ser un Gran Avatar”... Sobre ser “La Consciencia Crística de la Era de Acuario”… Y demás minucias de esas, dando a entender que reencarnaba la segunda venida de Cristo, o la reencarnación de “Krishna” o de alguna de esas personalidades.

Por ejemplo, Nokel decía que él era el “rey de este mundo” y que toda la tierra era “el vasto paraíso de su reino”, reino que él –junto a “sus elegidos”- había venido a instaurar, para que brillara con renovado esplendor en la nueva era. Esto unido a ciertas distorsiones y matices de las palabras que empleaba, hacía que la historia de su reencarnación no cuadrara del todo con eso de que era la nueva venida de Cristo, porque bien sabemos todos que Cristo lo que decía es que su reino no era de este mundo… Pero, ¿quién se iba a preocupar por esos pequeños detalles?

Claro, eso de reencarnarse debía ser algo muy complicado y con toda seguridad, implicaba un trauma tal que dejaba ciertas secuelas; de modo que las lagunas de memoria o las confusiones de conceptos, podían no ser otra cosa que los efectos secundarios del proceso ese de la reencarnación… ¡Vaya usted a saber! Sin embargo, como los seguidores del maestro habían recibido a través de él, un corazón puro y un espíritu claro, gracias a la dádiva de conocimiento y sabiduría que, en uso de su poder, otorgaba Nokel a cada una de sus ovejas y corderos, éstos interpretaban las palabras y voluntades del maestro con un discernimiento preciso y sin desajustes. No parecía, pues, importarles nada en absoluto esas alteraciones.

Como el futuro rey y su rebaño necesitaban convivir los unos con los otros para una mejor realización de la misión, y, como por otra parte, no estaba entre los poderes de su pastor, el de hacer surgir dinero de la nada -lo cuál, la verdad, era un inconveniente bastante fastidioso- cada uno de los “elegidos” ponía a disposición de “la misión” todos sus haberes, tanto los monetarios como los patrimoniales, constituyendo ello la prueba más firme y verdadera de su condición de elegidos y de su evolución como iniciados. Además, ¿para qué querían ya, ellos, los bienes, si su excelso guía cuidaba de ellos cual padre amoroso, y satisfacía todas sus necesidades? En consonancia con tal evidencia, todo atisbo de resistencia en algún “presunto elegido” a la entrega total y absoluta de sí mismos y de sus bienes, no podía indicar otra cosa que la prueba irrefutable de que el tal “presunto elegido” no lo era, y, por lo tanto, no pertenecía a ese rebaño: un ser así no podía haber sido llamado a la obra del maestro. Era obvio que, alguien así ni mostraba evolución alguna, ni había sido “llamado”, ni elegido, ni nada de nada… A ese pobre e inmaduro ser, Nokel, se veía obligado a retirarle todos los dones, y a echarlo lejos del rebaño; abandonándolo a la más absoluta oscuridad, no fuera que la suciedad de corazón de tal individuo manchara la inmaculada pureza de los discípulos... ¡O terminara por abrir los ojos de algún elegido más y el “buen pastor” se quedara sin ovejas y sin pecunios! Y justamente eso, pensaban algunos: que el expolio de dones efectuado por Nokel en la persona del "presunto disidente" se debía más a salvaguardar al rebaño y mantenerlo con los ojos bien cerrados que a otra cosa... Pero tal sospecha anidaba en las neuronas de esos descarriados, sin duda por carecer de los iluminados conocimientos de Nokel, y por los nulos conocimientos -además de su total ignorancia- de los designios divinos.

Como el tesoro aumentaba día a día, compraron una extensa finca y construyeron lo que sería un adelanto de la materialización de la misión, cuando ésta resplandeciera durante el próximo milenio. Empezaron por levantar unas naves sencillas y humildes, en correspondencia a la condición de discípulo, donde ubicaron los espacios comunes del rebaño: sala de oración, dormitorio, cocina, comedor, etc. Y esto era así, para que los elegidos aprendieran a vivir la pobreza, la obediencia, la abnegación y demás cosas necesarias e imprescindibles, para que los dones -tan amorosa y desinteresadamente- concedidos por el maestro, se consolidaran y florecieran en cada uno de los discípulos.

Simultáneamente edificaron las dependencias provisionales del maestro, eso sí, con los materiales más nobles que pudieron hallar en el mercado; buscando que en todo se reflejara el más elevado grado de belleza y perfección posibles, de modo que, a todo observador, le permitiera apreciar la elevación del maestro. ¡Que un maestro siempre es un maestro, caray!

Además, dada la importancia y la envergadura de la obra de Nokel, y dada también su identidad, era imprescindible que gozara de la intimidad y de las condiciones requeridas para el ejercicio de su misión… De manera que no se escatimaron medios para construir tanto el máximo de dependencias como el que éstas fueran lo más espaciosas y luminosas posibles. Unido a todo esto, había otra razón que impulsaba a los aprendices a edificar para el maestro la mejor mansión que pudieran, ya que la calidad del progreso del discípulo también se medía por la magnitud de abnegación hacia su maestro y la calidad de la entrega al servicio que, los discípulos, debían mostrar a su guía.

La construcción se concluyó en poco tiempo y sin tardar mucho lo tuvieron todo organizado, de manera que, con gran júbilo por parte de todos, pudieron afincarse allí.

El rebaño rebosaba felicidad y armonía por todos sus poros. Todos los “corderitos” jugaban como niños, reían como niños, se enfadaban como niños y, como niños también, se abandonaban al justo padre que tenían; sobre todo, cuando Nokel les instruía, y les mostraba sus errores, o cuando les imponía las pertinentes penitencias para acelerar sus logros, y, sobre todo, cuando aliviaba las apetencias y debilidades carnales de sus discípulos –o las suyas, que nunca se sabe- El caso es que Nokel lo aliviaba todo y se apresuraba a frenar cualquier iniciativa desviada que pasara por las mentes de sus discípulos, velando por la rectitud de sus pasos, no fueran a tropezar y a hacerse daño. ¡Los pobres! Ante el más mínimo desvío, los acogía con amor y paciencia reprimiéndoles severamente, haciéndoles ver la conveniencia de que volcaran en él todo cuanto pasara por sus mentes, por sus corazones, y –fundamentalmente- por sus bolsillos. Entonces los elegidos, conmovidos y felices, se entregaban más y más al maestro, buscando, en todo momento, cumplir su justa voluntad.

El rebaño rechazaba cualquier preocupación e inquietud que pudiera apartarles de la entrega total a su pastor y del abandono absoluto en él. Y el pastor, repetía sin cesar, que todo aquel que no se hiciera niño de nuevo, no podría ser un elegido, ni ser su discípulo, ni recibir sus dones, ni nada de eso… Y es que para el maestro el ser niño de nuevo era lo más importante que el discípulo debía alcanzar en su iniciación. Equivalía a vivir plenamente entregado en cuerpo, alma y pecunios al Guía -esto es, a Nokel- siendo absolutamente dependientes de él. Ser niño de nuevo equivalía, según Nokel, a vaciarse por entero de deseos, apetencias, aspiraciones, fantasías, imaginaciones, pensamientos, necesidades y de cualquiera otra cosa que no fuera la voluntad, el deseo, el designio, el pensamiento y la palabra del maestro…

El maestro Nokel, recordémoslo, era para sus discípulos el padre todo poderoso, omnisapiente y amoroso que establecía todo lo que ese niño necesitaba y debía hacer para crecer en sabiduría y bondad… Sólo él podía mantener a sus “hijos”, convenientemente alejados de los peligros del ego y de las desdichas a las que los frutos del ego conducen. Con amor y dedicación, Nokel instruía a sus “pequeños”, hablándoles de cómo caían en la ceguera, en la esclavitud y en el destierro de sí mismos todos aquellos que se arrojaban en brazos de la tiranía de sus propios egos. Tales desgraciados - según las instrucciones de Nokel -, por muy llamados a ser elegidos que fueran, eran prisioneros de sus propias cárceles y de sus propias servidumbres.

Y continuaba el pastor esclareciendo a su rebaño: “estos pobres vagabundos descarriados no saben ni pueden pensar por sí mismos. No son libres, sino siervos. Viven alejados de su verdadera esencia y son ignorantes por completo de que han sido llamados a ser elegidos, sin poder asumir ninguna responsabilidad, ni poder tener ninguna verdadera visión del alcance de la obra del maestro; y mucho menos del profundo sentido y relevancia que poseen todos los acontecimientos de la vida, ya que tampoco pueden comprender la relación causa efecto de tales sucesos, ni ver con claridad cómo será la obra una vez ejecutada por completo. Es más, cualquier pregunta que estos ignorantes descarriados se formulen sobre ello, en lugar de aportarles verdaderas respuestas, les sumen en amargas y desoladoras dudas. Por lo que los pobres viven angustiados y cubiertos de sufrimiento, muertos o dormidos, entregados a las bajas pasiones y a los vicios que constituyen las sendas de sus egos. Sendas tales como la ambición, la avaricia, la soberbia, la idolatría y otras muchas más que sólo conducen a la perdición. Los pasos de estos ignorantes únicamente pueden dejar huellas de iniquidad y conducirles a un absoluto desconocimiento sobre quienes son, sobre la obra que han venido a realizar aquí y las meta que aquí deben alcanzar.

CONTINÚA EN EL POST DE MÁS ABAJO.

Hannah.

(imagen de: http://homepage.mac.com/cloe/portfolio/cuentos.jpg)

Viernes, 16 de Diciembre de 2005 16:09 enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma.




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CITAS: Para el verano: Francisco de Quevedo y Villegas:

"El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar."

"Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres."

"El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos."

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"Bien acierta quien sospecha que siempre yerra."

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