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NOKEL EL GUÍA: SEGUNDA PARTE![]() Continuación del cuento “Nokel el guía” Segunda parte: (viene del post de arriba) Es decir, que el dios de Nokel era un manirroto que andaba por ahí desperdiciando poder y energía, porque tanto crear y poblar la Tierra para eso... Muy serio no es, pero, en fin, que Nokel decía muy serio que ese era el número de elegidos que las sacrosantas escrituras señalaban; y esas escrituras eran la ley. Y es que la Ley es la Ley. Y esta Ley –esto es la ley de Nokel- era inquebrantable e incuestionable para el rebaño. Y todo gracias a la sabiduría de Nokel, que les hacía ver cómo una de las amenazas mayores a la que estaban expuestos los elegidos, era la de analizar, valorar y enjuiciar, preguntar, dudar, flaquear y cualquiera otra actividad que se les ocurriera a ellos solitos hasta que no hubieran acabado con sus egos y se hubieran liberado de sus cadenas era algo muy, pero que muy malo y peligroso, sobre todo si se pretendía seguir formando parte de aquel rebaño. Y Nokel continuaba: “únicamente el gran avatar –es decir, yo mismo- tiene la perfecta visión de cómo será la obra cuando la misión haya sido ejecutada y, precisamente por ello, tan sólo él –es decir, Nokel- puede ver el alcance y el sentido de todo lo que ocurre en la vida, así como el verdadero significado y la verdadera causa de todo lo que la vida depara a cada oveja y a cada cordero del rebaño”. Esto lo decía con una ternura y un amor –o un interés- tan intensos que los pobres discípulos rompían a llorar como niños. Nokel aclaraba continuamente todo, pero sobre todo lo de dejar bien sentado que él era el gran avatar... Y, por sí les quedaba alguna laguna, proseguía: “aunque habéis sido elegidos para la obra y os he dotado de todos los divinos atributos, éstos aun no se han consolidado plenamente en vuestros corazones y en vuestras mentes, de manera que aun no habéis alcanzado la perfección que os permitirá acceder también a una verdadera clarividencia… Entre tanto, el único clarividente soy yo, y únicamente podréis llegar a esa meta, cumpliendo mis palabras y siguiendo mis pasos con fe y con confianza, con absoluta lealtad y con sincera alegría, con honradez y pulcritud y con una extremada y disciplinada rigurosidad”. Con toda esta enseñanza, cuanto más infantiles se tornaban los miembros del rebaño, más dichosos, satisfechos y radiantes se sentían. Finalmente, el maestro les comunicaba que otra de las pruebas de su condición de elegidos la constituía tanto el esfuerzo por proclamar las enseñanzas del maestro, esto es: de él mismo, a todos los llamados que seguían sordos –por lo del ego- como por el número de llamados que eran capaces de traer a la presencia del maestro –es decir: de Nokel- para que, arrojados a sus pies, el pastor les hiciera la entrega de todos sus dones y pasaran a formar parte del rebaño de elegidos. Verdaderamente, los seguidores de Nokel se sentían afortunados, privilegiados, especiales, diferentes, importantes y perfectos… Y no como el resto de los mortales. Las palabras de su pastor eran el más nutritivo, puro y completo alimento que ser alguno pudiera ingerir. Con un alimento tan perfecto les sobraban todos los demás alimentos. Ningún otro alimento, más que las palabras de su maestro, necesitaban ya. Así que abrazaban las instrucciones que Nokel les daba, ciegamente convencidos de sus efectos; y como una de esas instrucciones era la de ayunar, pues mejor que mejor porque encima no pasaban hambre. El ayuno tenía la función de conseguir dos objetivos que eran imprescindibles para el progreso del discípulo: el dejar que la palabra del maestro fuera perfectamente digerida y pudiera así limpiar sus cuerpos y sus mentes de todas las toxinas e impurezas del ego; y el disolver las cadenas y los espejismos que, igualmente, el ego producía en ellos. Del mismo valor eran todas las oraciones, las penitencias, los sacrificios, las renuncias y los rituales que debían cumplir a lo largo del día y de la noche. El velar y el no abandonarse a los autoengaños de la necesidad de sueño, era, en igual medida, un valor muy importante. De manera que todos se esforzaban sin vacilación ni desfallecimiento, en el cumplimiento abnegado de tan sabias enseñanzas. Y lo mismo hacían respecto de salir al encuentro de los elegidos que, ignorantes de que lo eran, hacían mutis a las llamadas que recibían. Esta actividad reforzaba intensamente a todos los integrantes del rebaño, ya que sí conseguían que algún sordo oyera y pasara a formar parte del redil, se confirmaba la calidad de elegido en todos y cada uno de los seguidores; y si eran vituperados, vilipendiados, tratados de locos, de sectarios, de dogmáticos y de subversivos del orden social, se reforzaban igualmente por el alto esfuerzo y sacrificio que entregaban a la causa. ¡Y que placer sentían cuando, al regresar cansados, derrotados, tristes y llorosos a los pies de Nokel, éste les estrechaba entre sus brazos con paternal amor y compasión, diciéndoles: “Venid a mí, hijos míos predilectos y amados. Venid a mí; que yo haré que algún día vuestra carga sea ligera, y vuestro yugo suave. Venid a mí; que yo llenaré, algún día, vuestro corazón de gozo y consolaré vuestras penas”... Algunos se dormían de placer en el regazo del maestro, pero éste, pendiente siempre del progreso y evolución de su rebaño; les despertaba rápida y enérgicamente a la vez que les increpaba “Velad y trabajad, porque mucha es la tarea y pocos los obreros…” Y todos se quedaban felices y contentos al ver que su guía siempre sabía lo que les convenía. Cuando alguna pequeña nube de duda velaba, excepcionalmente, la luz que iluminaba las vidas de aquellas santas y felices criaturas, el maestro, siempre presto a subsanar los errores de sus discípulos, buscaba con paciencia y amor a los responsables de haber sembrado la semilla de esas malas hierbas. Lo primero que el maestro hacía, era llamarles a su presencia y otorgarles su perdón con comprensión, bondad y misericordia; abrazándoles y enjugando sus lágrimas. ¡Que para eso era el padre de todos! ¡Ese padre bondadoso y justo que comprende las flaquezas y caídas de sus hijos! Y tras renovar en ellos las fuerzas para la obra, infundía en sus espíritus nuevamente la acción de todos los dones que él les había dado. Más tarde, toda la congregación se reunía en la gran sala de oración, para purificar al descarriado/a –o descarriados- con un solemne ritual de limpieza a través del cual, los arrepentidos lograban incorporar otra vez dentro de sí la pureza perdida. El ritual de limpieza y lavado de faltas era de lo más profundo y efectivo que uno pueda imaginar. ¡Vaya, que era de una efectividad pareja a la de la lejía con la ropa blanca! El rebaño en pleno y su pastor se reunían en la sala de oraciones y disponían todo lo necesario para la realización de la ceremonia. En el centro de la sala colocaban tantos ataúdes como discípulos hubiera que limpiar. Dos grandes recipientes –con agua helada el uno y con tierra mezclada con estiércol el otro- se dejaban igualmente en el centro de la sala, dejando al lado de aquel que contenía tierra una pala y, al lado del otro, una jarra. También dejaban preparadas, en igual número, túnicas cuya blancura parecía irradiar luz y calor. Una vez dispuesto el material y hechas las invocaciones, cantos y movimientos de rigor, los que habían cedido a sus debilidades ególatras eran conducidos al centro de la sala y despojados de todas sus ropas, hasta quedar completamente desnudos. Entonces, mientras los temblorosos y arrepentidos infractores de la Ley se entregaban a una profunda meditación, arrodillados en círculo, todos y cada uno de los elegidos echaba sobre sus cabezas una pala de tierra y estiércol, y una jarra de agua helada. Cuando esta parte llegaba a su fin, la asamblea pasaba a nuevas invocaciones, cantos y movimientos, tras lo cual, los pobres detractores de la obra, muertos de frío y de arrepentimiento, eran metidos en los ataúdes dispuestos a ese fin, en donde seguían en profunda meditación y completa oscuridad hasta que la asamblea pasaba a la siguiente parte del ritual. Después de una o dos horas, todo el rebaño formaba un gran círculo en torno a los ataúdes mientras iban retirando las tapas que los cubría; llegados a este punto, el maestro –es decir, Nokel- se acercaba a cada uno de los afligidos elegidos y, dirigiéndose a la asamblea con voz solemne, decía a cada uno de ellos: “¡Aquí yace un futuro iniciado derrotado por las cadenas de su ego, pero he aquí que un elegido ha renacido en él!” Y sacando al susodicho del ataúd, tras abrazarle y vestirle con la túnica, proseguía: “¡Abrid paso al hijo pródigo que ha regresado! ¡Dejad que ocupe el puesto, que su padre le tenía preparado! ¡Mostrad vuestra alegría al hijo que ha vuelto a nacer! ¡Conducidle al lugar donde está inscrito su nombre desde los principios de los tiempos!” Y con gran alborozo, el “recién lavado elegido” era conducido por los acólitos – ¡que haberlos habíalos!-, a su lugar. El ritual de limpieza se cerraba cuando toda la asamblea, enardecida de gozo, formaba una procesión por todo el recinto. Este momento lo decidía el propio elegido cuando se sentía a sí mismo purificado del todo. CONTINÚA EN EL POST SIGUIENTE, MÁS ABAJO Hannah. (Imagen de: http://homepage.mac.com/cloe/portfolio/cuentos.jpg) Viernes, 16 de Diciembre de 2005 16:06 enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma. Comentarios » Ir a formulario
Aunque dejo aquí el comentario me he leído el cuento entero, entre otras cosas, porque una vez que se empieza no se puede dejar, te atrapa y te atrapa. Es increible como abordas la temática de los gurus y falsos iluminados de bien. Tienes toda mi admiración.
Un abrazo Fecha: 17/12/2005 10:12.
Felicidades por tu magnífico trabajo y felicidades por el nuevo blog :)
Fecha: 17/12/2005 13:13.
Estoy entusiasmado con este cuento, me ha gustado aún más que la narradora de cuentos que ya me gustó mucho. Es bárbaro. Una pena que no te lo publiquen porque me gustaría tenerlo en pale y firmado por ti.
Un abrazo Fecha: 17/12/2005 15:15.
Salvo que es un poco largo y que se repite un poco, es perfecto. Tal vez deberías pulir esas dos cosas. En la narradora de cuentos pasaba lo mismo. Valdría la pena que lo hicieras porque son muy interesantes.
Saludos E. Fecha: 18/12/2005 10:00. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: hoy, Baruch de Spinoza: "Comprender es el principio de aprobar." "Si no quieres repetir el pasado, estúdialo." " La experiencia nos ha demostrado que a la persona no le resulta nada más difícil de dominar que su lengua." Aviso: las imágenes que ilustran las entradas de este Blog se toman de la red con sus créditos. Si los autores desean que sean retiradas, que lo hagan saber, y así se hará. Gracias Temas
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