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LAS BATAS BLANCAS![]() “Nunca buscamos las cosas por si mismas, sino por la búsqueda” Blaise Pascal Desde mi más tierna niñez quise ser médico, y si algo tuve claro durante la pubertad y la adolescencia fue que yo quería ser médico, y hacia eso me encaminé; pero lo que realmente quería ser, distaba mucho de lo que se aprendía en la facultad de medicina. Se empezaba ya a hablar de robótica, aunque se trataba, entonces, más de ciencia ficción que de realidad; pero ese tipo de "hombrecitos" - me parecía a mí -, que, conceptual y vivencialmente, tenían ya la robótica cimentada en sus neuronas cuando se acercaban a sus pacientes o dictaban sus clases. Todo aquello de la “clase médica” y de la “neutralidad”, tenía un “tufillo” que no acababa de convencerme. Eso de tratar a los “pacientes” como niños desvalidos que no debían o no podían saber que lo que les pasaba (a pesar de tratarse de sus vidas), y a los que no se les debía contar sus dolencias con claridad, supuestamente para no alarmarlos… me parecía de una falta de respeto increíble. A mis perplejos e incrédulos ojos, todo aquello rezumaba una omnipotencia intolerable. ¡Ni que los pacientes fueran subnormales! Y lo que más me sublevaba era ese aire de sobreprotección y paternalismo con los que, esos señores médicos omnisapientes, explicaban su hermetismo y su despersonalización. ¡Cómo si no se pudiera hablar de humano a humano con un ser doliente!… Me decía a mí misma que nunca me cegaría hasta el extremo de dejarme imbuir de esas conductas, ni me deshumanizaría con todos esos biologicismos positivistas que constataba. Para mí, un ser humano enfermo y sufriente nunca sería “una neumonía”, "ni una litiasis", "ni el “322 de la cama la nº 5". Me decía a mí misma que si esos "hombrecitos de bata blanca" pudieran tragarse un sorbito de humanismo, de imaginación, de humildad y pudieran bajarse de sus "podium de saber", probablemente morirían intoxicados y espantados. Desde mis vísceras les gritaba: "Bailad, bailad, malditos, embriagaros de órganos, geneticismos y sangres; embriagaros de patologías, semiologías y órganos desmembrados; embriagaros de lo inanimado, de lo muerto; que yo me quedo del lado de la vida y del hombre entero, del lado del semejante. Que yo me quedo del lado de la impotencia y del dolor de la muerte, pero también del lado del milagro, de la incertidumbre y de la sorpresa de la vida. Bailad y gozad vuestra imaginada condición de “dioses” en un frío e inaccesible cielo; que yo prefiero permanecer aquí abajo, descubriendo mi condición humana y disfrutando con mis semejantes los el compartir los dones de la tierra. ¡Los “pobres doctores”!… Ahora veo que, su proceder, no era más que otra muestra de aquel pensamiento mutilado y retorcido de la doble moral de aquellos días (¡lo malo es que aun perdura bastante hoy!), de la estupidez y de la necedad ejercida desde la incultura de la represión y de los dogmatismos doctrinales del momento… Pero sigo opinando que no hay ningún derecho a que, nadie, ni médicos, ni ninguna otra persona, tengan derecho a decidir, ni a velar, ni a retener nada que tenga que ver con la vida de alguien, cuando “ese alguien” puede procesar la información y decidir por sí mismo qué hacer. Creo que el dar información no está en absoluto reñido con el hacerlo delicada y humanamente. Opino que se ha confundido, muchas veces, el “ser humano” con un absurdo paternalismo proteccionista que únicamente conduce a un abuso de poder y a un enfermizo engrandecimiento. Pero todos esos sentimientos que pugnaban dentro de mí, eran más una explosión exuberante e incontrolada que el fruto maduro de la germinación de las semillas que dormían en lo profundo de mi ser; y hasta que no pasé por desesperar y descreer del modo más crudo -a fuerza de golpes- de la humanidad y de mí misma, no pudo iniciarse en mi interior el proceso de dar fruto. Decía Nietzsche algo así como que únicamente cuando alguien duda de todo puede empezar a creer en algo... y debe ser verdad… y Cristo -quien, al parecer, era también muy sabio- decía que: “…Es preciso que el grano de trigo caiga en la tierra y muera para que dé fruto…". Sí, es necesario que uno muera y "remuera" y vuelva a morir mil veces, para que la Vida estalle y brote, y, para que desde lo más profundo de nosotros, florezca la Libertad de Ser, renaciendo poco a poco a una existencia auténtica. Esta historia prosiguió; y, mientras los estudiantes parisinos tomaban La Bastilla con sus gritos de "La imaginación al poder", "haced el Amor y no la Guerra" y otras voces y elixires psicodélicos, y en Chile soplaban vientos libertarios y en España se soñaba con la Libertad, los tanques soviéticos tomaban Praga estrujando las esperanzas del pueblo - que no matándolas, porque no puede matarse la esperanza - y yo seguía "ahogándome" en esa facultad de "batas blancas" y ese mundo de “grises”… No eran los mejores momentos para los estudiantes en España…¡Ni para los estudiantes, ni para el común de los ciudadanos, ni para España! Uno se vivía a sí mismo, no sólo "ahogado", sino aprisionado y mutilado por tanta opresión. Mi camino era el de la libertad y, aunque cual "Alicia en el país de las maravillas" seguía sin enterarme casi nada del cuento - seguramente mi padre no sólo se lo había leído, sino que lo había vivido en sí mismo a juzgar por su legado - me prometí a mí misma que por muchas batas blancas que yo llegara a vestir a lo largo de mi historia nunca me cegarían el alma. Y, en parte por evitar esa ceguera, dirigí mis pasos hacia otros horizontes desde los que la realización de la utopía fuera "más fácil"... "más alcanzable"… con menor opresión... y aterricé en África, donde con el sudor de mi frente, de mi cuerpo entero, y de mi alma, y, embutida en una bata blanca durante mucho tiempo, tuve que trabajar y luchar, no sólo con la opresión, sino con la muerte, el hambre, la enfermedad y, a veces, también la guerra; pero, sin lugar a dudas, la lucha más difícil y encarnizada, fue la que tuve que mantener conmigo misma... (Este fragmento, pertenece a un libro que escribí hace tiempo, en el 96 para ser exacta, y que voy poniendo a "pedacitos" aquí, cómo si de pedacitos de mi misma se tratara... Es curioso, sí, muy curioso, este exhibicionismo mío...) Lunes, 21 de Noviembre de 2005 19:14 enlace permanente. Tema: Rendijas de mi ser. Comentarios » Ir a formulario
Muriendo y renaciendo es como nos vamos haciendo personas. Tú con tu gran sentido reflexivo has ido tomando decisiones que te han posicionado en diferentes status en la vida. Lo que puedo decir, seas médico o terapeuta, es que eres una gran adelantada.
Fecha: 10/12/2005 20:27. |
Ser RizomáticoSer Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad. CITAS: Hoy, Stephen Weinberg, físico estadounidense, premio Nobel de física de 1979: "La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión." "Cuanto más comprensible parece el universo, tanto más desprovisto de sentido parece también." Aviso: las imágenes que ilustran los post, están tomadas de la red con sus créditos. Si algún autor desea que las retire, que me lo haga saber. Gracias Temas
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