
|
LA NARRADORA DE CUENTOS: SEGUNDA PARTE![]() “La narradora de cuentos”. Pero el aire sólo lo respiraban durante las pocas horas de sueño; y las vistas no podían verse mientras dormían. Bueno, al menos los chicos disfrutaban de ello, sí, pero hasta cierto punto; porque el colegio estaba lejos y se pasaban media vida metidos en el autobús escolar... Además, estaban creciendo solos y alejados de los padres... Estaban transformándose todos ellos, los unos para los otros, en unos extraños y en unos perfectos desconocidos... Y eso había sido el comienzo de sus “necesidades”: el cambiar de casa porque ya no cabían en el apartamento. Esa casa cuya hipoteca les había obligado a duplicar el trabajo, los había llevado, como encadenados por una diabólica sucesión de necesidades, a triplicarlo y a no vivir nada más que para trabajar. Todo se había descontrolado. Tal vez, también se fueron dejando cegar por la ostentación de aquella zona residencial, por la adoración al consumo y por la brillantez de un imaginario nivel social... “¡Pero qué nivel social ni qué leches!” Se repitió varias veces Carla, casi gritando, mientras seguía perdida por los hilos de las madejas de esos pensamientos, desenredando viejos nudos: “¿Cómo he podido alejarme tanto de la realidad, de lo esencial, de mis hijos, de mí misma… cómo, pero cómo, me he autoengañado tanto, hasta convertirme en una esclava?” Se cuestionaba repetidamente y con ansiedad, diciéndose que la vida que ella y Pablo se habían montado, era como una película de locos. Y reconocía Carla: “Un montaje al servicio de la apariencia y de la ostentación… pero... ¿Ostentación, de qué?”… Se recriminaba, al ver que no podían disfrutar de nada de lo que tenían; ni de sí mismos, ni de sus propios hijos. Se vio forzada a admitir, que esos diez años que habían transcurrido desde que vendieran, Pablo y ella, el pequeño y humilde apartamento de la ciudad, habían sido diez años de servidumbre y enajenación. Advirtió que habían vivido esclavizados por unos bienes que no les procuraban ningún deleite. Pensó: “¡No tenemos tiempo para ello!”. Tuvo también que admitir, que al emperrarse en conservar esos supuestos bienes se habían creado mayores necesidades que, a su vez, únicamente les aportaban el tener que trabajar más y más aún, amén de alejarse de lo que realmente era importante: de sus hijos, de ellos mismos y de disfrutar todos juntos de la vida. La furia que sentía, crecía por momentos al tomar consciencia de todo lo que se había perdido, tanto ella misma como su marido y sus hijos; de todo lo que se seguían perdiendo... Pero lo veía. Sí. Ahora todo aparecía diáfanamente claro ante su vista. Era maravilloso. Carla notaba como la emoción iba deshaciendo un nudo que siempre había tenido en la garganta. Se sentía conmovida, esperanzada… Instante a instante iba ganando consciencia de que podía cambiar… ¡Su vida podía cambiar! Dentro de ella, la furia mudaba, progresivamente, en alegría y gozo, porque se daba cuenta de que podía cambiarlo todo. Sí, Carla sentía que aun estaban a tiempo y se sabía con fuerzas para hacerlo. Era joven y podía lograrlo. El momento era ahora. No había que perder ni un día más, ni un solo minuto –pensaba para sí-... De lo contrario, en su vejez, ella y Pablo se derrumbarían ante la visión de una vida desperdiciada... No, no la desperdiciaría ni un segundo más. ¡Ya no podían permitírselo!… Venderían el maldito chalet y cancelarían la hipoteca… Con el producto de la venta aun les sobraría para comprarse un piso humilde, pero cómodo y suficiente para los cinco... “¡Sí, para Alfonso, el mayor… Para las pequeñas gemelas, Celia y María… Y para nosotros dos… Para Pablo y para mí!”; se gritó ilusionada. Carla continuaba girando toda aquella rueda de ideas y sentimientos, con las neuronas echando humo y la sangre en ebullición, pasando de la alegría a la rabia, y de la ternura al resentimiento. La compra de esa “vivienda unifamiliar” lo había embrollado todo haciéndoles perder el timón de sus vidas. Cierto que, en el apartamento que vivían antes de comprar el chalet, ya no cabían. Una habitación, un aseo y un diminuto comedor con cocina americana, no era mucho. Total, apenas cuarenta metros cuadrados; demasiado pequeño para una pareja con un hijo, pero cuando llegaron las gemelas, aquello era ya agobiante... Alfonso tenía sólo cinco años cuando compraron el chalet mientras que Celia y María contaban sólo con tres. Diez años habían pasado desde entonces sin que hubiera tenido, ni un ratito, para sentarse con ellos, para escucharles, para atender sus necesidades, para acariciarles, para divertirse con ellos... Era como si Carla, ella misma, hubiera vivido aprisionada en uno de esos cuentos que contaba. En una de esas historias, que ahora se le antojaba de terror. Como si hubiera confundido la realidad con la ficción y se hubiera quedado pegada a esa fantasía irreal y sin sentido... Sí, decididamente Carla pensó que ya estaba bien de hacer de madre de otros y que debía y quería dedicarse a desempeñar el papel que realmente tenía, el de esposa y madre; cuidando y disfrutando de los suyos. Continúa en el post de abajo. Hannah. (imagen de: http://tn3.deviantart.com/Cuentame_un_cuento.jpg)
Viernes, 02 de Diciembre de 2005 13:29 enlace permanente. Tema: Los cuentos de mi pluma. Comentarios » Ir a formulario
Muy bueno el cuento! Me acordé que existe, por si te interesa, un sitio nuevo donde puedes publicar libros de manera sencilla. Si no mal recuerdo, es www.lulu.com En dicho lugar, tu haces la edición y ellos promocionan en lugares como amazon, y lo ideal, es que se imprime cada vez que alguien lo compra en linea, asi, maximizas beneficios, evitas editoriales con riesgo, y creo, haces el asunto a tu completo gusto. Saludos!
Fecha: 03/12/2005 02:01.
Muchas gracias, José, por la valiosa información; echaré un vistazo a ver cómo es eso.
Un saludo muy cordial. Hannah Fecha: 03/12/2005 09:58. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: hoy, Albert Camus: "No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo." "La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas." "Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo." Aviso: las imágenes que ilustran las entradas de este Blog se toman de la red con sus créditos. Si los autores desean que sean retiradas, que lo hagan saber, y así se hará. Gracias Temas
Archivos
Enlaces
![]() This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.5 Spain License.
Estadisticas Gratis |