“Charles Darwin tuvo una idea grandiosa, posiblemente la más potente de todos los tiempos. Y como todas las grandes ideas es seductoramente simple. Tan asombrosamente simple, tan deslumbrantemente obvia, que aun si otros que le precedieron merodearon en su torno, ninguno dio en buscarla en el lugar adecuado.
Darwin tuvo muchas otras ideas (por ejemplo, su ingeniosa y en gran parte correcta teoría de la formación de los arrecifes de coral), pero es su gran idea de la selección natural, publicada en Sobre el origen de las especies, la que dio a la biología su principio-guía, una ley rectora que contribuye a dar sentido a todo lo demás. Entender su fría y maravillosa lógica es imprescindible.
El poder explicativo de la selección natural no se limita solamente a la vida sobre este planeta; es la única teoría propuesta hasta la fecha que podría, incluso en principio, explicar la vida sobre cualquier planeta. Si hubiera vida en cualquier otra parte del universo –y mi apuesta provisional es que la hay—, es casi seguro que la base de su existencia vendría dada por alguna versión de la evolución por selección natural. La teoría de Darwin funcionaría igualmente bien por extraña, alienígena y estrambótica que la vida extraterrestre pudiera ser, y mi conjetura a día de hoy es que puede llegar a ser más estrafalaria de lo que podemos llegar a imaginar.
La razón explicativa
Pero ¿qué hace de la selección natural una fuerza tan especial? Una idea potente consigue explicar mucho partiendo de pocos supuestos. Ofrece muchas explicaciones "de peso" gastando poco en supuestos o postulados. Te da un montón de dividendos cognitivos por unidad explicativa. Su razón explicativa –es decir, lo que explica, dividido por lo que necesita suponer para explicarlo—, es grande.
Si algún lector sabe de una idea que disponga de una razón explicativa mayor que la de Darwin, que nos lo haga saber. La gran idea de Darwin explica toda la vida y sus consecuencias, y esto incluye a cualquier cosa que posea un mínimo grado de complejidad. Este es el numerador del quebrado, y es enorme.
Sin embargo, el denominador de la razón explicativa es espectacularmente pequeño y simple: selección natural, la supervivencia no azarosa de los genes en acervos genéticos (para decirlo en términos neodarwinianos, más que en los del propio Darwin).
Se puede condensar la grandiosa idea de Darwin en un sencillo aserto (formulable también en términos actuales, que no son exactamente los de Darwin): "con tiempo suficiente, la supervivencia no azarosa de las entidades hereditarias (que producen copias ocasionalmente defectuosas) generará complejidad, diversidad, belleza y una ilusión de diseño tan convincente, que resultará casi imposible de distinguir de un diseño inteligente intencionado". He puesto entre paréntesis "que producen copias ocasionalmente defectuosas" porque los errores son inevitables en cualquier proceso de copia. No precisamos, pues, incluir las mutaciones entre nuestros supuestos. La "entrada" de mutantes le sale gratis a la teoría. La locución "con tiempo suficiente" tampoco representa el menor problema, salvo para una mente humana que ha de lidiar con la formidable magnitud del tiempo geológico.
Un cierto tipo de mentes
Es precisamente su capacidad para simular la ilusión de diseño lo que parece convertir a la gran idea de Darwin en una amenaza para cierto tipo de mentes. Y es esa misma capacidad la que presenta el mayor obstáculo para su comprensión. La gente es incrédula por naturaleza ante la idea de que algo tan sencillo pueda explicar tanto. La idea que se le impone a cualquier observador ingenuo de la maravillosa complejidad de la vida es que tiene que haber sido diseñada de manera inteligente.
Pero la idea de un diseño inteligente (DI) se halla en el extremo opuesto de lo que debe ser una teoría potente: su razón explicativa es patética. El numerador es el mismo que el de Darwin: todo lo que sabemos sobre la vida y su prodigiosa complejidad. Pero el denominador, lejos de la prístina y minimalista simplicidad de Darwin, es al menos tan grande como el propio numerador: una misteriosa e inexplicada inteligencia, lo suficientemente grande como para poder diseñar toda la complejidad que, de partida, se trataba de explicar.
Puede que aquí radique la respuesta a un enigma que sigue importunando en la historia de las ideas. Luego de la brillante síntesis de la física a que procedió Newton, ¿por qué se tardó cerca de 200 años hasta la entrada en escena de un Darwin? Porque lo cierto es que el logro científico de Newton parece mucho más arduo. Tal vez la respuesta sea que la solución que acabó dando Darwin al misterio de la vida es aparentemente demasiado fácil.
Otros reivindicaron la prioridad de la idea. Patrick Matthew, por ejemplo, en el apéndice a su obra On Naval Timber, según fue puntillosamente reconocido por el propio Darwin en ulteriores ediciones del Origen. Sin embargo, aunque Matthew comprendió el principio de la selección natural, no está nada claro que entendiera su fuerza modeladora de la vida. A diferencia de Darwin y de Alfred Russell Wallace, quien dio en la selección natural por su cuenta, lo que estimuló a Darwin a publicar su teoría, Matthew parece haber entendido la selección como una fuerza puramente negativa, eliminatoria, y no como la fuerza propulsora de toda vida. En realidad, la selección natural le resultaba algo tan obvio, que ni siquiera necesitaba ser descubierto.
Versiones confusas
Aunque es verdad que la teoría de Darwin admite aplicaciones mucho más allá de los confines de la evolución de la vida orgánica, quiero prevenir contra un tipo particular de "darwinismo universal", a saber: contra la acrítica inyección de alguna que otra confusa versión de la selección natural en cualquier ámbito concebible de las ciencias humanas, venga o no venga a cuento.
No es imposible que las empresas "más aptas" sobrevivan en el mercado comercial, ni que las teorías "más aptas" sobrevivan en el mercado científico, pero deberíamos andarnos con mucha cautela antes de dejarnos llevar por este tipo de discursos. Y además, huelga decirlo, hubo el llamado "darwinismo social", que culminó en la obscenidad del hitlerismo.
Menos nocivo, pero no menos infértil intelectualmente, es el modo tan laxo como acrítico con que algunos biólogos aficionados aplican inapropiadamente la selección a determinados niveles de la jerarquía de la vida. "Supervivencia de las especies más aptas, extinción de las especies peor adaptadas" suena, superficialmente, a selección natural, pero las apariencias engañan aquí de todo punto. Como el propio Darwin puso particular empeño en destacar, la selección natural versa sobre los diferenciales de supervivencia en el seno de las especies, no entre ellas.
Termino con una reflexión sobre una parte más sutil del legado de Darwin. Darwin eleva nuestra consciencia al nivel de la vigorosa capacidad de la ciencia para explicar las cosas grandes y complejas a partir de las pequeñas y simples. En biología, anduvimos a ciegas durante siglos, enterquecidos en pensar que la extravagante complejidad de la naturaleza precisa de una explicación extravagantemente complicada. Darwin triunfó de esa engañosa ilusión, y la deshizo.
Quedan pendientes, en física y en cosmología, interrogantes de muy hondo calado que aguardan a su Darwin. ¿Por qué son como son las leyes de la física? ¿Y por qué hay leyes? ¿Por qué hay universo? También aquí es tentador el señuelo del "diseño". Pero contamos con el antecedente de la cautela metodológica de Darwin. Ya hemos pasado por esto. Gracias a Darwin, y por difícil que resulte, nos avilantamos a buscar auténticas explicaciones: explicaciones que expliquen más que sus supuestos de partida.
Richard Dawkins ocupa la cátedra Charles Simonyi de divulgación pública de la ciencia en la Universidad de Oxford. Su último libro es El espejismo de Dios.”
Espero que este “recorte de prensa” les sirva a la reflexión y al crecimiento personal.
Que tengan un buen domingo.
Carmen Moreno Martín
Alias Hannah
Imagen: tomada del Blog “tabanitas de patricia” en la fuente:
En uno de los libros del Antiguo Testamentointitulado “Eclesiastés” –libro que leo a menudo y que en mi opinión encierra gran sabiduría-, puede leerse la frase “Nada hay nuevo bajo el sol”, frase que merecería ser acuñada como un axioma, sí, como una tautología, porque si observamos con detenimiento lo que ha sido la evolución de la humanidad y de los conocimientos que hemos ido adquiriendo, esa frase ha sido nuestra guía.
Todo conocimiento, toda sabiduría, todo fenómeno y toda explicación científica, toda ley física, se encuentra aquí, en nuestro universo, aguardando ser descubierta por nosotros. Cuando la descubrimos, tendemos a creer que hemos logrado hallar “algo nuevo”, pero no es así. Lo nuevo son nuestras miradas, nuestra comprensión de la realidad, y cómo esta comprensión se va ensanchando a medida que vamos generando tecnologías más sofisticadas y vamos flexibilizando los modos con que nos acercamos a la realidad y podemos dar cuenta de ella de una forma más integradora, menos sesgada y menos mágica o mitológica. De modo que, como dice el Eclesiastés, “nada hay nuevo bajo el sol…” Pero,¡cuántas y cuántas cosas nos quedan por descubrir aún!.
Si seguimos el hilo de observación que hemos iniciado, podremos darnos cuenta de que los descubrimientos a los que llegamos se producen en una suerte de espiral, porque, de algún modo, siempre estamos dando vueltas sobre lo mismo, pero cada vuelta acontece en un plano más alto, en un plano superior de conocimiento; y de ese modo el descubrimiento va siendo más explicativo, más comprensivo, más profundo y más global.
Voy a tratar de explicar esto, tomando como ejemplo a uno de los presocráticos, ya saben, esos antiguos sabios filósofos griegos que tanto me gustan, y, que sin lugar a dudas, eran unos insuperables observadores de la realidad, de la suya, claro, de la que les tocó vivir, que en lo esencial y visto retrospectivamente, tampoco difería tanto de la nuestra:
Así, que me voy a servir, hoy, de Empédocles de Agrigento, quien vivió allá por los años 495/490 a 435/430 adC, en Grecia.
El hombre era un filósofo, demócrata y político griego, y, aunque le iba mucho lo de la filosofía y lo de la búsqueda de la verdad, en realidad no se dedicó en cuerpo y alma a ello hasta que perdió las elecciones y fue desterrado. Entonces, Empédocles, contrariamente a lo que ocurre en nuestros días y en nuestro país, que ni se destierra a nadie -afortunadamente- por perder las elecciones, ni, generalmente, los perdedores deciden emprender el camino del análisis de sus errores, ni de la rectificación, ni del conocimiento y la sabiduría -lamentablemente-, aprovechó su destierro para ahondar sobre los misterios de la naturaleza y de la vida, y se hizo sabio… (Para saber más sobre Empédocles y sobre los presocráticos en general, cliquen aquí)
Ahora y en nuestro país, los que quieren ganar elecciones, para hacerse con el poder, se dedican a mirarse el ombligo y ver como pueden llegar otra vez a obtenerlo cueste lo que cueste y sin que les importe contra qué arremeten; se dedican, pues, a ser “moscas cojoneras” creadoras de infundios y falsas realidades que ni siquiera son divertidas y confunden bastante a la población, por lo que no estaría demás que imitaran a Empédocles y se dedicaran a analizar modesta y honestamente sus errores y adquirir sabiduría para poder seguir dedicándose al servicio del pueblo de un modo eficaz , honesto y limpio. Y mientras, los pueblos que hoy votarán, sus individuos ¿con qué reflexiones lo harán? Para mí es un misterio el cómo las corrupciones obtienen amplias mayorías y las malas gestiones siguen siendo votadas ,y salvo la explicación del borreguismo, la ignorancia y otras tales como la que desarrollé en "culos con orejas", no se me ocurre otras, de momento... o quizá sí: la de que la corrupción es un hecho tan generalizado en cada uno de nosotros mismos, empezando por las pequeñas cosas, que el negarla viene a ser un mecanismo de defensa generalizado. ¡Veremos!.
Volviendo a Empédocles, a fuerza de observar el mundo y a fuerza de ir haciéndose más sabio cada día, pensó que nada se destruye, sino que todo se transforma –la permanencia del Ser de Parménides que también era un monstruo pensando-. Pero no contento con aceptar ese principio de transformación y permanencia a la vez, quiso explicar como se realizaban las transmutaciones o transformaciones del “Ser” o de la naturaleza, que para aclararnos, era lo mismo, aunque no, pero bueno… Bien, pues para explicarse y explicarnos eso, postuló la teoría de las cuatro raíces, y lo metió todo en una esfera. Esfera que era un poco cómo la de Parménides –la verdad es que Parménides entusiasmaba mucho a Empédocles-, agregando la tierra de Jenófanesias del mismo modo en el que se encuentran y se mezclan en los distintos organismos vivos y no tan vivos en nuestro planeta. A Empédocles había una cosa que le disgustaba sobremanera, y ésta era lo de las apariencias y el carácter ilusorio de la realidad. Era un tipo pragmático que huía de eso de que “de ilusión también se vive”, de modo que no paró hasta que no se pudo explicar a sí mismo de un modo aceptable, el por qué de los cambios y transformaciones de la realidad sin recurrir a "las apariencias", claro que al final no lo consiguió del todo y no tuvo más remedio que aceptar lo de las ilusiones y las apariencias como parte integrante también de la realidad, pero sigamos.
“A ver, a ver, por qué diablos se mueve y se transforma mi esfera y lo que hay en ella”, debía decirse el buen griego mientras se rascaba la cocorota pensando… Hasta que un día gritó “Eureka” que en griego quiere decir algo así como "¡Lo he encontrado!" –bueno, eso lo grito, en realidad Arquímides, según nos cuenta la historia, al descubrir su famoso principio, pero ¿por qué no lo iba a gritar también Empédocles, eh? ¿Acaso alguien de nosotros estaba allí para saber lo que el hombre gritaba o no? Bueno, pues según Empédocles, lo que explicaba tanto las transformaciones y transmutaciones, como cualquier movimiento, eran dos fuerzas de las cuales dependían las raíces y la esfera: el amor y el odio. Que es lo mismo que decir que todo bicho viviente está sometido y depende del amor y del odio. Así se explicaba el sabio la generación y la corrupción de todo lo que se mueve en el mundo, ya sea visible o invisible; y sobre todo, pretendía explicar como y qué movía a su esfera, que es lo mismo que querer explicar qué era la realidad y por qué permanecía a golpes de transmutación.
Así que Empédocles -como pasa siempre en la evolución de la filosofía, la ciencia, las artes, y la historia, los conocimientos y en suma la sabiduría, que se va tomando lo anterior en un proceso dialéctico de tesis, antítesis y síntesis, hasta que esa síntesis va quedando obsoleta y se convierte a su vez en otra tantítesis y se vuelve a empezar-, toma prestado de Parménides, al Ser, sólo que le agrega el valor de las apariencias como formadoras de la realidad en tanto que se mueven y son plurales. A esta especie de Ser lo llama “esfera” y mete dentro, además de los cuatro elementos (el agua de Tales; el aire de Anaximenes; el fuego de Heráclito y la tierra de Jenófanesias,) a dos fuerzas: el amor y el odio, que son, en definitiva, los que lo moverán todo.
Para este griego estaba clarísimo que, insisto, estas dos fuerzas de movimiento, no podían ser otras que el Amor, que todo lo une, y el Odio, que todo lo separa. Como ven, no andaba muy desencaminado el hombre. Además, en mi opinión Empédocles aportó algo muy notorio que no fue visto y que ni siquiera ahora es visto, a saber que Amor y Odio no son extremos de un mismo continuo, sino dos cosas distintas que si bien son antagónicas –o al menos lo parecen- no son dos polos de una misma cosa; y esto es muy importante.
Hoy, cuando se habla de amor y odio, no se está hablando en realidad de “Amor” ni de “Odio” tal y como lo entendía Empédocles. Cuando se habla hoy de amor, parece que se está hablando de sexo o de pasión, o de sentimiento de afecto, o de posesividad y querencia, mientras que cuando se habla de odio, parece que se está hablando de la ira que surge tras el desengaño de un “desamor” del tipo referido antes…Pero para Empédocles, el Amor no era eso, sino más bien una fuerza generativa, de generación. No era un sentimiento, y, ni mucho menos una pasión o algo “posesivo”. Tampoco tenía que ver con la voluntad ni con la querencia ni con el cariño... ¿Qué cómo Lo sé? Bueno, es que este Griego me visita mucho en sueños… ¡No te fastidia!... Simplemente léanse a Empédocles y a lo que de él escribió Aristóteles -a quien no le tengo mucho apego, la verdad sea dicha- y lo sabrán igual que yo.
Bien, siguiendo, de igual forma que el amor de Empédocles era algo distinto a lo que se entiende por “amor” en la actualidad, el “odio” de Empédocles era también distinto. El odio era para él una fuerza distinta a la del amor –pero igualmente necesaria, ni mejor, ni peor- que explicaba “la corrupción” y también la muerte, por así decirlo. Para él, ni amor ni muerte eran positivos o negativos en un sentido moral, sino que ambas fuerzas eran necesarias para que la naturaleza y la vida siguieran su curso, ya que nada podía renacer si antes no se había podrido.
Para muchos estudiosos, este filósofo y sabio fue incluso un precursor de Darwin, ya que con sus hipótesis de transformación y recombinación de los elementos, estaba diciendo, ni más ni menos, que todo lo actual procede de lo anterior. También esta concepción cíclica del tiempo podría observarse, muchos siglos después, en Nietzsche y también en Pareto, con su “corsi y recorsi”, con lo que El Eclesiastés da en el clavo: nada es nuevo pero todo está por descubrir. Y esto es tan cierto que hasta la física cuántica con su principio de incertidumbre lo confirma, sí, confirma cómo las expectativas del observador alteran la realidad -o la descubren de otros modos, aunque tales modos siempre han estado presentes en la realidad, esperando ser descubierto. ¡Caramba que listo era Cohelet! -bueno, Cohelet parece que fuel autor del Eclesiastés, hace algunos miles de años.
Pero continuemos: miren si fue importante Empédocles que gracias a él, Luc Besson, director de cine de nuestros días, desarrolló la teoría del quinto elemento al que llamaba “vida” aunque más bien era “amor” y su anti-quinto-elemento, al que llamo “anti-vida” aunque más bien era el odio, y nos hizo una película divertidísima de ciencia ficción, que se estrenó en 1997, que si bien era mediocre, tenía su miga en tanto que actualizadora de las doctrinas presocráticas, y explicativas de nuestra futura actualidad. Porque, ¿Quién nos dice que la teoría de supercuerdas y multiuniversos no tiene también su origen en esas dos fuerzas de generación y corrupción?
Y volviendo al principio de mi artículo: ¿Les ha quedado claro esto de que nada hay nuevo bajo el Sol pero todo está por descubrir? Pues si necesitan más explicación lo intentaré otro día, que hoy, yo, ya me he liado bastante y necesito volver al silencio de la reflexión interna para aclararme… De momento sólo tengo claro una cosa: el amor mueve la vida, amar transforma, y vivir es bello a pesar de todo.
Que tengan un feliz domingo y sigan bajando por la portada que les dejo también un interesante artículo para su reflexión dominguera.
La vida, ¡ay! A veces se me antoja que es cómo una cálida y suave manta que me envuelve, como unas manos y unos ojos acogedores, como una hermosa melodía pacificadora y una nube de colores en la que viajo, rodeada de amor… Mientras otras veces, la vida la siento como un arpón que se me clava en las entrañas y que cuanto más intento sacármelo, más se adentra y me destroza… Y esas dos sensaciones, muchas veces las experimento simultáneamente.
Vivir es fácil y difícil a la vez; es un continuo laberíntico de mieles y hieles por el que se avanza entre la desolación y la esperanza, entre la dolorosa sinrazón y la alegre calma, entre deseos y renuncias, entre rendiciones y fracasos y, también, alguna victoria…
Y una va avanzando, retrocediendo y volviendo a avanzar, entre rápidos de muerte y remansos de renacimiento. Buscando ¿qué? A veces sólo un trasunto de algo ignoto que se esconde agazapado en una lágrima, en un abrazo. Y una sigue cargada de creencias y certezas, de dudas y de espantos, de cielos abiertos y de entregas sin saber como vaciar tanto lastre, que inexplicablemente, se acumula; hasta que un día se abre la maleta y se vuelca todo sin empaques ni apegos, logrando quedarse, por fin, ligera de equipaje.
Y sigue la vida y seguimos los vivos en ella este asombroso viaje que se mueve entre el milagro y el tedio, con pasos vacilantes pero sin retorno: siempre adelante. Y, mientras camino y me cruzo con mis semejantes, todos peregrinos, me pregunto: ¿Dónde están las manos de mi alma?
(Extracto de mi libro “¿Dónde están las manos de mi alma?” No lo busquen porque ni está publicado ni probablemente lo estará nunca salvo en este Blog.)
1º Busca qué hay guardado en tu corazón: ¿decepción? ¿Frustración? ¿Amargura? ¿Rabia?... Reconócelo todo cómo tuyo y sácalo de ahí, airéalo, desahógate... y deja que se vaya. Retenerlo sólo te servirá para endurecerte y naufragar en ello... y no aliviará tu tristeza ni tu pena.
2º Ponte una música lenta, romántica y melancólica para acunar tu pena y tu tristeza, y llora, sí, deshazte en lágrimas con toda la potencia de que seas capaz, sin freno ni restricciones... Y sí puedes volcar esas lágrimas sobre un hombro amigo, mejor que mejor. La soledad, en estas ocasiones, no suele ser buena compañera.
3º Las pérdidas son dolorosas y debemos aceptar la situación de duelo en que nos sumen, pero no hagas de la pérdida una elegía, ni del dolor tu reino, contempla la hermosura de los bellos momentos que te dejó lo que has perdido y agradece el haberlo vivido.
4º Piensa qué nada poseemos, salvo a nosotros mismos. Todo cuanto nos llega, nos llega en usufructo, de modo que igual que llega, puede irse. El sentimiento iluso de poseer, -ya sean bienes o personas-, es la mayor fuente de sufrimiento que nos infligimos a nosotros mismos.
5º Levántate al despuntar el alba, cuando aún es oscuro, y regálate un bello amanecer. Para alcanzar la luz es preciso atravesar la noche, y en cada corazón de invierno permanece oculto un almendro en flor.
6º Cualquiera que sea tu edad, piensa que no tienes un certificado de garantía de continuidad en esta vida, no malgastes pues tu estancia aquí en lamentos más allá de lo estrictamente necesario, digamos: ¿un día? Bien, en ese día, ve al espejo, y delante de él, laméntate lo más posible, deprímete lo más posible, llora lo más posible... Pero si estallas en risas, para. Y, a partir de ahí, pon todo tu empeño en disfrutar. Es más tarde de lo que piensas.
7º Ya sé que “mal de muchos, consuelo de tontos”..., y que “a cada uno le aprieta su zapato” Pero el mejor remedio para un corazón roto es abrirse al amor. Ama, ámate a ti misma, ama la vida, ama lo que te rodea, pon amor dónde no lo haya... Y el amor brotará de todo y de todos hacia ti envolviéndote con su maravillosa magia.
8º “Te quiero” y “te amo” no son la misma cosa. El “te amo” es unívoco, alude al amor real e incondicional. En el amor real no hay posibilidad de decepción ni de desengaño. El “te amo” es una dádiva del ser, lo acepta todo, no espera nada, todo lo tolera... El “te quiero” es plurívoco; en él hay condicionalidad: es un “te quiero sí”; hay posesividad y exclusividad: “te quiero para mí, y sólo si me eres fiel, si me haces feliz”; hay... muchas, demasiadas cosas y demasiado cercanas al dolor. No confundas pues amar con querer. El amor real no rompe corazones, los sana y los expande.
9º Recuerda: “errar es humano, perdonar es divino”. Se pues un poquito dios y perdona.
10º Y sí después de leer todo esto te dices: “muy bello todo pero no me sirve para nada”..., te diré un secreto: ¡durante muchas veces y mucho tiempo, a mí tampoco me sirvió! Comprenderlo y aplicarlo es un proceso largo, un camino... Pero no olvides que el camino más largo se emprende con un primer paso.
Carmen Moreno Martín alias Hannah.
Imagen: tomada de la página de Ismahe, cuya fuente es: http://ismahe.googlepages.com/hrtbk.jpg
En mi lugar de residencia apenas hay luces durante la noche que perturben la visión del cielo y de los cuerpos celestes; éstos pueden apreciarse con una diáfana nitidez. Ya avanzada la medianoche, justo antes de acostarme, salgo a dar el último paseo con Linda y Lioba –mis perras- y, mientras ellas hacen sus necesidades, yo contemplo a Orión y al resto de las constelaciones, estrellas y planetas que, según la estación y la hora, pueden divisarse a simple vista. Durante el día, podemos ver las cosas que nos rodean porque reflejan la luz. Las partículas de luz, llamadas fotones, llevan a nuestros ojos la información acerca de la posición de los objetos, y de sus formas externas. Si un objeto es retirado, ya no reflejará la luz y por lo tanto, como en nuestro medio las distancias son tan cortas, comparadas con las distancias intergalácticas, dejamos de verlo. Otra cosa muy distinta, sucede cuando las distancias son “de años luz” que cómo se sabe, equivale a la distancia que recorre la luz en un año. Durante la noche, si luces artificiales no noslo impiden, podemos ver el cielo plagado de estrellas. Algunas de esas estrellas ya ni siquiera existen en su materialidad, sólo seguimos viéndolas gracias a la energía de luz que emitieron antes de extinguirse y que, debido a la gran distancia que nos separa de ellas, aún nos sigue llegando. Invariablemente, me pregunto ¿Tendrá consciencia esa energía lumínica que recibimos, de su procedencia? ¿Tendrá consciencia de cómo fue la estrella que la emitió? ¿Tendrá consciencia de sí misma en cuanto a Luz?
Ustedes creerán que estas reflexiones no son muy propias de una agnóstica cómo yo, quien, además, posee un cierto bagaje científico; pero, ¿saben? Con los hallazgos y avances de la física cuántica, me atrevería a decir que mis reflexiones son, de hecho, absolutamente científicas y actuales, ya que según conclusiones a las que llegan físicos de hoy “la consciencia es el medio a través del cual la probabilidad se transforma en realidad” . Y “el mundo real, material, se crea a partir de un agitado flujo de energía radiante. Llevados estos principios hasta las últimas consecuencias, la física cuántica sugiere que el universo sólido y temporal que percibimos es una impresión nuestra: ¡la verdadera realidad cuántica es inmaterial, atemporal y no ocupa espacio!.” (Cliquen aquí para leer el artículo del cual proceden estas frases).
¿Qué es, pues, la consciencia? Lo cierto es que hoy en día, disciplinas cómo la neurociencia, la física cuántica, la medicina, la psicobiología y la psiconeurología nos abren las puertas, con sus descubrimientos, a “realidades” insospechadas y revolucionarias que hubieran sido muy difíciles de creer hace sólo un par de décadas… Aunque en honor a la verdad, aún estamos lejos de poder formular una respuesta definitiva a esta pregunta.
Aunque mis reflexiones sólo son eso: reflexiones; nunca aseveraciones axiomáticas, ni siquiera teorías, cuanto más me sumerjo en la nueva ciencia, más se me hace presente un librito que tuve en mis manos –El Kybalion- en el que, entre otras cosas, podía leerse: “Uno es todo y todo es uno. Cómo es arriba, es abajo; cómo es abajo, es arriba. Todo es mental.” Nada tendría de particular de no ser que el librito en cuestión se le atribuye a alguien que lo escribió hace más de tres mil años. También pienso en otro librito, este atribuido a Lao Tse, escrito hace “bastante tiempo” algunos miles de años, para ser exactos: El Tao The King, en el que,también entre otras cosas, se lee:
El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao. El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre. Sin nombre es el principio del universo; y con nombre, es la madre de todas las cosas. Desde el no-ser comprendemos su esencia; y desde el ser, sólo vemos su apariencia. Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo origen, aunque distinto nombre. Su identidad es el misterio. Y en este misterio se halla la puerta de toda maravilla.
Tao te King capítulo 1 Fuente: http://www.tinet.org/~elebro/tao/tao110.html Bueno, y digo yo: esto de los dioses, los dogmas y sus representantes, dice muy poco en realidad de estos dioses tan limitaditos como sus creadores que necesitan intermediarios con tanto dogma, parafernalia y crueldad, pero no me hagan mucho caso y crea cada cual en lo que quiera. Yo me quedo con la vida.
Carmen Moreno Martín Alias Hannah
Imagen: Galaxia de Andrómeda, tomada de: http://www.tayabeixo.org/portadas/images/Andromeda_gendler_s60.jpg
Investigadores, científicos, filósofos y tecnócratas andan a la greña hoy, porque lo que para unos es indiscutiblemente avance y progreso, para otros no supone más que degradación y retroceso; hallándose, de este modo, la ética y las nuevas tecnologías, enfrentadas como tesis y antitesis, sin que, al parecer, pueda nacer la síntesis de ese proceso; o al menos, los actores del escenario de nuestra actualidad, andan creyendo haber perdido esa parte del guión. Y mientras ética y tecnología se tiran los trastos, la industria armamenticia prosigue su loca carrera de descubrimientos y aplicaciones de muerte más rápida y eficaz, bajo sutiles y sofisticados disfraces motivacionales de defensa y de búsqueda de la paz, a la vez que esos mismos avances y descubrimientos permiten monumentales adelantos en biomedicina, en técnicas diagnósticas, de prevención y de curación. De esta guisa, lo que sirve para matar, es también útil para salvaguardar la vida… ¡Cosas de esta dualidad que nos atraviesa!.
En alta ingeniería genética ocurren las mismas cosas: la posibilidad de manipulación del código genético se erige en la llave que abre tanto las puertas del mundo feliz de clonados preprogramados de Aldos Huxley, cómo las puertas a la prevención, a la curación de enfermedades, y a la prolongación de la vida hasta límites insospechados.
Y la línea de separación entre la intencionalidad justa, bella y benéfica y la intencionalidad perversa, aberrante y fea es tan frágil y estrecha cómo una línea trazada en la arena en un atardecer ventoso.
Quizás, esta aparente e irreconciliable dualidad que nos define sea insuperable; y lo humano y su esencia estén destinados a anhelarse de por vida sin encontrarse jamás. Pero me gustaría creer que no es así. Que esta irremisible contradicción puede dejar de ser tal; que es algo únicamente aparente y circunstancial, y que el género humano, si realmente tiene un destino y una predestinación, éstos no son la autodestrucción del planeta y la extinción, sino la libertad y el amor; la reconciliación y la paz..
Pienso que lo que nos ocurre es que vamos todos como sí lleváramos unas gafas opacas y mal graduadas que nos mantienen en la infantil e inexpugnable creencia de estar ciegos, cuando la ceguera desaparecería, simplemente, con el hecho de quitarnos esas gafas que nos impiden ver. Claro, a veces nos quitamos por unos instantes las gafas, y después de tanta oscuridad, quedamos deslumbrados, con lo que esa estúpida y absurda creencia se refuerza y volvemos a ponernos rápidamente las gafas. Algo así cómo le sucedía al que lograba salir de la Caverna, en el mito de Platón.
Nos urge, pues, desaprender con velocidad el uso de tales cristales para que esa síntesis salvífica reaparezca ante nuestras miradas como el Sol en un amanecer de verano. Nos urge encontrar nuevos modos de mirar la realidad, desde adentro, desde lo esencial del ser, desde lo "divinamente" humano...
Se me ocurre, que cada uno de nosotros llevamos dentro algo así cómo un Desenseñador interno -cómo en las novelas de ciencia ficción de Hinton-, que está esperando que le demos la orden para actuar y hacernos caminar hacia delante desgafados.
Carmen Moreno Martín alias Hannah.
Nota: como estos cuatro días que vienen no podré, por motivaciones varias, actualizar el Blog, les dejo cuatro entradas, así que bajen por la portada y lean si lo desean. Para "frenarme" he elegido entradas muy cortas. y de fácil digestión. Hasta el viernes. Que ustedes lo pasen bien.
Riela la luna lunera, riela en las brillantes y doradas dunas, en las aguas, en las miradas limpias, y en las miradas yertas Riela la luna lunera, riela su trasunto en todo y sobre todo porque es presumidilla y sólo se busca a sí misma por los espejos del mundo en los que su rastro de plata deja y se reencuentra una y otra vez con su reflejo siempre bello, siempre luminoso… ¿Pero qué sabe la luna de reflejos, y de espejos? ¿Qué sabe la luna de buscarse en ellos? ¿Qué sabe la luna de sí misma y de sus trasuntos? ¿Qué sabe la luna? ¿Y qué sabemos nosotros? Nosotros, los alunados de la tierra, que aullamos a la luna como lobos nuestras penas y nuestros dilemas ciegos a su hermosura y a su rielar majestuoso con los ojos abiertos y clavados en nuestros ombligos como si nada más existiera. ¿Qué sabemos nosotros, que ni tan siquiera somos capaces de coexistir con el Sol, como lo hace ella? Alejemos un poquito nuestros ojos de nuestros redondos ombligos y miremos lo que nos circunda. Tal vez entonces podamos apreciar la diferencia entre las noches y los días con toda su belleza. Quizá, entonces, seamos capaces de apreciar la diferencia entre los trasuntos de tanto espejo que nos ponemos delante y nuestra real esencia. Tal vez podamos emprender el camino imprescindible de transformación que nos es propio y podamos comprender que somos los únicos autores responsables de su construcción y de transitarlo, de la basura y de la limpieza, de los daños y de las reparaciones, de la oscuridad y de la luz, que ese camino tenga y de cuanto en él permanezca, los únicos responsables, en suma, de la vida, de la nuestra particular y de toda ella.
Carmen Moreno Martín Alias Hannah
Imagen de fuente: http://blogs.librodearena.com/myfiles/lula/Allura.jpg Tomada del Blog "Libro de arena" de Lula De fuente: http://blogs.librodearena.com/lula/post/2007/10/30/lo-paso-la-playa
Cada ser humano cuando nace, es algo único, algo que no existía antes, cada persona puede ver, oír, tocar, gustar y pensar por sí misma, además cada una tiene sus propias potencialidades, sus capacidades y limitaciones. Estos atributos y cualidades potenciales en cada persona han de servirnos para un desarrollo armónico y positivo, pero la realidad de nuestras vivencias hace que a veces no utilicemos adecuadamente estas capacidades.
Quién quiere ser lo que no es, o estar dónde no debe, no acepta su realidad, no acepta ser él mismo. Cuando llegue a ser lo que no es, ya no será él, y cuando esté dónde no debe, tampoco será él, vivirá pues en una constante lucha sin estar nunca en su lugar.Un viejo maestro, contaba a sus discípulos: "Cada ser humano tiene un lugar para el en este mundo". A esto, uno de los discípulos, sorprendido, le preguntó:
-"Maestro, si cada uno tiene su lugar, ¿por qué entonces estamos todos tan apretados y empujándonos"? -El Maestro, sabio y benévolo le respondió: -"porque todos se empeñan en ocupar el lugar de Otro".
Así que sin darnos cuenta, nos empeñamos en repetir lo que nuestro padre o nuestra madre fueron, en ser ellos, o en ser lo contrario de lo que ellos fueron; una vez alguien me decía "yo quiero ser para mis hijos la madre que yo no tuve"...pero sus hijos no necesitan, seguramente, tener la madre que ella no tuvo, tan solo la necesitan a ella, que es su madre... Y las cosas nos las complicamos de tal manera que siempre de un modo u otro nos empeñamos en ser quien no somos y en ocupar lugares que no son los nuestros, y encima, queremos disfrutar con ello. ¿Alguien sabe cómo?Si es así, ¡le agradecería que me lo dijera!.Cuando una persona hace girar su vida sobre el futuro, vive el presente con ansiedad. Vive inmersa en la ansiedad por las cosas que prevé, la mayoría de las veces imaginarias, pues son muy pocos (si es que hay alguien) los que poseen el don de la clarividencia futura de sus vidas. Sin embargo, a veces, algunos creen en una clarividencia sobre la realidad que les muestra un futuro oscuro, oscuro, oscuro....Este tipo "oscuro" de clarividencia es fácil de acertar, tenemos que hacer muy poco para dejarnos arrastrar por la corriente del pesimismo y arrastrarnos hasta un profundo abismo en el que sólo vemos una luz muy tenue en una escarpada y alejada abertura de la roca.¿Esto es vida? nos habremos preguntado más de una vez, pues la respuesta es doble: si y no. Si, porque lo que anticipamos o cargamos, y cargamos a nuestras espaldas; lo vivimos con angustia en el presente, presente que es nuestra vida, y que nos amargamos sin disfrutarlo ni saborearlo.Y no, porque ese momento, o todavía no ha llegado, o forma parte de los lastres del pasado.
Yo puedo haber tenido muchos problemas, un montón de problemas; y puedo haber pasado por muchas adversidades y sin sabores, montones de adversidades y sin sabores; sí: montones y montones... pero todos, absolutamente todos, pertenecen al pasado.Son cosas que han sucedido y que en mayor o menor medida, pueden estar o están hipotecando mi vida.Mi pasado forma parte de mí, en él he acumulado conocimientos, vivencias, ilusiones, frustraciones, deseos, etc. etc., es mi propia experiencia y no voy a pretender eliminarlo, pero su momento ya fue, ya pasó, ya lo he vivido, entonces ¿por qué empeñarme en revivirlo a cada instante? ¿Por qué?... ¿Para qué? ¿Por qué las experiencias vividas no me aportan el conocimiento suficiente para avanzar en mi crecimiento personal? ¿Por qué?... ¿Para qué?
Nuestra belleza consiste precisamente, en que cada momento, cada instante, mueren y nacen en nosotros, en nuestro cuerpo, en nuestra sangre,cientos de miles de células; todo cambia, todo se renueva, todo fluye... Así somos y así es la Naturaleza: cambio absoluto. En la naturaleza cada día es diferente a otro y nunca amanece del mismo modo, pero nosotros estamos empeñados en permanecer inmóviles, paralizados y aferrados, a los recuerdos del pasado o a las anticipaciones del futuro, cerrándonos a toda posibilidad de ser felices.Es que acaso no hemos aprendido que -parafraseando un pasaje de Eclesiastés- hay una oportunidad para cada cosa y un momento para cada actividad:
Un momento para ser agresivo y otro para ser pasivo. Un momento para trabajar y otro para jugar. Un momento para luchar y otro para descansar. Un momento para llorar y otro para reír. Un momento para estar juntos y otro para estar solos. Un momento para enfrentarse y otro para retirarse. Un momento para hablar y otro para guardar silencio. Un momento para el enojo, y otro para la reconciliación. Un momento para apremiar y otro para esperar. Y TODOS LOS MOMENTOS PARA EL AMOR...
Vivir anclado en el pasado es "meditar en exceso" lo felices que fueron los días de antaño, o aferrarse con nostalgia a "cómo solían ser las cosas", lamentarse de la mala suerte, sentir lástima de sí mismo y culpar a los demás de las desgracias de uno.Todas estas cavilaciones nos hacen malgastar y perder el presente.Voy guardando los problemas míos, y a veces los de los demás, los meto en un gran saco y me los echo al hombro, voy pues caminando con esa carga a cuestas, y a cada momento voy abriendo el saco y recreándome con cada uno de ellos como si fuesen verdaderos tesoros, y así un día y otro, hasta que me acostumbro a revivir en cada momento esos aspectos que seguramente no fueron placenteros:Un viejo cuento japonés relata que dos monjes caminaban juntos por un sendero. Al llegar a un río, una bella muchacha les pidió si podían ayudarla a atravesar el río, ya que se había lastimado un pie y no podía hacerlo sola. Uno de ellos, Li, tomó a la joven mujer en brazos, y atravesando el río la dejó suavemente en la orilla. Txan, no dijo nada, pero al caer la noche, no pudo contenerse más e interpeló a Li:
-"Se supone que somos monjes, y que si queremos conservar nuestra pureza, debemos mantenernos apartados de las jóvenes hermosas, ¿cómo pudiste llevar a esa linda joven entre tus brazos?... -Li, sonriendo, le respondió: -"Hermano, yo ya dejé a esa mujer en el camino, tú aun sigues llevándola.”
Lo cierto es que nosotros seguimos y seguimos llevándolo TODO:O nos instalamos fantasiosamente en el futuro, esperando el milagro de que, como en cualquier cuento de hadas, llegue el príncipe y "vivir por siempre felices", esperando este rescate mágico, en vez de buscar "sus" soluciones y dar respuesta a los interrogantes de su vida; o, en contraste con lo anterior, también se puede vivir bajo la constante amenaza de una catástrofe, por ejemplo: si el teléfono suena a las tres de la mañana, o recibimos un telegrama, ¿qué es lo primero que pasa por nuestra mente? ¿Pensamos en algo positivo, o bien anticipamos una desgracia?. ¿Qué pasará si pierdo el empleo? ¿Qué pasará si meto la pata?etc. etc. Y si nos ocurre algo agradable, hermoso... ¿Lo disfrutamos con todo nuestro ser,...o minimizamos su importancia diciéndonos que lo bueno no puede durar mucho?... Funcionando en cualquier caso desde el programa de nuestra negatividad y de la infelicidad.
Y así hacemos nosotros, y lo hacemos con el pasado, y con el futuro, cual magos agoreros de la oscuridad. O clarividentes eufóricos de una falsa luz.Aquí y ahora, en este mismo momento, en este instante ¿ Hay algo que me impida ser feliz ?, vamos a replantearnos la pregunta: ¿ Hay algo en MÍ que me impida ser feliz?, la respuesta bien meditada tiene que ser NO. Voy a aprender entonces a saber dejar el lastre en el lado del camino y continuar mi ruta sin ningún exceso de equipaje.Vivir aquí y ahora, vivir en el presente no quiere decir ignorar neciamente el pasado o dejar pasar la oportunidad de prepararse para el futuro, más bien conociendo el pasado se es más consciente del presente y se vive en él; esperando el futuro con optimismo.Ser o no ser feliz, depende única y exclusivamente de MI, yo tengo que decidir si quiero abrir una ventana a la luz o permanecer en la oscuridad del abismo. Si tomo la decisión de seguir adelante se que podré conseguirlo.
Otro proverbio chino, nos apunta: "Si tienes un problema que tiene solución, ¿para qué te preocupas?. Si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas?”Tal vez prefiramos hacer de cada solución un problema que buscar a cada problema una solución... el caso es que nos rompemos las espaldas y el alma con los lastres del pasado y las anticipaciones del futuro, cuando podríamos vivir el aquí y ahora, utilizando adecuadamente todos los recursos que disponemos para ser felices.
(Extracto de mi libro “Encuentros con el Ser” No lo busque porque no está publicado salvo en esate Blog, ni probablemente lo estará nunca.)
Y fue el hastío, y el letargo escarba que te escarba en el monte de mi alma lo que agoto la mina. Lentamente, pala a pala, piedra a piedra, voraces y enormes los bocados, unas veces, otras, tan solo con finos y sutiles arañazos, las sombras fueron ganando a las luces y la carne, en llaga viva, al descubierto y sin piel, fue cayendo en el engaño de la fatalidad. Pero siempre se restauraron las heridas Ahora, un minuto antes de la entrada a ese cementerio de nuestras vidas Con las mil muertes que vamos viviendo mientras caminamos o una eternidad después de la salida a esos continuos renacimientos que nos sacuden cada día me crece a trozos descarados una atrevida y nueva piel… ahora, constato perpleja y sorprendida ese brotar incipiente y alborozado de una nueva piel que, imparable, se abre paso y prende sin verguenza y a pedazos de injertos tímidos pero valientes por mi cuerpo fatigado y mis neuronas embotadas como niños osados, curiosos y llenos de esperanza. Como niños sin miedos y sin cuentos exentos de prejuicios y de cuentos terror van chispeando los colores de las luces de la vida.
1º.-Primero establece sí tu pareja tiene razones para estar celosa de ti, porque en ese caso no hablamos de celos, si no de que tu eres un pendón y ella está dolida, o viceversa.
2º.-Sí se trata de lo establecido en el caso anterior, mejor enmendarse, si no se quiere que la relación termine cómo un vaso de duralex estampado contra el suelo.
3º.-Ten bien presente, pues, que sólo podemos hablar de “celos” cuando no hay motivos para ello. Sí hay motivos, no se trata de celos.
4º.-Sí tu pareja muestra celos y tu eres un dechado de fidelidad, lealtad y honestidad hacia ella, entonces sí se trata de un verdadero caso de “celopatía” y, lamentablemente, susceptible de ser tratado por un profesional. Sin un conveniente apoyo psicoterapéutico, la celopatía tiene mal arreglo. 5º.- No importa cuantas charlas coherentes y razonables tengas con tu pareja celopática, y cuantas veces te haya jurado por sus muertos que no volverá a suceder. Los dedos se le harán huéspedes por el más nimio detalle, y la bronca volverá a repetirse una y otra vez, menoscabando cada vez más la relación.
6º.- Sin un conveniente apoyo psicoterapéutico, la relación se hará insostenible. Tu autoestima cada vez estará más baja y su celopatía cada vez mas grave. La buena voluntad, en estos casos, no sirve para nada.
7º.-Sí tu pareja acepta la ayuda profesional e inicia una terapia, ten paciencia, mejorará; y, con su mejoría, tan bien mejorará la relación; pero recuerda: Zamora no se hizo en una hora.
8º.- No hagas caso de frases tales cómo: “Dónde no hay celos no hay amor” “Mostrarse celoso es demostrar que se ama” “No hay amor perfecto sin celos” y otras similares, aunque las hayan dicho personas ilustres. La realidad es que los celos destruyen tanto a quien los padece, cómo a su pareja; son una falta de estima y de confianza tanto propia,cómo de la pareja; y tienen que ver poco o nada con el amor.
9º.- Sí tu pareja no atiende a razones y rechaza la ayuda profesional, plantéate muy seriamente finalizar la relación. De lo contrario, terminarás siendo tú, quién necesite esa ayuda; además de tener que soportar un sufrimiento continuo.
10º.- Y sí, desafortunadamente, tienes que optar por la ruptura, hazlo. No olvides que vale más un final con tormenta que una tormenta sin final. Hannah.
(Imagen de: http://manole.locaweb.com.br/imagens/1430-3.jpg)
1º.- La queja improductiva tiene varias “canciones” Una de ellas es la de "Lo mal que va todo, lo mal que se hace todo, lo negro que es todo" ¿Te has planteado alguna vez el dejar de ser amanuense de la hecatombe y pasar a ser actor y gestor del cambio? Porque si todo va mal, también tú eres parte de ese todo: cambia y todo cambiará. Otra de las canciones suena: “El daño que me han hecho, hacen, etc.” Únicamente quienes poseen algún tipo de poder sobre ti, pueden herirte. Pero nadie puede poseer ningún tipo de poder sobre ti, si tú no se lo das. No es tan fácil, pues, que alguien te haga “daño” y quizá esos “daños” se deben más a propias expectativas frustradas que a reales heridas infringidas…
2º.- Sí alguien que no te conoce de nada, te llama de todo, menos bonito: ¡sonríele! Tal vez en su interior está tan aterido que es lo único que puede sacar… Ya sabes: el Sol –de una sonrisa- derrite el hielo… y hasta las piedras.
3º.- Cuida y mima excelsamente tu autoestima: ámate, acéptate, apruébate y valórate. Amarse, aceptarse, aprobarse y valorarse es muy distinto a perder la capacidad de discernir sobre las cosas que uno dice, hace, decide, etc. lo que uno dice, hace, decide, puede ser acertado o erróneo; pero uno mismo, nunca es erróneo. En cuanto a valorar lo que dices, haces y decides, se objetivo; pero indulgente con los parámetros de medida que uses para hacerlo. Una autoestima sólida y equilibrada nos evita depositar las expectativas de valoración siempre en los demás, lo cual disminuye ostensiblemente la frustración y la queja.
4º.-Otra canción de la “queja improductiva” es la de los sentimientos negativos que albergamos y almacenamos: el rencor, la envidia, el odio… y otros tales. Es muy mala cosa mantener ese tipo de sentimientos negativos “en conserva” Esas conservas caducan y se pudren más rápido que inmediatamente, y, lo peor: nos envenenan sin remisión.
5º.- De manera que es bueno desechar todo lo caduco de nuestras despensas anímicas. Cada mañana, abre tu corazón y ponlo patas arriba. Airéalo y desecha esos sentimientos. Si alguna situación pasada o presente te hirió, soluciónala y aprende a no entrar en ella más. Inunda tu corazón de amor hacia todo lo que vive y te rodea, y exprésalo; luego, llénalo también de todo el amor incondicional que recibes. El amor incondicional es el mejor estilo y decorado con el que puedes adornar tu ser.
6º.- En fin, que la queja improductiva, además de aburrir a las piedras, llega inclusive a deteriorar el físico: produce arrugas y deshidrata la piel. Es cierto, créanlo: estar permanentemente instalado en una queja tras otra, agria mucho el carácter, produce un desaliento pesadísimo, sube el colesterol, provoca hipertensión y, lo peor: termina por dejarnos más solos que la una. 7º.- De modo que si te descubres gastando energía en ese tipo de quejas, mejor dedica ese gasto a considerar que puedes hacer desde ti mismo para cambiarlo, si no está en tu mano, busca ayuda.
8º.- El mundo rebosa de gente “problemóloga” Alguna gente “solucionóloga” no nos vendría nada mal, ¿por qué no ser tú una de ellas?
9º.- Ser un buen “solucionólogo” de sí mismo y de las propias quejas (por empezar con algo) es divertido, reduce el estrés, relaja los nervios, aumenta la alegría de vivir y (esto último es algo muy, pero que muy negativo para mí, ya que me tiro piedras sobre mi tejado…) reduce considerablemente el gasto en terapias. 10º.- Y por último, cada mañana, regálate tu mejor sonrisa, viste a tus ojos con su mejor mirada y sal a la calle. ¡Ten cuidado! Si lo haces puedes eclipsar al mismísimo Sol.
De buenas a primeras, ser auténticos sería algo tan simple como lo que Eurípides nos propone al indicarnos que el hombre feliz es el que vive la vida día a día y no pide más; el que recoge la bondad sencilla de la vida, lo cual sería una de las cosas más fáciles de entender y más difíciles de seguir.
Cuando por primera vez tomé contacto con esta propuesta apenas percibí su importancia; como tampoco lo hice cuando leí en el evangelio cristiano que “cada día tiene su propia inquietud”... Tanto lo uno como lo otro me sonó a algo tan obvio que ni siquiera valía la pena resaltar. Sólo más tarde, cuando me descubrí atrapada en preocupaciones y desentrañé que en el fondo de toda preocupación tan sólo yace temor, y que el temor lo producen la inseguridad y las máscaras, es decir, la inautenticidad en la que nos sumimos y vivimos, alcancé a ver la importancia de las dos propuestas; la inteligencia que poseían y la dificultad de su cumplimiento.
En el fondo no me lo creía. Aún hoy me descubro, a veces, con restos de escepticismo. ¿Por qué es siempre tan dificultoso todo aquello que nos parece tan sencillo? Y lo más exasperante es, que no sólo parece lo más sencillo y obvio, sino que, para colmo de sorpresas, lo es.
¿A qué se debe nuestra resistencia? A nuestra falta de autenticidad. Si lográramos mostrarnos como somos, sin la necesidad de ocultarnos tras máscaras y roles, careceríamos de miedos y de desconfianzas, de inseguridades, de complejos y de sentimientos de inferioridad. Pero una cosa es entender todo esto y otra es hacerlo realidad. Nuestro corazón dice: sí. Pero nuestra mente, se asusta y se queda atrapada en los moldes de los mil y un disfraces, y las mil y una imágenes que atesoramos y nos desdibujan, aún cuando nos hagan daño, a la manera de trajes y corsés que se han quedado pequeños y nos oprimen e incomodan, impidiéndonos respirar.
A la autenticidad no se llega a fuerza de repetirse uno “voy a ser auténtico”; es más, si uno intenta hacerlo así, le ocurre igual que lo que pasa con la espontaneidad: se obtiene lo contrario. Cuando uno se dice a sí mismo voy a ser auténtico emplea la autenticidad como uno más de los disfraces y se convierte en una caricatura de autenticidad. La autenticidad no se actúa, ni se hace, ni se tiene. La autenticidad se vive y se manifiesta cuando uno se va encontrando consigo mismo y se acepta y se ama tal cual es.
¿Han encontrado alguna vez a algún niño de dos a tres años que les diga –o que se diga a sí mismo- “ahora voy a mostrarme como realmente soy” o que esté preocupado por el futuro, por lo que será, hará, tendrá o comerá? Me responderán que “qué saben los niños de esas cosas” y yo me pregunto si por el contrario nosotros lo sabemos ya todo de todo. ¿Lo sabemos? ¿Lo saben ustedes? Yo debo confesar que cuanto más vivo menos sé. Menos certezas me quedan y más preguntas me hago.
Si ustedes se responden lo mismo ¿por qué, entonces, actuamos como si fuéramos omnisapientes y omnipotentes? Ahí está el “quid” de la autenticidad.
Un niño sabe muy pocas cosas, pero si algo sabe es el hecho de que no sabe casi nada, de que no tiene respuestas; sólo preguntas. Eso es precisamente lo que hay que recuperar: la capacidad de hacerse la pregunta por excelencia sin miedo a que la respuesta se abra paso desde nuestro interior hacia nuestra consciencia. La capacidad de sorpresa ante el continuo milagro de la vida. La capacidad de aceptar la existencia del milagro en nosotros; la capacidad de crearlo, de esperarlo, de vivirlo, de realizarlo y de manifestarlo. Sí, la capacidad de manifestar ese milagro que somos cada uno de nosotros mismos y abrirnos al mensaje que portamos en nuestros corazones y que espera ver la luz. Salir al encuentro de esa verdad hecha carne en nosotros es el mayor de los milagros que podemos realizar en nosotros y en cuantos nos rodean. Esto es la autenticidad.
Ninguno de nosotros encarna la falacia, la falsedad. No somos imágenes. Somos esencia, amor y verdad. Uno de los mandamientos judeo-cristianos nos ordena “no te harás falsas imágenes ni las adorarás...” Y el dogma se esfuerza por gravar a sangre y fuego en las mentes de sus seguidores un sentido desvirtuado que indica que no hay que adorar a “falsos dioses”Pues bien, mi “dogma” propugna que a lo que no hay que adorar es a las mil imágenes que nos construimos de nosotros mismos, y que nos exilan de nuestro ser y esencia; de nuestra única y verdadera identidad.
Cada vez que desesperamos de un ser humano o de nosotros mismos nos estamos haciendo falsas imágenes; estamos huyendo de la verdad, renegando de ella. “Adorando falsos dioses”.Esto es muy sutil, porque a veces la mentira tiene rostro de verdad y descubrir qué hay de verdad en la mentira y que hay de mentira en la verdad es como andar sobre el filo de un cuchillo cargados con un saco de definiciones que lo único que pretenden es alejarnos de ser lo que somos: Una palabra hecha carne que desea ser escuchada y una escucha hecha carne también, que desea ser puesta en palabras.
Con ocasión de la publicación de mi libro “Las máscaras del yo o de robot a persona”, la revista “Raíces” me preguntó algunas cosas que al responderlas me encontré frente al tema que nos ocupa: el de la autenticidad. Quiero ahora, aquí, transcribir algunas de ellas que pueden arrojar algo de luz a lo que trato de transmitir. En aquella ocasión me preguntaron:
”¿Cuál es la definición y el sentido de su identidad?” Mi respuesta fue: "Cuando yo pueda dar una respuesta absoluta a esta pregunta, probablemente no habitaré ya en este plano de la realidad. No puedo ofrecer definiciones de identidad. Tan sólo puedo ofrecer hipótesis, que voy desgranado en este exilio de la dualidad por el que transito y transitamos todos. Paradójicamente “La Definición” mora y se realiza en cada uno de nosotros (como una síntesis), en lo más hondo de nuestra individualidad… es como una palabra inserta en nuestro código genético cuya pronunciación y significado parece que hemos perdido y olvidado, y a cuyo reencuentro todo en nosotros tiende.
En cuanto al sentido, justamente es esa tendencia lo que le confiere entidad y realce. Sí, la entidad y el realce, la relevancia y la significación necesarios e imprescindibles para desterrar la gratuidad y la vacuidad que a veces nos asaltan y acongojan durante la búsqueda de la pronunciación de esa palabra y durante lo recóndito de su escucha.”
Hoy digo aquí, en este espacio, que el reencarnar esa “Palabra y esa escucha” que somos, es vivir en la autenticidad del ser. Y digo también que el luchar por la autenticidad –cuando decimos voy a ser auténtico, voy a luchar por serlo- es el engaño en el que caemos; desvaneciéndose, en esa caída sin fondo de la lucha, toda la plenitud del sentido; porque estamos, estoy, en el arduo y sorprendente camino de aprender que sólo ese continuo morir y vivir una y otra vez que constituye la vida tiene sentido.
Ese es el camino de la autenticidad; no el de la lucha, sino el de la muerte y el renacimiento. Ese es el camino del “Terapeuta” (y todos lo somos), el camino del buscador de la verdad en sí mismo y en los otros, en todos aquellos que se acercan a él ignorantes de que ellos mismos están llamados a ser sus propios “Terapeutas” en tanto que caminan como buscadores de la verdad escondida en sus propios corazones.
En cuanto a todas esas preguntas que uno se hace, todas esas interrogaciones que se plantea sobre la verdad, sobre la autenticidad y sobre el cómo alcanzarlo, no son más que trampas y tapaderas que nos ponemos a nosotros mismos, creyéndonos incapaces de reconocernos cómo única pregunta y respuesta viva; cómo palabra hecha carne, cómo escucha permanente, cómo acción desinhibida y eficiente. Y, en suma, cómo trinidad salvífica y dialéctica constante de nuestro despertar.
Las preguntas que uno se hace y en las que uno se pierde, lo único que logran es tapar la gran respuesta de esa pregunta única que todos somos y cada uno de nosotros es.
Otra cosa son las preguntas que la vida nos plantea y que nos agarran a contramano en el momento más inesperado, o tal vez, justo en el instante en el que se intentaba dirigir la escucha.
¿Cómo puede dirigirse una escucha?- cuando la escucha es la que nos dirige hacia la gran pregunta y su respuesta. . Sólo la escucha puede dirigirnos y orientarnos hacia esa respuesta que aguarda paciente y callada en lo secreto de los oscuros rincones de nuestro interior, anhelando ser reencontrada, descubierta, revelada y presta a brotar en la medida en que nos entregamos a nuestro propio silencio. Silencio que va edificando el lugar en el que la palabra hecha carne que cada uno de nosotros es, habla en nosotros y puede ser oída por esa escucha que también somos.
No, ni las mil preguntas que uno se hace, ni las mil respuestas que uno se ofrece tienen que ver con lo esencial. Eso es lo que constituye el ruido, lo que produce las interferencias en nuestra escucha, lo que el silencio acalla. Ese continuo preguntarse y responderse nada tiene que ver con lo esencial en nosotros; todo lo contrario, lo posterga, lo atenaza, lo agota y nos aleja de él.
Quizá acercarnos a lo esencial implique también recuperar, desde el fondo dormido de nuestro ser, desde ese lugar en el que aún se dibuja la sonrisa pura e inocente del niño que habita en nosotros y nos aguarda paciente, la capacidad de asombro y sorpresa por todas y cada una de las pequeñas cosas que nos rodean y viven en nuestra cotidianeidad; por el amanecer y el crepúsculo; sin olvidar nunca que lo auténtico no existiría sin nosotros.
(Extracto de mi libro: "Viaje al fondo de uno mismo: esa gran aventura de ser", aún sin publicar. Lo cierto es que tampoco he puesto ningún empeño en buscar quien lo publique, pero pueden hallar fragmentos de él desperdigados por el Blog.)
Tengo una amiga que dice tener un amigo cuyo perro habla. Este amigo de mi amiga se llama Norman, y su perro, cada mañana le saluda –siempre según lo que cuenta mi amiga- con un pausado y efusivo “¡Hola, Norman!”
Mi amiga me insiste en que los perros y los gatos pueden aprender a hablar. Y que para el aprendizaje se necesita mirarles a la cara y repetirles muy despacio y con mucha gesticulación una y la misma palabra muchas veces. Cuando viene por casa, intenta enseñar a hablar a Linda y a Lioba, comenzando por la palabra “hola”. Linda, la Husky, no aguanta mucho. Lioba, la Pastor alemán, se queda mirándola largo rato y muge como una vaca, pero de abrir la boca y emitir sonidos, nada de nada. Pilar desconoce que el aparato de fonación de perros y gatos no posibilita la articulación de palabras y de un lenguaje verbal como el humano, y sigue entusiasta con su idea de enseñar a hablar a mis "perrys". Yo no desconozco lo del aparato de fonación, es más, lo conozco muy bien, pero confieso que me quedo absorta e incluso espero que en cualquier momento, alguna de mis perras, hable...
Y mientras sigo contemplado la crédula paciencia de mi amiga, se me va la mente a mi perro Troilo, que ya retoza por el paraíso de los perros desde hace muchos años, y evoco los momentos en los que íbamos en coche. Cuando estaba apurado por evacuar, se ponía muy nervioso y emitía unos sonidos que se acercaban mucho a “¡Ay, mamá, mamá!”, sonidos que repetía una y otra vez hasta que paraba el coche. Entonces, Troilo, salía de estampida para hacer sus cosas… Lo cierto es que no sólo me lo parecía a mí, en ocasiones en las que venía con nosotros alguien amigo y Troilo empezaba a emitir esos sonidos, mis amigos me decían invariablemente: “¡Troilo, habla. Dice “ay mamá, mamá”, y se escucha claramente!”. Yo, invariablemente también, me sonreía y buscaba algún sitio conveniente para aparcar el coche y que Troilo pudiera salir.
Contrariamente a lo que hacía Troilo, mis perras, Linda y Lioba, no hablan, bueno, a su manera lo hacen, pero no articulan ningún sonido que recuerde -ni de lejos- a palabras.
Lioba, lo que hace muy bien es mugir, como ya les decía; muge como una vaca de vez en cuando, aunque no consigo asociarlo con nada concreto, aunque sí, en ocasiones lo hace a modo de reclamo de mimos, y ronronea como un gato cuando la acaricio.
Linda, sin embargo, es más “habladora”. En realidad, lo que dice no lo entiendo, pero en cuanto yo le digo: “Linda, llama a Lioba”, empieza a emitir unos sonidos agudos muy peculiares que suenan algo así cómo series de “immmg” y de “gnuaaa”, que no para de emitir hasta que Lioba aparece. También lo hace si le digo “llama a tal o llama a cual"… Ella llama a quien se tercie, siempre y cuando se lo pida yo... En cuanto se lo digo, empieza a emitir esos sonidos y hasta que la persona o perro llamados no aparecen, Linda no cesa. ¡Y tengo testigos!.
Otro tipo de sonidos que Linda hace, son unas series de “Buuu – bu – bu” cantarines, que le dirige a mi empleada domestica, cuando le digo a Linda: “Ve y dile a Galia que te ponga la correa”. También se los emite a Lioba cuando le digo a Linda: “Ve y dile a Lioba que se ponga en marcha, que nos vamos”. En ambos casos, Linda, va como un cohete, desde donde yo estoy, hasta donde está la persona o perro en cuestión, y suelta sus “Buuu – bu - bu”a quien yo le digo, sin equivocarse nunca. El caso es que tanto Lioba, como Galia, la entienden y hacen aquello que de ellas se pretende. Y yo me quedo pensando en que es lo que más me sorprende, si el cumplimiento de órdenes complejas que muestra Linda o el cómo logran entenderla los demás...
Otros momentos en los que Linda suelta una larga "parrafada" de las suyas son aquellos en los que se le mete alguno de sus juguetes debajo de un sillón o del sofá y ella no consigue recuperarlos. Entonces me busca y "me lo dice", yo también lo entiendo y se lo recupero...
Lioba, por el contrario, es más telepática. Cuando quiere algo, sea lo que sea, se llega hasta dónde estoy y me mira fijamente a los ojos. Si en ese momento no la estoy mirando, me da con la pata y hasta que no la miro no para. Me mira con una fijeza tal que es como si me hipnotizara... Como quiera que sea, también la entiendo. Sin error alguno por mi parte, siempre respondo adecuadamente a lo que me "dice"... Francamente, no sé ni cómo lo consigue ella, ni cómo lo consigo yo. A veces, pienso que si la telepatía existe, debe ser eso. Y hablando de telepatía, yo también debo ser bastante emisora telepática a juzgar por las reacciones de mis perras. Mientras estoy al ordenador, ellas yacen a mis pies, en la alfombra y duermen... o eso parece. Entonces pienso yo, que en cuanto termine de escribir me voy de paseo con ellas. Apenas he terminado de pensarlo y como si algo les hubiera pinchado se levantan y se preparan para salir. ¡Lo saben!. ¡Saben lo que he pensado!. ¿Cómo? Francamente, no lo sé.
Pero insisto en el hecho de que yo no les he enseñado a hacerlo. Son conversaciones espontáneas que mantengo con mis perras, a las que ellas responden, también espontáneamente. ¡Ah, y también tengo testigos!
Bueno, y para que no empiecen a pensar que estoy majara y digo chocheces, les he dejado este video de YouTube, en el que un gato habla. Para verlo, cliquen aquí.
¿Qué? ¿Les ha gustado el gato parlanchín? Para concluir, si alguien me pregunta ¿Pueden hablar gatos y perros? Debo responder que sí. Rotundamente sí, eso lo sabe cualquiera que conviva con ellos, pero no con un lenguaje verbal como el nuestro. Perros y gatos pueden comunicarse con nosotros con un lenguaje gestual muy rico, y de hecho lo hacen y doy fe de ello; un lenguaje que sí, incluye sonidos con sentido, pero no palabras articuladas del mismo modo que lo hacemos nosotros cuando hablamos, y sin embargo, sus formas de comunicarse con nosotros y entre ellos no deja de ser un lenguaje sumamente rico y lleno de matices. El entenderlos, el poder comprender lo que nos transmiten e interactuar con ellos, es cosa de amor y de observación.
Nota: desde hoy hasta el viernes que viene voy a estar más liada aún de lo que he estado esta semana, así que dejo siete entradas -hay de todo, como en botuca- para que se las puedan leer y administrar a discrección y como mejor gusten. Algunas son del 2005, 0tras de hace menos, y otras de hace dos semanas... Pero el tiempo es lo de menos porque siempre es presente. ¿No creen? Espero que no haya quejas de que no hay material. Si todo va bien, hasta el viernes de la semana que viene. Decir que su presencia y comentarios me ayudan mucho en este momento de mi vida, y sobre todo el afecto que me muestran y lo que me hacen reír -sobre todo mi buen amigo jnj- aunque nadie se enoje que todos, absolutemente todos me ayudan.
Qué pasen un buen día y un buen fin de semana. Hasta el viernes 13 o el sábado 14.
De todos los días siniestros de la historia de la humanidad, los primeros que me cargaría, serían todos esos días dedicados a las fiestas “nacionales” y a “las patrias”. ¿Y saben por qué? Porque en mi opinión, no hay nada más dañino para el espíritu humano que encerrarlo y restringirlo a un pedazo de terruño rodeado de fronteras, representado por trapos de colores a los que llamamos banderas, y ensalzados por las vilezas cometidas contra hombres, mujeres y niños de otros pedazos de terruños encerrados a su vez en otras fronteras.
En mi opinión, “patria”, “bandera”, “himno nacional”, “nación”, “nacionalismos” "razas" y demás palabros esperpénticos y separatistas, deberían ser suprimidos de los vocabularios de las lenguas que la humanidad habla, y con los que la humanidad se llena de odio, y deberían quedar en su lugar sólo palabras como pueblo, comunidad, fraternidad… Sí, pueblo y pueblos; todos los pueblos de todo el planeta con sus culturas, sus lenguas, sus danzas y sus cantos, moviéndose en libertad e igualdad por todos los territorios de la madre Tierra. De esa Pachamama que, si se lo permitimos, puede cuidar de todos y nutrir a todos. Sí, comunidades y fraternidades formadas por todos los seres humanos del planeta, de todos los colores y condiciones, libres y bellos por todos sus territorios sin fronteras.
Luego, pasaría a cargarme los días conmemorativos de “Tierras conquistadas”, porque, ¿cómo diablos puede “conquistarse” una tierra sin embeberla de la sangre de sus pobladores? ¿Y qué conquista es esa que se asienta sobre la muerte, el crimen, el asesinato, el sometimiento de pueblos, la esclavitud y el expolio?
Y seguiría, sí; seguiría cargándome todos los días llamados “gloriosos y de victorias” para una nación. Porque, ¿qué gloria puede haber en las guerras y en los desastres y miserias que ocasionan? ¿Qué gloria puede haber en los ejércitos? ¿En empuñar armas y acabar con vidas de hombres, mujeres y niños, civiles y militares conocidos o desconocidos? ¿En disolver manifestaciones de protesta a balazos y cañonazos?
Yo, si pudiera, dejaría para las celebraciones de los días de fiestas sólo palabras como “Libertad”, “Igualdad”, “Fraternidad”, “Solidaridad”, “Respeto”, “Tolerancia”, “Pueblos”, “Tierra”, “Bosque”, “Mares”, “Trabajo”, “Paz”, “Vida”, “Naturaleza” y cosas así… Cosas cotidianas, simples… Y no les dedicaría sólo un día conmemorativo, sino toda la vida.
¿Imaginan como sería el día en el que festejáramos la vida, la naturaleza, la tierra, el bosque, los animales, los seres humanos, y conmemoráramos el momento en el que decidimos dejar de emitir contaminantes a la atmósfera, por unanimidad y lo cumplimos?
¿Imaginan como sería el día en que conmemoráramos la abolición de todos los ejércitos y la destrucción masiva de todas las armas para siempre jamás, además de la abolición total y definitiva de la pena de muerte? ¿Imaginan como sería ese día? ¡Esos sí que serían días de gloria, días de amor... y no estos tristes días que nos empeñamos en festejar ahora.
Un suspiro un murmullo una voz a media noche un arrullo algo tuyo una tímida caricia unas manos unos labios unos cuerpos que se niegan un anhelo un deseo amor que crece y se esconde... ¿Yo?... ¿Tu?... ¿Nosotros? Y… En las vueltas y revueltas de esta noche una búsqueda sin respuesta navegando en el frío de tu ausencia junto a mí. Carmen Moreno Martín alias Hannah
Nota: cómo sigo estando liada, malita y muy impedida para estas cosas de actualizar el Blog, aprovecho la ayuda de un amigo que se ha venido con mi portátil a mi habitación y le he ido indicando las 12 nuevas y viejas entradas que tiene que subir para que mis queridos lectores y lectoras del mundo mundial no se "aburran" en sus pocos ratos libres y de ocio. Así que no se queden con la primera que son -si no me equivoco- doce. ¡Que ustedes lo pasen muy bien y hasta cuando pueda!. ¡Ah, se me olvidaba: estos dos primeros mementos, el 27 y el 28 los escribí hace décadas, no se vayan a creer que mis males actuales son de amores, que no!.
La ilustración encierra todo un post en sí mismo, el autor la titula “Confianza” yo más bien creo que tiene que ver con ese arma de dos filos al que se conviene en llamar “autoestima” y digo de dos filos porque tanto cuando está inflada y nos hace creer que una imagen distorsionada y una estimación falsa de nosotros somos nosotros, siempre nos produce lo contrario: inseguridad, dependencia, egocentrismo, depresión o mil cosas más, porque lo acorde no es vernos como leones si somos gatos, ni vernos como ratones si somos gatos, lo acorde y armónico, lo ajustado y sano es vernos como gatos si lo somos y sacar el máximo de recursos operativos y gozosos de ello, pero hoy no es de la autoestima de lo que voy a tratar, sino de otra cosa: ahí va.
A raíz de la publicación del libro "Las Máscaras del yo... o de Robot a Persona", son muchos los lectores que se dirigieron a mí con el ruego de que les indicara algunas reglas de carácter práctico para empezar a caminar en la línea que el libro apuntaba.
Mi escepticismo en los manuales - cuando se trata de seres humanos- hace crecer mi resistencia a dar consejos, normas o sugerencias de esta índole; resistencia que se incrementa cuando pienso que deben ser normas estándar y servibles para todos -¿hay dos seres humanos iguales?- ya que se muy bien que únicamente la convicción interna y personal, el propio compromiso en la acción, la decisión firme y el esfuerzo continuado y constante pueden acercarnos al cumplimiento de nuestras metas, sean éstas las que sean.
Por otro lado, ya hay un proceso vivencial articulado en intensivos de fin de semana para quienes deseen transitar por ese camino de conocimiento de sí mismos y de crecimiento -bueno, lo había cuando yo trabajaba y se llamaba "R.R.R." que quería decir: "Recordar, Revivir y Reconciliar"-.y también está -idem: estaba en cuanto a mí- la posibilidad de la terapia individual y grupal en cualquiera de los enfoques actuales, que en ningún momento exime del trabajo propio, pero si marca las pautas para un trabajo determinado y "a medida".Además, hoy en día existen mil y una publicación de las llamadas de "autoayuda" con tropecientas mil normas, pautas, modos de hacer, indicaciones, etc. ¿Para qué entonces más pautas?Mi experiencia me muestra que las pautas sirven de poco sin un ejercicio disciplinado, y eso en cualquier orden de la vida.
Lao Tse decía: "Nadie se convierte en jinete por mucho que hable de caballos" y un viejo refrán alemán reza "Ningún maestro cae del cielo" mientras otro, no menos sabio, adagio español nos recuerda que "A dios rogando pero con el mazo dando" y "Ayúdate y te ayudaré"... y podría seguir así varias hojas.
Para empezar, un libro de autoayuda no ayudará nada a alguien cuyo estado precise de la ayuda de un profesional, y sí puede suceder que su estado se agrave por auto engañarse con las posibles soluciones de los libros de autoayuda.
Otro espejismo en el que solemos caer con los libros de autoayuda, es el de pensar que la ayuda va a materializarse de una manera mágica e instantánea tan solo leyendo el libro sin que nosotros tengamos que invertir ningún esfuerzo en "autoayudarnos", esto es, que creemos que el hecho de “autoayudarnos” consiste tan solo en leer mas o menos atentamente lo que el libro dice y ya está. Luego lo guardamos y esperamos que el o los efectos y las supuestas soluciones se nos van a "aparecer" delante de los ojos como el Hada Madrina a Cenicienta. Pero amigos, en esto no hay recetas o sí las hay, pero cada uno debe elaborarse la misma y son individualizadas, originales e intransferibles. Créanme – no si no quieren-: nadie, nadie, nadie se conoce mejor a sí mismo que uno mismo. Uno mismo es él depositario absoluto de su propio saber y de cómo le aprietan los zapatos y de en que zapatos camina más rápido y mejor. Nunca deleguen en nadie ese saber ni las riendas de su vida y su destino. Y no olviden que en la vida, si quieren una taza, deben aceptar sus dos partes: la cóncava y la convexa.
Leemos pues el libro en cuestión y decimos ¡Que interesante! ¡Que bueno! ¡Que razón tiene!... Pero todo esto, ¿como se logra, como se obtiene?
Y nos quedamos donde estábamos porque no se nos ocurre que la obtención y el logro es algo que depende no del libro, sí no de nuestro compromiso y nuestro esfuerzo; de nuestra voluntad y de nuestra constancia; y de la libertad que nos otorguemos para reconocernos en condiciones de ayudarnos o no, para reconocernos como necesitados de ayuda o no, para reconocernos en los caminos de la enfermedad o en los de la salud o en ambos. Yademás, para reconocer que en realidad no hay que "hacer" nada. Es tan simple como todo eso. Lo único que hay que comprender es que lo que hacemos y decimos es la consecuencia de lo que pensamos. Nuestro pensamiento es algo así como el sistema operativo de los programas que nos inducen a la acción; de modo que sí cambiamos el pensamiento cambiará lo demás. Y si todo esto no bastará, está también el hecho de que cuando alguien desea, quiere y decide ayudarse a sí mismo, no necesita libros específicos de autoayuda cualquier libro, cualquier situación, cualquier circunstancia que le arribe le servirá de ayuda. Autoayuda quiere decir que "yo me ayudo a mí mismo" por lo tanto, y para llegar a eso, quiere decir que yo me reconozco necesitado de una ayuda pero que además el tipo de ayuda que necesito constato que puedo brindármela yo mismo. De modo que: yo soy responsable de ayudarme a mi mismo en esto o aquello en lo que me descubro necesitado de una ayuda que yo mismo puedo darme. Y, créanlo, cuando se llega a ese punto, a ese estado, cualquier libro -hasta El Quijote- es de autoayuda; y contrariamente, cuando uno cree que alguien de fuera debe guiarle, moverle, decirle como hacerlo, "ayudarle" no valdrá ningún libro por muy de "autoayuda" que sea.
Por lo tanto, esta obra no pretende ser ni una guía ni un manual ni tan siquiera un libro de autoayuda, sino tan solo un espacio de encuentro con uno mismo y con temas que le son propios para que uno se reconozca como impulsor de sus propios motores y constructor de su propio destino. Ignoro si estos “Espacios de encuentro” ayudarán, o no, a alguien. Tampoco creo haber la panacea, o "la pólvora" con lo que a continuación se disponen a leer. Al fin y al cabo "nada nuevo hay bajo el Sol" -lo dice la Biblia, libro que les recomiendo leer despacio- y todo se halla a la vista de quien quiere y sabe ver. Desde los Vedas hasta Maestro
Eckhart, pasando por Lao Tse, Confucio, La Biblia entera, los presocráticos, Sócrates, Platón, etc. Etc., se ha dicho y escrito casi todo lo que se podía decir y escribir sobre el ser humano y sus conflictos; así que difícilmente pueda añadirse algo realmente "nuevo". Lo nuevo tal vez sea el modo que se emplea para decir una y otra vez la misma cosa; pero la "cosa en sí" es la de siempre y si me apuran hasta los novísimos conceptos de la física cuántica pueden hallarse en la filosofía asiática antigua... De manera que yo me considero más amanuense que escritora, y si algo "nuevo" creo -de crear- es más bien un modo actualizado y sencillo -con palabras de hoy y en zapatillas- de decir, y encontrarse, o reencontrarse,lo de siempre. Con palabras llanas y de nuestro momento actual, y, eso si, con la menor cantidad de "paja" posible; que para "paja" ya vale y sobra con las que mentalmente nos hacemos todos los días. Así que eso y no otra cosa hago, porque crear, lo que verdaderamente es crear y poner de manifiesto sobre el ser humano, eso ya lo hicieron los sabios y pensadores de la humanidad; como ya he señalado antes. Pero como hay quién cree que leer a esos verdaderos creadores es muy complicado, aquí estamos nosotros los "amanuenses"-que no escritores- para, a fuerza de repetir y repetir, recordárselo. Aunque yo les aconsejaría que fueran a las fuentes y bebieran de ellas. ¡Háganlo! Sí, háganlo aun cuando necesitenhacerlo más despacio, con más calma... Dejando y permitiendo que las palabras se afinquen en sus mentes, sin intermediarios -sean éstos del tipo que sean- que"les aclaren, les mastiquen, les digierany se lo den todo elaborado y hecho"; ¡Dejen a los intermediarios! ¡Ya son ustedes adultos! ¡Pueden acercarse y nutrirse solos! No se crean que no pueden, que no saben, que no entienden, que necesitan maestros y traductores... ¡No se lo crean! Ustedes pueden acercarse a esos textos, leerlos y extraer sus propias conclusiones. ¡No es cierto que sean tan difíciles d3e leer! Háganlo y verán. Reencontrarán esas palabras que duermen en sus corazones -que son las mismas- y resplandecerán desde dentro de ustedes, desde lo más profundo de su ser; será como si algo muy familiar, algo así como "una nana" prehistórica que estaba dormida dentro de sus corazones, despertara y les meciera. Como si "las manos de sus almas" les envolvieran y les mostrara sus verdaderos rostros haciéndoles recordad quienes son, de donde vienen y a donde van; y al recordar quienes son ustedes y la misión que les ha traído aquí, pudieran reconocer, no ya las huellas, sino el camino por excelencia por el que un día caminaron y se perdieron.
Este es el interés de "Estos espacios de encuentro" que hoy tienen en sus manos y se disponen a explorar y hasta quizá deseen seguir; El verdadero interés de este libro no es otro que el deseo de que ustedes se descubran a sí mismos con interés de llevarles a ese camino que habita en el corazón de cada ser humano aguardando ser descubierto por su propietario.
(Extracto del prólogo de mi libro terminado, sin publicar, y que con mucha probabilidad jamás se publique “Encuentros de Espacio con uno mismo”)
Carmen Moreno Martín Alias Hannah
Imagen: pertenece al Blog de “Trinit’ys eyes” en una entrada que se intitulaba “Manifiesto anti gurú”, y la fuente es: http://trinityeyes.wordpress.com/2008/08/04/manifiesto-anti-guru/
Para mejor adentrarnos en las reflexiones que les propongo hoy, comenzaré por contarles un cuento, cuya autoría, lamentablemente, desconozco:
"Un cachorro de león de pocos días se perdió de su manada y fue encontrado por una manada de puercos. La mamá puerca adoptó al leoncillo quién creció creyéndose ser un puerco, viéndose a sí mismo como un puerco y comportándose en todo como un puerco.
Pasaron los años y un día el león ya adulto se encontró con Ari, un anciano y sabio león perteneciente a aquella manada de la que procedía nuestro amigo y se había perdido. El pobre Puerco-león casi se muere del susto y del miedo a ser devorado. Todo su cuerpo temblaba como una hoja seca al viento. La ansiedad y la angustia le impedían respirar y el corazón galopaba en unaveloz y loca carrera hacia la muerte; sus ojos estaban nublados por el pánico y todo él se hallaba al borde del desfallecimiento. Ari, percibiendo la lamentable situación del pobre Puerco-león le dijo: -No temas joven amigo, no voy a causarte ningún daño; además, ¿por qué tanto terror sí eres un león como yo?A lo que el Puerco-león, ya algo recuperado tras comprobar que no iba a ser sustento de Ari, respondió enérgicamente: -¡Oh no, yo no soy un León, yo soy un Puerco! ¿Acaso estás ciego? ¿No me ves?… y siguió defendiendo lo que creía su identidad mientras pasaba por diversos estados de angustia, pánico y dolor, hasta que Ari, ese sabio y venerable león, recordando aquel tierno leoncillo de días que se perdió de su manada comprendió lo que le ocurría al pobre Puerco-león y le dijo: -Ven conmigo, joven amigo, ven a que nos reflejemos en las aguas limpias y autenticas para que descubras tu verdadera identidad. Fueron los dos y al mirarse el sorprendido, dolido y temeroso animal y constatar que era en todo igual a Ari, vio como había vivido y se había tenido como un Puerco cuando en realidad era el Rey de la selva. Y ya acorde su vida y su mente con su realidad, sintió un profundo dolor no sólo por todo lo que había vivido y se había perdido, sino también por tener que abandonar aquella manada de puercos y tener que abandonar su propia imagen de puerco, con la que había sobrevivido, con la que se había defendido y a la que se había apegado como su única posibilidad.”
Este cuento nos ilustra lo importante que es el despojarnos de falsas imágenes sobre nosotros mismos y lo importante que es el aceptarnos tal y como somos, seamos como seamos.
Despojarnos de falsas imágenes, de corazas y máscaras es un arduo que dista mucho de ser fácil y placentero. Es obvio que deshacer la estructura que tan eficazmente construimos desde la más tierna infancia, la estructura que nos ayudó a sobrevivir cuando carecíamos de casi todo, y con la que tan eficientemente nos hemos defendido y separado de la vida tiene forzosamente que suponer valentía, decisión, voluntad, esfuerzo, constancia, disciplina, tenacidad, firmeza y otras muchas cosas que comúnmente pensamos no poseer, cayendo en una auto-complacencia e “idolatría” –adoración de todos esos roles, identidades y escenarios aceptados: adoración de los falsos yo que nos conducen al abandono. Irremediablemente sentiremos entonces un agudo dolor, además de ansiedad y angustia. Pero no hay que decaer, ya que el dolor, el miedo y la angustia no son debidos a lo que se obtiene, sino a lo que se pierde. Y justamente es lo que se pierde lo que nos mantiene como esclavos y prisioneros de la represión, de la ignorancia y de las falsas creencias sobre nosotros mismos.
Una vez desnudos ante nuestros propios ojos, comprobaremos que ni somos tan malos, ni tan buenos como creíamos; que somos unos seres humanos preciosos y llenos de recursos; que somos frágiles, vulnerables, débiles… y que justamente por eso, podemos ser flexibles y fuertes; porque no son las rigideces lo que nos hacen fuertes, sino la flexibilidad, la tolerancia, la aceptación, tanto con nosotros mismos como con los demás. Las creencias omnipotentes sobre nuestro ser y estar, nos aíslan, nos recubren de un manto de soberbia ypedantería que actúa en quienes nos rodean como el DDT para con los insectos, y nos hace residentes de la soledad sin remedio. De modo que una cosa es el ser y otra es el parecer, cosa eso del parecer que tiene más que ver con el tener y el hacer. En mi opinión, las máscaras y corazas -cosas del parecer- son todos los roles y escenarios con los que nos identificamos y confundimos creyendo “a pie juntillas” que eso y sólo eso somos nosotros. Esos roles y escenarios “aceptados” fiscalizan, comprimen, constriñen y sojuzgan todo cuanto en realidad somos, hacemos, decimos y pensamos, negándonos el camino hacia el crecimiento y hacia la luz de lo que realmente somos. La energía que queda bloqueada en esas máscaras produce los bloqueos y corazas en el cuerpo trazando caminos de somatizaciones e insuficiencias. Máscaras y corazas componen todas las falsas “creencias” sobre nosotros mismos, velando nuestro verdadero ser, sea el que sea, a la vez que articulan nuestra confusión de identidad e identidades con las que en realidad nos defendemos de “presuntos ataques reales y/o imaginarios” que bien pudieron existir, o pudimos leer que existían en el pasado remoto de nuestra tierna infancia, pero que ya no existen en nuestro presente ni mucho menos en nuestro futuro. Pero seguimos leyendo la realidad con los mismos miedos y seguimos respondiendo con los mismos patrones infantiles quemando, malgastando y perdiendo inútilmente nuestra energía. Entretanto, todo lo que rechazamos –conscientes o no- configura el reino de la sombra donde yace dormida la Verdad, esto es, nuestra propia esencia.
Así pues, sólo existe un camino hacia la armonización del ser, y este camino pasa por desnudarse y redescubrirse. Ese es elcamino hacia el auto-conocimiento yla expansión de la consciencia que posibilita armonizar “el ego” y, al ir alumbrando las máscaras y corazas, iluminar simultáneamente la sombra. Ahora, a ustedes les toca decidir: seguir cargando con máscaras y corazas o ser ustedes mismos...
“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son” Tito Livio.
Ciertamente así es, el miedo, junto a la negatividad son los frenos más potentes de la acción humana.
No hablo ni del temor normal inherente al instinto de supervivencia, ni de los miedos patológicos conocidos cómo fobias -por ejemplo, miedo a los espacios cerrados o claustrofobia, etc- ni de los ataques de pánico típicos de la neurosis de angustia; no, no voy a referirme a eso, sino que hablo de esos miedos imperceptibles pero no por ello menos paralizantes tales cómo el miedo al que dirán, el miedo a no cumplir las expectativas que "nosotros creemos que tienen de nosotros", ese miedo a “no dar la talla”, el miedo al fracaso, el miedo al éxito –que también lo hay-, miedos, en suma, que se asientan en creencias convertidas en certezas, sobre las probables respuestas que, pensamos nosotros, nos darán los demás, cómo si fuéramos clarividentes y supiéramos de antemano, no ya lo que se piensa, espera, etc. de nosotros, sino lo que se pensará, esperará, dirá, etc.
Miedos que surgen de anticipaciones y aprioris que tenemos en nuestro inconsciente –o consciente- y que rigen nuestro desenvolvimiento en la mayoría de las situaciones, dando un tinte de negatividad a nuestros logros, a nuestro devenir, y a nuestra vida.
¿Quién no ha visto a niños jugando, decir: no salto que me caeré, no podré, me haré daño –en saltos inocuos que la mayoría de los niños realizan con éxito y sin pensarlo?Pues en nuestra vida adulta ocurre lo mismo: Tengo miedo a… porque se burlarán de mí, no me aceptarán, no aprobaré, me rechazarán, fracasaré, etc. etc.
Otra frase que utilizamos constantemente ante un cambio que nos produce uno de esos miedos y su consiguiente parálisis, es: “Es muy difícil” que, generalmente quiere decir: “tengo miedo a hacerlo, a arriesgarme, a cambiar, a intentarlo” etc. etc.
Y así vamos de “mar en mar”, tapando nuestras desnudeces, ocultando nuestros cabellos de oro fino, ante la excusa de los supuestos defectos de los demás y de sus críticas, perdiéndonos en ese viaje de búsqueda de ojos comprensivos y aceptadores lo más importante: el vivir.
Y digo yo: ¿Quién podrá regalarnos esa mirada sensible y amante, si nosotros mismos huimos de vernos realmente tal cómo somos, de aceptarnos con todo lo que somos, de amarnos y aprobarnos con nuestras imperfecciones, debilidades, vulnerabilidades, fortalezas, genialidades?¿Quién podrá arroparnos en seguridad, si malvivimos entregados voluntariamente y a perpetuidad, a las garras depredadoras de la anticipación negativa, del miedo y de la mendicidad de cariño del otro?
Pues la respuesta es: ¡así nadie!. Nadie puede obviar nuestra propia mirada. Nadie puede reemplazar nuestra propia seguridad. Nadie puede sustituir nuestro propio compromiso. O somos adultos, suficientes, autónomos y ejercemos cómo tales despojándonos de miedos y de anticipaciones ridículos,o sucumbiremos cómo seres siempre dependientes, siempre temerosos, aferrados a creencias absurdas y pueriles, que sólo denotan una desmesurada omnipotencia ególatra y egocéntrica.
El estar constantemente volcado sobre lo que pasará, el miedo a vivir, el miedo a la libertad, sólo puede conducir a una cosa: al aislamiento, al alejamiento del arte de amar y a la muerte. Amigos míos, el futuro es incierto y siempre lo será; pero ¿vamos a perdernos también el hoy por ello?
Y, para terminar estas consideraciones breves y superficiales sobre algunas de las cadenas que nos atenazan y que nos ponemos nosotros solitos, una poesía cortita, lade la Gestalt:
“Yo soy yo y tú eres tú. Yo no estoy en el mundo para cumplir tus expectativas, y tú no estás en el mundo, para cumplir mis expectativas. Yo voy por mi camino. Tú vas por tu camino. Si nos encontramos, Será maravilloso… Si no, no habrá nada qué hacer.
"(No me acuerdo del autor, pero es conocida cómo oración de la Gestalt. La Gestalt es una psicoterapia).
En cuanto al terrorismo de Estado a través de la herramienta del miedo que constantemente nos refuerzan y mantienen nuestras neuronas atadas y bien atadas, les hablo otro día.
Decía, que una de las cosas que se me cayó e hizo añicos, durante mi estancia en tierras de África negra, fue el etnocentrismo. Y así fue. De lo primero que me di cuenta es de una especie de racismo de corte indiferente y despreciativo, exento de odio, que nosotros, blancos caucasianos, civilizados y occidentales, tenemos, de manera más o menos inconsciente y subliminar, hacia los grupos humanos de África negra.
Trataré de explicarme, aunque no es del todo fácil. Veamos, tal vez una pregunta nos sirva:
¿Cuándo decimos África, la mayoría de nosotros, blancos caucasianos, en que pensamos? La mayoría piensa en “animales” en algo “exótico” África es algo que comienza “debajo del Sahara” y que, además es algo así cómo un gran zoo. Un gran zoo con muchos animales, algunos de ellos muy parecidos a nosotros: los primates. Y otros, tan parecidos a nosotros, que podemos diferenciar en sus grupos a mujeres, hombres y niños, pero que no dejan de ser un detalle más del paisaje, de ese gran zoo.
¿Cómo llegué a esto? Verán, durante los cinco años de mi estancia por allí, vi a muchos grupos de turistas cargados con sendas cámaras, disparando fotografías por doquier… Lo mismo fotografiaban a jirafas que a personas. Pero caí en la cuenta un día, ojeando una revista en la que aparecían “paisajes de África” y se mostraban junto a los animales salvajes, hombres, mujeres y niños, desnudos. Ni los hombres desnudos, ni las mujeres desnudas, con sus senos al aire, eran objetos eróticos para los ojeadores de la revista. Si en una revista –digamos play boy- aparece una mujer con los senos al aire, o un hombre con los genitales al aire, quien los mira, ve algo erótico; se despierta su deseo sexual… Pero cuando se observan hombres negros africanos y mujeres negras africanas desnudos, por lo general, no se aprecia nada erótico… Forma parte del paisaje cómo los simios o los leones… Los senos de una mujer blanca en una revista, son un objeto de deseo, mientras que los senos de una mujer negra africana en una revista, son sencillamente ubres. Ubres cómo las de una vaca o una gorila.
De manera que esa es la parte de nuestro etnocentrismo que nos conduce a ese racismo inconsciente exento de odio y cargado de indiferencia y desprecio: África negra no es más que un gran parque natural, con animales en extinción, ya sean estos animales elefantes y gorilas, o esa subespecie de color negro y tan similares a nosotros que parecen humanos, y que se extingue también por hambre, sida, genocidios, matanzas varias, enfermedades tropicales y no tan tropicales –tuberculosis, sarampión, sífilis, etc.- En definitiva, el zoo más grande del planeta, y el que más peligro de extinguirse tiene; pero que no por ello deja de ser un zoo con especies y subespecies “animales” algunas de ellas, con un “asombroso parecido” a nosotros.
Otra cosa que siempre me ha llamado la atención es también el modo de calificar a la gente autóctona de los países de África negra: “subsaharianos” Cuando hablamos de los europeos de otros países, pertenecientes al continente europeo (porque África es un continente), no decimos “suprapirináicos” o “suburálicos”… No; decimos alemanes, franceses, ingleses, griegos, rusos, etc. según el caso; o hablamos de ciudadanos europeos; y, curiosamente, sólo tenemos una conducta “despreciativa” hacia los países que estaban detrás del caído telón de acero, y decimos: “países del este”… Sin embargo, nunca nos referimos a las personas nacidas en el África “subsahariana” cómo ciudadanos africanos, o malienses, o senegaleses, o congoleses, o de dónde quiera que sean… Sí lo hacemos así algunas veces cuando hablamos de un solo grupo autóctono, pero la mayoría de las veces, nos referimos a ellos cómo “subsaharianos”… Esos dos aspectos, unidos también a la gran ignorancia y desconocimiento que tenemos –por lo general- sobre África-, configuran el bloque etnocéntrico racista más devastador y cruel que nos anida. ¿Exagero? Que cada ser humano, blanco, “caucasiano”, se pregunte y se responda con absoluta sinceridad: ¿Qué es África para sí? ¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza cuando dice “África”?
Pues eso: África no es más que un exótico y enorme zoo, en el que las personas no son más que una “subespecie animal y exótica, condenadamente parecida a nosotros” que forma parte del paisaje cómo lo forman también los leones y los rinocerontes... Cómo algo anecdótico, exótico y "fotografiable".
Un zoo habitado por especies y subespecies exóticas, algunas de ellas subhumanas, que, para nosotros, nada tienen que ver con la posibilidad de desarrollarse, de constituirse en “humanos y ciudadanos”. Por lo tanto, un zoo distribuido por un territorio con algunas interesantes riquezas, las cuales podemos disponer libremente a nuestro antojo, con la ventaja de que algunas de las subespecies animales que lo habitan, nos serán útiles para explotarlas y extraerlas. Nosotros, seres humanos occidentales, blancos, caucasianos, somos “los amos” de la creación. No las subespecies del reino animal, por más que se nos parezcan. Es a nosotros pues, a los que nos incumbe explotar las riquezas del planeta y “velar” por las subespecies animales… Esta es la mentalidad de este etnocentrismo salvaje, cruel, despiadado, frío y sin odio, que albergamos y que crece en muchos de nosotros. Etnocentrismo que lleva irremisiblemente a un racismo sordo y soterrado que conduce a la extinción callada de esas “subespecies animales cuasihumanas subsaharianas”
¿Duro? ¿Cruel? ¡Analícese el lector y la lectora en profundidad, y vea si no alberga algo de eso en su interior! Cuando yo llegué al primer país de África negra "subsahariana", me di cuenta de que algo de eso había también en mi etnocentrismo inconsciente. Me di cuenta de esos vestigios de racismo indiferente y despreciativo que albergaba sin saberlo. Y gracias a que pude darme cuenta de ello, pude desecharlo y limpiar mi mirada para descubrir a seres humanos iguales en todo a mí.
Es necesario que nos demos cuenta de ello para que nuestra sensibilidad pueda albergar el problema en su totalidad, y para que no sigamos viendo a los seres humanos “subsaharianos” cómo “animales” en extinción, cómo a otros tantos animales más, de los que pueblan el planeta.
Porque, mientras nuestras miradas no estén verdaderamente limpias de todo tipo de racismo, seguiremos conmoviéndonos más o menos –dependiendo del grado de sensibilidad que tengamos hacia los animales- al ver a “subsaharianos” transportados en autobuses, esposados, heridos, con piernas y brazos fracturados, sin bebida ni comida, cómo si fuera ganado –vacas o cerdos- con la diferencia de que, al ganado no se le abandona por el desierto a su suerte mortífera, por lo menos, al ganado, se le conduce a un matadero y se le mata con alguna dignidad. Y, para terminar por ahora, les diré algo más: en el pasado siglo XIX, y a principios del XX, las grandes cazadores de caza mayor -en mi opinión asesinos vulgares- no sólo cazaban elefantes y leones; para hacer más excitante su "aventura" se distraían cazando también porteadores... ¡Subsaharianos, claro! ¿No me créen? pues está ampliamente recogido negro sobre blanco en muchos documentos, además de en la memoria y en los cantos de los griots.¿Y qué decir de los cientos de miles de "subsaharianos" cazados cómo animales a lo largo y ancho del continente africano y exportados cómo esclavos infrahumanos a otros continentes?
¿Podría pasar todo esto sin ese etnocentrismo del que hablo? Ya, ya sé que la capacidad de depravación y criminalidad en el grupo humano blanco y civilizado es muy alta... Basta con echar una mirada a nuestro entorno. Pero el asesinato masivo, de nosotros hacia nosotros, ha sido y sigue siendo algo excepcional... No es tan excepcional, sin embargo, de nosotros, accidentales blancos y civilizados, hacia "esas otras razas y subespecies" consideradas cómo más o menos "infrahumanas" que a lo largo de la historia han sufrido y sufren genocidios, exterminios, etc. ya sean judios, gitanos..., o "subsaharianos".
Una vez, en un poblado, vi cómo asaban a un mono despellejado para comérselo. El mono es el alimento protéico natural -cómo para nosotros la vaca, el cerdo etc.- de algunos grupos étnicos. En mi ignorancia, ¡creí que estaban asando a un niño, y se me revolvió todo, el cuerpo y la mente, tanto, que estuve varias semanas sin poder probar la carne! Pero oí comentarios de "gente blanca civilizada" que fueron peores que la éscena que presencié: "Asar a un mono es cómo asar a un niño" -decían, y se quedaban tan campantes-.
Y quién esté libre de etnocentrismo, que me arroje la primera piedra.
Estamos inmersos una vez más, en otra reforma del sistema educativo –y con esta irán tres, desde que estamos “en democracia”- que, me temo que no será la última. Desde el PSOE se pretende favorecer a la escuela pública, pero se olvidan de abordar en profundidad lo fundamental, a saber: Distinguir entre Educación y Enseñanza.
Educar, del latín “educir” significa extraer. Debiera ser extraer del tierno infante su verdadero ser, su identidad… Pero me temo que ello es imposible, y que la tal extracción siempre estará determinada por un adoctrinamiento, sea del color que fuere el tal adoctrinamiento.
De manera que diré, de un modo sintético y tal vez no exento de reduccionismo, que, hoy por hoy, educar es formar al individuo en los valores que harán de él un ciudadano adaptado a la sociedad en la que viva. Por lo tanto, quienes quieran abordar el ordenamiento del sistema educativo, tarea no fácil, deberán tener claro para qué sociedad quieren educar, y en que sociedad real se mueve. Al hilo de lo dicho hasta aquí, me parece que la ultraderecha y la Iglesia católica tienen clarísimo los principios educativos que desean para los educandos. No puedo decir lo mismo de este gobierno.
Así pues, sobre la educación: en primer lugar, que se decidan por el tipo de adoctrinamiento que el sistema educativo desea imponer a la sociedad:
-Filosofía, epistemología, hermenéutica y política de la educación: Qué educación se desea: pública y libertaria, del sistema-estado-aconfesional, pero religiosa, democrático-monárquica?
¿Laica y libertaria o servil y adecuada al discurso de un amo? Se llame cómo se llame el amo, los educandos no dejarán de convertirse en funcionarios y siervos inconsciente de un discurso: el del amo en cuestión; sea ese amo teísta –del credo que sea-, un ideario político –del tipo que sea-, un adoctrinamiento ateo acérrimo, o cualquier otro. En mi opinión, la laicidad del estado, relegando al ámbito privado las creencias y no creencias, sería el más justo y respetuoso de la libertad.
Y, ahora, sobre la enseñanza: esto no es tan difícil de abordar cómo lo expuesto anteriormente, ya que se trata de analizar con la cabeza fría y de un modo objetivo los diferentes modelos ensayados en nuestro entorno cultural europeo hasta ahora, y decidirse por el que mejor resultados haya dado, en lugar de decidirse por el que ha sido ya desechado por inútil y dañino.
Y una vez elegido el modelo y el método por una comisión evaluadora de verdaderos expertos, ponerlo en práctica y:
- Formación adecuada del nuevo profesorado y reciclaje formativo del existente para hacerlos instrumentos eficaces y operativos en el arte de enseñar y educar.
- Adecuación de los centros y recursos docentes existentes.
Adecuada financiación: ¿Cuánto invertimos? ¿Cuántos euros y cuánto tiempo invertimos en educación? Si estos puntos fueran convenientemente tratados y abordados, podría llegarse a una ley orgánica estable sin mayores problemas; porque los problemas no son las curricula (cómo nos quieren hacer ver) sino estos puntos, que coloquialmente podríamos reducirlos a: Para qué educar. Cómo educar. Bajo que dependencias ideológicas educar, Cómo formamos a los educadores, Cómo abordamos la corresponsabilidad de padres, maestros y demás estamentos sociales en el proceso de educación, y, finalmente: cuánto gastarse en ello.
Desde el PP las intenciones son más sibilinas, porque bajo las premisas de impulsar las humanidades, lo que soterradamente se impulsa es el neoliberalismo y ultraderechismo más feroz: “escuela pública no, viva la privatización favorable a lavados de coco”
Mientras, la otra fuerza, la “fáctica” en discordia, cómo no, la sacrosanta iglesia católica, está muy claro lo que quiere: Seguir amueblando y desestructurando las tiernas cabezas de las niñas y niños, a su conveniencia y disfrute.
Entre tanto este panorama marea la perdiz en un juego de intereses, en los que la verdadera esencia de la educación no prima cómo lo primero, sino el asegurarse a los siervos del mañana; unos y otros, se echan los trastos a la cabeza en un tira y afloja de prebendas y concesiones dónde los educandos futuros y actuales se convierten en objetos mercantilistas de las diversas ideologías de los amos en disputa.
¿Triste? Sí, más bien patético –diría yo-y oscurantista. ¿Sería tan difícil que los unos (la iglesia católica) miraran a ese Cristo que dicen seguir y pusieran en práctica su doctrina libertaria, centrada en la libertad, la igualdad y el amor?
¿Sería tan difícil que los otros (PP y ultraderechistas que se autodenominan demócratas cristianos) hicieran lo mismo? ¿Sería tan difícil que el gobierno (¿socialistas?) por una vez, gobernara sirviendo a la sociedad y al interés social real, en lugar de hacerlo sirviendo a sus presupuestos doctrinales?
¿Sería tan difícil que todos tornaran las miradas a las escuelas libres que existen ya en la realidad, y analizaran resultados?
¿Sería tan difícil que, por una vez, se dieran cuenta de que son servidores, y de que administran los pecunios sacados a los ciudadanos, no los suyos propios, y que, en consecuencia, están obligados a invertirlos en bienestar para dichos ciudadanos, siendo la educación el bienestar mayor?
Pues, sí. Debe ser sumamente difícil a juzgar por los hechos.
Por si acaso cayeran por aquí y les diera por leer algo de esto –no caerá esa breva- les aconsejaría que se repasaran las experiencias educativas que hubo en este país, tales cómo la de la escuela moderna, de Ferrer i Guardia; la institución libre de enseñanza de Giner de los Ríos; etc.
Y recordarles también, que laicismo y escuela laica no quiere decir persecución religiosa. Ya saben: dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Laicismo sólo quiere decir que la religión es algo privado de cada individuo, y llevar a la escuela la enseñanza de la religión, la que sea, es tendencioso además de ser una ingerencia coercitiva en la libertad de los educandos.
En fin, que no me queda más remedio que parafrasear a Machado y despedirme por ahora con aquello de “Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios –o la virgen, o los dioses del Olimpo, o lo qué sea- una de las muchas Españas, ha de helarte el corazón”
Carmen Moreno Martín alias Hannah
Nota: este artículo tiene varios años, pero en mi opinión está muy vigente aún. ¿Y en las suyas?
Alguien me dijo una vez que no sabemos pensar…, tal vez sea cierto; pero pensamos. ¡Vaya si lo hacemos!. Lo hacemos tanto que hasta para sentir algo, tenemos que pensarlo primero. Es como si nos tirasen adoquines sobre los dedos del pie, y en lugar de retirarnos, exclamando alaridos de dolor, permaneciéramos inmóviles en ese lugar, soportando un adoquín tras otro, mientras nos decimos: “Veamos, ¿qué siento…? Esto es duro y me ha caído sobre el pie, mientras que mi pie es blando y frágil: Mi pie está magullado, ¿debo sentir dolor? ¿Siento dolor…?". Hasta que ya no tuviéramos ni dedos ni nada.
En otra ocasión, en uno de los seminarios que impartía, ví que un hombre, que debía intentar reventar un globo con sus manos, no lo lograba; él quería hacerlo, quería explotar el maldito globo entre sus dedos, pero todos sus músculos se tensaban y crispaban conteniendo la acción. Su cara era una mueca de dolor y desesperación. Su mente quería reventar el globo, mientras su cuerpo se negaba a ello. Y es que somos los señores de la contradicción y de la ambivalencia; los señores de la negación y la desesperanza; los señores del ilusionismo y la pseudomaravilla… Olvidando que lo que realmente somos, es los mensajeros del amor, de la alegría y de la esperanza.
Por eso nuestros actos destilan tanta paradoja y confusión: por causa de tanto desconocimiento y tanto malentendido. Y es que hay cosas que sólo pueden verse y tocarse con el corazón; sí, con los ojos y las manos del alma; pero como nos empeñamos en creer que el corazón "sólo bombea sangre", en creer que estamos desposeidos de alma... ¡Pues así nos va!, y seguimos como zombis, como si tal cosa, derruidos y destruyéndolo todo a nuestro paso. Y sepan que decir que poseemos alma, y que somos esencialmente "religiosos", no nos obliga a ser teistas, ni a creer en ninguno de los dioses paradigmático de las diferentes iglesias. Y menos aún sus dogmas y ritos. De manera que desposeídos de nuestra esencia, vamos sembrando destrucción y oscuridad...
¡Bueno, paciencia!, que no cunda el pánico: deconstruir, destruir y construir de nuevo, son etápas de un único proceso. Ya se sabe: no hay orden sin caos. Lo importante es no desesperar de la vida, no desesperar de ningún ser humano, y, sobre todo, nunca desesperar de nosotros mismos. Si la naturaleza no desespera de sí misma, ¿por qué habríamos de hacerlo nosotros, por más cruel que nos parezca?
1.-Un estado que permite la tortura en sus múltiples formas, y que a mayor alevosía, aprueba leyes para justificarla, ¿es un estado democrático de derecho?
2.- Un estado que apresa a personas y las traslada fuera de su territorio a cárceles clandestinas, para ser interrogados bajo tortura, pisoteando la presunción de inocencia, además de otros derechos fundamentales, ¿es un estado democrático de derecho?
3.- Un estado que permite cárceles clandestinas en su territorio, haciéndose cómplice del reseñado en el punto 2º, ¿es un estado democrático de derecho?
4º.-Un estado que se hace cómplice del reseñado en el punto 2º, permitiendo que esos aviones cargados de presos clandestinos vuelen por su espacio aéreo y hagan escala en sus aeropuertos, ¿es un estado democrático de derecho?
5º.-Un estado que permite a sus fuerzas de seguridad que disparen primero y pregunten después, abatiendo a ciudadanos por “creer” que son “terroristas”, ¿es un estado democrático de derecho?
6º.-Un estado que tiene diferentes raseros de medida a la hora de aplicar leyes y reglamentos penitenciarios, en función no de los delitos cometidos, sino en función de las personas que los cometen, ¿es un estado democrático de derecho?
7º.-Un estado que aplica la pena capital –de muerte-, ¿es un estado democrático de derecho?
8º.-Un estado que conculca las libertades y derechos de sus ciudadanos a constituirse en asociaciones y en partidos políticos, ¿es un estado democrático de derecho?
9º.-Un estado que se pasa por el forro la Carta Magna o Constitución –verbigracia todo lo relativo a la especulación del suelo y a la vivienda-, ¿es un estado democrático de derecho?
10º.- Si borramos de la lista de “Estados democráticos de derecho del norte rico” a los estados que de un modo u otro vulneran la libertad y los derechos fundamentales de sus ciudadanos, ¿con cuántos estados democráticos de derecho nos quedaríamos?
…y podría seguir con las preguntas, pero ya no sería un decálogo, así que otro día sigo con otras diez y hago otro… Otro decálogo o varios más. Porque si lo analizamos bien, eso del “estado democrático de derecho y del principio de legalidad”, en la práctica, tanto en nuestro país como en los de nuestro entorno occidental industrializado, deja bastante que desear. Porque si lo analizamos bien, las leyes injustas, por más que sean promulgadas por un parlamento democrático y aceptadas como leyes por un tribunal constitucional, seguirán siendo injustas. Porque no son las leyes lo que construyen la justicia, sino la búsqueda de una justicia equitativa, real y veras, lo que debería construir leyes. Porque “…no se hizo al hombre para el sábado, sino al sábado para el hombre” Evangelios dixit. Les invito, pues, a reflexionar sobre el tema, y a hacer sus propios decálogos y denuncias.
¡Qué tengan un buen día!
Carmen Moreno Martín alias Hannah.
Nota: este decálogo lo escribí a colación de la administración estadounidense de los tiempos de Bush. Pero como se puede aplicar en parte o entero a muchos estados actuales incluido en cierto modo el nuestro, lo vuelvo a poner.
He podido comprobar una y otra vez que el cumplimiento y la realización de nuestros más importantes deseos, aquellos a los que conferimos mayor relevancia y significación, no empiezan si no es en la fe. No dan su primer paso adelante, si no es en la fe; y no llegan a la cumbre de su realización, si no es en la fe.
Aunque soy agnóstica, me gusta leer los llamados libros de la revelación, como la Biblia en sus diferentes versiones, el Corán -este sólo lo puedo leer en versiones traducidas, ya que no leo árabe- y también, aunque no se consideren libros de esa índole, los vedas. Son libros muy interesantes que recogen mucha sabiduría humana, créanlo. De la Fe, decía, Cristo –según los evangelios canónicos- a quienes le miraban, perplejos y anonadados, por las obras que, al parecer, realizaba: “… Mayores cosas que yo haríais si tuvierais fe. Os aseguro que si tuvierais la fe de un granito de mostaza le diríais a esa montaña “quítate de ahí y ponte allí” y la montaña se apartaría y trasladaría de lugar. …” Seguro que, cuando decía “si tuvierais fe”, no estaba refiriéndose a ese tener como quien tiene un lápiz, o un coche, o una casa... No estaba aludiendo a un tener material y comprable, cómo quien tiene un coche o una bicicleta, y tampoco a un tener “inevitable” del tipo pasivo, como quien tiene veinte años o siete o los que tenga. No, nada de eso. Tampoco pienso que un hombre tan humano y de carne y hueso –si es que existió- cómo era él. Tampoco se refería a un tener ciego y divino, sobrenatural… No, nada de eso, pienso yo que aludía a un tipo de tener que no es tener, sino vivir y sentir. A una fe que se va construyendo de dentro hacia fuera en la medida que avanzamos en la búsqueda. A una fe que no es ciega ni se deposita en lo externo, ni en la adoración de imágenes e ídolos, ni, mucho menos, en la creencia de un ser omnipotente –un poco caprichoso, pendenciero y arbitrario-, al que se le pueden pedir todo tipo de cosas, pero que únicamente concederá las que le venga en gana, y a quien le venga en gana, que para eso es Dios…
Me da la impresión de que la fe, la mía, se trataba más bien de una fe distinta. De una fe forjada en lo interno y con el esfuerzo del quehacer continuado día a día, que se tiene porque se vive en ella y no se agota si nosotros no nos vendamos los ojos para no verla; no a una fe que se recibe como algo de fuera hacia dentro y cuya cantidad poseemos y se va gastando con nuestras vidas, sino una fe cuyo filón mora en nosotros y lo vamos construyendo y modelando activamente golpe a golpe, tal vez con las manos del alma más que con las otras, desde lo más interno y rico de nuestro ser. Una fe que se sustenta en el esforzado y lento obrar humano, cuando éste se dedica al crecimiento del ser humano y de la humanidad.
Sí, ese tipo de fe que no consiste en pedir las cosas, sino en construirlas y concederlas paraque con cada dádiva se acrisole el poder de la entrega humana. Esa fe que no cierra los ojos ante el esfuerzo del trabajo y del compromiso propio, sino que se sumerge en ellos con una entrega verdadera y cuestiona instante a instante cada una de nuestras acciones. Esa fe que no cierra las preguntas con respuestas en las que hay que creer, sino que crea día a día nuevas preguntas a cada una de las respuestas que encuentra en un acto interno y creativo del ser, y que da fuerza para seguir luchando por el hallazgo continuado de nuevas respuestas.
Pasteur decía que su fuerza residía en su tenacidad. La mía, mi fuerza, reside en la tenaz construcción de la fe en mi vida y en la tenaz persecución y vivencia de la fe en todos mis actos, palabras, pensamientos y deseos.
Sí, fe en mí, en lo esencial de mí aunque a veces lo sienta lejano. Fe en mis semejantes, en todos ellos, aunque a veces los viva como muy desiguales y diferentes a mí. Esa percepción de diferencias forma parte de los autoengaños en los que navegamos a la deriva; pero si incluso en la deriva permanecemos en la fe de la construcción de la igualdad, los autoengaños se desvanecen y la igualdad de todos nosotros, esa igualdad que no es uniformidad y que nos convierte en semejantes triunfa e ilumina nuestra marcha en la fe hacia el encuentro con la libertad, la igualdad y la fraternidad.
La fe en nosotros, en nuestros semejantes y en nuestro conjunto obrar, nos permite acceder al conocimiento de que nuestra fuerza reside, justamente, en nuestra debilidad, en nuestra vulnerabilidad; mientras que nuestra verdadera debilidad reside en todas esas creencias nuestras acerca de lo fuertes, indestructibles e invulnerables que somos.
La fe de la que yo hablo, y en la que yo vivo, no tiene absolutamente nada que ver en creer o no creer en Dios o en sus subrogados; es el soporte al que me agarro cuando de pronto no puedo ver la diferencia que hay entre buscar y perderse. Esa diferencia es más o menos la misma que hay entre el labrar la tierra, sembrar el trigo, recoger la cosecha, moler el grano, amasar la harina, hornear el pan y comerlo; y acudir a una panadería, comprar un pan y comérselo. Porque la búsqueda, más allá de lo que cada uno busque, ya sea a Dios -los que en él creen-, o la realización de la humanidad, sólo da su fruto real si uno mismo es la tierra, el agua, el aire, el fuego del horno, el trigo, el molino, la harina y el pan. De eso, la fe viva que en mi vive, me da testimonio, me ayuda en el descubrimiento y en la asunción de mis engaños para desarmarlos y enderezar mi búsqueda.
Y a lo largo de esa búsqueda mi ser cree. Sí, mi ser cree en la suavidad de toda mano que le roce el alma; en la luz que tras cada noche nace; en la voluntad del reanudado y perenne esfuerzo humano; en los pasos que crean camino, y en todo aquello que resuena en mi alma y en todas las almas.
Sí, mi ser cree en todo aquello que nos impulsa a construir, día a día, la fraternidad humana y que crea en mi pecho el diseño de esa fe instante a instante. Sí, mi ser cree en ese horizonte que, en la muerte y en la vida, vislumbra sorprendido a lo largo de su existir, y que atrae las manos de mi alma y de mi carne desde más allá del confín del sufrimiento, desde más allá de todas las lágrimas y de todas las sombras, a este más acá de lo cotidiano, a éste vivir en la razón y en la fe con el corazón y con la mente. (De mi libro "¿Dónde están las manos de mi alma?" que no está publicado ni creo que4 se llegue a publicar nunca.)
Cuando era una niña, me llevaron en el tren a las nubes de Salta, Argentina, en un maravilloso viaje "por el cielo". En el trayecto, escuché como alguien le decía a su interlocutor que en el mundo hay personas que nacen para locomotoras mientras otras sólo son vagones, y que así como hay locomotoras con “buenos destinos” y otras que llevan a “la perdición”, los vagones son sólo eso: vagones; da igual a dónde vaya la locomotora… Los vagones llegarán al destino que sea o se despeñarán con ella. Yo, por aquel entonces era, como les decía, una niña; pero me quedé muy impresionada por aquellas palabras y pensé mucho en ello. Creo que ese mismo día nací cómo ácrata. Bastante más tarde, pero niña aún, me topé con Brecht y con este poema suyo que hoy comparto con ustedes y que a mí, particularmente, me ayudó mucho a discernir la metáfora de las locomotoras y los vagones, espero que a ustedes también les ayude:
Canción de la rueda hidráulica Poema de Bertold Brecht
1 “Los poemas épicos nos dan noticia de los grandes de este mundo: suben como astros, como astros caen. Resulta consolador y conviene saberlo. Pero para nosotros, los que tenemos que alimentarlos, siempre ha sido, ay, más o menos igual. Suben y bajan, pero ¿a costa de quién?
Sigue la rueda girando. Lo que hoy está arriba no seguirá siempre arriba.
Mas para el agua de abajo, ay, esto sólo significa que hay que seguir empujando la rueda.
2
Tuvimos muchos señores, tuvimos hienas y tigres, tuvimos águilas y cerdos. Y a todos los alimentamos.
Mejores o peores, era lo mismo: la bota que nos pisa es siempre una bota. Ya comprendéis lo que quiero decir: no cambiar de señores, sino no tener ninguno.
Sigue la rueda girando. Lo que hoy está arriba no seguirá siempre arriba. Mas para el agua de abajo, ay, esto sólo significa que hay que seguir empujando la rueda.
3
Se embisten brutalmente, pelean por el botín. Los demás, para ellos, son tipos avariciosos y a sí mismos se consideran buena gente. Sin cesar los vemos enfurecerse y combatirse entre sí. Tan sólo cuando ya no queremos seguir alimentándolos se ponen de pronto de acuerdo.
Ya no sigue la rueda girando, y se acaba la farsa divertida cuando el agua, por fin, libre su fuerza, se entrega a trabajar para ella sola.”
¡Que ustedes lo reflexionen bien y pasen un buen día!
(Dedicado esencialmente a mí misma, pero si alguien más considera adecuado compartirlo, que no se inhiba). 1º.-Recuerda, ¡oh, persona engreída!, que eres mortal como cualquiera, y ya sabes que “cuanto más alto asciendas, más grave será tu caída” 2º.- La vanagloria, querida persona mortal, sólo alimenta tu vanidad, y cómo dijo Cohohelet: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”. 3º.- Las quimeras de la vanagloria únicamente te conducirán a penosas pesadillas, vuelve pues a la tierra, y cuida dónde pones los pies.
4º.- Vivir en las nubes, aunque éstas sean de gloría, es harto peligroso. No retienen cuerpos densos.
5º.- La gloria, ¡oh, mortal!, la alcanzarás con seguridad cuando asciendas al cielo –si existe, claro-. No olvides, empero, que aún te mueves por la tierra. 6º.- La vanidad siempre resulta mucho más costosa que un vicio, no digo, querida persona, qué te conviertas en una viciosa, pero ahorra tus energías para causas más nobles como por ejemplo el servicio a los demás.
7º.-Recuerda que una onza de vanidad deteriora un quintal de mérito, Tu qué apenas tienes unos gramos de eso, aguarda a hacer acopio para sentirte orgullosa de ello. 8º.-No te creas todo lo que te dicen, no te gastes todo lo que tienes, no digas todo lo que sabes y no aceptes todo lo que te dan; reza un proverbio árabe. Eso, tal vez no te proteja, querida persona, de ser vanidosa, pero te hará más prudente. 9º.-Recuerda, ¡oh, mortal! que, según dijo Alfonso X el sabio: “los cántaros vacíos son los que más ruido hacen al romperse” y que como dijera Plínio el joven, no son nuestras acciones las que han de correr en pos de la gloria, sino la gloria la que ha de seguirlas.
10º.-Y sí después de todo esto decides seguir instalada en la vanagloria, piensa que vale más consumir vanidades de la vida, que consumir la vida en vanidades. Lo dijo Sor Juana Inés de la Cruz, que de esto, al parecer, entendía mucho.
Carmen Moreno Martín alias Hannah.
(Imagen de: http://caxigalines.mareasdepoesia.net/principito/10a.jpg)
1.- Más alimenta un pan seco donado con ternura, que un filete otorgado con dureza.
2.-La ternura sosiega el espíritu, endulza el alma y facilita la vida. Donde va la ternura le sigue la felicidad. La ternura forma parte de lo esencial del ser; por eso, al recibirla nos humanizamos,y al darla nos divinizamos.
3.-La ternura magnifica el porte y engrandece al ser humano que la da. La ternura perfuma todas lasrelaciones con el mejor aroma.
4.-Obrar con ternura, tal vez no ayude a llegar a la longevidad, pero si le da un agradable sabor a la vida. La ternura es la mejor base para la alegría del corazón.
5.-Creer que carecemos de ternura nos convierte en huérfanos y en amargados transeúntes de la vida, desposeídos del sentido de lo humano.
6.- Un corazón cerrado a la ternura es un corazón seco a punto de naufragar.
7.-Un ser humano que se niega a la ternura es cómo un río sin agua, cómo un día sin sol, y cómo una noche sin estrellas; y la vida sin ternura es cómo el mar sin sal o el desierto sin arena.
8.-Todos los animales desde una ardilla a un ser humano, poseemos una capacidad infinita de ternura, y también una ilimitada capacidad de crueldad. El problema es que o no lo sabemos, o no queremos enterarnos, y nos quedamos prendidos de la crueldad por confundirlo con la fortaleza.
9.-Es un craso error confundir ternura con debilidad, porque mostrarse con ternura, es sinónimo de grandeza y de fortaleza. La ternura es la mejor vacuna contra la soberbia.
10.-La dureza en el carácter, indica miedo y defensa; la ternura, sin embargo, implica humildad, sabiduría y madurez.
Carmen Moreno Martín Alias Hannah
Y además, unas cuantas citas sobre la ternura, que, cuando las leí, me llegaron:
“Aunque el amor suele morir de hartura, lo que nunca se hastía es la ternura.” Ramón de Campoamor
“En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.” Oscar Wilde
“La ternura es el reposo de la pasión.”Joseph Joubert
“La pareja no se apoya sobre la permanencia del amor y de la sexualidad, sino sobre la permanencia de la ternura.”Kostas Axelo
“El amor sin ternura es puro afán de dominio y de autoafirmación hasta lo destructivo. La ternura sin amor es sensiblería blanda incapaz de crear nada.” Fernando Savater
Al contacto del amor todo el mundo se vuelve poeta."Platón.
Para concluir, que sepan que el decálogo de la ternura ya se le había ocurrido a alguien más (¡lo que no se encuentre en internet!). Sí visitan la página, lo hallarán hasta con música. Yo aún no sé hacer esas cosas. Para visitar la página, clicad aquí.
1º.- El rencor es cómo un pozo sin fondo, cuanto más rencor almacenas,más profundo y negro se hace el pozo.
2º.- Alimenta el rencor y darás de comer a un monstruo; cuando haya crecido lo suficiente te devorará a ti mismo.
3º.-Quien se entrega al rencor, tarde o temprano, se confunde tanto con él, que ya no podrá saber quien es.
4º.- Si toda la energía que empleas en alimentar al rencor, la emplearas en amar, harías feliz a los demás y lo serías tú también.
5º.- Una cosa es sentirse herido por un agravio y otra distinta es querer producir el mismo dolor que sentimos a quien nos agravió. Lo primero es humano, lo segundo destruye lo humano en nosotros y nos torna rencorosos.
6º.-El rencor no es un recurso del ser, sino del ego herido en su egolatría.
7º.-La vida ya es en sí misma demasiado corta para malgastarla con el rencor; deshacerse de él, equivale a alargarla.
8º.- Un corazón rencoroso es un corazón pequeño, una mente teñida de rencor es una mente necia. Se inteligente y engrandece tu corazón.
9º.-Ser rencoroso es negarse a la vida porque, el rencor es cómo la muerte: negro y abismal.
10º.-Amar y guardar rencor son dos acciones incompatibles y excluyentes entre sí: amar es estar vivo, engrandecer la vida y hacerse uno con ella. Guardar rencor es secarse, estar muerto y devenir la muerte andante. Tú eliges.
1º.-Para ayudar, ten presente tres cosas: qué te pidan ayuda. Que quieras realmente darla y que estés capacitada para hacerlo. 2º.-No hay peor ayuda que la que no quiere ser recibida. 3º.-Para aconsejar, mira primero si el consejo que vas a dar, puedes aplicártelo tú misma.
4º.-Consejo no pedido, consejo baldío. 5º.-No hay peor consejo que el que no quiere ser escuchado. 6º.-Para pedir ayuda, recapacita primero si la ayuda que vas a solicitar, no te la puedes brindar tú misma. 7º.-Cuando pidas un consejo, atiende primero si realmente quieres escucharlo. 8º.-A veces pedimos consejo, porque nos resulta terriblemente difícil seguir, lo que realmente sabemos que tenemos que hacer; y, esperamos, que alguien nos disuada de lo hacerlo. 9º.-Si aplicas la ayuda y los consejos que, tras solicitar, has recibido, y obtienes resultados desagradables, no culpes a quien te brindo ayuda y consejos. Culpa a la dejación de tu propia responsabilidad y posicionamiento en el asunto en cuestión, ya que siempre pudiste elegir entre seguirlos o no. 10º.- Está bien buscar ayuda en los demás, cuando realmente la necesitamos, y es bueno también, solicitar consejos de quienes nos preceden en experiencia y sabiduría; pero hacerse dependiente de los demás y abandonar el propio discernimiento, no lleva a solucionar ningún conflicto; antes lo empeora. No olvides que en cabeza ajena no se aprende. ¡Qué pasen un buen día!
Carmen Moreno Martín Alias Hannah.
(Imagen de: http://web.jet.es/simonmarti/Bengali.jpg)
1º.- El que, constantemente, critica a los demás, indirectamente, se está alabando a sí mismo.
2º.- No olvides que estamos tan expuestos a la crítica cómo a la gripe, y que, a quien escupe hacia arriba, el escupitajo le puede caer encima.
3º.- Piensa que aprobarlo todo, suele ser ignorancia; pero reprobarlo todo, suele ser necedad y estupidez; cuando no, también, malicia.
4º.- Si te crees autorizado a criticar, hazlo; pero sin sátira. Recuerda que la sátira es el humor que ha perdido la esperanza.
5º.- Sólo si tienes un corazón dispuesto para ayudar y dar apoyo, unos conocimientos adecuados para instruir, y un acervo de experiencia suficiente sobre los temas que suscitan tu desacuerdo, tienes también el derecho a criticar y el deber de proponer alternativas.
6º.- Piensa que las heridas hechas con lanzas pueden ser curadas, pero las infringidas con las palabras, tienen una muy difícil cura.
7º.- Antes de emitir una crítica, analiza si lo que vas a criticar eres capaz de realizarlo tu mejor; y, si es así, convierte tu crítica en el consejo de cómo hacerlo.
8º.- Cuando vayas a emitir una crítica, piensa en si también la emitirías, si fueras flexible cómo un junco, en lugar de tieso cómo un ciprés.
9º.- Tendemos a excusarlo todo en nosotros mismos, y nada en el prójimo; queremos comprar barato y vender caro: reflexiona si tus críticas, siguen estos presupuestos.
10º.- Y ten siempre presente lo que dice Quevedo (que era muy misógino, pero…): “quién en esta vida quiere que todo sea de su gusto, tendrá muchos disgustos.”
Carmen Moreno Martín alias Hannah.
(Imagen de: http://pwp.netcabo.pt/johny/gintonico/aperta.ipj)
Dudo de que todas estas frases y premisas sean de mi propia cosecha, y, aunque algunas, la mayoría, si lo son, otras no. ¡Qué le voy a hacer! No soy más que una mal amanuense que no recuerda ni “quién" se las dictó; ni dónde las leyó; ni de que sabios textos y autores las extrajo… Confío en que sepan perdonar mi mala memoria. l
1º.-La necesidad de ser perdonados y el que nos hayan perdonado mucho, incrementa tanto el que estemos dispuestos a perdonar, cómo la comprensión hacia el perdón.
2º.-La venganza nos iguala al agresor, pero el perdón nos eleva por encima de él.
3º.-Perdonar y amar son lo mismo. Sólo quien mucho ama, está capacitado para perdonarlo todo.
4º.-Perdonar a un enemigo tiene mérito, perdonar a un amigo nos hace sublimes. 5º.-Cuando uno no se perdona nada a sí mismo, eleva las posibilidades de que todo le sea perdonado. Y esto lo decía Confucio que era un gran sabio, y lo decía más o menos con estas palabras.
6º.-Perdonar es humano, olvidar es absurdo. Quién olvida su pasado y las afrentas, está condenado a pasar de nuevo por ello.
7º.-Siempre está más predispuesto a perdonar el ofendido que el responsable de las ofensas.
8º.-Las personas inteligentes y sabias pueden llegar a perdonar. Por lo contrario, las necias, ni siquiera se enteran de cuando ofenden.
9º.- Perdonarse entre “hermanos” es señal de generosidad, nobleza, amor e inteligencia. Perdonarse entre “primos” es señal de estupidez.
10º.- Mucho perdona, quien mucho ama. El perdón es el paso previo y necesario para toda reconciliación.
1º.- Todo problema puede ser soluble o irresoluble. Sí tiene solución hay que aplicarla, sino la tiene, es mejor dejar el problema reposar hasta que podamos abordarlo con éxito.
2º.- Cuando nos hallemos atrapados en un callejón sin salida, lo mejor es reirse del callejón y de nosotros mismos: relativizar los problemas hace que se abran nuevas perspectivas.
3º.- No deberíamos "preocuparnos" por ningún tipo de problema. Es mucho mejor ocuparse de ellos y hacerlo de uno en uno.
4º.-Planificar con tiempo una actividad no tiene que ver nada con “anticipar problemas” Pero, en ocasiones, la realidad no coincide con la planificación que hemos hecho, por muy rigurosa que haya sido la planificación. Si la planificación falla, debido a algún imprevisto, entonces será el momento de ocuparse de ello; no antes ni después. Anticipar problemas es una actividad inútil que nos desgasta gratuitamente. Consumirse en anticipaciones imaginarias, no reselvorá los problemas, pero acabará con nuestra salud.
5º.- Tenemos que aprender a concedernos un tiempo muerto para distanciarnos de los problemas. A veces el árbol no deja ver el bosque y, a menudo, tan sólo necesitamos distanciarnos por un tiempo, para cambiar nuestro enfoque de negativo a positivo.
6º.- Una actividad realmente saludable es la de pedir ayuda: nadie es tan sabio ni tan poderoso cómo se cree, y a los demás les encanta ayudar. Hablar de los problemas con los demás los deshincha muchísimo (a los problemas, claro, no a los demás).
7º.- Seguro que cualquier problema que podamos tener, lo ha tenido también otra persona con anterioridad. Creernos las únicas personas que tienen problemas, y pensar que nuestros problemas son únicos es bastante narcisístico.. Ni las personas somos tan distintas, ni los problemas que nos llegan tampoco.
8º.- Darle vueltas a los problemas en la cabeza una y otra vez no es la mejor manera de abordarlos: los problemas se marean de tanto girar, se magnifican y se hacen insoportables.
9º.- Deberíamos conducirnos cómo si nuestras cabezas fueran el Sheraton, y, en consonancia con ello, ser elitistas y selectivos, hospedando en ella sólo problemas esenciales y no pequeñas tonterías ramplonas y sin importancia.
10º.- Por la noche, al acostarse, conviene dejar los problemas fuera de nosotros. Mejor aún si los anotamos en un cuaderno antes de meternos en la cama. Los problemas también necesitan descansar y, día a día, nos sorprenderemos al ver cómo van desapareciendo algunos, y cuán irreales eran otros.
Carmen Moreno Martín Alias Hannah.
(Imagen de: http://207.249.190.112:8090/Images/Habilidades/SOLUCION%20DE%20PROBLEMAS.JPG)
1º.- Convivir en pareja es vivir con otra persona en términos de amor, igualdad y respeto. Si no te respetas aún a ti misma ni a los demás, mejor vive sola. No se dan cursos acelerados sobre este tema.
2º.- Dos monólogos nunca serán un diálogo.
3º.- Si estás furiosa e irritada, aguarda a discutir hasta que se te pase. Es probable que en lugar de una acalorada discusión, te veas sorprendida por un grato diálogo.
4º.- A no ser que convivas con una vidente, háblale a menudo de tus sentimientos y tus deseos. Jugar a los adivinos es peligroso en este ámbito.
5º.- Permite a tu pareja tener momentos de intimidad para ella sola y tenlos tu también. Las simbiosis y las dependencias acarrean graves males.
6º.- Qué a ti te guste la música Rap, no implica que a tu pareja también tenga que gustarle, y quien dice eso, dice también muchas otras cosas.
7º.- Mostrar cariño no es suficiente, repítele a tu pareja que la quieres varias veces al día y sin condicionarlo a nada.
8º.- Una cena romántica con velas un par de veces en semana hace muy grata la convivencia y fortalece los vínculos.
9º.- Si te entregas y das, pensando en lo que vas a recibir a cambio, estás en realidad “comprando” Nadie dice que comprar sea nocivo y estropee la convivencia, lo nocivo es autoengañarse.
10º.- El que trates a tu pareja como tú quisieras que te tratara ella a ti, es distinto a que le exijas que le guste todo lo que a ti te gusta. Tenlo en cuenta y no olvides el viejo dicho chino "cree el pájaro que ers buerno para el pez, darle una vueltecita por el aire"... Bueno, esto no deberíamos olvidarlo en ninguna relación y pienso que si lo tuviéramos siempre presente, nuestras relaciones mejorarían mucho.
Carmen Moreno Martín alias Hannah.
Imagen: tomada del Blog "Amar, vivir y aprender" de fuente: 469 x 346 - 16 KB - jpg - hacer-pareja.com.ar/imagenes/manos.jpg
1º.- Escuchar es recibir al otro cuando te busca; no es elaborar entre dos una competición de quejas y males.
2º.- Escuchar es decodificar más allá de las palabras que el otro emite, lo que realmente le inquieta; no es abrumar al otro con nuestros parámetros de medida sobre lo que expresa.
3º.- Escuchar es acoger en tu silencio el cansancio ruidoso de otro; no es acompañar a bombo y platillos un solo instrumental.
4º.- Escuchar es abrirte de orejas, de ojos, de mente y de corazón a la soledad de otro; no es intentar llenar tu soledad con sus palabras.
5º.- Escuchar es ofrecer un espacio tranquilo dentro de ti a la excitación de otro; no es abrir dentro de ti un pasadizo rápido de entrada y salida a las palabras y frases que el otro te diga.
6º.- Escuchar es aceptar que lo que otro dice puede hacerte aprender y crecer; no es una confrontación de estilos dónde lo importante es que venza el tuyo.
7º.- Escuchar es atender sin aprioris ni prejuicios lo que otro tiene que decir; no es un intercambio petulante de rencillas y rencores.
8º.- Escuchar es descubrir en las palabras del otro parte de la verdad que siempre habíamos buscado; no es la búsqueda en el otro de todos los errores que le suponíamos.
9º.- Escuchar es un acto de libertad y de solidaridad humana con un semejante; nunca una limosna o una caridad.
10º.- Escuchar es infinitamente más que oír; es ser con el otro un remanso de serenidad y amor, aún cuando se esté librando una batalla. Por todo ello, si alguien demanda tu escucha y no estás dispuesto -o no te sientes preparado- para asumir este decálogo, es mucho mejor negarte a brindarla que aparentar una falsa escucha.
Nota: En nombre de Carmen Moreno Martín, alias Hannah, creadora de esta Bitácora y autora de la gran mayoría de lo publicado en ella, les comunico que por el grave estado de salud que padece, el Blog no se actualizará -si todo va bien como esperamos- hasta dentro de unos meses, tal vez seis o más. Para los lectores que lo visitan, recordarles que disponen de más de 2000 artículos, poemas, decálogos, fragmentos de libros, ensayos, etc. en los apartados de la sección de "TEMAS" en el menú de la DERECHA DE ESTA PÁGINA, a su disposición. Hannah les manda un caluroso y tierno abrazo, además de su agradecimiento por el tiempo que la han seguido y la siguen, y también por su apoyo y cariño. Así pues, hasta que ella pueda de nuevo. Si algún amigo quiere ponerse en contacto telefónico con Hannah, puede mandar un e-mail solicitando su teléfono y quienes le ayudamos y leemos los e-mail, se lo haremos saber. El e-mail de Hannah es: cmormartin@telefonica.net Un saludo mío para todos ustedes. Nieves.
Ser Rizomático es igual a desplegar "rizo a rizo" "raíz a raíz" la potencialidad y la capacidad de crear, construir, compartir y transformar el mundo en un lugar gobernado por la libertad, la igualdad y la fraternidad sin fronteras para toda la humanidad.
CITAS: hoy, la ignorancia:
"La ignorancia puede ser curada pero la estupidez es eterna." Matt Artson
"Todo lo que necesitáis para tener éxito es ignorancia y confianza." Mark Twain
"Con la ignorancia armonizan bien los errores." Concepción Arenal
Aviso: las imágenes que ilustran las entradas de este Blog se toman de la red con sus créditos. Si los autores desean que sean retiradas, que lo hagan saber, y así se hará. Gracias