NOKEL EL GUÍA: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE (CUENTO) | Ser Rizomático

NOKEL EL GUÍA: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE (CUENTO)

20051210185427-nokel-el-guia-tercera-y-ultima-parte.gif

Continuación del cuento: “Nokel el guía” tercera y última parte. (viene del post de arriba).

Y así siguieron las cosas durante un largo tiempo, sin grandes cambios; salvo el crecimiento del rebaño y el aumento de las riquezas y pecunios de Nokel. El número de los elegidos aumentó y aumentó hasta que la finca donde convivían se les quedó pequeña. Se imponía venderlo todo y construir algo más grande, ¡mucho más grande!… Algo también más apropiado, que les permitiera tener su propia editorial. Algo que les permitiera sembrar sus propios campos de cultivo. Criar sus propios ganados. Manufacturar sus ropas con sus propios telares… En fin, algo que los convirtiera en autónomos, y pudieran autoabastecerse sin necesidad alguna de desperdiciar sus pecunios con los pecaminosos e impuros profanos de la contaminada sociedad de consumo. Algo que les acercara a tener su propia ciudad de la luz, y que fuera, ya, el anticipo exacto de lo que sería el futuro paraíso. Esto demandaba un incremento de poder adquisitivo considerable. Nokel dijo a sus seguidores que debían reunir una cifra no inferior a once dígitos. Bueno, ¡eso era para empezar!

No tardaron mucho en conseguirlo. Ya sé sabe, tan elegidos y tan perfectos todos… ¿De qué otro modo hubiera podido ser? La rapidez con la que se reunió la suma indicada por Nokel no podía ser otra cosa que una prueba más. Y eso justamente fue lo que pensaron todos los miembros del rebaño cuando Nokel y el alto discipulado (es decir, los discípulos más aventajados, abnegados y apegados a Nokel) toda vez que terminaron de hacer el recuento exacto de todo lo acumulado, lo comunicaron con gran alborozo. Nokel envió a sus acólitos a comunicar al rebaño la buena nueva, ordenándoles que se reunieran todos sin excepción en el nuevo e inmenso pabellón de oración, para realizar un solemne ritual de acción de gracias, que era algo así como el “Tedeum” de los curas, más o menos. Una vez todos reunidos debían pasar algún tiempo meditando y purificando sus mentes, tras lo cual, Nokel acudiría para la ceremonia. Los acólitos, llenos de satisfacción y alegría, corrieron -casi atropellándose de gozo- a cumplir debidamente la voluntad del maestro. Todos los integrantes del rebaño Pensaron que debían haber progresado mucho, a juzgar por los resultados, y también porque sus propios deseos eran absolutamente semejantes a los de Nokel...

Pasaron cinco horas de fervorosa y silenciosa meditación. Allí no se movía ni una mosca y no se escuchaba ni un suspiro. El rebaño estaba tan henchido de devoción y entrega, que ni siquiera había advertido cómo y cuánto tiempo había transcurrido ya. Por fin, uno de los novatos recién llegados, al cambiar de posición –al pobre se le habían dormido las piernas y las posaderas- y sin que fuera esa su intención, se dio cuenta de la hora que era. Acercándose al más sabio de los discípulos, esto es, al discípulo amado de Nokel, le comunicó su hallazgo. El sabio acólito, entristecido, hizo ver al novato su error e indicándole que volviera a su lugar, le hizo saber que su conducta era merecedora de un ritual de limpieza; y ni cortos ni perezosos se dispusieron a ejecutarlo… Pero de inmediato se dieron cuanta de que no podían, ya que, está claro, era ineludible la presencia del maestro para esa ceremonia… El discípulo amado, después de mucho meditar, de rogar perdón por su impureza y, fundamentalmente, por estar profundamente inquieto de que el maestro se demorara tanto –pensando que podía haberle sucedido algún trastorno grave… y ellos allí esperando como bobos- en fin, que el acólito amado de Nokel se levantó y partió en busca del maestro. Su sorpresa fue enorme cuando no encontró a nadie. Ni rastro de Nokel, ni rastro de dinero, ni rastro de acciones, de valores y de escrituras… ¡Ni rastro de nada! Ni siquiera entonces pasó por la imaginación del discípulo amado que su “maestro” se la podía haber jugado... ¿Pensar mal del maestro?... ¡En absoluto! Inmediatamente encontró la explicación: Alguien había entrado a robar y había secuestrado a su pastor. Aquello no sólo era terrible, era abominable… ¿Qué hacer? Consternado voló a la sala de oración y tras decir al rebaño cuanto había hallado y la explicación que le parecía más acertada, cayeron todos de rodillas. Todos los discípulos se rasgaron las vestiduras y se pusieron a orar y a mandar energías a su maestro para que éste, usando sus poderes, lograra salir de aquel trance, fuera como fuese, que hubiese sido el trance tal. Hubo ayunos, penitencias, plegarias, meditaciones, purificaciones… Pero el pastor no aparecía y nada se sabía tampoco del tesoro. Pasaron cinco días durante los cuales la desolación y la tristeza fueron intensas y constantes. Y para agravar más la situación, de pronto constataron que habían desaparecido también - y sin que nadie pudiera explicárselo -, uno de los discípulos… “¡Esto es una terrible pesadilla, un espejismo del ego!” Repetían sin cesar, cuando notaron la ausencia. “¡No puede ser cierto!” Exclamaban transidos de dolor. El rebaño llegó a la conclusión de que, tanto al maestro como a uno de sus discípulos, los habían secuestrado a la vez. Probablemente, seguían especulando, el discípulo habría escuchado ruidos y habría corrido en ayuda del maestro… “¡Si, eso debía ser!” Concluyeron todos. La entrega y el sacrificio de todos y cada uno de los seguidores de Nokel hizo que éstos aumentaran considerablemente sus penitencias, sus ejercicios devocionales, sus ayunos… Se esforzaron más; incrementaron más su dedicación a la obra; se volvieron más abnegados y fueron más plenos y sinceros –si eso era ya posible- Pero seguían en la más profunda ignorancia de lo que podía haber sucedido. Eso sí, ni una nube de duda, ni de sospecha acerca del pastor ni del discípulo ausente, atormentó al fiel rebaño; el sufrimiento que les aquejaba era únicamente promovido por el profundo dolor y la gran consternación que la repentina e inesperada perdida de Nokel había producido en todos ellos. Haciendo acopio de fuerzas, de paciencia y de obediencia –que eso era lo mas importante y sagrado - se entregaron de nuevo a la oración con la plena convicción, esperanza y fe de que su maestro, o bien les sería devuelto por los secuestradores o bien él mismo, en el uso de su poder, lograría revertir la situación, regresando junto a ellos con todo el patrimonio… Como el tiempo transcurría y seguían sin novedades, esbozaron otras alternativas, tales como: “Puede ser que él maestro nos esté sometiendo a una de las últimas pruebas para ser iniciados”... “Quizás haya terminado su misión entre nosotros y haya vuelto a la residencia celeste de los avatares... Tal vez haya hecho donación del dinero a algunas organizaciones no gubernamentales... También puede ser que el discípulo que falta, esté compinchado con los secuestradores y hayan robado el dinero, teniendo aun al maestro preso... O que el maestro haya reconocido, en los secuestradores, a elegidos disidentes, y haya querido devolverlos a nuestro redil…” Y un sin fin de cosas más. Pero fuera lo que fuese lo que se les ocurría, siempre salvaban a Nokel de toda sospecha. Finalmente decidieron que lo ocurrido no era otra cosa que una prueba del amor del buen pastor hacia sus ovejas. Nokel habría ido en busca de la oveja, u ovejas, descarriadas para hacerlas regresar al rebaño. Y ello aun a costa del tesoro o de él mismo. “¡Veréis como es algo así!” Decía, con vehemencia, el amado discípulo al resto del rebaño. Y todos, conmovidos por tal posibilidad, siguieron, absortos y con recobradas fuerzas, orando y meditando sin salir del recinto. Por supuesto que a nadie se le pasó por la mente la idea de llamar a la policía... Aunque no fuera nada más que para denunciar la desaparición de maestro. Nokel les había dado instrucciones precisas: “Al César, lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” Les decía, por lo tanto nunca, nunca debían acudir a la policía para resolver un asunto del “reino” esto es, del hogar de los elegidos..., o sea, de los dioses. Bueno, aunque fuera un embaucador, un vividor y un garúa, Nokel, era, ciertamente, un hombre de alta inteligencia, tal vez no de una inteligencia divina -como decía él- pero muy inteligente, lo era sin lugar a dudas.

Y ¿qué fue del maestro? Nokel estaba desbordante de felicidad. Una vez más había logrado llevar a feliz término sus planes y éstos le habían salido redondos... Bueno, no tan redondos, porque un imbécil del rebaño casi estuvo a punto de malograrlo todo. “El sabio Nokel” lo había resuelto bien, y ahí estaba, encerrado en su maletero aquel inoportuno borrego. Tan pronto se hubiera alejado lo suficiente de allí, lo arrojaría a la cuneta. Nokel sentía deseos de besarse y abrazarse a sí mismo. Reía y se decía: “¿Qué más puedo pedir? Tengo que reconocer que soy un genio. Si por esto dieran premios, yo me los llevaría todos.” A Nokel le gustaba lo que hacía, disfrutaba primero, planificando el proyecto, y luego, la ansiedad por verlo realizado le hacía reventar de satisfacción. No había en él ni pizca de remordimiento: nada de culpas ni de sentimentalismos absurdos e infantiles. Como se repetía a sí mismo Nokel, lo de ser como niños, estaba bien para aquellos incautos, pero no para él. Se entregaba en cuerpo y alma a aquello y, ciertamente, le salía bordado. Siempre era así; y él sabía que siempre sería así. Estaba convencido de que lo lograría tantas veces como quisiera. Después de cerciorarse bien de que todo estuviera dentro de su maletín, de que el borrego siguiera inconsciente en el maletero y de asegurarse de que todo el rebaño aguardaba paciente en la sala de oración, Nokel abandonó sigilosamente el recinto. Subió en su Mercedes –que para eso era “El Maestro”- y arrancó el motor. No había ningún problema de que fuera escuchado, ya que el ruido del motor no podía llegar a la sala donde le aguardaban los discípulos. ¡Ya se había encargado él bien de alejar el vehículo aun más, por sí acaso! Nokel esperó aún unos minutos por si alguien advertía su marcha… Siempre podía dar alguna explicación; total, aquella panda de borregos lo aceptaba todo sin cuestionar nada de lo que él les decía. Cualquier cosa que él les dijera, se creía a “pie juntillas”. “¡Un importe de once dígitos!” Se decía Nokel, sin parar de reír… Parecía imposible pero lo había conseguido. Era, sin lugar a dudas, el mejor golpe de cuantos había realizado. Con este se acabó. Ya era hora de retirarse. Total, por más que gastara, tenía suficiente para vivir seis vidas… Y no iba a cometer el error de otras veces. Nada de “juego de bolsa” y nada de casinos; esta vez se compraría una cómoda y agradable mansión en algún lugar al abrigo de extradiciones –por si acaso- ¡Y a vivir que son noventa años! Con tranquilidad, con elegancia, con desahogo, con solvencia y con prestancia ¡Cómo corresponde a un gran señor! Porque eso era lo que a partir de hoy iba a ser. A rienda suelta se reía Nokel mientras se alejaba a toda velocidad de allí. Tales eran sus carcajadas que lloraba y todo. Nunca, nunca había disfrutado tanto. Nunca y con ningún golpe de los anteriores. Jamás había conseguido un botín de la magnitud que tenía este…

A sus sesenta años, Nokel era aún bien parecido y se conservaba en plena forma. Sus ojos profundos y negros como la pez, traslucían en sus miradas la inteligencia, la astucia y la intuición con las que sus padres –o los dioses- le dotaron. Era alto, delgado, sólido y andaba con la elegancia y delicadeza de un rey… ¿O de un sabio maestro? Tantas veces había interpretado ese papel que hasta él mismo llegaba a creérselo. Pensó: “Tampoco es tan difícil: un poco de magia por aquí… unas frases de las escrituras adulteradas por allá… ¿Quién las conoce hoy tanto, como para percibir la distorsión? A todos les suena, pero nadie las conoce. Bueno, muy pocos”… Y, Nokel, continuó su camino riendo a mandíbula batiente. Su voz era firme, clara, fuerte y modulaba las palabras con un tono tintado de ternura y de calidez tal, que cautivaba a cuantos le oían. Dominaba el arte de la seducción. Era un exquisito, locuaz y gran orador. Más aun, era un mago del discurso. Un encantador irresistible. Cuando se dirigía a las gentes, éstas le escuchaban de un modo que parecían estar hipnotizadas. Claro que, si a esto se añadía alguna de las causas que aquellos “atrevidos periodistas” habían esbozado al tratar de denunciarlo; el efecto era aun más definitivo. “¡Ah, que felicidad, que gusto... Esto es mucho mejor que… Esto es como el mejor orgasmo!” Continuaba entusiasmado Nokel. De tanto en tanto acariciaba el maletín y nuevas carcajadas brotaban de su garganta y de su abdomen. Se diría que las carcajadas le salían del alma. Ni un solo pensamiento dirigió Nokel a sus seguidores. Lo cierto es que le importaban un carajo. ¡Pobres incautos!… Nokel había desplegado todas sus capacidades y dones al servicio de aquella hazaña. ¡Y les había embaucado como nunca!… No en vano su nombre, Nokel, en hebreo significaba embaucador. ¡Cómo dominaba Nokel ese arte! Porque en él, aquello no era un “trabajo”; era un arte y lo dominaba a la perfección: con una absoluta impecabilidad…Cuando se hubo alejado del recinto lo bastante para poder pasar inadvertido, paró el vehículo, descendió y asestó un fuerte golpe al “borrego” que llevaba en el maletero. Luego, tras asegurarse de que el infeliz estaba muerto y bien muerto, y de que ninguna huella pudiera relacionarle con el crimen, subió nuevamente a su “Mercedes” -frotándose las manos de contento- y continuó su viaje. Tan feliz y tan absorto en sus pensamientos iba Nokel, que no se dio cuanta del vehículo que salió de pronto. Giró bruscamente el volante a la vez que frenaba con todas sus fuerzas, pero no pudo impedir salirse de la carretera y precipitarse, dando vuelcos y más vuelcos, por aquella endiablada pendiente; hasta que el coche ardió y explotó, reduciendo a cenizas tanto a Nokel como al maletín que contenía la fortuna de once dígitos.

En cuanto a los discípulos, al leer la noticia de la muerte del discípulo que faltaba, se reafirmaron en todas las teorías que habían elaborado para explicarse la desaparición, tanto del elegido como del maestro, luego siguieron con su tarea de expansión de la obra, no sin antes nombrar “maestro en funciones” al discípulo amado de Nokel; y, según creemos, ahí siguen aun, rezando por la vuelta de su guía.

FIN DEL CUENTO.

Hannah.

(Imagen de: www.bibliotecaviva.cl/archivos_destacado/gif)


Viernes, 16 de Diciembre de 2005 16:02 enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma.




Ser Rizomático


Ser Rizomático es igual
a desplegar "rizo a rizo"
"raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad.

CITAS: Para el verano: Blaise Pascal:

"Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas."

"El corazón tiene razones que la razón ignora."

"La justicia sobre la fuerza, es la impotencia, la fuerza sin justicia es tiranía."

"He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta."

"Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón."

AVISO IMPORTANTE: Generalmente y citando créditos, tomo las imágenes de la red. Si algún autor desea que las retire, que me lo haga saber. Gracias

Temas

Archivos

Google Scholar

Enlaces

Conoce más de las bitácoras

Blogs México

bloguisferio.com

BloGalaxia


imagen


Personal Blog Top Sites

Suscribir con Bloglines

Directorio de blogs

 Bitacoras.com

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.5 Spain License.


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]