De máscaras y roles | Ser Rizomático

De máscaras y roles

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  A menudo me pregunto qué es lo que una y otra vez hace que nos aferremos a esas imágenes sobre nosotros mismos que tanto dolor y sufrimiento nos producen y que nos mantienen exilados de nuestro verdadero ser. Y me respondo que el apego a ese enfermizo arte del enmascaramiento, es algo tan inherente a lo “Humano” que tal vez sea un destino necesario para nuestro desarrollo evolutivo; es una más de esas extrañas aporías que nos sostienen y nos atraviesan y que hacen de nosotros algo así como “Sacos de paradojas con patas”.
Tengo que reconocer también que, por mucho que camine como terapeuta, esto es como buscador de la verdad, tan pronto logro desenmascararme de algo me vuelvo a enmascarar con otra imagen ilusoria que confundo con mi verdadera esencia. Muchas veces nos negamos a reconocer lo que somos, cegados por lo que hacemos y por lo que tenemos, además de cegarnos con lo que aparentamos; y mucho más si esas pobres apariencias pertenecen al grupo de disfraces aprobados y valorados por nuestro entorno. Entonces creemos que tal cómo somos es censurable y malo, ya que se aparta de lo establecido; de modo que rechazamos aquello que, calificado de malo, es tal vez lo mejor de nosotros mismos.
Pero también se me ocurre, en ocasiones, pensar que si no viviéramos en la oscuridad de la mentira, de la máscara ¿cómo podríamos saber de la verdad de la luz? Tal vez el hecho de reconocer el engaño, siempre que uno llegue a reconocerlo como tal, sea ya, en sí mismo, ese camino, el del engaño, el que conduce al territorio de la verdad por paradójico que esto pueda parecer. Esas máscaras, tras las cuales nos escondemos, no siempre expresan rostros de tragedia. Algunas veces son cómicas, otras beatíficas, cuando no burlescas o tragicómicas; pero siempre tienen la gelidez del miedo. Y lo más triste es que uno no se da cuenta de lo profundamente pegadas que las lleva. Es más, ocurre que, cuando esas máscaras empiezan a despegarse, a veces, hasta las podemos echar de menos... y es que el “Ser Humano” es una caja de inagotables e imprevisibles sorpresas. ¿Cuántas veces me he dejado atrapar por el fantasma de la omnipotencia, durante la escucha, en el proceso terapéutico? ¡Es tan sencillo y tan complejo a la vez!

Pero de vuelta a las máscaras, realmente es difícil y trabajoso el camino hacia la luz, hacia la verdad, hacia el encuentro de sí mismo; y lo más sorprendente de todo es que cuando uno alcanza alguna meta se da cuenta de que lo esencial es absolutamente sencillo, uno advierte que, el vivir en la falsedad de la máscara constantemente pendientes de obtener ese agrado y aprobación del otro, nos sale demasiado caro. Tengo que convenir en que el camino hacia el conocimiento de uno mismo está lleno de túneles y pasadizos por los que constantemente uno se pierde. Pero es imprescindible y necesario recorrer ese camino si queremos llegar, no ya al encuentro real y esencial con uno mismo, sino al encuentro con los demás. Lo cierto es que uno se tira un porrón de años para llegar a ser uno mismo y cuando llega uno a serlo un poco, ve con –como diría ¿ternura?- sí, con ternura, que lo que ha conseguido es recobrar algo que perdió cuando apenas alcanzaba a tener uso de razón...

Le dan a uno ganas de decir ¿tanto correr para eso? ¿No podríamos simplemente ser siempre niños? Por lo visto no es tan simple. Alguno de los padres del psicoanálisis dijo alguna vez que el problema es que nos erogenizamos en un mal lugar, algo así como en un lugar prohibido, un lugar en el que la ley del incesto nos venda los ojos y nos arranca del camino de la inocencia, de la pureza, de la autenticidad. Sí, tal vez por eso Troilo, mi perro, carezca de máscaras y yo, como el común de los mortales, de lo que carezco es de esa plena inocencia y bondad que refleja él en los ojos. Así que no me queda más que proseguir el camino por ese transitar de terapeuta, de buscador de la verdad, hasta que me dé de bruces con ella - eso sí, sin hacerme ya demasiado daño con el golpe -, y se haga la luz en mi vida de una vez por todas... o al menos un cachito.
A veces me gustaría creer lo que, en algún momento del proceso terapéutico, opinan de mí y me dicen las personas que por un trecho me acompañan “Tu, claro, esto ya te lo sabes” “¡Para ti es fácil!” Y desde aquí yo les digo que para mí es tan fácil y tan difícil como para ellas. Quizá, la diferencia estriba, no tanto en que sea realmente más o menos fácil para mí que para los demás, si no en que el trecho que yo he recorrido a lo largo del tiempo, me ha hecho aprender que ir quitándose máscaras, aunque doloroso, es posible. Que disfrutar de la vida y ser feliz es posible; aunque la felicidad, o mejor dicho el gozo, más que como un continuo, se muestre como un discontinuo fugaz, escapadizo y difícil de atrapar. Y no nos olvidemos de una cosa: jamás podremos llegar a esa "felicidad" ni enmascarados, ni solos. Sólo será posible desde la autenticidad del ser y junto a la autenticidad de otros; porque sin los demás, sin la solidaridad, la felicidad es un trasunto hueco y falaz.
Así que la mayor parte del tiempo somos como sombras que persiguen sombras, pero sombras que se desvanecen al salir a la luz la verdad que nos habita y nos hace “Humanos”. Sombras que se desvanecen cuando se camina codo a codo, se trabaja y se goza con los demás.
De manera que: ¡Ánimo y adelante sin desfallecer! Se lo dice una semejante.

 

Hannah.

 

Domingo, 20 de Noviembre de 2005 16:12 enlace permanente. Tema: Esbozos de mi ser y estar.

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Autor: petitica

Muy interesante y veraz reflexión sobre las mascaras, una de tus especialidades. Es cierto que las llevamos y nos llegamos a creer que forman parte de nuestra piel, vender esas imágenes nos parece lo mejor, sobretodo lo mejor, para la opinión de los otros y de nosotros mismos sobre nosotros, creemos que así pensarán que somos personas más validas y nos llegamos a auto convencernos y a ir felices por la vida pensando que así somos más guay. Lo difícil es desenmascararnos y aceptar nuestra autentica faz.

Fecha: 27/11/2005 19:05.


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